jueves, 24 de mayo de 2018

AMBROSIO Y EL DRAGÓN

Mi padre, a pesar de sus muchos años, tenía un dragón.  

No, no estoy delirando y puedo entender amigas, que penséis que mientras dormía esta noche, se me ha "pelado" un cable neuronal y que un cortocircuito con su correspondiente humillo negro y olor a plástico quemado, me ha dejado enajenada. 


Tranquilas, aun estoy en mis cabales para explicaros el "temita" del Dragón y de paso, su extraña relación con los muchos años de mi progenitor.


-!!Niña!! Si quieres ser feliz en la vida…!!, jamás pierdas tu Dragón!!, !No dejes de alimentarlo!, me decía el hombre con una risotada después de cada una de sus humoradas.

Si…, mi padre era de los que pensaba que todos nacemos con un pequeño e invisible dragoncito verde dentro que durante la infancia, nos permite ser libres, creativos, alegres e inconsecuentes y al que además podemos echarle la culpa de nuestras "barrabasadas" y que nos mantiene felices a pesar de que nuestra vida se pueda llenar de nubarrones.

También creía mi Papa, que aquel animalito vivía silenciado entre nuestro corazón y nuestro cerebro infantil y se solía animar por el aburrimiento y que por desgracia, si al crecer nosotros no cuidábamos nuestro dragón y le dábamos de comer bromas, esperpentos, desproporciones y fantasías, que son sus alimentos favoritos, las hormonas al agrandar nuestro cuerpo, ayudadas de las numerosas normas y convenciones de la sociedad, lo mataban de hambre de modo que en la mayoría de los adultos el Dragón desaparecía dejando paso en su lugar a Doña Seriedad que es un ama de llaves estricta y bastante patética a la que casi hay que emborrachar para sacarle unas risas.

Así, que de no cuidarlo, cuando tu madre te diga que ya tienes la regla y te has convertido en una "mujercita" responsable, ya has perdido tu dragón y ya la has jodido para siempre.

Aún recuerdo cuando sentada en sus rodillas aspirando bajo su barba el tufo a tabaco que yo creía que era su olor natural, mi padre, me decía que el dragón si lo mantienes con vida cuando eres mayor, con su atrevimiento y desvergüenza te hace olvidar el sentido del ridículo y la proporción que son los mayores enemigos de la creatividad y que además, cuando la vida te manda disgustos y desasosiegos, el dragoncito siempre te ayuda segregando en tu sangre una extravagante substancia llamada " Sentido del humor" que hace más fáciles los malos momentos.

Ahora podréis entender ya el asunto de Ambrosio y más aún si os digo, que en mi familia, menos mi madre que viene de una familia de "Palosecos", todos habíamos mantenido vivo el asunto del dragón y nos gustaba reír en las sobremesas con chistes e historias insólitas.

La cuestión, fue que un primo mío que también tenía vivo su dragoncito nos contó un día el cuento de Ambrosio:

Cuando Ambrosio nació, como a todos los niños de aquel hospital se lo llevaron durante algunas horas al pabellón de los recién nacidos para constatar su salud. Cuando su madre con el culo remendado fue en una silla de ruedas empujada por el padre de Ambrosio a recogerlo, no lo encontraron en la primera planta que era la planta de la de "Niños Hermosos" y subieron en el ascensor a la segunda planta que según el rótulo era la de "Niños Guapos" donde tampoco lo encontraron. Conformados pues, subieron a la tercera de los "Niños anodinos" y entre aquellos niños que "Ni fu ni Fa", tampoco lo vieron. Algo inquietos ya, subieron de nuevo en el ascensor a la cuarta planta, la de los "Niños Feos", donde tampoco estaba y francamente decepcionados, ascendieron temerosos a la quinta y última planta que correspondía a la de "Niños Horrorosos" y cuando tampoco lo encontraron allí, asustados ya, se dispusieron a bajar a dirección del hospital para preguntar qué había ocurrido con Ambrosio, pero entonces…, vieron una pequeña puertecita gris y al abrirla, encontraron una pequeña y estrecha escalera que llevaba al ático. Como no había ascensor, subieron trabajosamente con las piernas temblando y el miedo en el corazón y al llegar al final, vieron una pequeña y solitaria cuna en el fondo de la habitación. Fue entonces cuando ambos se desmayaron al leer aquel el rótulo : "Planta de Niños Ambrosios".

