viernes, 13 de abril de 2018

EL SECRETO DEL GUITARRISTA TRISTE VERSIÓN 2018

Hace dos días que no duermo, ni cuando llega la noche se calma la inquietud y el desasosiego que me dejó mi encuentro con el hombre de la guitarra que vestido de negro veía tocar en el parque y que, palabra por palabra, rueda como una noria enloquecida dentro de mi cabeza.

Fui yo mismo, quién primero se dirigió a él tal vez cansado de vagar aburrido y solitario por aquel parque cuando, en contra de mi costumbre, sentí la necesidad de oír mi propia voz para convencerme de que no me había quedado mudo.

Aproveché que había terminado una pieza para preguntarle

-¿ Viene Vd. aquí a tocar la guitarra todos los Sábados… ?

Él, parecía un hombre educado y me contestó con voz cansada:

- Bueno si…, a tocar y también a cantar, aunque lo hago en voz tan bajita y casi no se me oye porque lo mío es mas tocar y componer. La guitarra y la música son mi talento. y si , vengo a tocar y cantar todos los Sábados que el tiempo lo permite.

El hombre, tenía el pelo algo canoso y descuidado que delataba un pasado algo bohemio. Alzó su cabeza cubierta con una vieja gorra de color indefinido y mirando hacia la cúpula verde y dorada que forman las copas de los árboles iluminadas por el sol poniente de la tarde de otoño y continuó hablando casi en un susurro.

- En esta ciudad tan pequeña, realmente hay pocos sitios donde ir cuando uno no trabaja.

-¿Entonces...?, le pregunté arrepintiéndome casi al mismo tiempo que las palabras salían de mi boca y temiendo parecer un papanatas indagando sobre esa tontería.

- Entonces… ¿ Habrá visto Vd. al fantasma del parque del que todo el mundo me previene desde que llegué… ?

Para mi alivio, tras un profundo suspiro me contestó con naturalidad:

-Bah, paparruchas de gentes provincianas y aburridas…

Sin quitarse su guitarra amarilla del regazo, el hombre había encendido un cigarrillo y fumaba con parsimonia como si hubiera hecho un descanso para hablar conmigo.

- Mire caballero… , soy de aquí, quiero decir que nací en esta ciudad. Jugaba ya en éste parque de niño. De joven, con mis amigos no salíamos de aquí sentados en bancos y parterres y ya más mayores, con las muchachas, bajo la luna en las tibias noches de verano, nos doctorábamos en amores en éste parque.

- Mientras expulsaba el humo, hizo una pausa mirando distraídamente la punta brillante de su cigarrillo y luego continuó hablando:

- Los árboles han ido creciendo, haciéndose frondosos e incluso envejeciendo conmigo y podría decirle sin riesgo a mentir, que conozco cada una de sus ramas como conozco a los niños de mi calle a los que he visto crecer..y… !Jamás!, ni de noche ni de día, he visto aquí fantasma alguno. Ni siquiera un espíritu de segunda división o un alma en pena provinciana que nos pudiera sacar del tedio…Además….

Con su barbilla señaló su entorno moviendo la cabeza de un lado a otro.

- Por no haber….aquí no hay ni Musas.

- ¿Musas?

-Si…, Musas... Las Musas se largaron espantadas de este parque un día aciago, como los pájaros salen en desbandada de los árboles cuando oyen el disparo de un cazador y desde que se fueron, no he logrado componer nada nuevo y como atrapado en un bucle que me mantuviera el pasado, siempre toco una y otra vez mis antiguas canciones.

El guitarrista, hizo una pausa mientras apagaba la colilla con su pie izquierdo sin levantarse siquiera. Yo, aproveché el momento para satisfacer desconsideradamente la curiosidad y el interés que aquel individuo había despertado en mí.

- ! Pues es una pena, porque Vd. toca como los ángeles!- le dije adulador…, podría pasarme las horas aquí, fumando y escuchándole en silencio!. ¿Lleva Vd. mucho tiempo así, sin inspiración ? Le pregunté al ver que el hombre me hacía caso y parecía tener también ganas de hablar.

- Él, pareció pensar la respuesta, bajó la cabeza y mirando con interés su desgastado zapato como si no lo hubiera visto nunca, me contestó :

- Pues….desde que " Él " murió.

- ¿ " Él " ?, ¿Quién es " Él " ?

Le pregunté maleducadamente sin respetar su pausa.

- Pues… Alberto

Dijo el hombre como si diera por supuesto que yo conocía a Alberto.

-Perdone Vd. mi curiosidad, Le dije, pero…¿Quien era Alberto?.

Suspiro de nuevo antes de contestarme

-¿Que quién era…? ! Mire Vd. !, Alberto era una parte de mí, aunque yo no lo supe hasta que murió y aunque lo hubiera sabido antes, tampoco hubiera podido hacer nada que cambiara nuestro destino.

Pensé en su enigmática respuesta mientras él continuaba hablando.

-Alberto y yo, Nos conocimos en la escuela del barrio. Siempre fue mi mejor amigo. Estudiamos música los dos, y pronto, formamos un dúo musical.

Había tomado de nuevo la guitarra de su regazo y mientas hablaba rasgaba distraídamente unos acordes casi al azar.

- Éramos fantásticos de verdad. Originales y brillantes, nuestras canciones eran inspiradas y soberbias, nos sentíamos como John Lenon y Paul McCartney. Yo le daba una música y Alberto le hacía la letra más tierna que se pueda imaginar para luego cantarla con una dulzura y sentimiento que hacía que se me escapase alguna lágrima aunque antes la hubiéramos tocado cien veces . Nuestros talentos eran tan total y absolutamente complementarios, que él no podía crear con otra música que la mía y nadie salvo él, podía hacer con sus letras y su voz algo genial con mis notas.

Cuando ocurrió la tragedia, estábamos a punto de grabar nuestro primer disco y los representantes, conscientes de nuestra calidad y proyección, se "daban de navajazos por nosotros"…

-¿ Y qué pasó?. le pregunté de nuevo.¿ Cómo se pudo romper ésa magia?

Yo mismo no me reconocía, no era propio de mi. No me podía creer que mi curiosidad me llevara con ese descaro a ahondar en los íntimos recuerdos de aquel hombre que parecía indefenso ante mis preguntas; pero él, no pareció molestarse por ello y continuó hablando mientras miraba ensimismado al fondo del parque.

- Pues… ! Lo de siempre!, ! Lo único que puede separar a dos amigos.!: ! Una mujer !. Él se enamoró perdidamente de Olivia, una muchacha tan guapa como voluble que era "fan" nuestra por aquellos días.

Haciéndome el listo, yo le corté:

-¿ Y Vd. …. se la quitó claro? ¿ No? !

- !No! !No!, No lo diga Vd. ni en broma…! dijo vehementemente el hombre. Ella, que era una caprichosa se enamoró de mi y cuando me lo dijo, yo la rechacé para no traicionar a mi amigo a pesar de que a también me gustaba! 

- ¿Y qué pasó?. Sin ningún pudor, yo seguí hurgando egoístamente en su herida…. !

-Pues que Olivia, despechada, se largó con otro de un día para otro, sin darle a Alberto la menor explicación y Alberto, que era un romántico tan débil como sensible, no pudo vivir sin ella.

Un día lo encontramos aquí, en el parque, bajo el Magnolio gigante, muerto con una jeringuilla clavada en el brazo.

- ¿ Alberto se drogaba..?le dije…

Mirando al suelo, el hombre movió la cabeza negando antes de abrir la boca.

- !No !,!Que va…! La voz se le quebraba con el recuerdo…jamás lo vi tomar nada que no fuera una Aspirina y ni siquiera bebía… simplemente, no pudo soportar la vida y para quitarse de en medio en aquellos tiempos, no era difícil encontrar heroína entre los jóvenes.

- Cuando lo vi tan abatido, yo traté de animarlo y le dije

¿ Pero con el talento que tiene, Vd. habrá hecho su propia carrera…?.

