viernes, 3 de abril de 2020

AUSENCIA V2020


Un segundo antes, caminaban de la mano riendo y tonteando mientras bajaban por la vereda de los tilos muy despacito hacia el parque. 

Ella, con la mano izquierda, intentando hacer inolvidable el momento, apretaba contra su pecho un ramito de violetas y de cuando en cuando, llevaba el minúsculo ramillete cárdeno hasta su rostro y lo besaba mientras con los ojos cerrados aspiraba aquel delicioso perfume a caramelo de infancia. 



¿Recién enamorados…?, !Noooo!, cualquiera se hubiera sorprendido de que ese día celebraban cinco años de amor.

Un segundo después, ella no estaba.

Él, apenas notó un ligero tironcito en su mano y cuando se volvió a mirarla…, ella no estaba.

!!No estaba!!.

Instintivamente y sintiendo un helado vacío a su lado, la buscó nerviosamente con la mirada, pero no la encontró y solo vio un enorme autobús que se alejaba cuesta abajo silencioso y veloz.

El hombre quedó paralizado y aturdido algunos instantes sin ni siquiera sospechar que era aquella bestia sin frenos con el motor averiado y la dirección quebrada, la que había arrancado a su amada de su brazo y que ahora, aplastada contra su faro derecho y tal vez muerta, viajaba hacia su destino final que era instantes después empotrarse con un estruendo sordo en la figura de granito de la plaza de abajo.



Alejandro, jamás pensó que la desaparición de Patricia lo pudiera trastornar tanto que le hiciera perder la razón.

¿Sentirlo…?, !Claro!, él la amaba con locura, pero no había nacido ayer y con cuarenta años a la espalda, Alejandro ya había tenido que hacer frente y superar suficientes duelos duros en la vida.

Pero esto fue distinto.

Yo no creo que fuera por la insólita e inesperada rapidez de la pérdida, yo mas bien creo que fue porque fue consciente de haber perdido algo insustituible, algo había encontrado como por azar , sin esfuerzo, sin saber siquiera lo qué había hecho para merecerlo y por tanto, sin saber cómo podía remplazar en su corazón y en su alma aquel profundo y helado vacío.

No creáis que cuando ambos ligaron su existencia fue un torrente románico y apasionado y febril, no… Aquello fue una relación serena y sanadora llena de sentido del humor, de confidencias sinceras, de complicidades, de entenderse sin palabras apenas con la mirada, de abrazar cuando se necesita, de escuchar en silencio comprensivo los sinsabores del día, de adivinar lo que el otro quiere antes que lo diga y de devolver con intereses cada gesto del otro.

Sin embargo y de cuando en cuando…, la magia los visitaba como suele hacer la magia cuando ella quiere y no cuando se la busca que para eso es mujer y aquella noche en la que nada celebraban, en la que cansados y algo aburridos se fueron a la cama con ánimo de dormir, misteriosamente se convirtió entre las sabanas en una velada de pasión con roces suaves, jadeos violentos, besos profundos, susurros inconfesables y deseos caprichosos que parecieron no saciarse hasta que la luz del alba, se llevó a regañadientes los rayos de luna llena que curiosos, se habían colado por la ventana.

Despertaron con el sol ya en lo alto y con un suave toque en la nalga Alejandro invitó a Patricia a levantarse y se fue a preparar café mientas ella, medio dormida, remoloneaba por la cama.

Fue exactamente cuando volvió, cuando a Alejandro casi se le cae la bandeja de la mano: Envuelta por la luz ámbar del sol que entraba matizada por las cortinas, Patricia, desnuda y sentada sobre la cama, se había vuelto a dormir con su carita de ángel apoyada sobre la rodilla y con su melena oscura cayendo como una cascada parecía una ninfa encantada del bosque.

Alejandro, la fotografió para inmortalizarla en ese fascinante instante en una acuarela que le encargó a un amigo.

!Si! , creo que fue cuando su amigo apesadumbrado tras la muerte de Patricia le llevó aquel cuadro encargado, cuando al mirarlo, Alejandro perdió la razón.

Permaneció encerrado días enteros llorando sobre aquella pintura emborronándola con sus lagrimas y delirando que ella no había muerto del todo, que su alma estaba aun viva junto a él y su mente torturada creó a su izquierda, donde la vio por última vez, un aura ambarina y neblinosa del tamaño de Patricia que solo él podía ver y que, fuera donde fuera, le acompañaba siempre a su lado.

Alejandro no se volvió tan trastornado que le llegara a contar nada a nadie, interpretó aquello como una especie de milagro íntimo y secreto que se podía romper si alguien se enteraba y aliviado por la presencia del aura a la que románticamente llamaba Ausencia, fue animándose lo suficiente para emprender una vida aparentemente normal.

Acudía puntual a su trabajo, salía al cine, charlaba con los amigos y paseaba por el parque. Lo único anormal que se podía observar en él, eran una serie de movimientos raros, traslaciones extravagantes y extrañas posturas y contorsiones de su cuerpo a las que los demás, incluidos sus vecinos, se acostumbraron pronto quitándole importancia e interpretándolo como una secuela nerviosa de su terrible tragedia.

Pero aquellas rarezas, no eran convulsiones ni tics involuntarios como podía creerse, sino que eran fruto de la única angustia que tenía Alejandro: Se pasaba el día intentando evitar que nadie tocara o se parara sobre la ambarina aura de Ausencia y la pudiera molestar.

En el despacho, colocó su mesa al lado de un muro a la izquierda. Deslizó poco a poco la fotocopiadora de modo que la maloliente puerta de los servicios quedara a su siniestra desmotivando así cualquier intento de pararse a su lado. Cuando hablaba con su jefe lo hacía de perfil girando dolorosamente su cara mostrando su lado derecho. En los bancos del parque depositaba el periódico a su lado izquierdo para que nadie se le sentara encima y en el cine, sacaba dos boletos para poder decir a cualquier solicitante que la butaca de su lado estaba ocupada.

Pero aun con todas las precauciones y toda la atención que aquel hombre maníacamente mantenía, por lo menos una vez a la semana y por diversas circunstancias, alguien involuntariamente lograba pararse o sentarse sobre Ausencia provocando en Alejandro una sensación física de dolor, malestar y profusa y helada sudoración que él interpretaba como una queja del amado espectro de Ausencia que se quedaba atrapado impidiéndoles huir.

Solo en algunas ocasiones, a pesar de que la reacción era mas intensa, dolorosa y casi brutal, dejaba en Alejandro un regusto de satisfacción y una disimulada sonrisa cuando el aura ambarina quedaba atrapada por un cuerpo bello o interesante de mujer demostrando así Ausencia, lo celosa y posesiva que era.

Alejandro, daba por hecho y siempre pensó que Ausencia siempre permanecería a su lado y jamás miró a nadie mas , pero pasados algunos años, sucedió que un día cuando en el metro se hizo inevitable que una mujer vulgar y cuarentona de pechos caídos, evidentes michelines y que cojeaba levemente se sentó a su izquierda en el asiento que en un descuido un Alejandro ya canoso había dejado libre, él se preparó con los ojos fuertemente cerrados a percibir el tormento y el castigo a su distracción, pero… nada malo pasó, sino que sorprendentemente, aquel hombre sintió por todo su cuerpo una deliciosa sensación de serena felicidad.

Cuando abrió los ojos y miró a aquella mujer desgreñada con mirada interrogante, el hombre se encontró con una sonrisa encantadora, un gesto de infinita dulzura y una voz aterciopelada con la que inició una fascínate conversación hasta el final de trayecto que le hizo olvidar incluso los dolores de estómago que le aquejaban en las últimas semanas.

