jueves, 7 de noviembre de 2019

LA FELICIDAD DE FELICIA v2019

Si, lo de Felicia era genético y familiar, pero cuando ella nació, en su familia solo su tía Teresa era tan gruesa como ella. Ambas habían heredado ese escondido y maldito gen de la obesidad mórbida y monstruosa que desde hace siglos pululaba escondido en el ADN de sus ancestros pequeños delgados y enjutos, manifestándose caprichosamente solo de cuando en cuando. 


El Dr. Giner, el Ginecólogo, ya había temido dificultades cuando la vio ponerse de costado para entrar a por la puerta de la consulta. Venía sola y sin acompañante lo cual le había extrañado, porque por lo general las personas con alguna discapacidad, solían acudir a las consultas escoltados por alguien , normalmente su madre, que los cuidaba y atendía con una mezcla de cariño y culpabilidad por haberlos traído éste puto mundo con alguna tara.

Felicia, había precisado de las dos sillas delanteras del despacho para sentarse y cuando comenzó a hablar, el facultativo se sintió sorprendido de nuevo porque de entre los pliegues de su papada y de su rostro, surgió una mirada inteligente y dulce, al mismo tiempo que una voz preciosa que modulaba con finura y denotaba una exquisita educación.


La enorme mujer había expuesto su problema con claridad y una mezcla de serenidad y decisión: Mire… Doctor, estoy preocupada porque no me baja la regla desde hace un año. Sé que es normal por mi sobrepeso que no me baje en varios meses, pero nunca había sido tanto tiempo.

El especialista, miró con lastima hacia el potro de exploración y pensando que aquella estructura no estaría pensada para la podría resistir su peso y que podría colapsar ocasionando un desagradable accidente, tras meditarlo, optó por acomodarla en la camilla que era más baja y más fuerte para poder explorarla de algún modo.

Ahora, el pobre hombre, llevaba media hora luchando con el cabezal del ecógrafo entre aquella masa de carne y aun no había podido definir ni una sola estructura en su interior. Estaba nervioso..., le caían los goterones de sudor haciendo que sus gafas resbalasen por su nariz. Aquella mujer era enorme, alta sí, pero sobre todo, era de una obesidad descomunal.

Felicia se había ido relajando al tiempo que su cuerpo se iba desparramando por los costados de la camilla hasta que ésta quedo invisible bajo los colgajos de sus carnes. Las batas inmaculadas de los sanitarios le habían recordado su infancia cuando ante la mirada incrédula del pediatra destrozaba en los controles de crecimiento todas las estadísticas y las curvas de percentiles de peso para la edad…

Con frecuencia, Felicia pensaba que con su mal le había llegado también el remedio, en forma de su tía Teresa a la que consideraba como su verdadera madre ya que su morfología la acercaba mas a ella a la vez que la apartaba de su delgada madre biológica.

La suerte de Felicia era que Tía Teresa tan obesa como ella, una mujer inteligente con estudios superiores, había aprendido a vivir superando las burlas, la vergüenza, la crueldad , el desamor y la soledad que generaba vivir en aquel descomunal cuerpo a base de sobreponerse a cada episodio doloroso de su existencia aprendiendo de ello con su experiencia, Tía Teresa pudo educar a Felicia para sobrellevar con dignidad en la vida aquello que de los demás desgraciadamente podía esperar y por eso le había enseñado a buscar con decisión su felicidad fuera de los patrones que regían para la gente "normal".

Cuando un día, Felicia alzó la vista del monitor de su ordenador desde que vía internet dirigía sus boyantes empresas y sintió en su interior la pulsión animal y salvaje de vivir en compañía. No lo dudó, ! Sabía dónde encontrarla… !

Con la paciencia de una araña, se sentó durante un mes entero en la sección para hombres del departamento de tallas especiales de aquél afamado Centro comercial y allí permaneció quieta, sin mover un músculo hasta que vio lo que buscaba…

Alfonso era tan grueso como ella… pero más alto y fuerte. Se le veía enojado tres pasillos más allá, luchando por ponerse ilusamente una chaqueta preciosa pero que a todas luces le venía pequeña. Su mirada que podía cortar el acero se le escapaba entre los rizos negros de sus pestañas. Felicia, se quedó prendada al instante de la presencia animal de Alfonso… de su cara enfurruñada… y de la maraña de hirsuto pelo que asomaba por el cuello abierto de su camisa apuntando bajo su tela un verdadero cuerpo de oso.

Entonces, se levantó ágilmente y como una hembra receptiva fue directa a su presa a la que se acercó sigilosa….- ¿Te ayudo a encontrar algo que te vaya bien…? El resto fue fácil, porque a Alfonso lo que le iba bien, era ella…...

Para el que los hubiera podido ver desde fuera, su apareamiento hubiera parecido como el de dos cetáceos en un documental de naturaleza. Era tan difícil como acrobático acoplar aquellas dos moles para conseguir que comulgaran juntas y que sus partes placenteras, escondidas media vida entre gruesos pliegues, ensamblaran amorosamente… Pero desde dentro… sentido desde su intimidad… para ellos fue una maravillosa danza, una deliciosa lucha lenta y sin reglas en la que cada uno gozaba del volumen del otro con la familiaridad de lo conocido retorciéndose, doblándose, forzándose y aflojando como el instinto animal les guiaba.

-!! Felicia !!. La voz del Doctor que le hablaba sin dejar de explorarla, la sacó de sus pensamientos, haciéndola consciente de que se había comenzado a excitarse un poco….

-! Mire!.. ! Entiéndalo Felicia ..! por más que me he esforzado, con éste aparato no veo casi nada… no alcanzo a detectar con precisión las estructuras de su cuerpo. Es Vd. una persona especial y solo los avanzados aparatos del Hospital central podrán hacerlo... Pero en principio, para tranquilizarla, solo puedo decirle por que los latidos que detecto, que está Vd. embarazada, y que además el embarazo... es gemelar….

Una ola de felicidad incrédula le fue subiendo desde el vientre a Felicia para ir alcanzando todas y cada una de sus orondas células dejándola tan idiotizada y sonriente como tras su primer orgasmo salvaje con Alfonso. ! Felicia pensaba que era infértil como lo fue tía Teresa…!

Cuando abandonó la consulta, traviesamente, salió con cara seria… Alfonso con la preocupación en su rostro, la esperaba sentado o más bien derramado sobre media docena de sillas en la pequeña sala de espera afortunadamente vacía.



Felicia solo dijo en tono firme…! Vamos! y dándose media vuelta comenzó a andar por el pasillo acosada por el hombretón a sus espaldas…

-¿Cómo ha ido…?..?...¿Qué te ha dicho..? ¿Es algo grave… ? ¿Te tienen que operar…!! Dime algo Felicia por Dios….!! !Pero donde vamos tan de prisa…!

Felicia se paró, y sin darse la vuelta le dijo muerta de risa

- !! A cambiar el coche por una furgoneta !! !! Gilipolla !!

FIN

jueves, 31 de octubre de 2019

PRADOS BORRASCOSOS


Si en primavera al amanecer los vierais en uno de los raros días en los que el cielo permitía a la luz del sol llegar hasta ellos, pensaríais que el verde rabioso e irreal de aquellos prados convertía al lugar en el paisaje mas idílico que pudierais recordar.

Pero no..., no sería fácil que lo pudierais ver porque los Prados Borrascosos, como las gentes los llaman, casi siempre están cubiertos de las nubes grises y negras de aspecto amenazador que llegando ya del Atlántico cansadas se abrazan, como los náufragos a las rocas para no ser arrastrados, a aquellos descarnados montes y allí, en su descanso, se alivian descargando el peso de la lluvia, la ira de los rayos, la molestia de los truenos y la ceguera de las nieblas.

No, No era fácil vivir allí. En aquellas alturas hasta en verano la humedad era la diosa y más aun en aquella región del sur que miraba a África y donde el resto de la tierra, llana y apenas ondulada era soleada, seca y árida y solo permitía cultivar el olivo que, duro y espartano, se extendía hasta el horizonte clavando sus garras por toda la llanura como los granos de la viruela salpican el rostro de un niño.

No, No era fácil para nadie salvo para Mateo, porque para Mateo, la soledad de los Prados borrascosos eran su vida y su casa y al igual que para las enormes vacas y los salvajes toros de lidia que constituían toda su compañía y que aquel hombre criaba en los mas tiernos y abundantes pastos, aquellas condiciones que se habían convertido en un paraíso y no sabrían ya , ni él ni ellos, vivir en otro lugar.

A Mateo, al que por pereza todos llamaban Teo desde niño, nunca se le preguntó, nunca tuvo otra elección y tras una mediocre escolarización en la parroquia del pueblo al pie de las enormes montañas donde además tuvo que ejercer de monaguillo para el cura y maestro del pueblo Don Damián, Teo fue enviado a los Prados Borrascosos con rudimentos de lectura y las cuatro reglas de los números en su cabecita. No, no fue crueldad, simplemente fue ley de vida, si por su padre hubiera sido, hubiera retrasado aquella decisión por lo menos hasta que se afeitara la barba. Pero con doce años, que allí ya era una edad para ayudar en el campo sobre todo si se era fuerte de complexión como Teo.

Además, como único varón entre sus hermanas, Teo sabía que como sus antepasados, estaba destinado a vivir con el ganado bajo las borrascas en aquellas condiciones imposibles para una mujer, al igual que su padre había hecho hasta que su enfermedad lo imposibilitó y el chaval, llegado el momento, no puso objeción alguna e incluso sintió halagadoramente que aquella responsabilidad le hacía sentir ya un hombre.

Ahora, en el momento de los hechos que os voy a contar, Teo tendría ya treinta y dos años y durante los veinte anteriores había vivido solo en la solitaria cabaña rodeada de cobertizos para el ganado ya convertida con su esfuerzo en un negro caserón bien calafateado con alquitrán y calentado a falta de electricidad por una fiera estufa.