He de reconocer que un psicólogo me hubiera suspendido la asignatura. Yo estaba avergonzado de como iba metiendo la pata una y otra vez hundiéndome en la ciénaga de la insensibilidad con la indulgencia del pobre hombre…

- !No!.Me dijo como quien explica algo a un niño. Yo sin él no pude seguir…, ni lo intenté siquiera. mi talento solo brillaba junto al suyo…

-! Que historia más triste ! le dije sintiendo que sin proponérmelo había logrado entristecer a aquel hombre y no se me ocurría decirle nada que lo pudiera consolar y que aunque tarde, era momento ya de retirarme y dejarlo en paz con sus amargos recuerdos.

- !Vaya! !Que tarde se me ha hecho !.Hablando con Vd. se me ha pasado la tarde en un suspiro. Me voy ya y le dejo tranquilo que toque Vd…. pero… si no le importa, me gustaría hacerle una foto mientras canta ahí solo en el banco. Me encantaría tener un recuerdo suyo…

- Él asintió con la cabeza y despacio, comenzó a cantar…

Ahora, la duda hace dos días que me tiene angustiado y no he dejado de darle vueltas, estoy inquieto, no sé qué hacer, no sé si decirle algo a aquel triste músico del parque, o guardar el secreto para que él nunca lo sepa, pero en aquella foto que le hice, junto a él , estaba alguien o algo. Una figura borrosa que parecía estar cantando. Un espíritu que no podía ser más que el de Alberto.

Creo que no le diré nada, al fin y al cabo y de algún modo, llevan juntos toda la vida y hay cosas que es mejor no removerlas… Pero ahora sé que la gente tenía razón… En ese parque, ! Hay un fantasma!.

FIN

viernes, 6 de abril de 2018

INSÓLITO PERIPLO


El andén de la pequeña estación estaba desierto a esas horas. 

El silencio era tal que aún podía percibir el eco de mis pasos antes de detenerme y quedarme allí de pie completamente solo con mi cartera vieja de cuero bajo el brazo.


Pronto amanecería, pero la oscuridad aún no dejaba distinguir la boca del negro túnel que atravesaba la brumosa y helada sierra por el que yo esperaba de un momento a otro ver salir el débil haz de luz de aquella destartalada y negra locomotora que con sus bufidos de vapor y su desagradable  pitido, se detendría para recogerme.

Sorprendentemente, apenas notaba las gélidas ráfagas de aire que venían de las montañas, a pesar de que las solapas levantadas de mi arrugada gabardina de loneta gris, apenas llegaban a las alas de mi sombrero de fieltro.

Para poder consultar mi anticuado reloj,
tuve que acercarme a la puerta cerrada de la estación sobre la que una solitaria bombilla se bamboleaba con el ventarrón helado. Con la tímida luz, mi huesuda nariz y mis gafas metálicas se reflejaron en los cuarterones de cristal de la puerta a pesar de su suciedad. Observé mi rostro en aquél improvisado espejo. La palidez cérea de mi cara y sus cárdenas ojeras me intranquilizaron levemente, pero deseché rápidamente mi inquietud al recordar lo asombrosamente ligero y ágil que me había sentido cuando, sin apenas esfuerzo, venía caminado minutos antes por la cuesta de de los cipreses sin ni siquiera percibir el desastroso estado de su empedrado de granito.

Cuando me di la vuelta, ya estaba subido a la plataforma posterior del antiguo vagón esperando que aquel revisor de cara tan bondadosa y gestos tan amables, me diera mi billete y me acomodara como estaba haciendo con una atractiva dama.

Entretanto, me tranquilizó un poco recordar que como me había sucedido en anteriores ocasiones, absorto en mis cosas, ni siquiera había oído llegar el tren y había subido maquinalmente a aquel iluminado vagón.

El revisor, después de mirar ausente hacia el fondo del vagón donde yo estaba de pie esperándolo, desapareció por la puerta opuesta rumbo a otro vagón como si no me hubiera visto.

Para no ofenderlo, me resistí a no acomodarme solo y esperé pacientemente su regreso. Estoy seguro que alguna importante tarea debía estar demorando su retorno contra su voluntad, porque me parecía impensable que aquel revisor tan agradable y de cara tan bondadosa hubiera olvidado mi presencia, pero pensé que dado el tiempo más que razonable trascurrido, no se sentiría molesto si al volver me veía dispuesto aseadamente en el hueco que dejaban en el asiento corrido de madera de roble pulida una mujer rubia de mediana edad y un hombre obeso de barba canosa con aspecto de comerciante.

Absortos en sus lecturas, los dos pasajeros del banco apenas levantaron la vista de sus lecturas ni fueron conscientes de mi saludo cuando me aposenté entre ambos, pero sus caras eran tan bondadosas y sus gestos tan amables que no quise molestarlos dirigiéndome a ellos repitiendo mi saludo y preferí concentrarme en cómo resolver el pequeño problema que se me iba a plantear para adquirir el billete y que podría confundir al amable revisor cuando le dijera, que no sabía aún en qué estación iba a bajar y que , como en otras ocasiones similares se me había mostrado efectivo, iba a dejar a mi intuición escoger el momento y el lugar donde apearme.

Cuando mas tarde el tren fue ganando la llanura, el mar azul apareció en el horizonte y la luz de la mañana llenó de sombras y dorados los rincones del vagón. El perfume del azar de los naranjos en flor me produjo una sensación familiar, que pese a esforzarme, no pude aflorar en mi memoria y en esas estaba, cuando la mujer de mediana edad se dispuso a desayunar y sacando de su bolso unos emparedados y volviéndose de repente hacia nosotros dos, inició un gesto grato de compartirlos sumiéndome con ello en el apuro de cómo rechazar aquello de una mujer tan bondadosa y de gestos tan amables dando que yo hacía tiempo que había perdido la costumbre de comer.

Afortunadamente, la rapidez del comerciante hambriento en aceptar las viandas, me dispensó de dar explicación alguna y me permitió suspirar de alivio.

Tres paradas más adelante, fue cuando mi intuición a la que obedezco ciegamente, me aconsejó sin darme explicación alguna que debía bajar.

La verdad es que no tuve tiempo de buscar al revisor de cara tan bondadosa y gestos tan amables y temiendo que la locomotora volviera a arrancar, tuve que apearme apresuradamente de aquel vagón, mientras sentía mi ánimo algo abatido por la desconocida sensación de haber cometido un delito por primera vez en mi vida, viajando de polizón, aunque ello fuera contra mis deseos.

Cuando al bajar del tren vi desde el andén aquella plaza ajardinada y espléndida de vegetación en cuyo fondo, tras los Magnolios del edificio consistorial, se adivinaba un insólito campanario gótico encalado hasta su cima, de nuevo sentí un "dejá vu" que aunque tampoco llegó a aflorar en mi memoria, me dejó una sensación de familiaridad que acabé desechando con la suposición de que de niño debí estar en aquel lugar 
lo que mas tarde, me hizo quitarle importancia, al hecho de que en todos los rostros que me cruzaba, pudiera atisbar gestos y miradas que se me antojaban conocidas.

Era curioso que en aquella población tan grande, no pudiera ver ningún taxi ni vehículo motorizado que me sugiriera la existencia de trasporte público alguno, por lo que al fin me decidí a subir a una solitaria y esbelta calesa de guardabarros acharolados y brillantes faroles tirada por dos caballos tordos y delgados de mirada triste.

Me acomodé en el carruaje de cara a la marcha en el confortable asiento de piel blanca con cierta ansiedad de que el calesero volviera su rostro y me preguntara desde el pescante por el lugar a donde quería dirigirme, porque se me antojaba difícil explicarle a aquel agradable hombre que dejara a los caballos ir a su antojo hasta que mi aguda intuición me señalara de algún modo el final del trayecto. 

Sin embargo y como si no hubiera percibido mi presencia, el cochero no lo hizo movimiento alguno y siguió acariciando las grupas de los caballos y hablándoles con una cara tan bondadosa y unos gestos tan amables, que no me pareció oportuno interrumpir la escena para manifestarme y preferí quedarme en silencio a esperar disfrutando del soleado día.