Ja ja ja. El surrealismo del cuento nos encantó tanto que desde entonces en mi casa todos, con ayuda de nuestros dragones, siempre empleamos la palabra Ambrosio para designar lo desagradable, lo feo o lo asqueroso ; !Hace un día completamente Ambrosio!, y da igual que llueva que nieve o que el viento se lleve los edificios… Hija…, !Con ese vestido estas totalmente Ambrosia !..., ! Desde que reñí con Jacinto ando totalmente Ambrosiada !..., ! El cabrón del profesor ha puesto un examen de lo más Ambrosio!..ezt.

La verdad, es que nunca a pesar de mis treinta años he sido enamoradiza y en general, siempre he visto a los hombres y mas si son compañeros de trabajo, muy simples y algo Ambrosios para mi gusto, pero cuando llegó Sr. López a la oficina, y me lo encontré en la fotocopiadora," Se me cayeron las bragas al suelo". Insólitamente pues, me quedé mentalmente paralizada y sin poder huir mirándolo embobada mientras que a él a su vez le debió ocurrir lo mismo porque sin levantar el dedo del pulsador y sin quitarme los ojos de encima, hizo más de cien fotocopias innecesarias de la misma hoja.

Fue un flechazo laboral total, yo a su lado vibraba como un diapasón que responde a una sola nota. Os diría que esa misma noche el Sr. López se me llevó a la cama para estrenarme, si no es porque en realidad, me lo llevé yo a él con una urgencia para mi desconocida.

Los días se nos hicieron maravillosos y durante un par de semanas fue todo tan color de rosa, que la palabra Ambrosio no salió de mis labios ni una sola vez.

Por fin, tan segura estaba de lo que sentíamos, que pasadas un par de semanas, decidí presentar al Sr. López a mi familia.

Cuando en la agradable sobremesa mi padre le preguntó al Sr. López su nombre, me di cuenta que "Sr. López", como siempre lo llamaba yo, me sonaba tan a música celestial, que había olvidado preguntarle su nombre.

Cuando el Sr. López mirando encantador a mi padre le dijo….Ambrosio…Ambrosio López… para servirle, se hizo un silencio total en el comedor y luego… tras vanos intentos de contención y disimulo, estallamos todos con una explosión de risas locas y lagrimeos y retorciéndonos primero en las sillas para luego caer aparatosamente al suelo sosteniéndonos las barrigas para calmar a nuestros dragones completamente descojonados, mientras que ante la seria mirada de "Paloseco" de mi madre, Ambrosio López, con los ojos abiertos de perplejidad ponía cara de idiota.

Fin

jueves, 17 de mayo de 2018

EL LADRÓN DE SONRISAS

De su cara, la de ella, Serafín solo podía ver aquella fina barbilla al final de su largo cuello completamente estirado al dejar caer su cabeza abandonadamente hacia atrás.

Cuando la mujer, gimiendo de deseo e impaciencia y apoyándose en los talones de sus piernas abiertas apretó las nalgas y combó convulsamente su cuerpo alzando hacia el cielo su crespa negrura buscando el éxtasis, Serafín se vio obligado a levantar su cabeza para perseguir aquella huidiza y salvaje oscuridad en la que su lengua se habían estado agitando como una pequeña y chiflada anguila perdida en una maraña de bucles enredados.

En ese instante y un segundo antes de que aquel grito final cuyo sonido quedaría apagado por la contracción tetánica de los muslos de la mujer sobre sus oídos, fue cuando sus atentos ojos verdes encarcelados por una maraña de largas pestañas rizadas, dejaron de ver aquellas manitas blancas que agitadamente masajeaban sus propios pechos y sintiendo aquel sexo bajo su nariz como un bigote ajeno y agitado, vio aparecer en todo lo alto la colina de su pálido vientre coronado por su pequeño ombligo, mientras notaba como dentro de ella, en sus entrañas, un pequeño terremoto estaba estallando en un orgasmo asombroso y prolongado.

Cuando aquel cuerpecito pálido quedó desmadejado y blando como si sus huesos se hubieran disuelto de placer y sus ojitos cerrados y su cara mística denunciaban como ella, en sus profundidades, intentaba retener aquella sensación de evasivo placer que ya nadie ni nada le podría robar, Serafín se movió gateando cuidadosa y sigilosamente entre los blancos muslos de la muchacha hasta llegar a aquel beatífico rostro enmarcado por los desordenados rizos de su cobriza melena y depositando en sus labios un suave beso que aún transportaba aromas de sexo mojado, esperó su premio, su verdadero premio, aquello por lo que estaba con ella y que él necesitaba para seguir viviendo, porque el deseo de Serfín , no era tomarla, ni poseerla, ni satisfacer su ansia.