Teo cada vez con menos ganas, todos los sábados al mediodía bajaba al pueblo para ver a su familia, realizar tratos y negocios, andar de copas con los amigos, ir resacoso a misa el domingo y comer algo que no fuera leche y carne seca, para subir de nuevo a los prados el domingo, ya de noche, guiado con una linterna cargado con una botella de aguardiente para calentar el gaznate de cuando en cuando, un cartón de tabaco de liar y unos cuantos novelotes de la biblioteca municipal que junto a las revistas y periódicos atrasados y un pequeño transistor a pilas, iban forjando toda su cultura y su visión del mundo a la vez que fraguaron en él una pasión casi religiosa por el Barcelona club de Futbol cuya derrota era lo único que podía alterar los lunes su flemático humor.

Su ganado, gordo y lustroso podía, con suficiente heno, encerrado bajo los cobertizos y rodeado por las cercas, podía mantenerse un par de días en aquel lugar sin sus cuidados protegido además por el accidentado acceso por trochas y sendas que hacía casi imposible el latrocinio y dos fieros mastines casi asalvajados podían ahuyentar a cualquier individuo o animal que merodeara por allí con aviesas intenciones

Era un lunes de diciembre cuando precisamente, Teo cabreado por la humillante derrota con el que su equipo había perdido en casa precisamente con el Madrid al que Teo profesaba un autentico "Odio africano", le tocó buscar Esperanza, una vaca rubia rebelde y autónoma que era ya la cuarta vez que escapaba de la cerca durante su ausencia semanal y aunque solía volver sola en un par de días, ésta vez, la tormenta eléctrica amenazaba con achicharrarla con un rayo.

Casi anochecido y cuando el mastín ladró repetidamente cerca del abrigo rocoso al píe de los peñascos que a veces utilizaban como refugio y aprisco, Teo supo que Esperanza estaba cerca y efectivamente, la encontró pastando allí con cara de no haber roto un plato.

Ya le había lazado los cuernos para tirar de ella, cuando oyó un gemido humano procedente del fondo de la oquedad y con la ayuda de la linterna se acercó prudentemente hasta que el halo de luz dio con el bulto claro acurrucado y tembloroso de una mujer que, lloriqueando, se protegía la cabeza con sus brazos como si tuviera miedo.

Cuando la mujer vio que Teo no la atacaba se relajó lo suficiente para hablar, Teo no entendió nada de lo que decía y supuso que era una senderista extranjera porque, aunque hablaba una lengua gutural, se señalaba con cara de dolor el tobillo izquierdo.

La mujer tendría unos cuarenta años era muy pálida y bastante delgada pero su rostro anguloso y sus ojos verdes amarillentos la hicieron tan bella a los ojos de Teo que no estaba acostumbrado a las mujeres, que podría explicar incluso sucia desgreñada y dolorida porque a Teo le pareciera la viva imagen de una virgen aparecida.

La magia duró hasta que Teo para valorar la situación, tocó el tobillo que estaba quebrado y el dolor fue tan intenso que la mujer perdió el sentido y Teo tuvo que llevarla desmayada a lomos de la vaca hasta el caserón donde aprovechando la anestesia de la inconsciencia, le recolocó diestramente los huesos y le vendó convenientemente el tobillo antes de reanimarla a base de aguardiente.

Solo Teo sabe la vergüenza que pasó para desnudarla, lavarla con agua tibia, vestirla con alguna de sus propias prendas y meterla bajo las mantas de su única cama sobre la que, vestido, tuvo que dormir a su lado porque el suelo de tierra, estaba helado.

Cuando Teo le devolvió limpia y lavada su ropa y vio que el suéter, los pantalones e incluso su ropa interior eran blancos como la nieve, a su mente, aunque con estas modernas prendas, volvió la imagen del pastorcillo que encuentra la imagen de una virgen en una cueva.

Este relato es muy corto para describir como a pesar de no entender una palabra el uno del otro surgió entre ellos un amor tan intenso y tierno. Tal vez eran dos almas solitarias y hambrientas, tal vez fueron los amorosos cuidados de aquel hombre acostumbrado a cuidar, tal vez la miradas de agradecimiento y la maravillosa sonrisa de aquella mujer hacia su salvador o tal vez, el cálido aroma a compañía que ella buscaba desnuda por las noches pegándose a su espalda, en fin ...quien sabe...el amor siempre es un milagro sin porqués.

Teo no pudo saber nunca de donde venía ni a dónde se iría después, nunca se hicieron promesas ni ilusiones y dejaron tácitamente su futuro al albur del tobillo y del tiempo o quizás simplemente se abandonaron al capricho de los sentimientos respetando sus rarezas como lo poco que ella comía y la manía de dar paseos sola al anochecer de los que volvía agotada cuando él, reventado por el duro trabajo, ya estaba dormido.

Pero tras meses de felicidad en los que Teo apenas bajaba al pueblo para no dejarla sola, le daba igual como quedara su equipo de futbol e incluso se olvidó de beber aguardiente y fumar, algo comenzó a ir mal...no, no fue cuestión de sentimientos ni de rarezas, pero Teo andaba cada vez mas triste y preocupado porque extrañamente las vacas e incluso los mastines no habían ganado peso durante el verano a pesar de que la yerba fue extraordinaria y llegaron al otoño tan flacos que marcaban las costillas y las ancas a pesar de las vitaminas que les había dado el veterinario que no encontró en ellos enfermedad alguna .

Por fin y con las primeras nieves los animales fueron muriendo. Primero fueron los perros, luego poco a poco las vacas de las que con lágrimas en los ojos Teo iba enterrando una o dos cada día, por último los toros de lidia más fuertes y salvajes de los cuales al final solo quedaba en pie el Semental.

Ante aquel desastre Teo, deprimido y triste, pensó que ella se marcharía y lo abandonaría y una noche, desesperado, se fue a buscarla en su paseo nocturno para rogarle que no le dejara.

Teo tras buscarla por todos los prados al fin dio con ella, que no lo llegó a ver a él, porque Teo aterrorizado y sin decir nada cuando de lejos la vio junto al Semental con la boca cerca de su cuello llena de sangre, se volvió a casa solo y en silencio.

Con horror, se dio cuenta de que con ella había pensado en la virgen y el pastorcillo cuando mas pegado a la tierra tenía que haber pensado en la antigua y ancestral leyenda del pueblo, que para él siempre había sido una paparrucha casi olvidada, de una misteriosa mujer de blanco que algunos había visto fugazmente en tiempos de hambruna.

Si, con la decisión tomada la esperó entre espasmos de llanto y aunque por su mente no asomó la palabra vampiro en ningún momento, había acercado la maza a la cama y sentado en ella estaba afilando una la estaca de ciprés para clavársela en el corazón.

Pero cuando ella llegó y se acercó a besarlo, Teo dejó caer la estaca al suelo y con los ojos llenos de lágrimas simplemente le ofreció su cuello lleno de amor y ternura...

Ya se amarían eternamente en el infierno donde entre llamas y vapores de azufre , cuando bajara ella mas pronto que tarde, encontraría a Teo esperándola.

Fin


viernes, 25 de octubre de 2019

incomunicacion v.2019


En realidad, no sé cómo llegó esta historia a mi cabeza. Tal vez, solo la soñé….Pero desde entonces no dejo de "pegarle vueltas". ¿ Cómo hemos llegado a vivir tan aislados y encerrados en nosotros mismos si el hombre es un ser de naturaleza social cuyo éxito como especie se basó en vivir en grupo. ¿ Es indiferencia… o es temor ? ¿ Será que nos hemos vuelto una especie individual y egoísta ?... ¿ Será que ya no necesitamos estar juntos para defendernos? o...  ¿ Será tal vez el miedo a que alguien desazone más nuestra ya desazonada vida lo que levante esa muralla emocional que pedantemente llamamos "Nuestro Espacio"?.



La verdad es que no lo sé…pero quiero compartir con vosotros ésta historia por si a alguien le hace pensar y saca de ella algún provecho.

Serían las cinco de la madrugada cuando el joven llegó a la estación y se sentó a esperar su tren en aquel viejo banco de madera adosado por el respaldo a su otro banco gemelo al que jamás había podido ver sus listones.


Estaba solo, no había nadie en los andenes. El pequeño estanco y la cantina estaban cerrados a esas horas y Andrés se moría de ganas de fumar. Su sangre le pedía la nicotina con mas desespero que el café o el desayuno. Si, Andrés tenía tabaco pero,algo adormilado, se había olvidado el mechero en el recibidor y ahora no veía a nadie al que poder pedir lumbre.

Para distraer las ganas decidió leer un poco, aun faltaba media hora para la llegada de su tren. Sacó aquel libro que había encontrado en casa de su madre, "la eterna viuda", como él la llamaba porque lo había criado sola en ausencia de un padre hasta que la pobre falleció.


Era un libro extraño y llevaba una ambigua dedicatoria, pero lo más extraño del libro, es que lo tuviera ella que era una mujer humilde y poco cultivada. Su autor era Darío Espina, un antiguo premio Nobel nacional de complicada escritura y mas difícil lectura cuya notoriedad hacía ya un par de décadas que había dejado paso a una fama discreta como escritor de culto para intelectuales.

A Andrés, le había cautivado el libro desde la primera pagina hasta el epílogo, lo había leído varias veces y estaba tan fascinado con el aura de maldición y su misterio de su autor que hubiera dado una mano por conocerlo.

El crujido de la vieja madera del banco le avisó de que alguien se había sentado a sus espaldas. Levantó la vista del texto y cuando miro hacia gran espejo del fondo de la sala de espera vio reflejado en él como detrás se le había sentado un individuo maduro y obeso que vestía un traje gris tan desaliñado como anticuado y que con aire de cansancio miraba ausente hacia las vías. Casi al instante, tuvo la tentación de pedirle fuego, pero... cuando volvió la cabeza para dirigirse a él, pudo percibir un fuerte olor a alcohol que lo detuvo en seco. ¿ No será un borrachín que viene de toda la noche de ronda...? ¿ No será un pesado que intente darme palique y molestarme con la excusa de darme fuego...?