Pasado un rato, unos suaves ronquidos me avisaron de que el cochero había finalizado sus caricias a los equinos y aunque me duele importunar a aquellas personas de rostro bondadoso y gestos amables, ya me iba a ver obligado a llamar su atención sobre mi modesta persona, cuando una dama enlutada bellamente vestida de negro, saliendo de un establecimiento, subió a la calesa con un enorme ramo de crisantemos amarillos y se sentó a mi lado con un ruidoso fru-fru de seda.

De nuevo, la suerte vino a salvarme de un compromiso cuando oí que la bella mujer le pedía al calesero que la llevara al cementerio y mi intuición no hizo protesta alguna en mi interior de ser transportado a tan sagrado lugar.

No, no lo voy a negar, casi perdí mi proverbial aplomo cuando la dama, que de tan compungida ni había percibido mi presencia , levantó su velo y pude ver aquellos fascinantes ojos verde oscuro de largas pestañas brillantes por las lagrimas.

De nuevo y por tercera vez en el día, aquellos ojos se me antojaron conocidos, pero a diferencia de las anteriores, esta vez, aunque tampoco afloró recuerdo alguno a mi memoria, mi corazón dio un insólito vuelco y sin saber porqué y mientras no podía evitar mirarla de reojo una y otra vez, mi cuerpo quedó agitado y tembloroso de pies a cabeza durante todo el trayecto hasta el camposanto.

Sorprendentemente, cuando la calesa atravesó la puerta del cementerio, me invadió súbitamente una sensación de paz inmensa y decidí relajarme en el asiento disfrutando del bello paisaje de hileras de tumbas entre rosales, nichos adornados y preciosos panteones familiares de mármol funerario plagados de cruces oscuras y docenas de centenarios cipreses negros elevando las ánimas al cielo, mientras los angelotes de piedra cubiertos de moho que tan siniestros me habían resultado siempre, ahora parecían escoltarnos sonrientes a lo largo del el paseo central de la necrópolis.

Me sobresalté un poco cuando la calesa se detuvo con cierta brusquedad frente al oscuro rectángulo de una fosa cavada en el césped cuidadosamente recortado en un claro soleado cuya profundidad era tal, que no se le veía el fondo y tan solo asomaba de ella el extremo de una vieja escalera de madera que debía haber sido usada por el enterrador para cavar un hoyo tan hondo.

La dama, ahora ya con un pañuelo en la mano, sin siquiera mirarme o despedirse de mí bajó diligente del vehículo, se arrodilló frente a la fosa vacía , depositó las flores amarillas y se quedó sollozando abiertamente algunos minutos.

Ignoro por qué lo hice, pero me fuí tras ella y permanecí respetuosamente en pie a sus espaldas respetando su dolor hasta que se levantó con lentitud  espolsándose la falda y se dirigió a la bella losa gris que a falta de colocar, reposaba de pié apoyada en el tronco rojizo de un enorme pino y besó dulcemente su epitafio antes de dirigirse apresuradamente hacia la capilla que se adivinaba al fondo del camposanto con la clara intención de rezar.

Me quedé solo allí de pie algo desorientado y sin saber qué hacer, la calesa ya había desaparecido y no se veía a nadie a quien preguntar alguna cosa, pero al fin, algo ocioso, me decidí distraídamente por acercarme a la losa gris.

La verdad es que no me inquieté demasiado cuando vi mi nombre esculpido en ella y pasé el dedo recorriendo sus rugosas letras porque esta vez, el débil recuerdo del encargo de una losa esculpida a un cantero en previsión de desgracias repentinas, pasó fugazmente por mi cabeza si bien apenas lo pude retener.

Al volverme y ver de nuevo la fosa, sentí la necesidad de comprobar sus dimensiones y constatar que el encargo se había realizado eficientemente, y descendí por la escalera.

Estaba tan absorto arrodillado en el fondo estimando las dimensiones de aquella fosa que no me percibí de que la escalera había desaparecido a mis espaldas hasta que comenzó comenzar a caerme tierra encima y deseé salir de aquel hoyo.

Solamente cuando dirigí mi mirada hacia arriba y vi al contraluz del cielo azul del atardecer al enterrador que pala en mano, estaba llenando el hoyo de tierra sin apercibirse de mi presencia en su interior fue cuando estuve a punto de gritarle que se detuviera porque me estaba sepultando…

Pero no, no lo hice…, no lo pude hacer…, la verdad es que aquel enterrador tenía la cara tan bondadosa y los gestos tan gentiles que temí importunarle en su trabajo y preferí acostarme discretamente en el fondo de aquella tumba…


FIN

jueves, 29 de marzo de 2018

El PENITENTE

Cuando Nazario en medio de la procesión del Viernes santo cayó derrumbado por el peso de la pesada cruz intentando subirla descalzo por el antiguo adoquinado del empinado callejón hasta la explanada de la iglesia para plantarla en lo alto del pueblo como había hecho los cincuenta últimos años, apenas había música y la banda solo marcaba a golpe monótono y lento de tambor en sordina, el triste paso de la procesión del silencio.

Las gentes, apiñadas en balcones y portales, no gritaron de inmediato y apenas se levantó un murmullo corto que se escapó hacia arriba para perderse por encima de los aleros de los tejados junto al humo de los cirios y las antorchas en la noche clara de luna llena 


No eran infrecuentes las caídas de alguno de los tres penitentes anónimos y encapuchados portadores de las cruces . De hecho, casi se esperaban cada año cuando tras horas de procesión aquellos desgraciados llegaban a la dura cuesta apenas escalonada y debido al esfuerzo y la pérdida de sangre de sus pies heridos y destrozados y los desgarros en sus piernas producidos por los cilicios espinosos que allí llevaban arrollados, a veces caían agotados.

No, no lo auxiliaron de inmediato, lo propio era que el portador de la cruz, se rehiciera y se levantara sin ayuda para reanudar su penitencia.

La procesión se detuvo a esperar y los tenebrosos capirotes cuyos conos parecían llenar el fondo del callejón de cipreses negros, permanecieron sombríamente quietos y pacientes en sus lugares con sus hachones encendidos apoyados en el suelo mientras se balanceaban al ritmo del atabal.

Solo, cuando pasados unos minutos, vieron que bajo los oscuros maderos de la cruz que aplastaban los colores de la Hermandad de la Santa Angustia no reaccionaba el bulto de terciopelo cárdeno y magenta en el que yacía inmóvil Nazario, se acercaron para ayudarlo a levantarse.

El auxilio llegó tarde, cuando iluminados por los faroles del paso del Cristo de la Agonía le retiraron el pesado capuchón para intentar reanimarlo y vieron el rostro arrugado de aquél hombre anciano con los ojos en blanco, supieron que ya estaba muerto y no había nada que hacer.

Las gentes entonces se arremolinaron alrededor con la curiosidad morbosa de saber por fin quién era Nazario, aquel misterioso y dolorido penitente del que nadie sabía nada mas que el nombre y que encapuchado y montado en una minúscula burrita, todos los jueves santos llegaba al pueblo desde las montañas, visitaba en el cementerio local una modesta tumba en cuya lápida constaba solo una fecha y después de rezar sobre ella, dejaba sobre el mármol dos rosas blancas, ataba la montura allí y cada viernes santo procesionaba desde hacía cincuenta años, cuando aquel pueblo era poco mas una aldea de camino a la gran ciudad, portando la cruz mas pesada hasta plantarla en mas alto del lugar, para desaparecer después hasta en año siguiente.

Nadie reconoció aquel rostro muerto y pálido en el que se había quedado helada una extraña sonrisa de agradecimiento.

Muchos, sobre todo los mas mayores, habían visto la evolución de aquel cuerpo vigoroso que se adivinaba joven bajo los ropones y que con el paso inexorable de los años se había convertido, en una indispensable y señera figura doliente y propia de aquella semana santa famosa ya en toda la región, cuya secreta historia, a falta de mas verdad, circulaba mas fantasiosa e inventada cada año que pasaba enredada en mil bulos murmurados como sentidas oraciones a su encorvado y sufriente paso por vecinos y visitantes que acudían cada año en mayor número de toda la contornada para participar del suplicio de aquel eterno y anónimo penitente.