El premio que serafín buscaba en cada mujer era la sonrisa, esa sonrisa inevitable, esa sonrisa espontánea e imposible de fingir de agradecimiento de princesa liberada del dragón, esa sonrisa irremediable y fugaz con que las mujeres tras el violento éxtasis, parecen sorprenderse y disculparse pícaramente ante el varón por haber liberado sin el menor concurso de su voluntad su lado mas salvaje y descarado culpando de su locura al embrujo de aquellos ojos verdes de largas y pestañas rizadas. Si, esa sonrisa que para Serafín, justificaba su existencia.

Cuando su premio llegaba y la mujer a la vez que lo abrazaba suavemente con una pereza infinita le sonreía abriendo sus somnolientos ojos, él la penetraba hasta el fondo con una delicadeza infinita y se quedaba quieto, sin un solo empuje, sin un solo vaivén y recorría con su lengua la sonrisa de sus labios como si de un pintalabios de tratara mientras se derramaba lenta y parsimoniosamente en su interior hasta que su fluido se agotaba y comenzaba ya escapar de aquella íntima unión, para desaguar manchando las sábanas.

¿Sabéis?…, Nunca un nombre estuvo mejor asignado, Serafín, un ángel alado de belleza infinita de los que rodean a Dios, porque Serafín, era un hombre de guapura universal e indiscutible de los que hasta los propios hombres escrutaban con recelo cuando veían las miradas que le echaban sus propias esposas, novias, hijas, e incluso madres .

El mismo Serafín se preguntaba si su belleza y su talento innato para la seducción había sido una anomalía azarosa de la naturaleza o un talento del que Dios inmerecidamente le dotó sin un propósito claro pero aquellos ojos verdeazulados en los que a través de los barrotes de sus largas pestañas podía adivinarse la salinidad del mar, aquel cuerpo elástico y masculinamente armonioso y aquel rostro torneado y fino de suaves contornos varoniles, indudablemente no los había heredado de su anodina familia cuyos vulgares rasgos se diluían entre las gentes corrientes del lugar.

Pero en Serafín, había algo más que un cuerpo fascinante…, había magia, magia de la intención en la mirada…, magia de su voz profunda…, magia de sus palabras sugerentes…, magia de la suavidad elegante de sus gestos… y sobre todo, magia de ese "no sé qué", de ese aura envolvente de feromonas que hacía que incluso con los ojos cerrados, las mujeres se rindieran incondicionalmente a sus encantos provocando en ellas en cuanto se acercaban a su persona, un deseo insensato de que las amara.

Es curioso y a la vez extraño que aunque por sus brazos y sus sábanas pasaron cientos de mujeres, casadas…viudas…jóvenes…virgenes…experimentadas…politicas…abogadas…actrices…pintoras…limpiadoras… doctoras…y hasta, porque no decirlo, religiosas cuya impaciencia hizo volar sus hábitos por toda la habitación como si fueran papeles en un día ventoso, Serafín nunca provocó desengaños ni problemas amorosos, ni tampoco causó daño emocional a ninguna .

La verdad, es que las mujeres con esa maravillosa inteligencia emocional y práctica, siempre entendieron tácitamente que Serafín, no podía ser de nadie, que Serafín era de todas, que nunca tendría dueña y que era hombre de un solo encuentro al que era tan imposible agarrarse como a una resbaladiza roca en medio de una tempestad. ¿Qué mujer sin morir reconcomida por los celos podría soportar a su lado un marido al que todas desearan?.

Sin embargo, ninguna de las que lo conocieron, cualquiera que fuera su circunstancia, habría estado dispuesta a renunciar a colmar el repentino y ardiente deseo que en ellas provocaba y se mostraban con él decididas y dispuestas a todo, con tal de gozar de sus encantos aunque solo fuera una vez, como algo único y excepcional en la vida que podían guardar como recuerdo en la parte más secreta y femenina de su corazón, para que pudiera hacerla sonreír cuando las amarguras de la edad, las arugas y los reveses de la vida, las llenaran de tristeza y amargura.

He de confesar que cuando me acerqué a Serafín para conocerlo, mi curiosidad para escribir sobre su insólita vida tuvo que superar el rechazo que, como a cualquier hombre, generaba la envidia y la rabia de encontrarse con un "Casanova" que podía hacer y tener y gozar de lo que en el fondo, para el resto de nosotros los varones, era una maravillosa fantasía que desde siempre nuestra Testosterona animal y polígama nos hacía anhelar clandestinamente.