Tras dudar un instante, Andrés reprimió sus ganas de fumar y volvió a meter sus ojos entre las letras.

Darío, había salido a buscar inspiración para acabar su libro de una puta vez. Llevaba meses intentándolo pero la obsesión que había crecido en él en los últimos tiempos parasitaba su mente y hacía inútil todo esfuerzo creativo.


Como el despertar de una larva que hubiera estado dormida en su interior durante lustros, los pensamientos sobre el hijo que tuvo con aquella mujer y el remordimiento de haberlos abandonado, habían aflorado violentamente formando un bucle continuo en su razón que apenas dejaba sitio para algo más. ¿Dónde estará él?...  ¿ Vivirá su madre aún?... ¿ Sabrá algo de mí?...

Tras una noche de deambular sin sentido y sin que las copas siquiera mitigaran su dolor, Darío Espina se había sentado allí derrotado en un intento inútil de evitar una noche más de malos sueños y cama revuelta. Tal vez fumar lo tranquilizara…pero.. ! No tenía tabaco y estaba todo cerrado!. Pensó en pedirle un cigarrillo a aquél muchacho que a través del espejo había visto sentado a su espalda leyendo, curiosamente, un libro suyo que reconoció por sus tapas.


Pero no lo hizo. Darío era un hombre muy tímido y pensaba además que no había mayor pecado en el mundo que molestar interrumpiendo una lectura.

Pasaban los minutos …La falta de nicotina creaba en ambos una inquietud que minimizaba sus aprensiones…la necesidad puede derribar muros...y al final, como si se hubieran puesto de acuerdo, ambos volvieron sus cabezas y se miraron para pedirse lo que les faltaba.

! Tal vez si hubieran podido hablar!…!Tal vez si hubieran podido llegar a conocerse!... pero !Ya era tarde!. En ese mismo instante un tren de llegó y se paró con un estrépito de puertas delante de aquel banco y Andrés cerrando el libro, se apresuró en levantarse y subir en él…

Si..., estuvo a punto de suceder...Si...,fue un casi…tal vez una sola palabra hubiera podido cambiar sus destinos... pero no la hubo...y aquellos dos hombres siguieron ignorantes por su camino sin volverse a encontrar jamás


Y es que… !Amigos!…. tal vez....a lo mejor...quizás... nuestras barreras a los demás y nuestros putos espacios..., lejos de protegernos, no hagan sino apartarnos de lo que más deseamos.

miércoles, 16 de octubre de 2019

SIMONA Y EL MINOTAURO

Simona llevaba semanas con el mismo sueño, túneles, y mas túneles en la semipenumbra de alguna mortecina lamparilla de aceite, silencio, pasos y carreras huyendo asustada y temblorosa y buscando amparo en la negrura perseguida por aquél monstruoso ser malcarado cuyos escalofriantes cuernos veía fugazmente al contraluz de alguna claridad, y cuyos rebufos y jadeos alcanzaban a veces su espalda hasta que la arrinconaba en algún recoveco sin salida y del que solo la libraba del ataque el despertar sudoroso jadeante y espantado. 




-! El mito del laberinto del Minotauro!, !Temor al sexo como diría Freud!, le soltó la Psiquiatra militar de la base aérea a las primeras de cambio con voz profesional pero adoptando una sonrisa empática a la vez que se quitaba las gafas para facilitar la comunicación...

Simona no dijo nada, ¿Para qué seguir…? cogió los tranquilizantes que le ofreció la Doctora y tras darle las gracias por el consejo de buscarse un alivio con un muchacho dulce y cariñoso, salió de la consulta.

Pero Simona, con grado de Coronel era una mujer libre y avanzada y una de las primeras mujeres piloto que llegó a la base y entre tanto hombre, jamás se había permitido enamorarse mas que de su carrera y de los azules cielos que surcaba con su reactor rayándolos con estelas blancas porque además de que de los mejores hombres de la base aérea ya estaban casados y el resto era una mediocre basura machista y mujeriega, Simona pensaba que el amor le podía pesar demasiado para decidir matar o morir en el aire si algún día metida en su avión el deber la llamaba a requerirlo.

La psiquiatra hablaba sin conocer, si no..., hubiera sabido que a Simona el sexo no le intimidaba, es más..., le encantaba y sin importarle el qué dirán, cuando quería, se "beneficiaba" discretamente a quien le gustaba, siempre que fuera un amigo de confianza, no hiciera daño a terceros y supiera tener la boca cerrada.

Si, Simona era consciente de su valía. En un país machista una mujer guapa y llamativa con treinta y dos años, no habría llegado hasta donde estaba si no hubiera sido una mujer de carácter fuerte, inteligente, estudiosa y con las ideas muy claras respecto a su vida además saber mostrar valor y en los momentos difíciles , " Tomar el toro por los cuernos" y demostrar que tenía más "pelotas" que sus compañeros y especialmente, los componentes masculinos de su escuadra de vuelo, cuyo respeto profesional y admiración incondicional se había sabido ganar por sus méritos y no por sus galones.

Simona salió de la consulta decepcionada y con el ceño fruncido, aquella "Loquera" era una ingenua y no había encontrado ninguna ayuda allí... Pero cuando el reflejo del sol naciente en la carlinga de su avión le deslumbró brevemente, la invadió una lúcida epifanía : El recuerdo angustioso de un Minotauro en sus sueños y "lo de agarrar el toro por los cuernos" lo tenía que resolver ella sola y además y como siempre hacía, afrontándolo con valentía, de cara, y por supuesto..."Con dos cojones" (con perdón)

Se documentó de cultura Minoica. En pocas palabras, la vida de aquel bicho fue tal putada que no le extrañaba que su alma aún anduviera cabreada y "dando por saco" por toda la tierra desde aquel jodido laberinto cretense.

Primero su madre Persífane, una mujer más "puta que las gallinas"(con perdón también) que sea por despecho o por puro calentón, lo engendró metiéndose en una vaca de madera pintada a manchas para que se la follara ( ya no pido más perdón..) el poderoso toro blanco que era un preciado regalo del Dios Poseidón a su marido Minos el rey de Creta.

Luego Minos como no pudo matar a aquella abominación, medio toro medio humano, resultante de la asquerosa infidelidad por temor a la ira de los Dioses, avergonzado, lo encerró de por vida en un laberinto imposible que le construyó Dédalo para que no saliera, ni nadie lo viera, y allí creció paliando su hambre y su lujuria (se supone que heredada de su madre) con una dieta a base de siete efebos y siete doncellas, que se debía comer sin pan ni nada y que Minos recibía cada tres años como tributo de los Griegos, que por entonces eran unos "pringados" y debían enviar a la poderosa Creta a sus más bellos hijos.

Por fin, la cosa acabó cuando los griegos, hartos, enviaron disimulado entre los jóvenes a Teseo una especie de sicario o matarife a sueldo, eso sí...guapo como un ángel, que acabó con el Minotauro y luego supo salir del Laberinto de Dédalo con el viejo truco del hilo y el ovillo que le había enseñado Ariadna la hija de Minos a quien el chaval se debía haber previamente "camelado".

El siguiente punto a resolver era ir a Creta. Simona estaba convencida de que si lograba dormir en el laberinto, su sueño no se interrumpiría y que cuando la acorralara, aferraría a ese bicho por los cuernos y aunque la mordiera, la violara con furia hasta estallarle la vagina o la matara a dolorosos orgasmos con su desproporcionado y nudoso miembro, ella, en su pesadilla, estaba segura de que acabaría venciendo en aquella pelea y terminaría con los "huevos" de aquél astado colgando sangrantes de su mano y nunca más aquella alma maléfica y cabrona volvería a joderle sus sueños...

Semanas después, a la Coronel se le presentó la ocasión cuando su escuadra camino a Afganistán tuvo que hacer una larga escala en la Isla de Creta para repostaje y mantenimiento y se le concedieron tres días de permiso.

De entrada, el asunto se presentó decepcionante, el famoso Palacio de Knosos no era mas que un árido y confuso pedregal gris con un pequeño montículo sobre el que cuatro o cinco columnas rojas bastante horteras que parecían de tramoya de teatro sostenían un pedazo de techo ruinoso y del puto laberinto... ni rastro.

Gracias a una guía turística local que vio cómo se marchaba abatida, Simona se enteró de que el laberinto era una leyenda y que jamás se había encontrado, pero que últimamente los arqueólogos pensaban que nunca existió como tal y que de haber existido algo, Minos debió meter aquel a aquel bicho (o tal vez un toro travieso y cabrón) en una cueva calcárea cercana fruto de un rio subterráneo seco cuyas ramificaciones y estrechuras la convertían en un laberíntico galimatías.

Diez Euros le costó a Simona sobornar al desarrapado y maloliente pastor de cabras que cuidaba la entrada de la puta cueva cuando llegó ya al anochecer para que, quitando con sonrisa irónica una cadenita oxidada, aquel impresentable sujeto le permitiera el paso para pernoctar en su interior.

Simona, arañándose codos y rodillas y maldiciendo y blasfemando entre dientes en arameo figurado, se adentró con la linterna en aquella maraña durante mas de una hora.

Finalmente, Simona encontró una oquedad de suelo arenoso de tamaño suficiente para acostarse, extendió el saco de dormir y se tiró sobre él. Luego se desnudó, se maquilló, se perfumó, ensayó algunas poses lascivas y usando como almohada la mochila se dispuso a dormir no sin antes pegarse un "lingotazo" de aguardiente a modo de somnífero.

!Había acertado! A los cinco minutos, de nuevo el sueño estaba allí, quitando de que ésta vez, iban reptando por las estrecheces y el Minotauro ya le iba tocando y babeando los pies con su lengua rasposa... pero ésta vez, ella iba preparada con una linterna en la mano y una pequeña navaja plegable escondida en su vagina...