Cuando Alejandro abrió los ojos a la mañana siguiente, el olor a violetas le recordó la maravillosa noche que había tenido entre los blandos pliegues de aquella mujer mientras le parecía que no era él mismo el que la había amado una y otra vez con tanta pasión hasta que la luz del alba, se llevó a regañadientes a los rayos de luna llena que, curiosos, se habían colado por la ventana.

Cuando por fin se decidió a mirar a su lado y buscarla, decepcionado, solo encontró sábanas arrugadas y una nota sobre la mesilla de noche que decía : Hasta pronto…y algo más extraño aun que parecía escapársele…, ! Si…!, el aura ambarina ya no estaba. Ausencia había desaparecido de su lado.

El Oncólogo se quedó atónito. Pese a sus años de carrera jamás le había pasado algo así. Aquel loco había sonreído y parecía alegrarse cuando el Doctor pesaroso y con cara de circunstancias le ofreció todo su apoyo tras comunicarle que aquellos dolores de estómago los producía un cáncer incurable y apenas que le quedaban unas semanas de vida.

- De verdad Señor…estoy confundido…perdóneme, pero nunca había visto que un hombre se alegrara ante una noticia tan nefasta…

- No se preocupe Doctor le dijo Alejandro…!! Estoy seguro de que pronto voy a estar mucho mejor !!

Fin.

domingo, 22 de marzo de 2020

UNA DE FANTASMAS ( RED2020)

Se oyó un terrible grito…, bueno, en realidad fue un horrible alarido seguido de varios más hasta que un llanto nervioso e histérico fue substituyendo a los aullidos.

No…, no era de noche, ni era una casa lóbrega y antigua, tampoco había neblina, ni los cipreses se recortaban tenebrosos en el cielo, ni ululaba un puto búho… Era de día y el sol entraba radiante al mediodía por todo el enorme y moderno rascacielos acristalado iluminando todas las oficinas cuyos aires acondicionados ronroneaban a máxima potencia para paliar el calor del efecto invernadero en aquellas estancias.


Cuando los demás llegaron en tropel hasta ella, Doña Gertrudis, la secretaria de dirección y una de las personas más temidas de aquél edificio, estaba desmayada, sudorosa 
y pálida,  caída boca arriba entre el inodoro y la mampara lateral de uno de los cuatro pequeños cubículos en que estaba dividido el baño de señoras de la oficina de la planta 23. Las bragas arrugadas en el tobillo izquierdo y la falda desordenadamente subida hasta el ombligo, permitía ver la negrura de su sexo entre las piernas desmañadamente abiertas.

El primero en llegar fue un hombre, que para no mirar, se apartó pudorosamente sorprendido permitiendo así que sus compañeras de oficina la atendieran y la reanimaran.

-! Ese cabrón quería arrancarme el coño ! !Os lo juro! ! No quería tocármelo no.., quería extirpármelo !, !Dejarme si él... !.

Las compañeras, mientras la tranquilizaban comenzaron a mirase disimuladamente entre sí con extrañeza y complicidad.! Allí no había nadie !, en aquellos cubículos solo cabía una persona e incluso una compañera que acababa poco antes de salir del tocador dijo que no había visto nada raro.

- ! Os lo juro!, !Tenéis que creerme!. Estaba sentada y ya había comenzado a orinar, cuando noté algo como una mano que viniendo de de atrás se deslizaba por mis nalgas, mi ano y mi vagina y me agarró todo el chocho como una garra abierta y luego lo estrujó como un higo dejándome sin habla de dolor y cortándome la meada.

Cuando la lograron levantar a la mujer con una crisis de ansiedad para llevarla a la enfermería de la empresa con el fin que le administraran algún sedante, vieron que en el cubículo solo habían quedado algunos pelos rizados de origen evidente descansando bajo el agua amarillenta en el fondo del inodoro.

La cosa quedó ahí, bueno no… No quedó igual, porque la dura dominación de "La Sargento Gertrudis" que tenía puteado a todo el edificio mostrando la más estricta intransigencia y falta de empatía con todo Cristo, se vio relajada por el ridículo público, las burlas, los cuchicheos y las risas a sus espaldas con la consecuente pérdida de autoridad moral de la susodicha, cuando se enteró por el desliz de un interfono, de que ahora la llamaban "Chochoroto".

Pero la hilaridad general "Por lo bajini", no hizo mas que aumentar exponencialmente, cuando semanas después y delante de tres testigos, a "Chochoroto" en pleno ascensor unas invisibles fauces babosas le mamaron de modo virtual los pechos y succionaron sus pezones mientras algo le magreaba a la vez el culo y resbalando por la pared de cristal tuvo un extraño orgasmo que la dejó sentada en el suelo con los pelos revueltos y los ojos en blanco.

Días después, una presencia le arrebató de las manos a una, ya trastornada Doña Gertrudis, más de doscientos folios de facturación y los hizo volar durante cinco minutos por toda la oficina cómo pequeñas alfombras de Aladino.

Por último y lo que la llevó al retiro por incapacidad mental con el cerebro derretido por el delirio y un ataque histérico de asco, fue la sensación de que bajo su mano, el ratón del ordenador se había convertido de repente y en plena reunión de la directiva, en una peluda y enorme rata sarnosa cuya cola rosada y áspera se perdía tras el monitor.

Cuando todos pensaban que "con la loca se había marchado la locura", coincidiendo siempre con el intenso resplandor del mediodía, aparecieron nuevos y misteriosos fenómenos sin explicación alguna que fueron acojonando a todo el personal de tal modo, que sobre los escritorios, ordenadores y discos duros, comenzaron a aparecer objetos como estampas de la virgen, cuernos de cabra, cruces de plata, amuletos indios , misales nacarados de comunión, ristras de ajo etz, porque inexplicable a la muerte a de Don Obdulio al que encontraron con el cráneo estampado contra el cristal de la fotocopiadora rodeado de una neblina azufrada mientras la dichosa máquina en modo automático iba esparciendo por el suelo con su siniestro y monótono "rirac" más de quinientas copias de sus sesos desparramados, se fueron sumando otros mas sangrientos todavía como el de Don Martín a quién la puerta del ascensor lo cizalló en dos dejando cada una de sus mitades solo unidas por las cuerdas que formaron sus hediondas tripas, a una distancia de dos pisos una de otra, o lo de Don Agustín, el tesorero, un hombre con obesidad mórbida al le ardió toda la grasa de su cuerpo como si fuera gasolina cuando al encender un enorme habano en el lujoso vestíbulo del edificio, le prendió casi espontáneamente su enorme papada porcina dejando su voluminoso cuerpo en un decepcionante espantapájaros requemado y humeante.

A estos horrores, se fueron sucediendo otros desastres que fueron acabando uno a uno con todos los miembros de aquel consejo de administración tan permisivo y tolerante con las maniobras del hijo de puta, es decir, del presidente de aquel banco.

"El Diosecito", qué dirigía aquella maligna máquina de joder al prójimo encerrado en la torre de marfil del último piso del edificio donde sus acristalamientos y panorámicos ventanales le permitían sentir, cuando miraba hacia abajo, una cuasi-sexual sensación de dominio sobre la ciudad, era de todo menos tonto y aunque no creía en fantasmas vengativos ni presencias espectrales, aquel capullo si veía claro que iban a por él y habían comenzado por aislarle eliminando antes la base de la pirámide de la que él y solo él, era el pináculo de oro.

Había heredado la mayoría accionarial del banco de su padre, un honrado banquero que había levantado aquello con gran esfuerzo, buenas prácticas y una flexibilidad cristiana con sus deudores, para acabar dejárselo al psicópata malcriado de su hijo.