Uno a uno, me tuve que tragar todos y cada uno de los prejuicios que antes de conocerlo habían anidado mi mente en la que la imagen de un Don Juan del siglo XXI, chulo, arrogante, fanfarrón y egoísta, dominaba en un hombre lujurioso y sin cualidades morales.

Serafín, no era un depredador, no…, Serafín carecía del espíritu del cazador que disfruta más de la persecución y muerte que de la presa en obtenida que olvida en cuanto la consigue, no…, Serafín no se esforzaba en seducir a las mujeres, eran ellas las que siempre se las apañaban incluso con las más alevosas mañas para conseguir un encuentro íntimo con él.

Cuando con cierta tristeza Serafín por fin se abrió a mí entendí que los hombres, al igual que la monedas, tenemos todos una cara oculta distinta de la que mostramos en la cual figura el precio que pagamos por lo que somos.

Serafín vivía preso de su talento que era el que marcaba su destino y como hombre generoso, siempre entendió que la felicidad de dar es siempre infinitamente mayor que la de recibir y Serafín se sentía hacia las mujeres como un repartidor de gracia y amor al que ellas pagaban con una sonrisa que daba algún sentido a la extraña existencia a la que se veía obligado pero que lentamente, había abocado a su alma a la soledad porque paradójicamente, para Serafín su fantasía inalcanzable, era la aburrida vida familiar de los demás.

Cuando lo dejé, en el vestíbulo del hotel, Serafín sentado en un sillón miraba taciturno el fondo del vaso de whisky en el que hacía rodar un último trago mientras desde la barra del bar, la ávida la mirada de una impresionante mujer dejaba ver que maquinaba como abordarlo…

Cuando salía por la puerta giratoria, un antiguo refrán acudió a mi mente… "Al leñador…, caza y al cazador… leña"….,! Así es la vida!.

Fin

jueves, 10 de mayo de 2018

UN NEGRO EN SHANGHÁI

Gualberto a veces a su pesar, era un puto racionalista. 

No, no es que hubiera nacido cartesiano al estilo francés ni pragmático al estilo anglosajón, simplemente es que a pesar de ser un latino en el sentido de ser un "romanizado " de los que nacen a orillas del mediterráneo con una educación barnizada con capas y capas de catolicismo papista beligerante e integrista, Gualberto había dedicado su vida a la ciencia, lo cual suponía, someterlo todo a la crítica de la razón y no dar por bueno nada que no se pudiera demostrar.

El problema fue, que tras una formación desde la infancia en un buen colegio " De pago", por supuesto religioso, donde demostró una gran capacidad intelectual pero en lugar de estudiar Derecho o Economía, inició, tal vez mal aconsejado, estudios universitarios de ciencias físicas y matemáticas que él, muy sobrado, completaba con historia y filosofía a ratos perdidos. 


Con la excusa de unas lecciones prácticas al final del primer trimestre de la carrera, Don Ramón, el catedrático de Física que era un reputado científico candidato varias veces al premio Nobel, llevó a Gualberto junto con los demás alumnos hasta un pozo ya abandonado situado en un bosque cercano, les hizo guardar silencio y ante la mirada interrogante de aquellos chicos, tiró una moneda a su interior e hizo un ademan de escuchar para oír el sonido de la misma golpear en el fondo. Pero resultó que el pozo era tan profundo que la moneda se perdió en sus negras entrañas sin producir sonido alguno.

-¿Os habéis hecho una idea de lo profundo que es ese pozo ?, dijo Don Ramón. Cuando todos afirmaron a coro, prosiguió:

- ¿Veis este pozo…? ¿Si…? !!Pues ahí debéis de echar vuestra Fe y luego llenarlo de tierra antes de dar un paso más en lo que habéis elegido!!. De lo contrario…, haríais bien en daros la vuelta y escoger otro camino, porque tener Fe en Dios o en lo que sea, es creer algo que no se puede demostrar y eso… ,mis queridos alumnos, es lo mas contrario que hay a la ciencia que es la base del conocimiento y el progreso del hombre.

Cuando Gualberto fue cambiando progresivamente el enfoque de sus creencias por el de sus certezas, se fue sintiendo más y más aislado de su ambiente, de sus familiares de sus amigos , de la sociedad y de todos aquellos a los que en su vidas no se les exigía no tener Fe para seguir su camino. El pobre Gualberto, acabó sintiéndose "Como un negro en Shanghái" es decir…"más solo que la una".