Por fin, tras una interminable persecución onírica el monstruo logró acorralarla en un ensanche de fondo ciego.

Simona ya podía oler su fétido aliento y el tacto calloso de sus dedos buscando sus pechos, pero efectivamente, no se despertó como siempre, se dejó caer en el suelo resbalando por la pared para huir de su abrazo y para deslumbrarlo y poder asir sus cuernos, encendió bruscamente la linterna enfocándolo a la cara.....! Que sorpresa ! !Aquello no era un monstruo! El monstruo era apenas un joven extremadamente delgado y pálido cuya blanca cabeza era la de un ternero de rizos suaves y apenados ojos grandes y azules de los que parecían caer unas gruesas lagrimas que enternecieron el corazón de Simona hasta el punto de que lo invitó a acurrucarse junto a ella e intentó consolarlo pasando la mano entre sus cuernos hasta acariciar su oreja.

-¿Sabe Vd. Doña Simona?, le dijo aquella atormentada alma, no hay nada peor que la soledad de vagar cuatro mil años en los que nadie me ha amparado. Solo soy medio humano y en el cielo y en el infierno acogen a buenos y malos pero se niegan a acoger mitades.

Simona y el Minotauro estuvieron todo el sueño abrazados mientras ella trataba de animarlo, por fin ella le dijo antes de despertar...

-Mira "Mino"...es poco lo que yo te puedo ayudar, ¿ Has oído hablar del Ateísmo...? ¿No..?, pues prueba con eso y si no funciona yo siempre te ampararé en mis sueños...

Cuando abrió los ojos, Simona se vistió, salió de la cueva con el viejo truco del hilo y el ovillo de Ariadna e inspirando profundamente el aire fresco con olor a pinos, le dijo sonriendo al cabrero socarrón :

! De Puta Madre! y enfiló colina abajo mientras el confuso cabrero vio como del camal izquierdo del pantalón de aquella loca caía una pequeña navaja...

Fin.

viernes, 11 de octubre de 2019

AMBROSINA


CANCIÓN MERCEDES SOSA 
https://youtu.be/cNMhgC1yg_U 

Ahora estoy convencido de que Ambrosia, Ambrosina como se hacía llamar, se inspiró en la historia de la poetisa argentina y feminista de los años 30 del siglo pasado Alfonsina, o por lo menos, en la canción que le cantó Mercedes Sosa y que imagino, no se la quitaba de la cabeza en sus últimos días porque desde aquel suceso, tampoco me la quito yo.

Por la blanca arena que lame el mar 

su pequeña huella no vuelve mas 

un sendero solo de pena y silencio llegó 

hasta el agua profunda 

un sendero de penas mudas llegó 

hasta la espuma 



¿ Cómo sabe de esta historia un pobre tullido sin piernas obligado a arrastrar su cuerpo anciano con una antigua silla de ruedas por todo el paseo que bordea la bahía donde, en ausencia de turistas en la soledad del otoño, los ancianos, tullidos, solitarios amargados y todo tipo de discapacitados vagábamos a falta de fondos en silencio como perros perdidos en busca de un poco del sol y la belleza del mar?.

Ambrosina sin embargo, solía caminar erguida a pesar de los cuarenta, con su cuerpo armonioso y su pelo siempre juguetón con la brisa, su elegante cuello y su rostro de ojos grandes cuya boca parecía una pequeña figurita de coral eternamente dispuesta a sonreír. Su belleza y la delicada cadencia de sus pasos atraía la mirada de todos los hombres mas o menos desgraciados de aquel paseo-sanatorio, alegrándoles la vista y mas aún si pensáis que toda aquella gracia, la exhalaba de su cuerpo a pesar de ir arrastrando un pesado carrito grande de bebé del que ocasionalmente. surgía la cabecita deforme de un niño de unos cinco años.

Si.., la historia me la sé, y me la sé mejor que nadie porque Ambrosina , que caminaba despacio porque nunca escatimaba dejarse mirar por aquellos desafortunados parias para alegrarles el día, solamente se detenía a hablar conmigo.

Al principio , hace cinco años , cuando se me acercaron Ambrosina y su carro por primera vez pensé que, como a tantos otros espectadores, la atraía la curiosidad medio envidiosa de ver como alguien, logra con sus manos de una forma casi milagrosa, plasmar la belleza que todos sentimos pero que después se nos escapa un instante como la arena de entre las manos..

Tras saludarme, le conté a Ambrosina que entre mis manías de anciano, estaba la de pintar el mar siempre desde el mismo punto para captar lo cambiante de sus formas y colores y de sus luces y sombres para así poder llevarme cada día a casa según lo que a la naturaleza se le hubiera ocurrido mostrarme. un cuadro distinto cada vez.

Con el tiempo, supe que se alegraba cuando me veía a lo lejos con mi silla de ruedas y cabello blanco arremolinado abstraído pintando el mar en mi pequeño caballete porque os tengo que decir, que cuando tras mirar mi cuadro ella se inclinó amorosamente para sacar en sus brazos a su hijo para que el niño viera el cuadro también mi sorpresa fue tan grande que me quedé paralizado con el pincel en la mano y un terrible escalofrío en mi cuerpo, porque cuando me di la vuelta , aquella mujer sostenía en sus brazos un ser repugnante y monstruoso de piel casi trasparente que para no caer, se le agarraba al pecho con las garritas de un pequeño mono mientras ella, con una mano lo sostenía y acariciaba y con la otra mano sostenía en pie y pegada a su propia cara una y deforme cabeza de pelo ralo, rasgos abobados y boca babeante.

- ¿Qué bonito?¿Te gusta "Tete"...? ¿Te Gusta...?

el niño comenzó unos movimientos espasmódicos que lo sacaron de la letargia y con una voz chillona dijo:

-!ti...! !e onito! !e onito! !e onito! !e onito!!ma..

- ¿Sabe? dijo Ambrosina dirigiéndose a mi a modo de disculpa: A "Tete" le ocurre como a Vd., el pobre es como un vegetal indiferente a todo y la única parte de su cerebro que parece funcionarle y hacerle feliz es la percepción de los colores y sobre todo los del mar, por eso lo traigo todos los días esté en calma azul, ventoso y verde o negro y tormentoso aunque tengamos que venir con impermeable y paraguas y para mi, ese !,É onito!! Ma!...que repite hasta la saciedad es una autentica música celestial que me dice que está siendo feliz.

Pasó el tiempo e invariablemente el rito se repitió todos los días, Ambrosina llegaba siempre feliz y sonriente, conversábamos cordialmente un poco de todo durante los pocos minutos que se detenía incluso veces reíamos juntos alegremente de alguna ocurrencia,... pero pudorosamente jamás hablamos de su situación sentimental ni de la enfermedad de "Tete" .

Recuerdo exactamente el día, el maldito día...si, lo tengo pintado, no había nadie en el paseo, el sol cansado ya se ponía, la brisa venía del este y las aguas

aunque con poco oleaje se mostraban intranquilas...

-!!E onito!! !!E onito!! É onito!! Ma!...

Cuando me dí la vuelta, Ambrosina estaba allí, pero su sonrisa no, creo que fue la primera vez que la vi tan seria.

- Quiero pedirle un favor me dijo, ¿ Podría guardarme este sobre.., es importante para mí y temo que el niño me lo rompa o que alguna ola me lo moje...

-Claro Ambrosina..!Faltaría mas...! le dije lo mas servicial que pude...

-Es usted un cielo gracias ...y el cuadro le está quedado precioso.

Ambrosina y su carro continuaron su camino pero yo dejé de pintar y algo preocupado y con un regusto amargo en la boca los seguí con la mirada...

Cuando Ambrosina creyó que yo ya no alcanzaba a verlos. salió del paseo, metió el carro en la arena y se desnudó despacio permitiéndome atisbar entre la bruma el maravilloso cuerpo que en mi interior siempre había deseado ver.

Pensé que se iba a bañar aprovechando la soledad del momento, pero acto seguido, sacó a tete desnudo también de la cuna , se lo abrazó al pecho y con un pañuelo se lo anudó a la espalda. Luego, miró al cielo y a la inmensidad del mar suspiró y despacio pero con paso seguro se fue acercando a la orilla, chapoteo las primeras olas y sin aspaviento alguno se fue adentrando hasta que sus cabecitas dejaron de verse en medio del oleaje....

Deseperado y maldiciendo mi cojera yo no podía ayudarles, no podía hacer nada...solo podía gritarles hasta que me quedé afónico y al ver que sus cabezas no volvían a salir de la espuma me fui con mi silla a pedir inútilmente ayuda.

Jamás se encontraron sus cuerpos, una benévola corriente se los debió llevar juntos y atados hasta el fondo del océano donde todo es silencio y todo es belleza.

por respeto a su memoria con la vana esperanza de que aparecieran de algún modo...esperé unos días en abrir aquella carta ...



No se culpe a nadie, estoy segura de que ni siquiera Dios de atreverá a culparme y menos aún de separarme del alma de mi hijo "tete".

No me arrepiento de nada. lo quise parir a pesar de que los doctores me avisaron de su malformación incompatible con la vida y a pesar de que su padre me dejara sola y tirada, lo traje a este mundo. Pero como un león, cuando nació tete se agarró a la vida con uñas y dientes y lejos de darme problemas para mí ha sido lo mejor que me ha ocurrido, ha dado sentido a mi vida y desde que lo abrecé por primera vez no he vivido sino la más completa felicidad que pudiera tener una mujer. Pero desgraciadamente, yo sabía que su felicidad estaba ligada a mi vida y que cuando yo muriera solo le esperaba la soledad el dolor el sufrimiento y una muerte larga y terrible y por desgracia, esto ha llegado más pronto de lo que esperaba, el cáncer roe mis entrañas y apenas me quedan unos pocos días de aliento y prefiero que su alma. se venga con la mía a donde quiera que vaya y que nuestros corazones dejen de latir juntos donde a Tete mas le gustaba....en el mar...