Paradójicamente, " El Diosecito" lo convirtió en un gran imperio financiero mediante los procedimientos bancarios mas duros, despiadados, crueles, hijos de puta e incluso ilegales que su avaricia usaba sin remordimiento alguno, dejando a su paso una estela de quiebras, suicidios, ruinas y llantos, que lejos de remorderle en la conciencia y puesto que carecía de ella, alimentaban la autoestima de su insaciable ego.

Así, que tantos eran los que tenían motivo para odiarle y desear su muerte, que al " El Diosecito", le resultaba imposible hacerse una idea de cuál de todos sus enemigos lo estaba cercando y no sabiendo por donde le venían los tiros, optó por protegerse atrincherándose a cal y canto, guardado por una fuerte seguridad, en su torre de marfil hasta que pasara el temporal, para mientras estudiar los dosieres de sus mas importantes cabronadas financieras por si algo le podría señalar el culpable del acoso.

!Vana labor…!. Él ignoraba que las almas fantasmales que se agarran a la tierra con las raíces del odio para no marcharse y vagar sin descanso en busca de venganza, no suelen ser aquellas a las que han hundido hasta el suicidio la caída de sus grandes negocios y su ego, sino las que mueren silenciosas de pena de ver el sufrimiento de los suyos como la de aquel pobre anciano jubilado, cuando un injusto desahucio dejó sin techo a su mujer enferma para que el frío la rematara.

!Si!, aquel capullo ignoraba la fuerza maligna y destructora que puede tener el alma cabreada de un viejo.

No, de nada le sirvieron las paredes, ni los guardianes.

A las doce del mediodía de un día radiante, justo en el quinto aniversario de la muerte de aquella vieja, el presidente desapareció para siempre.

Alguien en el edificio comentó de pasada que le había parecido que algo caía gritando. Tal vez si hubiera caído mas despacio, ese alguien hubiera visto la cara de horror y los desorbitados ojos del " El Diosecito" mientras su cuerpo caía agarrado y envuelto por una arrugada presencia espectral.

Misteriosamente, nadie encontró cuerpo alguno. No se estrelló contra el asfalto. La cicatriz de la grieta en la tierra que se lo tragó, aun vivo, hasta lo mas hondo, eterno y cruel del averno, se cerró después de engullirlo como si nunca se hubiera abierto.

¿Sabéis…? Ese mismo día, el impresionante edificio del banco tembló como si lo sacudiera un pequeño seísmo. Los empleados no se extrañaron, como ellos mismos..., ! Aquella mole se había estremecido de alivio...!.

viernes, 13 de marzo de 2020

EL VERANO DE LOS LIRIOS

Lo de Ángel y Rocío, no fue la eterna batalla emocional de cada verano en el pueblo entre chicas y militares que comenzaba con las fiestas de San Juan y se desarrollaba hasta octubre.

Lo de Rocío y Ángel, tampoco era viejo el juego en el que las muchachas con sus cuerpos y sus risas y su salero trataban de encelar a los calientes soldados que buscaban descaradamente sexo sin compromiso en un juego tácito de "nadar pero guardar la ropa" en el que cada cual, sabía a lo que jugaba.



Lo de Ángel y Rocío o lo de Rocío y Ángel si preferís, no fueron esos encuentros llenos de permisividades hasta frenazos al límite, calentones insatisfechos, apasionados pero interrumpidos besos de lenguas golosas y excitantes toqueteos y magreos sin riesgo de consecuencias -"Te dejo que me cates para ver de qué estoy hecha pero si quieres mi virgo en flor, tendrás que llevarme para siempre de vuelta a tu tierra y mi cuerpo entero..."-.

A Rocío, con diez y seis, nadie le había explicado nunca nada de todos estos pícaros juegos. Su madre, viuda pobre y solitaria, aun no había podido reunir el suficiente ánimo para explicarle nada sobre la vida porque, en su deseo de no perderla, la veía todavía una niña.

Rocío conocía la llegada veraniega de los soldados como cada verano como las cigüeñas pasan raudas en invierno, pero a diferencia de sus amigas mas mayores, no sentía aún el anhelo de un amor ni una esperanza ni una oportunidad de un futuro

¿Soldados?, bueno si…, eran soldados; pero no los del reemplazo del servicio militar obligatorio llamados a filas con sus caras aun aniñadas apenas tras los primeros afeitados. 


Éstos muchachos que mas mayores y cuajados acudían de permiso a aquel pueblo, eran educados y de buena familia estudiantes universitarios que cumplían patrióticamente con la nación, pero fraccionando su deber durante dos o tres veranos para no interrumpir sus estudios universitarios.

Precisamente fue ése miércoles, el primer día de permiso de la nueva promoción en la cercana base militar, cuyo autobús verde caqui camuflado sin pretenderlo por el polvo y las salpicaduras de barro del camino, los desembarcó 
a la salida del pueblo a la hora del Ángelus, después de la revisión reglamentaria, con sus uniformes de paseo y sus botas brillantes como espejos  tan arregladitos y perfumaditos como ángeles recién rasurados. 
.
Las gentes de aquél pueblo blanco que como si desde lo alto del peñasco se desparramara un jarro de leche que al caer trazaba sus tortuosas y encaladas calles de estilo morisco hasta la engalanada plaza, estaban encantadas de recibirlos todos los años en fiestas y aunque sabían que con la música y los primeros tragos de aguardiente soltarían su alegría, su bullicio, sus bromas y sus galanteos como el resto de muchachos de su edad, y salvo alguno que siempre tiene mal beber, no se enzarzarían en peleas ni destrozos y dejarían buenos cuartos en los bares y comercios y a pesar de la ojeriza y hostilidad que con hoscas miradas, les mostraban los muchachos locales, mas sencillos e iletrados, que conscientes de su inferioridad, veían a aquellos militares "de mentiras", como les gustaba llamarlos,como unos engreídos que con frecuencia se llevaban en el macuto de vuelta a sus ciudades a las  mas bellas muchachas de la localidad, que astutamente veían en ellos la oportunidad de su vida para abandonar su predestinado y aburrido destino rural.

Cuando la mirada de Ángel al entrar en la desconocida plaza vagó curiosa observando como los muchachos del pueblo se afanaban en terminar de cerrar las calles con las gradas de maderos para el encierro de toros y vaquillas y montar los "Cadafales" cuyos de barrotes de jaula resguardarían a uno cuando tras citar al toro valientemente el mas osado de los mozos lugareños evitaba la cornada en el último momento entre vítores, olés y aullidos de susto de la concurrencia, cuando venía perseguido y jadeante para refugiarse entre los barrotes esquivando a la negra y brava fiera a la que, llegada la noche y para cabrearla más, antorcharían los cuernos con bolas de fuego.

Pero cuando la mirada de ojos grises de aquel soldado rubio se encontró de pronto con el color miel de los ojos de Rocío que estaba como el resto de las expectantes e ilusionadas muchachas del pueblo sentadas a la sombra del olmo de la plaza para ver la llegada de los apuestos militares mientras reían y bromeaban, apenas pudo renunciar a mirar aquellas dos preciosas luces para fijarse en sus tiernos labios color cereza madura, en los reflejos del castaño claro de su melena y el rosado de albaricoque de sus mejillas sobre la blanca y casi infantil piel de su rostro.

Ángel, ni queriendo, pudo evitar andar todo el día buscando por el pueblo aquellos dos fascinantes brillos en cualquier momento y lugar, pero Rocío sin saber por que lo hacía tampoco pudo evitar apartar la mirada de aquellos ojos que la seguían a todas partes y una sonrisa mutua inició el coqueteo que desde el primer momento, se convirtió en verdadero flechazo de amor

Durante aquel verano, una historia de autentica y espontánea unión amorosa fue brotando entre ellos suave y lenta, natural y tierna, sin condición alguna y con sabor a eternidad .