Tal vez, solo Don Ramiro el médico de aquel pueblo que cincuenta y un años antes había atendido a la tragedia en aquel amanecer plomizo de un viernes santo, hubiera podido sospechar lo que nadie supo nunca y ni la mas turbada imaginación pudo parir de no ser porque 
Don Ramiro, poco después había muerto atropellado por un carro como si aquel asunto le hubiera contagiado la desgracia y el mal fario.

La pura verdad es que Nazario, no murió por el corazón partido por el esfuerzo en el aquel empinado calvario. Nazario llevaba muerto desde antes de coger aquella cruz por primera vez. Aquel cuerpo penitente cuya fuerza solo animaba la infinita culpa, era un ente vacío, una especie de zombi cuya alma sin destino llevaba presa en aquella tumba blanca y sin nombre del pequeño cementerio desde la fecha que en ella estaba inscrita. En espera de un perdón que Dios parecía negarle.

Si él solo había cometido un error, ¿Tan grande había de ser el castigo…?

¿Porqué, pensaba Nazario, quiso Dios quitárselo todo después de haber sido tan generoso con él cuando aún se sentía vivo en aquel pueblo encalado entre picos montañosos en cuyos amplios y verdes valles pastaban las mejores ganaderías de toros bravos del Marquesado de Cienfuentes ?.

¿ Porqué Dios le dio junto al talento de conocer los toros con solo mirarlos esa lucidez innata y esa serena valentía para torearlos y extraer de ellos hasta el último soplo de bravura de modo que tras la espada, ambos, toro y torero, quedaran unidos por la gloria ?.

¿ Porque lo había hecho guapo y arrogante con una sonrisa franca y clara que no pudo resistir Dolores, aquella muchacha de ojos rasgados, negros y brillantes, que con la dulce genética de una princesa mora, solo tuvo esos ojos para él a pesar de que la pretendían por su belleza todos los hijos de los hacendados e incluso el heredero del Marqués?

Y sobre todo….

¿ Porqué le regaló aquel triunfo en la Plaza de la maestranza de Sevilla donde tras cortar las dos orejas y el rabo a aquel toro arquetípico con cabeza de Minotauro salió vitoreado por la puerta grande de la plaza para convertirse en figura indiscutible ?

Mientras lo sacaban a hombros de la Plaza y lo paseaban en plena primavera sevillana por las avenidas plagadas de naranjos en flor, Nazario siempre recordó como sentía el íntimo orgullo de poder ofrecer, cuando llegara a su pueblo, todo aquello a Dolores y al hijo que esperaban demostrando que no se había equivocado al elegirlo.

Un solo día ¿sabéis?..Solo un solo día hizo falta para llevar a Nazario de la más alta gloria celestial al más profundo infierno de tormento. Yo no sé si fue un despiste de Dios o un desafortunado revés del destino, pero Nazario lo vivió como un castigo a algún terrible pecado, tal vez de soberbia o arrogancia, que aunque él no recordaba haber cometido, debió ser interpretado así por el que dirige nuestra suerte terrenal.

Lo que yo, menos creyente, denomino una inmerecida "Putada de Dios" para con Nazario, comenzó cuando al día siguiente y tras horas de viaje en carro por la tortuosa carretera llamada de las cien curvas que subía hasta los verdes valles, todo el pueblo, las autoridades incluido el Marqués de Cienfuentes y todos los hacendados lo estaban esperando para un acto de celebración del triunfo del muchacho y la ganadería y el pueblo y sin siquiera dejarlo ver a Dolores, se lo llevaron a hombros a la grandiosa fiesta de la plaza mayor engalanada, donde le esperaban discursos de alabanza y reconocimiento, música festiva, baile, comida y alegría andaluza.

Por unas horas, con la bebida a la que estaba poco acostumbrado y con la que, para no desairar, debía brindar con todos los capitostes y la euforia de lo conseguido, Nazario entró en un sublime y extraño éxtasis olvidándose por unas horas de todo incluso de su embarazada Dolores.

!!Nazario despierta algo ha ido mal con Dolores !!, !! Llevamos horas buscándote!!, Dolores se ha puesto de parto, el niño va atravesado y hay que sacárselo por cesárea en el hospital de la ciudad. La comadrona no te ha podido esperar mas y desesperada se ha bajado con el carro y con Dolores hasta el llano.

Nazario había acabado tan borracho que no pudo llegar a su casa. Había errado el camino con la oscuridad y al final acabó por caer aun con el traje de luces derrumbado en un pajar cercano cubriéndose del frío con la paja.

Alarmado y muerto de miedo Nazario se cambió de ropa y tomando su pequeña burrita, intentó alcanzar a las mujeres bajando imprudente y atolondradamente por el tortuoso atajo morisco mientras el corazón parecía que iba a estallarle.

No, no llegó a ver a Dolores con vida, al llegar al primer pueblo del llano, vio su carro vacío parado frente al cementerio y a la comadrona llorando sin consuelo sentada en la puerta del camposanto. El médico del pueblo que en ese momento salía de la pequeña capilla miró a Nazario a los ojos y con infinito abatimiento murmuró :

No hemos podido hacer nada, lo siento, no ha aguantado hasta la ciudad , su útero ha estallado de esfuerzo inútil desangrándola por dentro sin poder parir a la criatura. Si quiere despedirse, ahí dentro están…

No fue entonces cuando la culpa mató a Nazario, ni tampoco cuando algunos minutos después en la soledad de la capilla, Nazario quitó la sabana que cubría el cadáver y un extraño rayo de sol matinal lo iluminó dándole a su serena y pálida belleza un traslucido brillo de alabastro, ni tampoco fue cuando se inclinó a besar sus finos y helados labios. Nazario murió, cuando alzó la vista y al mirar aquel sereno cuerpo vio entre sus blancos muslos como de su bello y ensortijado sexo, salía un tierno y pequeño bracito amoratado.

No , Nazario jamás supo si era niño o niña, tampoco le importó, los enterró bajo aquella losa mientras en las calles del pueblo sonaba lejanamente la música sacra de la semana santa y volvió a sus verdes valles donde jamás volvió a sonreír ni a torear ni a conocer otra mujer ni a tener mas amigos que la culpa y su trabajo de capataz. Si, solo esto rigió sus rutinas hasta la muerte de su cuerpo.

¿ Se habrá reunido su alma con la de los suyos ? ¿Le habrá perdonado Dios ?

La verdad es que no sé..., cada vez me fío menos de eso de los renglones torcidos en los que el creador escribe y pienso que el alma de Nazario cuando por fin fue llamada, debió subir algo acojonada y temblorosa hacia el infinito insegura de que allí no le esperara otra "Putada de Dios…"

Al fin y al cabo…" Gato escaldado del agua fría huye…."

viernes, 23 de marzo de 2018

DANZARINAS

Para uno de aquí, de este lado del muro, podría resultar sorprendente por entonces, que al otro lado, en aquella Alemania Democrática, pudiera brotar algo tan precioso y sublime como una flor y menos aun, la increíble belleza de aquellas dos muchachas que surgieron como dos retoños en aquel paisaje triste gris y empobrecido, plagado de edificios ruinosos rodeados de alambradas y torretas de guardias armados que vigilaban el silencioso deambular de las oscuras gentes hasta siniestras fabricas cuyos humos color grafito, apenas podían distinguirse en el cielo plomizo. 



Pero ocurrió. Ocurrió como suceden tantas cosas inesperadas en el devenir de la existencia humana y las hermosuras de Greta y Berta brillaron como dos luceros en la noche de aquel panorama ceniciento.

No, no eran gemelas aunque pudiera parecerlo, ni siquiera hermanas, solo unas amigas de pueblos vecinos que habían coincidido en la escuela estatal de danza.

Es curioso que aunque los regímenes totalitarios y las religiones puedan cambiar las mentes y las pasiones de las gentes, con la genética no pueden y en aquel pueblo aislado, las dos muchachas habían tomado el relevo de la belleza de las mismísimas "Diosas Arias".