Con mis lagrimas emborronando la carta, la canción de Alfonsina se metió en mi cabeza y ahora siempre que pinto se cuela en mis cuadros....

Te vas Ambrosina con tu soledad 

¿Que poemas nuevos te fuiste a buscar? 

Una voz antigua de viento y de sal 

te requiebra el alma y la está llevando 

y te vas hacia allá como en sueños 

Dormida Ambrosina vestida de mar. 

y cuando los termino...siempre pienso...

!! É onito!! Ma!...

viernes, 4 de octubre de 2019

AZUL TURQUESA


Fue una sorpresa. Nada me indicaba lo que a continuación iba a suceder con Ao mi vecina japonesa que meses antes vino a vivir en el piso de al lado y con la que había iniciado una extraña amistad.

Inesperadamente, aquella tarde  Ao salió desnuda a contraluz de aquel pequeño biombo lacado en negro y pude ver que su silueta delgada, menuda casi de muchacho se recortaba sobre la claridad difusa de los paneles de papel de arroz de la puerta corrediza del fondo y se vino hacia mi tímidamente en silencio caminando muy despacio con pasitos cortos y actitud humilde hasta que la luz de las velas, iluminó cálidamente su figura dotando su pálida piel nipona de un dorado suave. Su sexo era apenas una rayita de vello púbico fino y oscuro de aspecto casi infantil  más que excitación, produjo en mi una tierna aprensión casi pederasta.

Como si fuera lo único que le avergonzara, Ao solo cubría a mi vista sus minúsculos pechos que tapaba cruzando ambas manitas en las que sostenía dos pequeños cuencos de cerámica obscura.

Cuando ella llegó hace seis meses a la ciudad y la encontré en el jardín de acceso al edificio, iba cargada con un troley de viaje casi mas grande que ella que iba arrastrando con dificultad, un par de ordenadores portátiles y un enorme bolso.

Me ofrecí a ayudarla para remontar los quince escalones que aún le quedaban para alcanzar el nivel del ascensor y cuando pulsó el botón del sexto piso, fui consciente que aquella que aquella "chinita" minúscula de edad indefinida, vestida con unos tejanos ajustados y una camiseta gris oscuro y a la que solo dos o tres pequeñas curvitas la distinguían de un muchacho, iba a ser mi vecina en el piso vacío de mi rellano.

Os juro que yo, a pesar de los meses que llevábamos en una relación de seres solitarios en los que todas las tardes a partir de las seis, tomábamos el te juntos en su casa cuando ella volvía de su trabajo como ejecutiva de una gigantesca empresa tecnológica, no había recibido "señal" alguna por su parte o si la había hecho, no la había yo captado y tampoco me constaba que yo por mi parte hubiera emitido muestra o insinuación alguna alguno de deseo hacia ella, porque realmente no lo sentía ya que pasaba yo por entonces por una época de cierta indiferencia misógina y  aunque me sentía agradablemente cómodo con mi asexual amistad con Ao a la que esperaba nervioso cada tarde buscando su compañía como un adicto espera su dosis y quedaba profundamente decepcionado cuando por cualquier razón no podía regresar, no sentía entonces atracción amorosa por ella ni por ninguna otra mujer.

En realidad, las experiencias que en mi pasado había ido teniendo, me  habían convencido de que el matrimonio se había convertido en la sociedad actual en un camino desequilibrado del que la mujer es la mayor beneficiaria mientras que para el hombre, las ventajas que supone, no alcanzan a compensarse con la pérdidas de libertad y recursos y mas aun, si como yo, piensas que ya somos demasiados en el planeta para traer alguno mas aquí y esta creencia, es como un torpedo que hunde cualquier plan de realización vital de una mujer.  

Cuando Ao llegó por fin frente a mí, se arrodilló tímidamente al modo japonés y moviendo coquetamente su lisa y tiesa melenita de azabache, liberó sus pechos su prisión de cerámica  depositando ambos cuencos cuidadosa y elegantemente sobre la mesita baja auxiliar a la vez que esbozaba una enigmática sonrisa de invitación que me permitió observar por primera vez aquellos dientes blancos y unos labios que yo creía inexistentes pintados de un rojo apasionado que hacía parecer mayor su pequeña boca y que contrastaban con el violeta suave de sus grandes y oblicuos parpados que lució cuando a continuación, bajando los ojos en actitud de humilde ofrecimiento, me mostró aquellos pechos blancos del tamaño de una manzana punteados con dos pequeños pezones violáceos y prietos.

Yo, que no pude aguantar nunca el arrodillado oriental, estaba aquella tarde como siempre sentado en un banquetín enano con las piernas cruzadas al modo árabe y me había quedado de piedra, mi cara debía ser un poema al pasmo y un monumento a la cara de idiota con la boca abierta y no sabía qué hacer, ni que decir, ni como reaccionar y cobarde y vergonzosamente, aparté mi mirada de su cuerpecito y para ganar tiempo, la refugié hacia aquellos cuencos cómplices que sobre la mesita debían aun mantener el calor de aquéllos pechos y mostraban en su interior el azul turquesa más simple, bello y misterioso que jamás había visto.

Aquel azul que me fue serenando, debía ser el azul de su nombre Ao que significaba Azul en japonés y debía ser el color exacto del azul con el ella identificaba su alma porque todo lo que la rodeaba, incluso el más mínimo objeto en aquella casa pintada de oscuro, cubierta de esteras y sin apenas muebles, para Ao tenía Zen, es decir, un significado profundo y vital que la conectaba a la realidad a través de las formas más simples y serenas y desde aquél pequeño y cuidado bonsai que debía evocar para ella los bosques de su tierra, hasta los tres grandes guijarros de granito que iluminados cuidadosamente para ofrecer varios tonos y sombras que debían representar en sus pensamientos las abruptas montañas de su aldea de Hokaido , hasta pasar por los sencillos cuadros de haikus, extraños y enigmáticos poemas de grandes letras en blanco y negro incomprensibles para un occidental y que a mi me recordaban a gallinas huyendo espantadas.

Ao se dio cuenta de mi azoramiento, era inteligente y supongo que esperaba una reacción así ya que en ninguna cultura en el mundo un acercamiento sexual sin el menor rasgo de pasión entre dos personas libres se hace de modo tan explicito y sorpresivo y delicadamente, tomó la tetera de hierro fundido y con cierta ceremonia llenó de liquido ardiente y humeante aquellos cuencos turquesa y me ofreció uno entre sus manitas para luego tomar ella el otro.

Así, permanecimos en silencio bebiendo el te con los ojos cerrados mientras yo trataba de encontrar un significado a aquello.

Recordé que Ao me había comentado que había pasado sus diez últimos años de un sitio a otro como coordinadora tecnológica de su compañía, que había vivido en Nueva Zelanda, Alemania y Rusia y que ésta vez  España iba a ser su último destino puesto que había ascendido en el escalafón de su Empresa.

Recordé también nuestras largas conversaciones en inglés macarrónico salpicadas de algunas expresiones españolas que ella iba aprendiendo que, aunque entretenidas y amenas, no eran nada profundas pero en aquel ambiente exótico de claroscuros y luces suaves e indirectas donde nuestras palabras quedaban absorbidas por esteras y tejidos se creaba un contexto de confidencialidad y susurros que serenaba mi espíritu y aliviaba mi alma como si de una confesión se tratara. Yo le preguntaba con curiosidad acerca del Japón y me maravillaba de cuan distintos éramos en gustos, costumbres, tradiciones y de la forma de ver la vida, el amor y la muerte, mientras que ella, no parecía mostrase demasiado interesada en los españoles y sus cosas sino que sus preguntas venían a centrase acerca de mi, de lo que sentía, de como resolvía mis cuitas e incluso en ocasiones, me sometía algunos juegos de mesa japoneses en los que ella estaba interesada en captar como funcionaba mi mente y mi lógica, lo que yo interpreté entonces como una excentricidad mas de aquella extraña y enigmática raza.

Por fin, tras un intervalo de silencio en el que no le dirigí la mirada ni una sola vez, Ao ante mi pasividad e indefensión mas absoluta, desabrochó con sutileza todos los botones de mi camisa, bajó la cremallera del mi pantalón, dejó al descubierto mi pecho y mi adormilado sexo y luego se levantó, acercó primero su pequeña y peluda flor a mi rostro y lentamente, se sentó a horcajadas sobre mi desganado pene.

Lo he pensado mil veces, la verdad, y aún no sé si fue el exquisito aroma a azahar de su monte de Venus o la suave humedad en la que se enzarzaron espontáneamente nuestros sexos mientras su lengua sometía a la mia a una implacable lucha de anguilas, pero tampoco dejo de pensar que el extraño y azulado color del te del cuenco turquesa era inocente en la anormal reacción que tuvo mi cuerpo porque incluso antes de que Ao comenzara a moverse primero circularmente y luego hacia arriba y hacia abajo tomando de mi algo que ella convertía en pequeños y extraños quejiditos , hasta aquel grito final que ni en sueños yo hubiera pensado que podía salir de aquella pequeña garganta y que me hizo llegar casi a la vez que ella al éxtasis , yo sentía ya por ella una ola de un amor infinito y antinatural mas intenso y raro, cuanto mas aceleraba sus movimientos como pude observar como un hipnotizado voyeur o un espectador de mi mismo, en el reflejo de nuestro abrazo en un alargado espejo que, no sé si intencionadamente, había al fondo detrás de ella y cuya imagen ha quedado grabada para siempre en mi retina.