Cuando cierto ya al final de su carrera, trabajaba con Don Ramón en el Doctorado y andaba por las aulas y los claustros ensimismado y con el ceño fruncido dándole vueltas y más vueltas para intentar encajar como un rompecabezas lo que se le enseñó de niño y lo que descubría de mayor, le preguntó a su maestro con el que por ser su alumno predilecto tenía ya mas confianza,

-¿ Don Ramón, cómo consigue Vd. no sentirse solo, estar siempre de buen humor y ser feliz e integrado, si Vd. fue el primero en enterrar su Fe en aquel pozo? ! Dígame Vd. su secreto!

-! Que inteligente eres Gualberto! respondió don Ramón, sabía que no acabarías tu formación sin hacerme esa pregunta.

Una de las mejores cualidades, que incluso yo llamaría talento de la mente del hombre y que le permite adaptarse a todo lo nuevo y diferente, es la contradicción.

- ¿Ha dicho la contradicción Don Ramón ?

-Si, la contradicción…, es decir, la capacidad de admitir en nuestro fuero interno dos ideas contrapuestas y que convivan allí sin violencia ni angustia alguna aprendiendo a respetarse la una a la otra, permitiéndonos así sentirnos bien cualquiera que sea la situación que afrontemos.

Mira Gualberto a ti como a mí, se nos educó en la religión católica desde muy pequeños al igual que a la mayor parte de nuestras familias, nuestros amigos y la comunidad donde vivimos y lo que aprende uno en la infancia troquela el corazón y es una profunda marca difícil de borrar y mas aún si la tienen también todos los que nos rodean.

Pero las religiones, aparte de la base de que hay un Dios que quiere el bien y la solidaridad para todos, son un conjunto de escritos mitos y leyendas sin evidencia alguna que ahora, están en la base de nuestra cultura, nuestro arte, nuestras fiestas, nuestro buen comportamiento y en la mayor parte de los eventos que nos cohesionan, muchas veces tomadas unas de otras y desarrolladas bella y ejemplarmente por hombres bien intencionados pero atrasados por el conocimiento que de las cosas se tenía en la antigüedad desde hace mas de mil años.

-¿Don Ramón es por eso el conocimiento científico lleva a la soledad del ateo?.

-Si Gualberto. Si, si no se tiene el talento de ser contradictorio consigo mismo. Porque además, si uno consigue que las ideas opuestas se respeten en tu interior, respetaras las ideas de los demás cualquiera que sea el sentido que tengan.

-¿Y como lo consigue Vd. Don Ramón?

-Pues básicamente no es complicado: Cuando pienso soy ateo, cuando siento creo en Dios.

-!Joder que lío!..! Explíquese Don Ramón!

-Mira Gualberto, cuando pienso en la ciencia y estoy aquí en la facultad y en el laboratorio tengo que ser ateo por que la existencia de Dios no se puede demostrar y estoy contento por ello. Pero cuando estoy fuera de aquí en mi casa, no me lo planteo, solo siento, creo y dejo aflorar lo que aprendí de mis padres y también me siento feliz por ello.

- ¿No es Vd. un poco tramposo…?

-No creas Gualberto, no es trampa, es pragmatismo. Al final "Los hechos son tozudos" y el tiempo llevara todas las cosas a su sitio con el imperio de la lógica, pero mientras eso ocurre, se va gastando nuestra vida y no podemos permitirnos desperdiciar nuestros momentos felices con disquisiciones.

Como dijo Buñuel..: !!Soy ateo por la gracia de Dios!!

fin.

jueves, 3 de mayo de 2018

EL NIÑO DE LA MALVARROSA

La verdad es que yo no me di cuenta cuando pasó por mi lado. Como luego supe se llamaba Diego, tendría unos cinco años y llevaba un cabreo de "no te menees ".

Estaba sentado en mi silla de playa bajo mi sombrilla azul. La prensa olvidada sobre mis piernas, agitando molestamente sus hojas con la refrescante brisa térmica del mediodía mediterráneo estaba reclamado mi atención. Su dueño, es decir yo, que odio la playa pero a la que obligado por el calor del estío diariamente me veo arrastrado buscando un poco de alivio, permanecía ajeno a todo lo que me rodeaba y llevaba ya una hora dándole vueltas de noria a mi pobre cabeza mirado vacíamente sin ver. 