La verdad es, que aunque la historia de Ángel y Rocío al final fue igual que las demás…, no fue lo mismo.

Las manos de ambos se habían tocado cuando su cariño se lo pidió, sus cabezas se habían unido tiernamente cuando sentados en el parque, ella la recostó en su pecho y el la amparó con delicadeza pero haciéndole sentir la confortable protección que nunca había experimentado aquella niña sin padre, y cuando los besos fueron naciendo solos como los brotes de trigo verde tras la lluvia y sus desnudeces, se fueron descubriendo mutuamente sin extrañezas y sin límites ni reparos, como si ambos fueran parte un mismo cuerpo.

Ángel, con todo su amor, se había cuidado mucho de no abusar de su inocencia de rocío y cuando la tomó una tarde de septiembre en la que ampararon su intimidad en el aislado vallecito del arroyo, Ángel con la certeza de que jamás se apartaría de Rocío, la hizo suya sobre la yerba con toda la delicadeza del mundo a la vera del rumor del arroyo a cuya música, danzaron abrazados y desnudos entre las matas de los juncos y los lirios que escondieron su secreto.

Rocío ni se preguntó ni pensó, solo se abandonó invadida de confianza con la intensa y creciente felicidad de tenerlo muy dentro junto a su alma. Con la anestesia del deseo sangró sin dolor, sintió cómo entre almizclados sudores sus cuerpos se fundían jadeando y sus labios se separaban para poder alentar y luego, sintió una inesperada explosión de dicha interna de la que no estuvo segura si era la vida o la muerte que le hizo abrir los ojos. Fue entonces cuando por primera vez en su vida y a pesar de que había pasado su infancia jugando en aquel valle, Rocío percibió la inmensa y sobrecogedora belleza de aquellos violáceos lirios cuyos morados, iluminados por el sol poniente, la rodeaban mientras, sin notar apenas el peso de del cuerpo de Ángel, se sumía en la más maravillosa dulzura.

Al final y tristemente, éste sublime amor quedó para los demás en una vulgar historia rural de seducción y abandono ejemplarizante para las más muchachas más jóvenes porque, tras fundir sus cuerpos, Roció jamás volvió a ver a Ángel. Lo esperó cada noche en el valle de los lirios y regó mil veces de lagrimas el camino del pueblo al escondido valle hasta que se enteró de que aquella tropa había sido ya licenciada.

Nadie aparecería por el sendero a la luz de la luna que venía del cuartel.

La triste muchacha asumió con entereza en el pueblo el papel de ser una adolescente ignorante y engañada con aroma a puta, sobre todo, cuando la semilla que Ángel le dejó la convirtió también en madre soltera.

Rocío jamás pudo amar a otro, jamás le guardo rencor y siempre disculpó en su interior de algún modo su ausencia e incluso cuando no pudiendo olvidarlo, decidió vivir con su recuerdo presente buscando en su hija Lirio que era clavada a su padre todo lo en ella podía sentir de él.

Cuando la ley de la vida apartó a Lirio de su lado, Rocío con su belleza perdida y el cuerpo redondeado y flácido por la edad, se consolaba recordando una y otra vez la felicidad del valle de los lirios donde, como al cementerio por Todos los Santos, acudía cada día de septiembre al atardecer.

-¿Rocío… ?

La mujer se volvió sobresaltada pensando que estaba sola aquel atardecer en el valle.

-¿ Si…?, ¿ Quién es Vd. …? ¿Qué busca…? contestó algo alarmada.

De entre los juncos salió un hombre maduro, calvo y manco del brazo derecho con una cicatriz de quemadura en la parte derecha de la cara que parecía cuero repujado.

-¿Ángel…? ¿ Eres tú…? dijo reconociendo aquella voz apenas cambiada que tenía grabada en su memoria a fuerza de recordarla cada día.

- Si Rocío, soy Ángel…, no te asustes…, solo he venido para decirte jamás he podido querer a nadie mas…y que aun te quiero como aquél último día, pero siempre fui torpe con los explosivos y aquel fatídico dia aquello me estalló entre las manos, me dejó sin brazo y con el rostro de un monstruo desgraciando así mi carrera y mi futuro y yo..., yo te quería tanto, que no quise hundirte la vida uniéndote a un discapacitado sin mañana ni esperanza y me marché con el corazón roto y sin mirar atrás.

-!Te hubiera querido hasta muerto Ángel !, y… ¿Por qué ahora Ángel… ?, ¿Por qué has vuelto..?

-Fue esa hija, esa 
hija nuestra  con nombre de flor, de la que ni siquiera sabía..., si, fue Lirio la que me buscó, me encontró y me habló de ti…

¿ Sabéis….? Cuando entre los lirios como dos espíritus maduros ésta vez llegaron al éxtasis, Rocío no ya miró los Lirios morados, no…, Rocío con los ojos cerrados besaba con devoción aquella cicatriz de cuero mientras le acariciaba con ternura su muñón…del que jamás se separaría ....

Fin

sábado, 7 de marzo de 2020

EL GRANERO DANÉS


Ximo apenas entendía a los daneses. Rubios y enormes, hasta los mas viejos con el pelo blanco y abundante mostraban la amabilidad de los granjeros nordicos, pero al pedir trabajo, todos le señalaban hacia el fondo del fiordo y decían: go to de black hause. 


No, no era un fiordo noruego metido entre acantilados, era un fiordo danés,una lengua gris oscura abierta a todos los vientos que serpenteaba entre colinas bajas y verde-amarillentas  por el último heno del final del verano salpicadas de vacas pastando, cuya agua oscura y borrascosa se confundía con la del cielo hasta hacer desaparecer el horizonte. En una de las ultimas colinas se veía un pequeño barracón negro y alquitranado al que llegaba un camino de tierra.

Craso error...cuando lleguó casi una hora después reventado de arrastrar la moto sin gasolina... vio con un extraño escalofrío que era un enorme granero vivienda tan negro y tenebroso que parecía una catedral vikinga de los tiempos de Thor y Odin .

Como era la moda entre los universitarios españoles de las familias burguesas de los años 60 reprimidos sexualmente por la iglesia y adoctrinados por el aparato político franquista, Joaquín (Ximo), planeo su viaje iniciático por Europa en el verano del penúltimo último curso de su carrera.

Fue su primera aventura, una aventura de niño bien, es más, la única aventura que Ximo había tenido y tuvo.

Por las informaciones tal vez algo exageradas que les llegaban de los emigrantes que volvían de Europa, y las olas de turistas que saliendo de sus fríos y lluviosos países llegaban en verano a la España franquista, segura y barata, en busca de sol, playas, licor y tabaco sin impuestos y diversión en verbenas y tablaos flamencos, aquellos muchachos fueron conscientes de que el resto de Europa era otro mundo que era imprescindible conocer para quitarse de algún modo "el pelo de la dehesa" y el sentimiento de atraso cultural que sentían como un lastre.

El primer objetivo de los tres que tenía el viaje de iniciación era conocer todo aquello y montado en su anticuada moto Bultaco, con su pequeña tienda de campaña y su saco de dormir, Joaquín había ido vagando pasaporte en mano, sin rumbo fijo por todos aquellos países rodando por carreteras y campings europeos observándolo todo con los ojos como platos como si fuera un paleto de aldea que llega por primera vez a la capital, absorbiéndo ciudades y paisajes como una esponja y tratándolo de fijar para siempre en su memoria.