Después, siguiendo con la condición imprevisible e inesperada de aquella tarde, en la que mi voluntad parecía no contar para nada, tras los largos minutos que permanecimos abrazados en silencio tras aquel extravagante orgasmo oyendo como se normalizaban nuestros latidos y respiraciones, Ao se levantó desenganchándose lentamente de mi cuerpo, volvió a arrodillarse frente a mi sobre las esteras se inclinó varias veces hasta llevar su frente hasta el suelo dándome las gracias y luego, desde allí y sin mirarme, me pidió dulcemente que me retirara para que pudiera estar sola.

Nunca mas volví a ver a Ao. Al día siguiente la esperé  inquieto con la impaciencia de saber algo mas que le diera algo de sentido a lo que había sucedido entre nosotros, pero ella, no volvió ese día..., ni el siguiente..., ni al otro..., ni nunca mas...

Al final y para pasar página, llegué a pensar que aquello solo fue su japonés modo de despedirse y de agradecer mi amistad y mis atenciones.

Hubiera preferido quedarme con eso, de verdad..., pero cuando al cabo del tiempo recibí por correo un sobre de Ao Korecuta con un una foto de ella sonriente lo entendí todo, porque ella estaba rodeada de cuatro niños extrañamente interraciales de diversas edades el más pequeño de los cuales,  con la viva imagen de mi cara pero con los ojos achinados reposaba en sus brazos.

A pesar de mi enfado por haber sido utilizado aprendí dos cosas: la primera es que Korecuta significa coleccionista en japonés, la segunda es que no se puede luchar con el destino de ser padre si la madre naturaleza se empeña.

  Fin

viernes, 13 de septiembre de 2019

LUKÓN


El primer hallazgo fue un cadáver. No era raro encontrar un cadáver en una isla dominada por los lobos, se trataba de cadáveres de gacelas, ciervos, cabras, muflones y otros herbívoros. Eran cadáveres solitarios y siempre estaban destrozados sin carne alguna hasta el esqueleto, desgarrados primero por los colmillos lobunos y luego por picos de cuervos y buitres para ser después pasto de toda una clientela de carroñeros incluidos algunos insectos y larvas, cuya subsistencia dependía mayormente de la certeza de los lobos en su cacería.





Lo raro aquí no era la muerte. Lo raro y lo que llenó de espanto a los animales de aquella isla, no era solo encontrar cadáveres sino que el cuerpo estuviera casi entero con mínimas y heridas cortantes en puntos vitales. 

Solo un mes después, el sol alumbró la mañana con otro crimen…por que para los lobos aquello era un crimen a la naturaleza pero esta segunda vez el atentado había sido al mundo vegetal. Los árboles más sombreados y antiguos del lado oeste de la isla que habían visto crecer y servir de refugio a generaciones enteras de lobos, aparecieron despedazados y sus frutos penosamente pisoteados, sin embargo no estaban desgajados como lo hacía el temporal, ni quemados como lo hacían los rayos. Habían sido talados con algo que cortaba y la visión obscena de los tocones desnudos como si fueran los muñones de la tierra llenaron de escalofríos a los mamíferos y de lágrimas a los pájaros que piaban lastimosamente del dolor al ver lo que fue su morada y su alimento. ´

Las manadas de lobos peinaron febril y concienzudamente su territorio en busca de rastros, huellas, excrementos, madrigueras o algo que les ofreciera una explicación. Pero no encontraron nada fuera de lugar y resignadamente volvieron a sus lobunas rutinas.

La palabra "hombre", solo apareció entre los lobos tras el tercer crimen. Esta vez, quien fuera, había empleado malignamente las ramas de los árboles destrozados para construir una especie de presa que desviaba las aguas del arroyo y cientos de peces, de los cuales solo algunos de ellos habían sido devorados, se hallaron muertos boquiabiertos panza arriba o aleteando y boqueando lastimosamente mientras agonizaban en vacío lecho del riachuelo.

Lukón, el Hechicero-lobo, un raro animal flaco tuerto y huraño que cojo de una pata delantera vivía solitario en la montaña pelada, observó que aquellos crímenes solo se producían en las noches con luna llena y su falta de respeto por la vida, la crueldad y la violencia sin justificación solo podían hacer pensar en el comportamiento del hombre.

Pero ni siquiera Lukón había visto un hombre en aquella isla. No sabían como eran los humanos. El hombre, para aquellos lobos, solo era un legendario monstruo antropoide y maligno de la mitología lobuna a quién en aquella isla ningún animal vivo había visto jamás pero del que las leyendas que se susurraban con gruñidos temblorosas en los fondos de las madrigueras decían, que los hombres al alcanzar como un regalo de Dios gran inteligencia cientos de generaciones atrás, se había vuelto tan soberbio y loco como para desafiar a la naturaleza y al propio Dios cuando los lobos ya estaban al borde de la extinción y con ellos todo lo vivo de la isla incluidos bosques y praderas víctimas de la locura suicida de esa rara especie que jamás mira al futuro y consume y depreda todo lo vivo insensatamente y sin pensar en sus hijos ni en el mañana, hasta que un día se acaba.

En aquellos pretéritos tiempos la Madre naturaleza castigó el comportamiento humano con una terrible lengua de hielo y nieve que cubrió toda la isla durante cientos de años, congeló los mares y ríos y consiguió así expulsarlo a él y a sus perversos semejantes de aquella isla, entregándosela como premio a los lobos y otros anímales, que más humildes y sensatos, habían logrado sobrevivir allí aprovechando su mejor adaptación al frío persistiendo en ellos solo el recuerdo de éstos monstruos a través de leyendas que se contaban de padres a hijos en voz baja en lo más profundo de sus madrigueras cuando las ventiscas los obligaban a apiñarse juntos para sobrevivir.

La ultima luna llena había sido la peor. El misterioso ataque fue esta vez a golpear directamente a los lobos y donde más les podía doler. En sus hijos.

Aquellos lobos no consideraban que sus hijos habían nacido ni los reconocían como tal hasta de verano. Una vez destetados, todos los lobatos paridos en el año, eran encerrados sin alimento alguno en la cueva de la infancia, justo en el equinoccio de invierno.

En el solsticio de de verano, al anochecer del día mas largo del año, comenzaba la gran fiesta. Se empujaba la gran losa que tapaba la entrada de la cueva y solo se permitía salir a aquellos cachorros mas fuertes que habían logrado sobrevivir y solo en un número parejo al de los lobos que habían muerto ese año.

Entonces y solo entonces, consideraban las manadas que habían nacido sus hijos. Los nuevos lobatos eran bautizados y celebraban su llegada, puesto que la naturaleza los había escogido como los más astutos y fuertes.

¿ Crueles?, no. Aquellos lobos siempre habían asumido que la vida isla solo podía sostenerse así y que permitir la vida de más individuos solo traería la guerra y la muerte de todos. La primera ley de la naturaleza era el equilibrio y los lobos no tenían allí mas depredador que su buen sentido.

Pero este año..., no habrían hijos…Tras un luna llena premonitoriamente rojiza como la sangre, la puerta de la cueva de la infancia apareció abierta, la losa caída y en su interior, todo lo que encontraron fue una escabechina de sangre inocente mezclada con jirones de suave pelo de cachorro sin rastro de vida alguna.

Encaramado en lo más alto del peñasco, el jefe más anciano, un enorme lobo gris cuyo plateado lomo brillaba al contraluz del crepúsculo, moderaba la reunión indicando con el hocico o con miradas de sus ancianos e inteligentes ojos el turno de aullar o gruñir del numeroso grupo de machos alfas cuyo liderazgo les otorgaba la responsabilidad de otras tantas manadas y que obedientes, se arremolinaban colina abajo para escucharle.

A pesar de la distancia, se podía escuchar la música de fondo de las lobas tristes y deprimidas que día y noche aullaban por toda la isla.

El jefe, comenzó con un aullido que silenció al revuelto auditorio y consiguió que todas las orejas de punta quedaran inmóviles y dirigidas en su dirección:

-Lukón dice, que lo ha visto. Lukón ha tenido un sueño. Lukón dice, que el hombre siempre ataca así, que su maldad está siempre en alma y que no es la luna llena lo que le enloquece. Lukón ha visto en su sueño criaturas andando sobre dos piernas con el rostro sangriento bañado por la luna y Lukón ha llamado "Hombre de luna llena" a esa bestia que necesita su luz luna para guiarse en la noche. Lukón dice que solo su muerte y el sacrificio de su corazón a la luna podrá librarnos de su maldad.

El hombre llegó a la isla iluminado por la luna llena remando sobre un tronco, caminó por la playa confiadamente con un hacha en su mano derecha y trampas afiladas y redes en la izquierda, pero esta vez, los animales habían desparecido y solo los lobos divididos estratégicamente en vigilantes y silenciosos grupos lo esperaban.

Cuando la luna llena alcanzó su cenit en el cielo, uno de los machos más fornidos no pudo aguantar mas y se lanzó sobre él , docenas de mandíbulas se le graparon allí donde tenía piel y los lobos, se le aferraron como feroces garrapatas.

El monstruoso ser, sin poder desprenderse de ellos, emprendió una frenética y desgarradora huida hasta que al final cayó bajo el peso de docenas de cuerpos.

Cuando le desgarraron el pecho, todos se apartaron para que el jefe ante la mirada de Lukón , devorara el corazón aun palpitante …luego silencio…silencio y paz.

Lukón se dirigió entonces cojeando hacia el acantilado a otear el mar. Una gruesa lagrima brotó de su único ojo. No…No lo había contado todo… No había contado que aquello era solo un aviso de un desastre, no había contado que en su pesadilla había visto hormigueros de seres extraños, luces de mil colores, cruces de metal atravesando el cielo dejando una estela y que a veces desde aquel acantilado , había visto cruzar por el horizonte del mar troncos blancos y humeantes...