No fue hasta que la graciosa silueta desnudita y enfadada de Diego entró en mi campo de visión destrozándome molestamente la recta del horizonte donde chocan los azules del cielo y del mar, cuando fui consciente de su presencia.

No lloraba y aunque caminaba hacia la orilla de espaldas a mí mirando ligeramente hacia abajo. Su lenguaje corporal, su braceo enérgico y su caminar decidido a pesar de que la blanda arena ya quemaba a esas horas, hablaba del coraje y la determinación que puede tener un niño al que no le falta aún ni un diente de leche.

Me imaginé su cara de enfado mientras se alejaba dignamente del escenario del desaguisado con su ceño fruncido y su boquita apretada.

Como un instantáneo flash, lo vi pintado por Sorolla cien años antes, cuando en su mejor momento y en aquella misma playa la Malvarrosa, el maestro, con la luz de Valencia su tierra natal, solía pintar a los niños jugando y bañándose desnudos en aquellos atardeceres que doraban los brazos de los pescadores, creaban sombras oscuras y reflejos de agua y en las carnes y cegaban la vista con los brillantes blancos de las velas de las barcas y los vestidos de gasa de las refinadas damas que paseaban aburridas con sus elegantes pamelas frente al azul intenso del Mediterráneo.

Cierta agitación acompañada de gritos y recriminaciones a mi espalda, me hizo "bajar de la parra" y volver a la realidad. Luego supe la causa de la misma, pero lo importante y lo que me sorprendió en realidad fue la reacción de la que supuse la madre del chico.

Debía ser la primera vez en la que el niño mostraba esa tierna autoafirmación ante una irrecuperable injusticia.

Cuando giré hacia atrás mi rostro, fue cuando vi el desconcierto en la mirada de aquella mujer que ahora, de pie, se había quedado quieta y seguía con mirada desorientada e interrogante la trayectoria del chaval y parecía desentenderse del reciente incidente, tras recriminar agriamente al hermano mayor, que con un par de años mas que Diego, huía riendo desvergonzadamente de los vanos intentos de captura materna tras haber decidido paliar su aburrimiento con una fechoría arrojándose como una bomba demoledora sobre el castillo de arena que el chiquitín debía llevar haciendo media mañana con sus pequeños moldes de arena.

Intuí al instante que la reacción de Diego que en su ceguera emocional, hacía caso omiso de los " !Diego vuelve!" de los "!Diego te vas a perder!" y de los " Por favor Diego vuelve que ya he castigado a Víctor ", no era la que ella había esperado.

Tal vez ayer mismo, Diego hubiera cogido un berrinche terrible berreando como un lechón gritando y molestando a toda la playa con la música, que por desasosegante es la más desagradable que existe para un adulto y que es el llanto de apremio de un niño.

Tal vez ayer mismo Diego impermeable a consuelo alguno hubiera entrado en un bucle de ira ciega acompañada de pataleo y convulsiones que obligara a la familia azorada a volver a casa y dar el día por finalizado.

Tal vez su madre, como sucedió ayer o la semana pasada, esperaba tener que cargar trabajosa y violentamente al niño en brazos por la blanca y seca arena hasta la ducha del puesto de socorro, para que con el agua fría se calmase un poco mientras le limpiaba la carita que, embadurnada de mocos, lagrimas y babas se le transformaba, con los granos de la arena, en una croqueta mineral que amenazaba en penetrar por su boquita abierta.

Tal vez…, si, pero ayer era ayer y hoy es hoy. Nadie sabe cuán rápido cambia la mente de un niño.

Diego, se sentó enfurruñado en la arena fresca de la playa, rodeó con los bracitos sus rodillas haciéndose una bolita terca y se quedó enfadado y sin llorar mirando al mar esperando que su madre impartiera justicia y acudiera a recogerlo.

Tras mirar a Diego, volví de nuevo a mirar a su madre. En su rostro ya no había desconcierto, solo percibí en sus ojos un punto de tristeza y resignación que evidenciaban que había entendido el mensaje de la naturaleza: "Ley de vida…" se debió decir a sí misma.

Diego, de golpe, se había hecho mayor y eso la llenaba de orgullo, ella sabía que ese momento tenía que llegar, pero siempre le hubiera parecido demasiado pronto.

Ahora, su bebé…, su tierno y llorón bebé se había esfumado para siempre y también ahora, que se le había pasado de repente el enfado, se dio cuenta de que no le hubiera importado en absoluto tener que llevarlo trabajosamente durante años y más años y mil veces más si hubiera sido preciso, a la dichosa ducha fría del puesto de socorro.

FIN