El segundo objetivo era tratar de perfeccionar el inglés, imprescindible para su futuro trabajo en el pequeño hotel que regentaba su padre y completar así en la práctica los cinco o seis cursos teóricos con los que solo había llegado a decir aquello de "my tailor is rich " y su inglés fue mejorando "a la fuerza" por pura necesidad a medida que a Joaquín le fue necesario para preguntar, alimentarse y dormir.

Pero cuando al fin llegó a Dinamarca y se quedó sin dinero ni para gasolina, Ximo fue consciente de que las dificultades para cumplir su tercer objetivo y más importante para él ,! El sexual !, es decir, ser desvirgado por alguna de aquellas diosas nórdicas, no podría ya cumplirlo.


 Ximo era virgen tardíamente ya que en el ambiente pacato en España, la chica que se arrimaba en el baile era considerada como puta y él jamás había querido, por caliente que fuera, iniciarse con una prostituta como habían hecho el resto de sus amigos.

Así, renunció con disgusto a su tercer objetivo porque cuando llegó a Dinamarca y se dio cuenta de que jamás llegaría a Suecia y que ni siquiera podría ver la sirenita de Copenhague, se había quedado sin dinero y estaba muy lejos de cumplirlo y aunque ganara algún dinero trabajando de peón, lo necesitaría para regresar a España y cuando lo hiciera, lo haría envuelto aun en el obscuro y cruel manto de la virginidad tardía y mallevada.

!Que sorpresas tiene la vida!, Se arreglo económicamente con el campesino borracho Gunnar Dueño de la granja del granero negro en que el hombre se había pasado el verano tumbado y ebrio de aguardiente y tenía todo el heno por recoger cuando en menos de un mes podrían comenzar las primeras nevadas

Cuando ya pensaba que se volvía de vacio respecto a su tercer objetivo, la deseada iniciación sexual vikinga, un semana después y mientras completamente sudado segaba con la guadaña y hacía gavillas, apareció por el horizonte con el sol a contraluz una posibilidad que aunque remota le llenó de esperanza: una melena rubia y dorada agitada por el viento que cuando con paso calmado se fue acercando al granero, bajo la melena pudo distinguir la perfecta silueta de una autentica belleza nórdica, probablemente escapada del Vahalla, tan bella como no lo habría imaginado jamás envuelta a lo "Hippie" con un vaporoso vestido de flores y sandalias de cuero viejo.

Ximo se quedó tan anonadado que 
cuando de acercó a él casi le hizo una reverencia como a una princesa y la muchacha con una sonrisa angelical le dijo: 

-¿Ximo?

Cuando con la cabeza gacha le confirmo tímidamente su identidad y mientras se dában la mano, en ingles le dijo:

-Soy Greta, la hija del borracho de Gunar, vivo en Copenhague con mi madre , estoy estudiando diseño y vengo a ayudarte por que como de costumbre Gunnar ha dejado todo el heno por segar y es mucho trabajo ti solo y si no, no acabaremos antes de octubre cuando aquí suelen caer los primeros copos de nieve.

!Que extraña es la vida! nunca imaginó Ximo que el inicio a su vida amorosa fuera así. pero cuando después de un día de trabajo agotador con un sol de justicia Greta le invitó a refrescarse y bañarse en el fiordo al atardecer, acepto gustoso.

 Al llegar a la playa negra y limosa Greta se desnudó completamente y entró chapoteando en el mar sin mirar atrás y desde dentro, le animó con gestos y risas a que la imitara. Ximo, un poco timorato y avergonzado por su erección hizo lo mismo, pero ella sin darle importancia alguna se acercó a él  y entre risas comenzó a hacerle cosquillas que el chico intentaba devolverle, se abrazaba a él que por primera vez noto la dulzura blanda de unos pechos, la firmeza resbaladiza de unas nalgas y el roce áspero pero delicioso de un pubis sobre su entrepierna.Luego ya excitados, cesaron las risas y comenzaron los abrazos y revolcones suaves sobre el fango liso y limoso de la orilla donde cubiertos del limo oscuro y tibio parecían dos delfines negros varados y agonizantes retorciéndose uno sobre el otro antes de morir iluminados por el sol poniente y solo sus ojos abiertos y sus rojas lenguas entrelazadas los podían identificar como humanos. 

Greta que ya se había hecho a la idea de que la excitación y la fuerza del muchacho no se acompañaba de experiencia alguna, con una sonrisa tierna le cogió amablemente de la mano y lo llevó hasta una riachuelo claro que había tras el granero y después de lavarse y que sus pieles volvieran a ser humanas, lo subió hasta el altillo de granero donde el heno secaba y comenzó a instruirle con excitación pero con paciencia en las artes amatorias y de todo aquello que volvía loca a una mujer, los lugares que acariciar, los tiempos y momentos de atacar o aflojar, y como reposar abrazados con infinita ternura al finalizar. 

Ya no volvieron al fiordo, los veinte días que les quedaban hasta octubre, al acabar el trabajo diario y sudados como iban subían con unas cervezas frescas hasta el lecho que la hierba había construido como un nido de amor y allí Greta, la profesora, le fue enseñando una a una todas las páginas del Kamasutra y como si todo el techo del granero estuviera decorado con ellas...y a Ximo, señores, no se me olvidó ni una... 

Pero a veces todo aquello que había comenzado con una sorpresa increíble terminó con otra igual de increíble veinticinco años después que como un boomerang olvidado vino a golpearle a Ximo en la cara en su madurez. 

Estaba en la barra de la terraza sobre la playa preparando las bebidas que Ernesto, su hijo, un chico simpático y apuesto que con su pelo negro rizado y sus ojos verdes traía revolucionada a toda la clientela femenina, cuando de pronto alguien delante de Ximo dijo: 

-¿Eres Ximo? 

- Si soy Ximo, le dijo distraídamente mientras levantaba la mirada, pero cuando vió a la muchacha casi se cae al suelo de la impresión, era la mismísima Greta como si el tiempo no hubiera pasado por ella la que le tendía una carta. 

-¿Greta? dijo pasmado 

-!No! ! No! yo soy Inga, Greta es mi madre y me ha dado esta carta para ti. 

Ximo se sentó a leerla porque le temblaban las piernas. 

Ximo, esta es Inga, nuestra hija, aunque ella no lo sabe ni sabe quién eres y prefiero que nunca lo sepa. Siempre te he recordado con cariño e Inga me ha ayudado a no olvidarte. Las cosas han ido mal aquí, el granero se quemó 
en una borrachera de Gunnar con él dentro, mi madre murió de un ictus y a mí ya me está alcanzando el cáncer de mama. Inga no tiene mas familia y ahora te tocará a ti cuidarte de ella. Sé que puedo confiar en ti y no me fallaras...un beso. 

la cosa fue que Inga era un encanto, y junto Ernesto haciendo equipo, comenzó a trabajar en la terraza que también se llenó de clientes masculinos con lo cual el negoció comenzó a marchar viento en popa.


 Pero pasados unos meses, un dia en un descanso, Ximo mirándose acaramelados con la complicidad del amor y la inquietud y la angustia se apoderaron de él .!Eran hermanos! !Caminaban de cabeza al incesto! ...

A Ximo angustiado solo se le ocurrió tomar muestras de ADN de sus vasos para con los análisis en mano enseñárselos y evitar aquel desastre antes de que fuera tarde, pero llegó tarde....porque Inga estaba tan enamorada se preñó al primer polvo.


Cuando llegaron los resultados a un Ximo deprimido y derrotado por la culpa la sorpresa fue mayúscula, un alivio y un disgusto a la vez: ! Si !, si que se podían enamorar, Greta era hija suya al cien por cien pero Ernesto, !Hay que joderse!, no tenía ni una gota de su sangre.