Volvía...si, el hombre volvía…y su lobuna especie, como toda la naturaleza, estaba condenada. Solo era ya una cuestión de tiempo… pero él….él se tragaría su dolor, él no contaría nada que pudiera ensombrecer la inocencia de los suyos los días felices que les restaran…

fin

viernes, 19 de julio de 2019

LA REINA DE ÁFRICA

Que Raquel, al igual su madre, era una "pija" de tomo y lomo, estaría fuera de toda discusión.
Había que verla cómo desde la mañana temprano hasta la madrugada o si fuera preciso hasta que después de eventos y fiestas rayara el alba, jamás, y repito jamás, descomponía su pose de mujer inalcanzable.

Hasta el perro de la familia de raza noble con un pedigree que ocupaba un libro, debía estirar penosamente su cuello para buscar una leve caricia que, como una concesión caritativa de la diosa, estaba dispuesta a otorgar como si fuera un permiso para poder existir a su alrededor, siempre que no desbaratara su postura alejada y elegantemente indolente.

A este respecto y antes de continuar, convendría aclarar que en España, llamamos "Pijos" a esas estiradas personas de una determinada clase social adinerada que miran con superioridad por encima del hombro a todo el mundo y se educan en colegios elitistas hasta que tienen edad de "Internado en Suiza".

Las pijas, visten de una manera especial. A diario, suelen usar prendas "casual style" siempre de marcas caras e incluso a veces, con logotipos desconocidos para la gente corriente y cuya sola mención en los "papeles de colores", unos semanarios de "famoseo", bodas, moda y cotilleos que las catapulta a la fama de la muchedumbre femenina pechugona y culona sedienta de que el glamour, a falta de una genética estilosa, pueda disimular sus celulitis y sus exageradas curvas.

Pero para los saraos y los eventos, las pijas mas afortunadas logran envolverse en obras exclusivas de diseñadores famosos de los que hacen los trajes de boda a las princesas y las infantas a los que suelen llamar con diminutivos cariñosos y exclusivos como si hubieran jugado juntos en el patio del colegio y de los cuales, se convierten en un reclamo andante.

¿Risas…?, ¿ Las pijas...?. !Jamás!, que marcan las arrugas y descomponen el rostro. ¿Mostrar cariño o ilusión por algo…?, !Que ordinario…por favor !. Siempre hay que mostrar imagen de " todo lo tengo, nada necesito y nada me puede sorprender" y siempre hay que responder con escueto hastío y desgana sin preguntar nada, como si estuvieras "de vuelta" de todo, con esa característica voz nasal que repite constantemente muletillas como "osea" o "tal vez", porque la curiosidad y el interés por algo siempre indica una inadmisible ignorancia o una ramplona carencia.

Deciros que, un "pijo" o "pija" siempre desea que se le identifique orgullosamente como tal porque con ello, demuestra a las claras que no está dispuesto a confraternizar con alguien que no sea de su nivel.

Solo añadir al respecto, que éste adjetivo, como si de un perfume se tratara, trasciende de sus personas impregnando todo lo que les rodea y les satisface, como bares "pijos", coches "pijos", mamás "pijas", colegios "pijos", barrios "pijos" y todo un ambiente "Megapijo" del que no soportan salir.

!Ah! se me olvidaba…no se puede ser una "pija" que se precie sin un buen nombre "pijo" con el que salir en las revistas de sociedad y cotilleo seguido de un apellido serio de buena y adinerada familia o de un título nobiliario.

De hecho, nuestra protagonista Raquel, hija de "Pitita", estropeó su bello nombre bíblico haciéndose llamar "Quelona", por "Raquelona" supongo.

Quelona Pacheco de Osuna, de los Pacheco de Osuna de toda la vida, con su belleza cuidada y estilosa y su educación exquisita en Londres donde aprendió el inglés "pijo" con mejor acento que un Lord, había cursado la carrera de Derecho en una universidad privada y religiosa de Navarra como su padre deseaba que hiciera a modo de un máster imprescindible en su curriculum "pijo", porque la intención de sus progenitores era prepararla para matrimoniar con otro "pijo" de similar y poderosa familia y aumentar así el poderío de ambas casas.

-Mira Quelona, a veces…,le decía "mamá" a su única hija, los negocios y chanchullos de tu padre, dependiendo de los vaivenes de los mercados, sufren fastidiosos altibajos y hay que saber seguir a flote manteniendo las apariencias y con la barbilla bien alta aunque los malos vientos nos ronden y es por eso querida Quelona, que la envoltura de independencia y de solvencia que te da un título universitario de cara a los demás, es la coartada perfecta para ascender en la carrera social matrimoniando con algún hijo manejable y no demasiado inteligente de alguna familia poderosa de la banca o de las finanzas y mejor aún, si adorna su poder económico con algún título aristocrático antiguo con el que puedas adornar para siempre tu nombre en la prensa, en los medios de comunicación y en las redes sociales cómo tú te mereces.

Quelona, que como una alumna aplicada seguía a rajatabla el mantra materno de " Ninguna mujer es jamás suficientemente rica ni suficientemente delgada ", se sintió preparada y satisfecha de su bagaje de "pija pero moderna y actual" como para seguir los pasos de su madre y educadora y ascender en el escalafón de las divinas "mujeres florero" de las exclusivas y cerradas urbanizaciones "Pijas" del norte de la ciudad cuya influencia en el mundo de la moda y el glamour era determinante para salir en las revistas y los magazines televisivos del corazón beneficiándose así con los réditos que ofrecía la cuidadosa administración de su único merito, su glamurosa presencia, que dotaba de prestigio y credibilidad publicitaria a cualquier evento comercial o aparentemente cultural siempre disfrazado de fiesta social a favor de los pobres y desfavorecidos pero patrocinado y remunerado por las marcas más "pijas" inalcanzables y caras.

Quelona alcanzó el culmen de su carrera de "Pija" con matrícula de honor cumpliendo todos los objetivos para los que había sido programada.

La casaron con " Pepo "el hijo único de un gran accionista de la banca, un hombre mayor y de poca salud, cuya viudedad reciente le mantenía abatido y no gustaba de lucir su título de Marqués de Entreveras.

El muchacho en cuestión era perfecto. Era un "superpijo" algo alocado y con bastantes "pocas luces", que aunque tampoco sobresalía en su apostura, a todos les pareció bien y se organizó un casorio con tintes de estrella de Hollywood para llegar al cual, la familia Pacheco de Osuna, tuvo que aceptar , Quelona incluida, un contrato de confidencialidad para esconder como parte del arreglo la inestética homosexualidad de "Pepo" y su desagradable afición por la cocaína, a lo que Quelona no se opuso porque como su madre decía :

-Quelona, cariño, no te pierdes nada, al fin y al cabo el sexo en el matrimonio solo es una pequeña molestia y si te aprieta el deseo, siempre tendrás algún subalterno a mano…

Pero Quelona, a pesar de que su suegro murió pronto, nunca llegó a ser la "Marquesa de Entreveras" ni a obtener el apoteósico éxito social para el que había sido cuidadosamente programada.

Nadie, ni siquiera ella misma sospechaba, como nadie sospechamos, la clase de persona que duerme latente en nuestro interior y que un día sin saber porqué puede despertar en nosotros sorprendiéndonos y convirtiéndonos en otra persona.

El caso fue, que desobedeciendo a su madre en un pequeño e infrecuente ramalazo de autoafirmación, el mortal aburrimiento de la recién casada le llevó una tarde buscando emociones a salir atrevidamente sola de su ambiente rumbo a un barrio marginal del extrarradio para visitar a una amiga enfermera que había conocido en la universidad y que junto a su compañero medico trabajaba desinteresadamente para una ONG y sucedió que aquella tarde, a base de halagos e insistencia, aquella pareja la consiguió liar de algún modo, para que les ayudara con los papeles de inmigración de aquellos pobres desgraciados que habían llegado a España huyendo del hambre y de la guerra, siempre, eso sí, acercándose a ellos lo menos posible y la condición de que la amparara el anonimato mas absoluto.

Así Quelona, Raquel en aquel barrio, fue purgando el tedio de aquel matrimonio implicándose poco a poco en la defensa jurídica de aquellos desamparados y en la captación de alimentos, ropa y recursos para la ONG hasta que, por primera vez en su superficial vida, como un ídolo de pies de barro, se derrumbó aquel deslumbrante edificio que siempre había tenido encarcelada su alma romántica y generosa.

Raquel, supo entonces que lo que se siente al dar es inmensamente mejor que la satisfacción de recibir y que, a fuer de no necesitar nada, en ella ya estaba anestesiada y aquella Raquel durmiente en Quelona, despertó al principio lentamente para luego entrar en erupción como un volcán de generosidad y fue consciente, como si se le hubiera caído un velo de los ojos, de lo que ella y no los demás, deseaba para su vida.

La renacida Raquel, fue borrando su vida anterior, como un mal sueño en la búsqueda de su entrega a los demás y la felicidad del amor verdadero que jamás había visto y que por primera vez, había vislumbrado envidiosa en las miradas, las caricias y los besos que aquella abnegada pareja se propinaba sin disimulo alegrando así con sonrisas de complicidad la crudeza de las miradas necesitadas de los que les rodeaban.

Cuando pasados los años agotada de trabajar, pero feliz y satisfecha Raquel , reposaba en la puerta de aquel barracón de palma a la sombra de las acacias de la enfermería de una perdida aldea de la sabana africana aún salpicada de sangre tras ayudar a traer al mundo trabajosamente un bebe negro cómo el carbón y mientras veía juguetear a sus hijos "café con leche" una idea pasó fugazmente por su cabeza:

-Si, es verdad..., nunca llegué a ser la Marquesa de Entreveras, pero ahora, soy mucho mas…, !Si!,! Ahora… me siento una reina…!. ! !Si...! ! La reina de África !!

Fin

viernes, 12 de julio de 2019

HASTA QUE EL NAUFRAGIO NOS SEPARE


! Si tú....! !Mírame cuando te hablo!, ! No te hagas el loco!.