Greta y Berta, Berta y Greta, siempre juntas desde que en la guardería parecían dos muñequitas rubias de pelo rizado y grandes ojos turquesa cuyas caritas hacían olvidar los pobres y bastos paños que las vestían hasta que, juveniles y casi adolescentes, con sus elegantes y graciosos cuerpos lucían su belleza en los duros, disciplinados y casi marciales ejercicios de aquella escuela de ballet estatal a la manera soviética, donde la armonía de sus gestos y proporciones empalidecía y mataba de envidia al resto de alumnas porque además, su lozanía las hacía parecer siempre limpias e inmaculadas e impermeables al la suciedad y al mugre que llevaba en sí la pobreza general.

Cuando el comisariado alemán en esa especie de esquilmación de talento que la URSS perpetraba al otro lado del telón de acero exprimiendo como limones a sus repúblicas satélites para su mayor gloria, las envió a Moscú sin siquiera consultarlo a sus familias, ellas continuaron juntas, luchando y abriéndose paso aquel ambiente extraño de la escuela del teatro Bolshói inseparables y unidas por un afecto y admiración mutua que las aislaba de los demás.

Plié… demi plié…quinta posición…relevé…y fouchette…

Horas y horas, días y días, meses y meses…frente al espejo y la barra como en una nube que nadie podía traspasar en su encierro de marfil donde los demás, podrían contaminar solo con su presencia las gracias de sus arios cuerpos que jamás iban a envejecer.

Greta y Berta, Berta y Greta, no permitían que nadie, si no era la otra, tocara su cuerpo e incluso, como si el tacto fuera a ajar su piel de melocotón, solo contactaban entre ellas cuando debían ayudarse en los dolorosos trances de forzar su flexibilidad para alcanzar esas asombrosas y antinaturales aperturas que les permitían golpear con su vulva en suelo con las piernas completamente abiertas o llevar sus graciosos pies a un palmo por encima de sus estirados tocados de moño.

Primera posición..relevé…arabesque desde la quinta…jetté coupé…

Solo el agotamiento finalizaba la jornada para llevarlas al sueño.

Pero ambas supieron pronto que su destino no era el de "Etoile" o primera bailarina, que no serían ni una Paulova ni una Maya Plietéskaya porque para ello, se precisaba la desproporción y la anormalidad de cuerpos pequeños y morenos desequilibradamente colmados de músculos finos y fibrosos que les facultaran para volar como pajarillos y que la perfección de la belleza sensual que ellas poseían por naturaleza no se lo iba a permitir.

Cuando los coreógrafos fueron conscientes de su atractivo para el espectador, la hermosura, la elegancia y la gran técnica de Greta y Berta, las llevaron a los niveles superiores de la compañía donde dotaban a sus glamurosas representaciones de tal luminosidad, encanto visual y sutil sensación de celestial perfección que Degas debía revolverse con frustración en su tumba por no poderlas pintar.

Alcanzadas sus ambiciones, los insaciables e inquietos cerebros femeninos de ambas, comenzaron a mirar a su alrededor buscando otros anhelos y estímulos y se dieron cuenta de que en la vida, también en la de una diosa Valquiria, era necesario el amor y dado que no vieron ningún Sigfrido a su altura entre tanto Boris y Serguei, pensaron en descubrir la pasión en lesbia y una tarde de ensayo aquellas danzarinas bailaron la danza de los espejos, que habían ideado solo para ellas en la que evolucionaban desnudas y sensuales una frente a la otra, realizando provocadores movimientos eróticos a la oriental pero de una manera tan inversa y sincrónica que daban así la sensación de ser una danzante sola mirándose al espejo.

Docenas de veces habían practicado la danza de los espejos sin otro pensamiento que el técnico, pero en ésta ocasión y tácitamente, dejaron su imaginación libre de excitarse mutuamente, dieron libertad a sus impulsos y fueron tocándose suavemente al principio para bailar después enérgicamente abrazadas frotándose lascivamente los cuerpos para acabar, con los últimos compases, como pulpos sudorosos y enredados en el suelo de tarima gimiendo de placer en una "tijera" imposible.

Aquello, fue maravilloso y fantástico, pero….no funcionó.

Tras el formidable orgasmo, las dos fueron conscientes de que no era lo que anhelaban. Greta y Berta se parecían tanto que aquel erótico episodio no dejó de ser para ellas mas que una teatral masturbación a sí mismas. Eran las mejores amigas del mundo, si, pero no sentían la homosexualidad y aquello les dejó las cosas tan claras que decidieron olvidarlo y seguir con sus rutinas…

Primera posición.. Plié relevé…arabesque desde la tercera…jetté coupé… … demi plié y fouchette …quinta posición…relevé…

Greta fue la primera en descubrir a Marcus. Un primer bailarin también de origen germánico de los no necesitaba de desequilibrios físicos para manifestar todo su poder y podía lucir toda la perfección de su musculoso y dorado cuerpo nórdico, de sus ojazos verdes y de su melena rubia de príncipe de cuento.

El olor que Greta percibió de las desnudas axilas de Marcus ensayando un "Pas a Deux" en el "Lago de los cisnes", le produjo una extraña contracción en su vientre que le hizo sentirse transportada por aquellas notas de Tchaikosky, pero aquello no fue nada comparado con el estremecimiento que sintió al final de un " Promenade" de Prokopief, cuando su muslo fué a rozar inadvertidamente con el voluminoso "paquete" que descaradamente marcado por sus mallas blancas aquel hombre de Dios llevaba entre las piernas e incluso esto, fue menos aún que la vergüenza que tuvo que pasar Greta cuando en una atrevida "Pirouete" quedó evolucionando en lo alto con el antebrazo de aquel coloso sosteniéndola como una pluma por su entrepierna y sintió en ese delicado lugar un calor tan abrasador que bajó al suelo con las bragas mojadas.

Cuando más tarde Greta azorada, le refirió a Berta el episodio, solo consiguió de ella esa reacción tan normal entre las mejores amigas de prendarse del mismo hombre.

Durante meses, acudieron casi babeantes a los ensayos diarios de la compañía con la esperanza de que la primera bailarina se agotara o se lesionara y ellas pudieran substituirla y poder así rozar la piel de aquel Dios.

No, no disputaron nunca, ellas nunca lo hacían, eran demasiado amigas y habían pactado conquistarlo juntas para disfrutarlo las dos y para ello, sus intrigantes mentes femeninas habían desarrollado un plan infalible.

Una tarde invitaron a Marcus a contemplar en la soledad de su estudio su lujuriosa y rijosa danza de los espejos, con la excusa de oír su opinión técnica y ver si se podía convertir en una pieza a "trois".

Marcus, también desnudo por si tenía que intervenir en la coreografía, estaba con una copa de champan en la mano sentado en el suelo con el educado fin de no dejar colgando su molesto instrumento y las observaba sin quitar un ojo ni un segundo de la sexualidad de sus poses provocadoras y libres y la tensión erótica de sus caras cuando al unísono sacaban sus lenguas en punta como serpientes libidinosas.

Mientras Greta y Berta bailaban, se miraban sonrientes y excitadas observando de reojo como mientras la música oriental iba en crescendo, el hombre cada vez parecía mas inquieto, entusiasmado y congestionado.

Cuando acabaron y quedaron las dos exhaustas en pié, oyeron el solitario aplauso entusiasta de Marcus que dejando la copa vacía en el suelo, se había levantado ágilmente y se dirigía sonriente hacia ellas.

Marcus abrazó vigorosamente a ambas a la vez estrechándolas así desnudas contra su pecho y mirándolas entusiasmado les dijo:

! Maravilloso…¡ !Sublime…! !Sois perfectas…! ¿ No tendréis algún hermanito como vosotras para mi…?

Greta y Berta se miraron y supieron la una en la otra lo que supone la cara de gilipolla de una "Diosa Aria".