La hija de puta de su mujer había muerto siete años antes y Ximo jamás podría saber quién era el padre de Ernesto, aunque en una foto antigua de cuando inauguraron la Heladería de al lado Ximo se dió cuenta de que el heladero, de joven, era clavadito a Ernesto...

Ximo, se sentó y sonrió ya tranquilo....¿Sabéis?...aquí todo seguirá igual, con los años solo pesan los problemas y ya no pesan los cuernos y su nieto iba a ser guapisimo...

viernes, 21 de febrero de 2020

EL CONSEJERO


El rechoncho hombre incoherentemente vestido con un viejo sombrero y un ajado y raido traje de lanilla de anticuado corte urbano que recordaría hoy a las películas de Chaplin, hubiera parecido un pobre de limosna en cualquier ciudad con su ajetreo de caballos, tranvías y esos endiablados engendros ruidosos que llamaban automóviles y que cada vez se veían más entre las clases pudientes; pero allí  entre las ropas de sarga y de pana antigua, los zuecos de madera para los charcos, las boinas y los marchitos sombreros de paja de los habitantes de aquel sitio olvidado, parecía un diputado que caminaba ceremonioso hasta la plaza. 

Es curioso, pero aquella valiosa figura no existía en ningún otro lugar. Tal vez hasta entonces su función fuera ejercida en los confesionarios por curas y párrocos o tal vez fuera un raro antecedente de psicólogos, psiquiatras ,"couchings", o asistentes sociales, pero por aquellos tiempos de entreguerras de pobreza y miseria, la figura del "Consejero" era una cosa desconocida y extravagante para quién no fuera de allí y más si se piensa, que la suya, se trataba de una labor desinteresada y gratuita compensada solo por algunos donativos en forma de alimentos y carbón que, cuando el hambre lo permitía, la gente agradecida le dejaba anónimamente en el callejón a la puerta de su casucha.

Disponía de una vieja mesilla de terraza y un par de banquetas de asiento de enea de la época cuando hacía ya mas de un siglo el viejo Goya pintaba las guerras napoleónicas y que según la época del año, el hombre iba colocando bajo los soportales, en medio de la plaza junto a la fuente, bajo el viejo olmo, o entre los entoldados del mercado de ganado. 

Se sentaba a eso de las diez más o menos según le diera por tocar al campanero y cuando apoyaba pesadamente los codos en la mesa abriendo las piernas para que cómodamente reposara su abdomen, era la señal tácita para que los "esperantes" de consejo, se fueran poniendo en cola y uno a uno con la infinita paciencia rural de que el tiempo no tiene valor y tras descubrirse respetuosamente, se fueran sentando de uno en uno delante de él exponiendo su problema (uno solo por sesión) oyendo luego su consejo y al terminar, marchar a sus cosas con un mil gracias, una sonrisa de agradecimiento y una actitud de veneración con la cabeza gacha y el sombrero en mano a la que solo faltaba hacer una genuflexión y besarle la mano como a un obispo.

Según pudo averiguar mi abuelo, aquél hombre era una bendición para aquel lugar como un año de nieves, un verano fresco o la ausencia de alguna plaga pertinaz.

"El Consejero" sabía de todo, sabía de siembras y cosechas, de amores y penas, de instancias y pleitos, de motores, de ganado, de enfermedades, de curas y milagros, de políticas y votaciones, de armas y guerras y de todo lo que uno se pueda imaginar y más y lo que ignoraba, lograba enfocarlo con tal sentido común que era como si te guiara con una linterna en medio de la noche oscura.

El resultado de sus consejos solía ser tan acertado, que incluso los habitantes de otros lugares de la región, enterados, también acudían a él como en peregrinación pasando dos o tres días de espera al abrigo de la fonda para ser atendidos por él.

Mi abuelo lo conoció cuando se pateó media península ibérica como historiador a sueldo del partido republicano haciendo inventario de los tesoros eclesiásticos que hubieran quedado ocultos tras la antigua desamortización de Mendizábal del siglo anterior con la excusa de estudiar el románico primitivo, recóndito y disperso por el agro español y cuando preguntó por la comarca por una pequeña ermita que nadie parecía conocer, las gentes le remitieron al consejero como último recurso.

En realidad, los republicanos se estaban preparando para rapiñar aquellos bienes en cuanto liquidaran la monarquía y exiliaran a aquel rey reaccionario, pero aunque todo eso a mi abuelo se la traía al pairo, el hombre quedó impresionado por el enigma de la historia del Consejero del que nadie sabía quién era, ni como se llamaba, ni cómo llegó allí, ni de quien era la casa donde vivía, ni de que vivía en realidad.

Al parecer, cuando mi abuelo indagó, nadie sabía nada y no porque el hombre fuera hermético o introvertido, sino porque aquellas gentes en sus creencias supersticiosas, no le preguntaron jamás nada al "Consejero" convencidos de que era una especie de frágil bendición que había caído allí por un despiste de Dios y que si por su curiosidad se la molestaba, podía esfumarse.

Tras encaminar correctamente a mi abuelo a su objetivo con unas claras indicaciones, El Consejero aceptó cómo compensación ser invitado a cenar por mi abuelo merced a la enorme curiosidad que levantó en él la cámara fotográfica que portaba.

De aquella conversación, mi abuelo tomó esmeradas notas que guardó cuidadosamente al igual que aquella vieja foto y aunque ignoro aun cual era su propósito pero me interesó especialmente la transcripción de aquel diálogo.

-Mire señor, me pregunta Vd, como llegué aquí y cómo sé tantas cosas.

Le confesaré que Dios, me dio un Don y un defecto. El Don consiste en la capacidad de conocer con muy pocos datos lo que le conviene a cada cual según sus circunstancias y acertar en ello.

-¿Y el defecto…? pregunté…

- El defecto señor…, dijo "El Consejero" con una sonrisa triste acompañada de un suspiro, el defecto es una absoluta ceguera de ese Don para mí mismo. !Si…,! en mí nunca fue más verdad aquello de "Consejos vendo que para mí no tengo" y parece que Dios, como si me lastrara por mi clarividencia con el prójimo, me condenara a hacer siempre lo que no me conviene, tomar el camino equivocado o meterme en asuntos en los que acabo mostrando mi más absoluta inutilidad.

-¿Y si eso es así?, ¿ Cómo es que Vd. sabe tanto y de tantas cosas…? le pregunté interrumpiéndolo impacientemente.

- Ja ja ja…, Es sencillo Señor…, no soy tonto, tengo buena memoria y curiosidad, soy ya viejo y en ésta vida me he metido en tantos caminos equivocados y tantas decisiones erradas, que antes de fracasar en todos ellos he ido aprendiendo algo de cada uno de los cientos que he tomado y eso al final, es saber mucho.

-¿Y cómo es que con todo lo que Vd. sabe ha acabado Vd. de" Consejero de balde" aquí en éste perdido lugar lleno de ignorancia y alejado de toda civilización ?

El Consejero sonrió de nuevo, bebió un trago de vino tinto, carraspeó y dijo:

-¿Sabe?, no podía soportar más esos fracasos que me desazonaban el alma y mi última decisión me hizo acabar enfermo en unas minas cerca de aquí. Entonces, decidí no decidir mas, no luchar mas, rendirme, y dejar de buscar mi bienestar y entendí que si Dios quería que usara mi Don solo para ayudar a los ignorantes y necesitados, así lo haría y me quedaría quieto aquí sin emprender ningún camino y aquí me tiene y la verdad es que nunca seré nada, pero soy feliz ayudando, la gente me quiere y no me falta de nada para vivir.