Vengo reventada de trabajar pescando todo el puto día, mientras tú has estado ahí tranquilamente amarrado al muelle rascándote la quilla, bebiendo gasoil y mirándoles descaradamente la popa a todas esas barquitas de recreo que van medio desnudas por toda la dársena.

No has sido ni para preguntarme siquiera como me ha ido !.





! Pues mira!, me ha ido fatal porque vengo agotada y repleta y cuando creo que voy a descansar en el pantalán amarradita a mi noray  ¿ Que es lo que me encuentro?; El muelle hecho un desastre que parece la madriguera de un pulpo, las maromas y los cabos de amarre tirados por ahí si enrollar, y las anclas llenas de algas….

! Ah! y no has sido ni para desenredar las redes y ni siquiera has recogido a los niños que aun están jugando a regatas en el malecón… y ! No creas que yo ya he acabado!... que aun tengo que descargar la bodega llena de anchoa, cien cajas de sardina y luego lavarme para estar lista y guapa para salir de nuevo de madrugada….!.

! Señor...!, ¿Que habré hecho yo para merecer esto…?.  ! !No !, si ya me lo decía mi madre: No te cases con ese por guapo y azul que lo veas, que es mas que es un vago y un manta ! y....Que razón tenía!...

! Si...! ! Tú sigue así, que un día de estos no volveré de faenar y no habrá sido por un naufragio..., atracaré en otro puerto y a tí que te den...! 

¿No dices nada...?

 ! Joder...!, !! Este cabronazo es vago hasta para discutir... !!

Fin


viernes, 5 de julio de 2019

LA INSOLITA LEVEDAD DE ANGELA V 2019

Rafaél ajeno a todo lo que le rodeaba miraba sin ver ignorando la belleza de aquella tibia tarde del temprano otoño

     -Perdone, ¿Me puedo sentar en su mesa un rato? le dijo ella .Estoy esperando a alguien. Nos hemos quedado  aquí Vd. y yo solos y con esta oscuridad me da un poco de miedo permanecer sola en mi mesa. 

     Absorto en sus negros pensamientos, el hombre apenas levantó la vista para mirar a aquella chica y sin abrir siquiera la boca, hizo un educado gesto con la mano invitándola a sentarse.

     Llevaba toda la tarde sentado en la terraza del parque sin quitarle el ojo a aquella rama tortuosamente horizontal de un roble que el viento había logrado inclinar debido a la enormidad de su copa hasta casi formar una pérgola sobre el paseo. 


      Hacía días que venía a visitar aquella rama y con su creciente desesperación, la imagen de su cuerpo colgado de ella balanceándose le parecía cada vez mas plausible. La pequeña esperanza de recibir de "ella" alguna noticia, se había ido diluyendo con los días hasta esfumarse.

     - No se preocupe por mi señor…, veo que está ensimismado y no quiero molestarle.

      En el parque, las últimas luces del crepúsculo que en lo alto que iluminaban de dorado las ramas altas de los gigantescos árboles, parecían haber huido de repente y las masas negras de sus copas se recortaban ya tenebrosamente contra el cielo estrellado y parecían amenazar con derrumbarse tragándoselo todo.

     Sentados frente a frente sin mirarse directamente, ambos quedaron en un incómodo silencio solo roto por el ruido del entrechocar del vidrio que llegaba atenuado desde dentro del kiosco donde el camarero, preparándose para cerrar en breve, se afanaba en guardar las últimas copas.

      En aquella penumbra, Rafael solo pudo percibir de aquella mujer un vaporoso vestido blanco que parecía encerrar la brevedad de su cuerpo y su extraño e intenso perfume a lima. Pero la verdad es, que apartándolo por breves instantes sus amargas reflexiones, en su cabeza de pianista, Rafael había quedado impresionado con la musicalidad aquella voz que con sus suaves inflexiones en clave de Sol le transportaron inconscientemente a la dulzura del Ave María de Schubert .

      Pero... pasado aquel primer instante, Rafael volvió a sumergirse en sus pensamientos y como si éstos tuvieran miedo de perder el hilo, volvieron a la dolorosa noria que daba vueltas y vueltas dentro de su cabeza desde hacía semanas intentando buscar sin encontrarlo, el motivo de aquella inesperada y humillante ruptura y del cruel abandono por parte de aquella mujer con la que creía estar en la cima de un amor profundo. Cada vez, Rafael se sentía mas hundido y su corazón roto se convencía más de lo irremediable de su soledad, de su incapacidad de vivir sin ella y de que su angustia y su dolor, solo tendría fin con la muerte.

      Al cabo de un rato, la ronca y cansada voz del camarero les anunció que el parque iba a cerrar y que debían irse

y de nuevo la voz musical de la muchacha fue como un respiro en su angustia.

     - Mi cita ya no vendrá. ¿ Le molestaría que saliera con Vd.? La puerta del parque está algo alejada de aquí y la oscuridad me atemoriza….

       Aún no habían recorrido unos metros, cuando la muchacha le paso su brazo bajo el suyo y le dijo : ¿No le importa que me agarre un poco de su brazo verdad ? estoy un poco sobrecogida.

      Fue, en ese momento cuando Rafael percibió por primera vez la levedad de Ángela. Apenas sintió pasar el brazo de la muchacha bajo el suyo a pesar de que ella había arrimado su cuerpecito como si buscara protección. Era como si la ley de la gravedad no rigiera para ella. Rafael jamás pensó que pudiera existir un cuerpo tan liviano y sin embargo, inexplicablemente, una sensación de profundo bienestar le fue invadiendo desde la zona de aquel ligero contacto.

      Cuando en la puerta del parque ella se despedía dándole las gracias, Rafael pudo distinguir a la luz de las farolas aquel rostro fino de rasgos adolescentes de Ángela, enmarcado en una melenita cobriza a lo "garçon" que contrastaba con sus ojos azul celeste.

     Al día siguiente y casualmente, la volvió a encontrar mientras paseaba junto a la plaza de la virgen. La muchacha se dirigió a él por detrás:

      - ! Qué casualidad...! !De nuevo nos encontramos... !

     Cuando oyó a su espalda aquella voz de Ave maría de Schubert , Rafael supo quien era incluso antes de verla. Efectivamente, allí estaba Ángela con su pelo largo moreno, su vestido ceñido azul marino, su personal perfume de violetas y aquellos vivos ojitos castaño claro en su cara adolescente.

      -¿ Es Vd. de aquí ? ¿Podría orientarme un poco sobre 
lo qué vale la pena visitar en esta ciudad ?

     Rafael no deseaba compañía, pero le resultó imposible negarse a su gesto gracioso y a su risa clara. Cuando ella sin pedir permiso se agarró a su brazo, Rafael de nuevo experimentó la serenidad que le producía aquella sensación de liviandad. Con el extraño contacto con aquella muchacha, la angustia parecía darle una tregua y sus tenebrosos pensamientos se alejaban unas horas.


 Inconscientemente, el hombre procuró aquella tarde alargar todo lo que pudo la visita cultural y la amena conversación hasta que la noche los vino a separar de nuevo.

     El Domingo siguiente, 
incluso sin necesidad oír su voz de Avemaría fue Rafael él quien la vio primero. Fue en la cola del cine y aunque ella estaba sola tres o cuatro puestos por delante de Rafael, su exclusivo perfume de lavanda había llegado hasta él. 

Ángela tenía un gesto gracioso de fastidio y de impaciencia infantil esperando que abrieran las taquillas y mientras se alisaba los pliegues de su vestido malva, movía su cabecita cubierta de rubio pelo corto de un lado para otro mirando inquieta a su alrededor con sus inmensos ojos verdes. 

       Cuando Rafael llamó su atención, la cara de la muchacha se llenó de alegría y le invitó a ver juntos la película. La verdad era que el film para él fué un autentico "bodrio", pero a ella le pareció fabuloso y Rafael solo con sentir el contacto etéreo de su bracito junto al suyo se sentía ya en la gloria.

      Al salir del cine y antes de despedirse, ambos acordaron verse todos los días mientras ella estuviera en la ciudad puesto que el destino parecía quererlos juntar.

     ¿Amor? !No!, !Aquello no era amor...! , por lo menos no como lo entendemos normalmente. La verdad es que incluso para él era difícil explicar aquella rara relación. No había pasión ni sensualidad solo una irresistible atracción llena de ternura, humor, complicidad y alegría y gusto por la vida y solo en unas semanas, Rafael fue olvidado con Angela sus amarguras y el tenebroso fantasma de la rama de roble, parecía ya para él una lejana pesadilla de la que se había despertado valorando la belleza de cuanto le rodeaba.

     Una preciosa mañana de primavera en el parque, estaban sentados bajo los árboles en el mismo lugar donde se conocieron cuando Ángela, bajando sus bonitos ojos grises le dijo con su voz en clave de Sol de ave María de Schubert que se tenía que ir. Su cometido en la ciudad había acabado y no podía ya justificar mas lo prolongado de su estancia.

     Rafael no se sorprendió, en los últimos días la levedad de aquella muchacha era tal que apenas notaba ya su tacto y cada vez percibía con menor intensidad su original perfume de camélias. Por última vez, miró sus brillantes rizos castaño claro que contrastaban con su vestido de gasa rosa, y supo que, fuera lo que fuera lo que misteriosamente les había ocurrido, había llegado a su final.

     Pensativo, miró hacia unos niños que jugaban cerca alborotando y cuando volvió de nuevo la vista hacia el frente, la silla de Ángela estaba vacía y no quedaba ya el rastro de ella. Instintivamente, Rafael miró hacia el cielo y aún creyó ver un retazo rosa desapareciendo livianamente entre las nubes blancas.

     Antes siquiera de bajar la mirada, Rafael había comprendido.

     Con ternura, el hombre sonrió agradecido y dijo en un susurro :

    - ! Gracias Ángela… ! Jamás hasta hoy habría imaginado que un ángel pudieran ser una mujer…. !! Y menos aun que la mas hermosa viniera a ser mi ángel de la guarda!!.

FIN