Mientras se vestían desilusionadas y decepcionadas tras la marcha de Marcus, Berta le dijo a Greta en un murmullo:

Creo que tendremos que bajar a Italia a buscar una compañía de ballet con bailarines mas morenos y latinos…

-Pues si…, porque a éste paso..., veo nuestra belleza aria camino de la extinción....le contesto Greta con voz abatida…

Fin

viernes, 16 de marzo de 2018

CUSTODIOS

Vamos a ver…Soy un tipo respetuoso y cada uno puede darle la interpretación que desee a lo que os voy a narrar ! Faltaba mas….!, en cuanto a mi, lo he hecho así tal vez mediatizado por la educación que recibí en mi infancia dentro de los parámetros de instrucción de buen colegio religioso.

Emilio, siempre estuvo a mi lado, si.., desde que me bautizaron con una semana de vida. 


Antes de esto, supongo que Emilio no debía estar porque nadie hizo nada por impedir que el enorme cariño que mis padres me estaban procurando se viera triturado por el sádico cura de mi parroquia cuando me gastó la "Primera putada".

El caso fue que a aquel buen hombre, no se le pasó por la cabeza que en pleno Enero y con un frio de "pelotas", había que entibiar un poco el agua bendita de la pila bautismal de mármol para mayormente evitarle una neumonía a no bautizado y rompiendo con la concha de plata la capa de hielo de la superficie, el muy cabrón, me bautizó, vertiendo un chaparrón de agua bendita helada en mi tierna cabecita que me tuvo berreando inconsolablemente como un como un lechón hasta que volvimos a casa a toda prisa.

Creo que fue en ese preciso momento cuando Emilio entró en mi vida y me ayudó, como miembro oficial ya de la comunidad cristiana, a que junto al pecado original, aquel cruel clérigo también me borrara de la lista de los vivos.

No, no era ningún amiguito no. Emilio era mi Ángel de la Guarda, es decir, mi Ángel Custodio.

Aunque tardé algunos años en percibir su presencia, la relación por boca de mi madre de los muchos males y enfermedades de los que salí bien librado en aquella infancia de postguerra en la era preantibiótica, me llevaron a percibir que, con Emilio, yo tenía un Ángel de la Guarda " De puta madre".

De que Emilio era uno de los mejores Custodios que le podían tocar a hombre alguno, estoy seguro, pero de lo que no estoy tan seguro ya es del porqué me tocó a mí porque siempre he considerado este hecho un desperdicio del creador ya que si hubiera enviado a Emilio al que fuera a ser un día rey o presidente de gobierno, nuestra nación sería una de las mejores del planeta y sus súbditos de lo mas felices.

Sea como sea, el caso es que el transcurso de mi adolescencia no hizo más que confirmarme en mi valoración respecto a Emilio, porque la verdad es, que todo me salía bien.

En los exámenes siempre me salían las preguntas que mejor me sabía. Sin saber porqué decidí no ir con mis amigos a un concierto y me libré así de un grave accidente que tuvieron a la vuelta y Julita, la muchacha de la que yo estaba perdidamente enamorado, acudió a mí con el corazón roto cuando de un día para otro, el guaperas de la clase la dejó tirada por otra muchacha y ni que decir tiene que me acabé casando con ella y resultó ser una mujer inteligente y llena de buenos valores además de bella y atractiva.

Tanta llegó a ser la facilidad con la que me salían las cosas, que mis amigos, siempre observadores, comenzaron a llamarme "Feliciano".

Yo, " Feliciano", siempre agradecido, le daba cada noche las gracias a Emilio y ya mas mayor llegada la edad del Pavo cuando ya me fue dando vergüenza rezar en voz alta aquello de : "Ángel de la guarda dulce compañía no me abandones ni de noche ni de día." opté solo por pensarlo muy fuerte y aunque él no me contestaba, seguí rezándole mentalmente porque sentía que él me oía e incluso al meterme en la cama me debía contestar porque sentía un cierto calorcillo muy agradable que me hacía pensar que Emilio estaba allí conmigo.

Rozando ya la treintena y de un dia para otro, noté que las cosas comenzaron a ser más dificultosas para mi .Yo, por la falta de costumbre, lo llevaba bastante mal. Los asuntos para mi mas fáciles y triviales me costaban de resolver. Tomaba decisiones erróneas. Los problemas se me fueron liando y encadenando los unos a los otros de modo, que se me presentaban unos sin haber solucionado los anteriores e incluso los anteriores de los anteriores a la vez que sentía una incómoda sensación de desamparo y substituido por un leve pero irritante picor, había desaparecido el agradable calorcillo de Emilio en mi cama.

Alarmado, me acerqué a Don Agustín, mi confesor, que era también un reputado teólogo y le pregunté si era posible que Emilio me hubiera abandonado.

- No te preocupes , el Ángel designado no te suele abandonar nunca, pero se han dado casos de que también un Ángel de la guarda necesite unas vacaciones o un descanso reparador ya que su labor conlleva un gran estrés, o tal vez incluso, con lo mal que está el mundo, se haya pedido unos meses para ir de voluntario de apoyo con los desgraciados refugiados que están produciendo las desastrosas guerras del planeta cuyos custodios deben estar estar desbordados de evitar mas horrores.

Don Agustín dijo aquello con tanta seguridad, que no tuve mas remedio que creerle.

- Entonces, ¿Me puedo haber quedado sin Emilio? dice Vd… le dije con un hilo de voz insegura

- No, No…, buenoo…sin Emilio tal vez si, supongo que que puede volver…, pero sin Angel de la guardia Dios no te iba a dejar… lo más seguro supongo, es que para ir tirando y como tú eres un caso fácil, te hayan enviado de ahí arriba, un substituto en prácticas celestiales con algo menos de experiencia .

-¿ Y entonces padre…? ¿ Qué puedo hacer?

- Pues ya sabes hijo…, lo que todo buen creyente…, paciencia y resignación cristiana.

!Mur!. Mur es el nombre que le puse al angélico substituto porque Mur me confirmó que en el cielo como en la tierra, también había burros, ineptos, indocumentados y malos profesionales pero, eso si, allí con preciosas alas...

¿Qué porque le llamaba Mur? pues por el ínclito y célebre Murphy cuyas leyes yo involuntariamente cumplía al pie de la letra desde que aquél inútil guardaba mi cuerpo.

Efectivamente, si algo era susceptible de empeorar en mi vida, empeoraba con toda seguridad y todas mis tostadas no solo caían inexorablemente por el lado de la mantequilla sino que además, lo hacían sobre la alfombra nueva.

La cosa fue, qué con aquel inútil de Mur la vida fue yendo a peor para mí y en poco tiempo, mi padre se descalabró al caer por la escalera y quedó en coma vegetativo postrado en una cama..., el negocio familiar se fue a la mierda... y yo, aunque vivía ya recién casado fuera de la casa paterna, sufría tremendamente al no poder con mis recursos ayudar a mi pobre madre y a mis tres hermanos menores que iban a tener que dejar sus estudios.

Aún estaba hundido por la desgracia y el dolor de asumir que nuestro matrimonio, a pesar de nuestro apasionado amor y nuestro fuerte deseo de tener un hijo, había sido declarado medicamente como absolutamente infértil enviando 
"al carajo"de una patada todas nuestras ilusiones cuando un día mi madre, siguiendo estrictamente la ley del puñetero Murphy, me confesó que estaba preñada. 

!Quise morirme…!, !Lo que me faltaba…!.

Dado que el comatoso estado de mi padre no le permitía "alegría alguna" pensé que mi adorada madre en su dolor, había "emputecido" de repente.

- Mira hijo, entiéndelo, parir es lo único que sé hacer bien, lo he demostrado con vosotros mis cuatro hijos, aún soy fuerte y cuando aquella millonaria pareja alemana que vivía en Hamburgo me ofreció, además por adelantado, una cantidad obscena de dinero por una gestación subrogada, no dudé en aceptar ese trabajo para salvar a mi familia.

- ¿Subrogada? ¿Pero qué coño es eso madre?

-Pues que han alquilado mi vientre Hijo !Que soy una madre de alquiler y cuando traiga este niño al mundo será para esa pareja de teutones.

Casi cuando respiraba aliviado por la "honra" de mi madre, ésta tuvo un derrame de sangre y la inserción baja de la placenta le obligó a permanecer en el hospital todo el embarazo con algunos episodios que la tuvieron cerca de la muerte por hemorragias.