Mi abuelo, impresionado y conmovido, levantó su copa y brindó por él.

- Amigo, no sé si Dios existe pero si lo hizo a Vd., hizo algo muy grande…

Cuando años después de acabar la guerra civil mi abuelo que no se había quitado de la cabeza a aquel hombre volvió a aquel lugar, comprobó que ya no era un lugar de ignorancia y que las gentes habían progresado bastante para empezar a saber y decidir por sí mismas, pero El Consejero, ya no estaba...

-¿Saben Vds. donde se fue? Preguntó al dueño de aquella taberna donde una vez había cenado con él alumbrados por un velón y rodeados de toneles de vino peleón.

- Si claro señor…, ¿Cómo olvidar eso…?, dijo con una cara sombría en la que se había helado su sonriente rostro comercial: Su alma, seguro que debió irse al cielo, pero sus huesos…, están allá abajo, bajo unas piedras en una fosa común cerca del cementerio porque en cuanto ganaron la guerra los fascistas, vinieron con el clero resentido por los celos y los poderosos por la ayuda a los ignorantes campesinos y lo fusilaron en la plaza por comunista.

Mi abuelo, comprendió entonces que "El Consejero" no había errado una vez más en la decisión de quedarse en aquél lugar, es más, acertó de pleno, porque sin saberlo, había cumplido su misión, era un mártir de los nuevos tiempos, una especie de santo anónimo de los que su único milagro, era aconsejar a quién no sabe.

Fin

viernes, 14 de febrero de 2020

MARIELA Y EL ARROZ


No, no era la primera vez que un domingo veía a aquella niña así mientras el resto de las niñas del orfanato corría jugado con las palomas blancas, alimentándolas con el arroz que para ello les habían dado las monjas, para luego espantarlas con todo el griterío para que volaran como un torbellino por toda la plaza de la Virgen de los Desamparados, mientras Mariela permanecía sentada con su mejor y único vestido rosa con puntillas en un rincón de las gradas de piedra con aspecto triste y la cabeza baja mirando su puñadito de arroz al que daba vueltas con el índice de la otra mano mientras esperaba que el primer rayo de sol que saliera de detrás del campanario gótico del miguelete iluminara sus manos. 


Entretanto, numerosas parejas y feligreses de la Virgen caminaban observando a la chavalería desde la puerta de la basílica en cuyo altar, era venerada la imagen de la virgen con su bella corona radiada y un enorme manto enjoyado a cuyos pies mantenía envueltas y protegidas las dos pequeñas figuritas desnudas de los desamparados. 


Seria porque yo estaba mas sensible que otras veces o por que el resto de las niñas, mas calmadas, ya no necesitaban una vigilancia tan estrecha, pero me acerque a la niña, me senté a su lado y le pregunté: 

-¿Qué te pasa Mariela? , ¿Estás triste?, ¿Porque no juegas con tus compañeras con las palomas?.

Ella me miró a los ojos y con una voz entre melancólica y aburrida me respondió:

-¿Para qué tengo que jugar si no tengo ganas Don Pascual? Vd. y yo sabemos que estos juegos de domingo en la plaza solo son una excusa para que de lejos nos vean aquellas parejas que quieren adoptar a alguna de nosotras.

- Bueno, dije yo, es una forma de que os valoren naturales y alegres, por eso, debías salir a jugar con ellas.

Mariela entonces, apartó su mirada del arroz, me volvió a mirar a los ojos y con un tono de persona mayor que pareció raro en su vocecita de niña me dijo:

-Pero don Pascual, Vd. sabe que eso no pasa casi nunca porque con 6 u 8 años ya somos mayores para eso, ya es tarde para nosotras, si por los hombres fuera, nos adoptarían a todas, pero ellas...ellas quieren sentirse madres, necesitan un bebe al que puedan dar biberones, cambiar los pañales, preocuparse si no comen o tienen fiebre, quejarse de que no las dejan dormir o no paran de llorar, llevarlo cada mes al puericultor...etc., por que si no, no se sentirian madres de verdad y nosotras para ellas siempre seríamos como sobrinitas adoptadas por que sus padres hubieran fallecido.

Un doloroso golpe de angustia y dolor sintió Don Pascual en su pecho con la última frase de Mariela, y aunque quiso desechar el pensamiento casi al instante, no pudo evitar evocar la tragedia que se vivía en su casa desde que aquel tranvía amarillo y destartalado mató a su hija, que ahora tendría la edad de Mariela, cuando en un descuido se soltó de la mano de su madre.

Laura, la jovial esposa de Don Pascual, se vino abajo, jamás volvió a sonreír y la depresión crónica y culposa le hizo renunciar con horror a tener otro hijo por el pánico de que volviera a ocurrir.

Como las desgracias no vienen solas, en casa de Don Pascual llegaron dos unidas como las cerezas y a la muerte de su hija y los desvaíros de Laura, se sumó el cierre de colegio privado, donde Don Pascual enseñaba matemática avanzada, tema del que era una eminencia, porque en la posguerra nadie lo podía pagar. Los gastos en psiquiatras para Laura se hicieron astronómicos y se comieron los ahorros que tenían y con el puesto de profesor y vigilante que le ofrecieron las monjitas con su mejor voluntad, apenas les llegaba con mucho sacrificio para malcomer y pagar el alquiler.

!Ah! si él dispusiera de algún recurso se llevaría corriendo a su casa a aquella niña dulce inteligente y madura, pero la realidad es tozudamente dura y no podía permitírselo...

Mariela, como si tuviera un sexto sentido captó el abatimiento de aquel amable hombretón que se esforzaba por no llorar y le dijo a Don Pascual:

Mire, yo en vez de darle el arroz a las palomas lo revuelvo en mi manita y lo observo con el primer rayo de sol que lo ilumina, y me he dado cuenta de que aunque la mayoría de veces queda grisáceo, cuando la luz los deja blancos es que pronto algo bueno va a suceder; que sana alguna niña enferma...;que adoptan a una amiga...;que las monjitas reciben algún donativo...;etc. y esta vez estando Vd., aquí conmigo han salido más blancos y brillantes que nunca.

Nada repentino se movió en los días siguientes...pero algo se debía estar gestando cuando de repente llamaron a Don Pascual de la Universidad para ocupar una plaza de profesor adjunto de nueva creación acompañada de un magnifico salario.

Mariela se puso algo triste cuando Don Pascual al que le había tomado cariño dejó de ir por el colegio varias semanas y pensó que no lo volvería a ver, pero pasado algún tiempo, un día la llamaron del despacho de dirección donde la madre directora la estaba esperando junto a una mujer morena y guapa pero seria y poco maquillada con un vestido verde oscuro que aumentaba su palidez.

- Mariela, dijo la madre directora, esta señora te quiere adoptar ¿qué te parece...?

- Bien Madre, dijo la niña con mirada cautelosa...pero... no debe haber un Papa también...?

- ! Claro que lo hay ! pequeña !faltaba más! ! Está fuera acabando de firmar los papeles!

Cuando el hombre tras llamar a la puerta del despacho entró y Mariela lo vio, esbozó una sonrisa de oreja a oreja y de un salto de alegría se le abrazo al cuello y dijo:

-! Qué alegría Don Pascual! ! Creía que no lo iba a ver nunca más...! ve Vd. ! El arroz nos salió blanco !

No alargaré esta historia contándoos como Mariela llevó con su simpatía y dulzura la alegría a aquel hogar ni con que dedicación y cariño la trataban, le compraban chucherías , la llevaban al parque y le compraban muñecas.

A Laura se le fueron olvidando las manías y se pasaba el día sonriendo besándola y abrazándola y Don Pascual que había recuperado su orgullo y autoestima estaba mas guapo que nunca...