Por fin, el puto embarazo llegó a término. Yo estaba seguro de que mi madre no iba a salir de aquello cuando milagrosamente todo comenzó a ir como una seda. Fue en ese preciso momento cuando no sé por qué, Mur me debió abandonar porque la cosa salió bien, dejé de sentir el picor en la cama y mi madre, parió un hermoso varón rubio como el oro con una cabeza tan germánicamente cuadrada como un cubo de Rubik.

No. La cosa no acabó ahí amigos. Los ricos alemanes cuyo nombre era tan complicado que yo acabé llamándolos Hansen y Gretell tuvieron a bien matarse juntos cuando al avión en el que venían a recoger al bebe, le dio por caerse en picado sobre la selva negra, lo que me hizo sospechar que tal vez "Mur" tras abandonarme se había ido a dar una vuelta por Hamburgo.

Cuando me vi con el dinero para mi familia y con el niño huérfano como una pieza de puzle que iba a poder completar lo perfecto de mi matrimonio, pensé que Dios había oído mis diarios ruegos de que me enviara otro Ángel de la Guarda que me guardara de mi propio Ángel de la Guarda y que mi Emilio, había regresado de nuevo.

Pero no…,bueno si…, si me habían cambiado de ángel de la guardia, pero.. no era mi Emilio….

¿Que como lo supe?, pues porque cuando entré en mi casa con el bebé rubio, se lo enseñé a mi esposa con lagrimas en los ojos y lo fui a depositar en su cunita, noté un agradable calorcillo familiar que me llenó de felicidad, Emilio…mi Emilio….había vuelto, pero… ahora, !Ahora estaba con él !

fin

viernes, 9 de marzo de 2018

El PIANISTA VERSION 2018



A pesar de los años, aun me persigue aquel sonido disarmónico que jamás olvidare y que brotó del elegante piano cuando la cabeza dorada del pianista golpeó sobre su teclado antes de rodar sin vida hasta el parquet claro del escenario. 
   
                                                                            

Ocurrió tras la última nota de un nocturno de Chopin, cuando él ya se había estirado con la melena hacia atrás y con los ojos cerrados escuchaba con solemnidad con la cara de un ángel dormido, el eco decreciente de la tecla que aun pulsaba con su dedo

El silencio más profundo se produjo en la sala del Metrópolitan antes de que estallaran los gritos histéricos y el caos. Yo permanecí sereno en mi butaca del palco. No me sorprendió. Hacía tiempo que esperaba algo así.

Mañana será un día de conmoción mundial. La repentina e inesperada muerte del joven genio asaltará los titulares de toda la prensa y ocupará el espacio de los informativos de televisión y radio. Esta misma noche, las redes sociales bullirán y a renglón seguido, las revistas, los programas rosas y los espacios de debate, especularán hasta la saciedad con las más descabelladas hipótesis acerca del suceso.

Pero ! Amigos...,!, !Nunca lo sabrán!. Solo yo sé lo que pasó… !. ! Solo yo tengo la respuesta al enigma que jamás pudiera imaginar el más loco de los hombres!.

Nunca lo supo nadie y si se lo cuento a Vds., es porque Vds. no lo pueden revelar porque están tan muertos como yo y este tipo de historias distrae nuestros desnudos huesos en la soledad de éste aburrido cementerio.

Si…, paseaba una noche de luna llena por una boscosa vereda de mi propiedad, cuando oí unas voces de queja que provenían de la escondida cabaña de mi difunto jardinero que ahora ocupaba su anciana esposa.

Cuando llegué al borde del claro frente a la casa, la vi arrodillada sobre unos vidrios rotos con los brazos en alto dirigidos al cielo, mirando con ira hacia la luna y maldiciendo a Dios.

Verdaderamente, el todopoderoso solo había premiado su fe con dolor y más dolor aderezado de desgracia y miseria. Tras dos hijos nacidos muertos por las palizas del borracho de su marido y tres abortos entre las violaciones cotidianas que debía soportar, su adorado Dios, no le había dejado el menor consuelo para sus años de soledad. ! No había sido feliz ni un solo minuto de su existencia!.

Ahora, con las rodillas sangrando, maldecía al Señor, y lo retaba llena de ira y de rabia a que le enviara más desgracias porque ella, ya era inmune a todo dolor.

Fue entonces cuando apareció por el claro aquel hombre de largas patillas, agitanado, guapo y vestido con camiseta y vaqueros negros, que murmurándole unas palabras la ayudó a levantarse y la abrazó protectoramente.

!Si!, en efecto…, como luego supe, era el mismísimo Lucifer en forma humana.

Lucifer nunca pierde una oportunidad de arrastrar un alma hasta infierno y en ésta ocasión, podían ser dos.

Yo que me había emboscado en la linde del claro, pude escuchar con el corazón desbocado y conteniendo la respiración lo que hablaban. Lucifer, le propuso darle a aquella desgraciada la desconocida felicidad que le negaba Dios, hasta el día de su muerte.

Le daría un hijo, un hijo que tendría todas las cosas que un hombre pudiera desear….la belleza de un querubín...,la bondad de un santo…,el talento de un genio…, un hijo que en fin, que al contrario que ella, conocería el paraíso en la tierra, pero… tendría que entregarle a cambio su tierna y sabrosa alma cuando cumpliera veinte años.

La pobre mujer resentida y desesperada, aceptó el trato sin pensar mas que en ella y Lucifer la tomo allí mismo en el suelo de hierba a la luz de la luna. Luego, se alejó satisfecho…Ya tenía el alma de ella solo por aceptar el trato. La del niño, solo requería un poco de paciencia y en el averno… veinte años pasan en un suspiro.

! Si mis huesudos y esqueléticos amigos…!,Yo, fui yo y solo yo, quién lo recogí y lo crie cuando ella murió en tras el parto pocos minutos después de sentir por primera vez la felicidad completa cuando al contemplar aquella criatura rubia, creyó haber parido un ángel.

No tuve más remedio. No me juzguéis, yo soy solo un peón sin poder alguno en el tablero de esta historia donde luchan las fuerzas del bien y del mal.

Le vi crecer…, lo eduqué…, le vi dominar el piano con cinco años y con diez ya tocaba con la orquesta sinfónica de Berlín…Era un genio maravilloso que con su aspecto de arcángel acariciaba las teclas que se le ofrecían a sus manos celosas unas de otras, entregadas y rendidas con tal de que sus dedos las rozaran.

Siempre feliz con su amor, la música, quién siempre le correspondió, vivió un eterno idilio. Su vida no un pudo ser nada más parecido a un Edén.

Pero si , en la cumbre de su gloria, había cumplido veinte años y desde entonces yo esperaba la desgracia cada minuto con la vana esperanza de que lo que oí en aquella noche de luna llena en el claro del bosque no hubiera sido mas que un mal sueño.

No me sorprendió pues cuando su cabeza golpeó sus amadas teclas, incluso en mi amarga serenidad, me pareció ver como el débil resplandor rosado de su espíritu se filtraba como el agua haciendo un remolino hacia abajo a través del bellas tablas de roble claro de la tramoya, para llegar hasta las manos de su nuevo dueño en el reino del dolor y la oscuridad. Pero… ni entre las frías paredes del mármol de mi tumba, mi alma deja de oír una y otra vez, aquella nota disarmónica de su cabeza contra el piano.



Fin

viernes, 16 de febrero de 2018

EL HIJO DE PUTA

A Don Mauro, el tema que más le preocupaba después de su halitosis y su creciente alopecia, era el problema del lenguaje.

La verdad, es que todo lo demás se la traía floja, es decir que no le importaba un "Huevo" y en esto, incluía a su mujer, a la que tenía desde hacía décadas ignorada emocionalmente como un florero polvoriento a pesar de haberle ella dedicado toda su vida.

Ahora, en el otoño de ambos, atribuyéndose infundados méritos y valías de los que nunca disfrutó, consideraba a su santa esposa poco más que una indocumentada criada que le debía culto y adoración.



La imagen de aquél pirado mientras caminaba en batín y pantuflas por el pasillo de su modesta casa como un pavo engreído y engolado dispensando órdenes aquí y allá e imitando descaradamente el pomposo estilo del obispo de la ciudad hubiera sido cómica, si no fuera por la lástima que daba la pobre y abnegada mujer, que aunque hacía mucho tiempo que ya no le amaba, entendía cristianamente el matrimonio como un deber que le sería premiado eternamente en el cielo.

Dos de las tres inquietudes de Don Mauro, las físicas, es decir la calvicie y la halitosis, después de haberse dejado egoístamente media herencia de sus hijos con nulo resultado en cientos de tratamientos milagrosos que no le curaron como él pensaba que se merecía, las intentaba paliar con cierto resentimiento andando siempre bajo una desagradable boina negra y felpuda que escondía su calvicie, y mascando 
una apestosa pipa en la comisura izquierda de la boca, cuyo humo de tabaco barato, aliado con alguna que otra copa de coñac de garrafón, hacía creer ingenuamente a Don Mauro que disimulaba su podrido aliento.

Del tercer tema que le obsesionaba, el del lenguaje, hay que hablar largo y tendido, porque de él Don Mauro, había hecho el motivo de su existencia.

Para Don Mauro, un ex oficinista del servicio de distribución de Agua y Gas de la municipalidad que no era literato y ni siquiera había sido muy dado a la lectura, el lenguaje, se había convertido desde que tempranamente se jubiló, en una fijación obsesiva que llenaba su cabeza, la cual, vacía ahora ya de cuentas y balances, había dejado más de medio kilo de sesos ociosos a disposición de cualquier majadería al igual que le ocurrió a Don Quijote, el hidalgo de triste y alargada figura, con los malditos libros de caballería. Pero que en este caso, el cerebro agrietado parecía estar en la cabeza de un "Sancho" bajito, panzón y con gorra de paleto al que casi no se le entendía lo que decía, porque siempre hablaba sin quitarse la jodida pipa de la boca bautizando al prójimo con pútrida saliva como un aspersor de riego.

El "monotema" de Don Mauro, era la enfermiza animosidad que había desarrollado con la Real Academia Española de la Lengua con cuyos honorables y doctos miembros la había tomado y de los que decía que eran unos vejestorios momificados que no solo renovaban el diccionario tarde y mal, sino que a menudo olvidaban refrescar el significado de muchos términos antiguos al uso actual.

Lo que para Don Mauro tenía mas delito, era que de tan listos, prepotentes y satisfechos consigo mismo que se sentían los decrépitos académicos cuya obra literaria se había hecho a base de máquina de escribir y papel de calco de los que manchan los dedos de negro, se atrevieran ahora a su juicio, a despreciar el empleo de los nuevas usos del idioma y no fueran capaces de salir de su torre de marfil y de andar por calles, rincones, baruchos y antros y mezclarse con el personal, como él mismo hacía, para pulsar cómo iba cambiando el habla de las gentes

Claro, que viviendo en un barrio cuyo interés por la cultura era mas o menos como el de un analfabeto por las gafas de leer, no es extraño que todos a los que abordaba con su "tema" le llamaran "El ladilla" en referencia a esa pesada infección genital que apoderándose de tus partes nobles y colgantes te hace insufrible la vida a base de picor.

Aunque el objeto de su querulancias variaba con las semanas, desde hacía un par de meses sus cuitas se habían dirigido a la locución "Hijo de puta".

En resumen y para no cansar, Don Mauro se maravillaba de cómo una misma expresión iba cambiando su significado con el uso, obligando con ello, a añadir constantemente acepciones de la misma en el diccionario en razón a lo que se llamaba " Contexto situacional" y lo que últimamente para él había sido un indignante descubrimiento, era que la expresión " Hijo de puta", que no solo había cambiado de significado, sino que además, lo había hecho en sentido diametralmente opuesto y había pasando de término ofensivo y peyorativo a significar alabanza y admiración, sin que esto tan importante, fuera recogido aún en el diccionario de la RAE.

Don Mauro, había desarrollado un pequeño discurso recurrente de una hora y media de duración donde iba ordenadamente exponiendo sus teorías y salía de su casa temprano, a modo de un cazador, a la búsqueda de cualquier incauta presa a la que con algún engaño o el soborno de invitarlo a un café y una copa, pudiera retener el tiempo suficiente para endosarle su discurso antes de que huyera como alma que lleva el diablo agotado de asentir con la cabeza a aquel orate que no lo dejaba hablar y se iba inflando como un sapo.

Para explicar lo del "Contexto situacional", Don Mauro recurría a lo que para él era un ingenioso ejemplo:

- Mire Vd., Si Vd. llega muy tarde al trabajo y dice que se ha dormido, su compañero que lleva rato trabajando por los dos, dirá con cara de mala leche: !!"Que hijo de puta"!! y no le hablará en todo el día. Pero… si Vd., llega igual de tarde con la ropa arrugada, con la camisa manchada de carmín, apestando a alcohol y a perfume de mujer, su compañero dirá con un pícaro y halagador guiño de envidia:!!"Que hijo de puta!! je,je…cuenta…cuenta…

No es difícil de entender pues, que cuando don Mauro tocaba la puerta giratoria externa del café donde se reunían por las mañanas todos los jubilados, desempleados y ociosos del barrio para "echar sus horas" jugado a las cartas, al dominó o al ajedrez en medió de risas y bullicio, un siseo avisara a todo el mundo: ! Cuidado, que viene "El Ladilla "! y éste aviso fuera como una alarma de peligro que hacía que el silencio se apoderara del lugar y todos se quedaran quietos y callados dando la espalda a la puerta con los ojos fijos en cualquier objeto, fingiendo estar concentrados y pasar tan desapercibidos como una manada de gacelas que se quedan inmóviles y paralizadas por el terror para no llamar la atención del León mientras dudan temblando, si van a ser elegidas como la víctima de hoy.

Es curioso cómo se relajaba la tensión de aquel café cuando sus parroquianos, exiliados de sus propios domicilios de los que con las primeras luces habían huido espontáneamente para no molestar a sus cónyuges en sus tareas domesticas y no tener que oír eso de " ! Con la que tengo, solo me faltabas tú enredando por aquí en medio…!, con el consiguiente daño moral que eso supone para la autoestima de un hombre. Tras la parálisis inicial, digo, aquellos habituales del café, suspiraban de alivio al unísono cuando veían de reojo que solitario en un taburete en la barra del bar, había algún "novato", es decir, algún "pardillo" nuevo en el lugar que no conociera a "El Ladilla",
porque hoy ya no les tocaría a uno de ellos   volvían aliviados a sus cosas  dejando desconsideradamente a la víctima con el depredador. 

!! Qué razón tiene esa expresión que al respecto de la paciencia habla de una gota y un vaso que rebosa !!. Todo tiene un límite y don Mauro, que tenía imprudentemente minusvalorada a su mujer lo sobrepasó e ignorando como un inconsciente el poder letal de las hembras, se saltó la única regla con la que no transigía su esposa :

Siempre que quisiera "usarla", Don Mauro debía esperar a que le hicieran efecto los barbitúricos y estuviera dormida como un tronco para no percibir su fecal aliento ni su patético y primitivo repertorio sexual.

Pero sucedió, que un día que llegó eufórico a media tarde a su casa, no solo la tomó sin previo aviso y sin quitarse la boina ni la pipa de la boca, sino que además le soltó desconsideradamente su maldito discurso mientras jadeaba, para quedarse luego satisfecho roncando como un jabalí.

Cuando Don Mauro abrió los ojos, vio desde su cama por ultima vez a su mujer que con el abrigo puesto y una pequeña maleta que estaba de pie con la puerta de la casa abierta parada ya en el rellano de la escalera. Cuando Don Mauro la miró interrogante con cara de idiota, la mujer volvió apenas la cabeza y le dijo sin inmutarse:

- !Mauro! apúntate ésta : !! Eres un hijo de la gran puta !!.

Luego enfiló para abajo para no volver jamás.



Fin