Mariela no se sentía feliz por todo lo que le compraban ni por el cariño que recibía, ella se sentía feliz de ver la felicidad de ellos y aunque no entendía lo que pasaba, se sentía alegre cuando los domingos le compraban un cuento y mientras ella lo leía en el comedor Laura y Pascual se encerraban un rato en su cuarto para hacer suspiros, grititos, y poner a traquetear la cama, para salir luego sonrientes y rojos como un tomate.

Un domingo de los "de cuento", a Mariela se le ocurrió mirar el arroz con los primeros rayos de sol y volvió a salir blanco en su manita. pero se quedó algo confusa ¿Mas felicidad? ¿ Para qué?....

Lo supo al cabo del tiempo....Laura y Pascual habían encargado un bebe...y además de la felicidad durante el embarazo, una corriente de esperanza corrió por toda la casa como un rio de esmeraldas..

A los pocos días de nacer Luna, una niña blanca y preciosa como una nubecita, Laura y pascual decidieron que el bautizo de Luna y la comunión de manuela se celebraran el mismo día, el segundo domingo de mayo, fiesta de Virgen de los Desamparados.

Para la ocasión le compraron a Mariela un vestido de primera comunión precioso y vaporoso en el que parecía una mosca caída en un vaso de leche, unos zapatos de charol negros, un pequeño misal con tapas de marfil, un rosario de perlitas nacaradas y una diadema de azucenas.

Esa misma mañana, la de la ceremonia, el arroz de su manita no solo estaba brillante sino que refulgía como granitos de plata pulida con los primeros rayos del sol y efectivamente, fue un día tan maravilloso y festivo como Mariela no había visto jamás y volvieron agotados a casa acompañados de don Martín para obsequiarle por su esfuerzo ya que aquel cura de noventa y cuatro años cuya cara parecía una pasa y su cuerpo menudo una interrogación, había celebrado ambas ceremonias.

Mientras lo obsequiaban con vino dulce y pastas y jugaban con el bebe. Mariela se notó rara y cansada se metió en su habitación.

Mas tarde, cuando Laura la echó de menos, fue a verla a su habitación y volvió llorando y ahogando un grito..

-!Pascual...! !Mariela no está! !la han raptado y se han ido por la ventana!

- Tranquila, iba diciendo Pascual mientras acudía..la ventana da a un barranco de cincuenta metros de hondo...se habrá escondido por una broma....

Pero no, Mariela no estaba...sobre la cama solo estaba el blanco y vaporoso vestido, sobre la almohada la diadema de azucenas, entre las manguitas cruzadas el misal y el rosario y donde debían estar los pies, estaban los zapatitos y los calcetines calados pulcramente dispuestos. Pero al tocar la cama, estaba toda mojada con un intenso olor a agua de azar.

Cuando el cura acudió a la habitación en vista del desconcierto de los padres y vio lo que había dijo:

No os preocupéis, no os la han robado ni secuestrado, simplemente se ha diluido y vuelto a su origen.

-¿Diluido? ¿Origen?

-Mirad, siempre lo sospeché al verla, Mariela era un copo de la Virgen de los desamparados que como si fuera un copo de nieve reparte entre los indefensos y desgraciados para aliviar un sufrimiento injusto e inmerecido, en mi vida he visto varios casos y como si fuera nieve, cuando acaban su misión de diluyen.

-No, no vais a sufrir, tranquilos, simplemente continuareis con la felicidad que Mariela os proporcionó con su presencia y Mariela ya estará en otra misión y vuestro corazón mañana ya la habrá olvidado..

.
Fue entonces cuando vieron que sobre el alféizar de la ventana, Mariela les había dejado un puñadito muy blanco 
de arroz......

fin

viernes, 24 de enero de 2020

LA VENUS DE LA PAMELA BLANCA


-Mire Vd. Don Basilio, aunque ya hace cuarenta años de aquello y veinte desde que el maestro murió y tuvimos que cerrar el estudio y el taller, jamás olvidare aquel extraño día.

Cuando entré al taller y le di los buenos días, el maestro estaba de pie junto a la soleada ventana vestido con su bata manchada de pinturas de mil colores, muy serio y con la cabeza baja ensimismado mirando a los adoquines del callejón mientras que de sus desmayados brazos, colgaban un bote de pintura blanca de la peor calidad y un grueso pincel desmochado de los de preparar lienzos.

Las sombras que el sol mañanero dibujaba en su rostro permitían ver el torrente de lágrimas y que resbalaban en silencio por sus marcados rasgos de cuarentón como las gotas de cera de un cirio pascual me dieron la impresión de un asesino arrepentido que acaba de matar a lo que más amaba y que con ello su vida también había terminado.

Con una voz apenas audible me dijo sin dejar de mirar a la calle

- Luis, por favor no me hagas preguntas y llévate ese cuadro, envuélvelo bien y escóndelo en el fondo del almacén donde nadie, ni yo siquiera, lo pueda encontrar.

Fue entonces cuando encima de un caballete sobre un suelo manchado de goterones pintura blanca vi aquel cuadro de espaldas a mí.

Cuando dando un rodeo di la vuelta para verlo, me quedé helado, aquel no era ningún cuadro histórico o representativo de los que pintábamos habitualmente después de la guerra civil en el taller para decorar salones oficiales y capillas o palacetes para mayor gloria del arzobispado y del régimen fascista. Aquel cuadro era el primer cuadro "personal" que yo le había visto al maestro: Era el desnudo de una muchacha con una Pamela blanca, pero de estilo moderno alejado del tipo de pintura anticuada del maestro y a pesar de los gruesos y descuidados trazos de pintura blanca con que el maestro había cubierto toscamente las partes mas púdicas y sensuales intentando, aunque sin conseguirlo, borrar su hermosura, la imagen irradiaba tal belleza y magnetismo que me llevó, después de quitarlo de la vista del maestro, a contemplarlo en secreto durante muchas horas mientras se acababa de secar.

Sin embargo, antes de llevármelo al almacén no pude menos que decirle con cierta ingenuidad:- !Pero maestro, esos obscenos manchones blancos sobre una maravilla así son una abominación impropia de Vd. ..!

-Mire Luis, me respondió el maestro: !No quiero que nadie la vea como yo la vi, ni sepa la pasión con que la amé! y es más, a partir de ahora olvidaremos este secreto y jamás mientras yo viva, ni conmigo ni con nadie, se volverá hablar de ello

Tras aquello y hasta el día de su muerte el maestro nunca volvió a mirar mujer alguna.

Aquella imagen era una genialidad. en la parte superior su rostro, su cabello dorado ceniciento, sus ojos castamente cerrados, e incluso la pureza blanca de la pamela, eran la de un ángel hermoso y tímido que con un amor infinito que rebasaba su pureza y vencía por amor su pudor mostrando como un tesoro secreto en la parte inferior, no sin turbación ni el menor deseo de seducir, un cuerpo tentador y voluptuoso capaz de llevar a cualquier hombre de cabeza al infierno con una sola mirada.

La Venus de la Pamela blanca ,como yo la bauticé, era un cuadro impropio de él. El maestro era un hombre religioso solitario y a la antigua, una especie de estoico que apenas salía de la casa. Habitaba un caserón de antiguo dos plantas del Madrid antiguo de la época de los Austrias que hacía esquina rodeado de una pronunciada bajada adoquinada. Arriba del taller donde trabajábamos, en la planta superior, vivía con su hermana solterona beata y medio monja que lo cuidaba y atendía y el sótano, enorme, se prolongaba en la bajada por la parte posterior haciendo el papel de almacén donde por sus buenas condiciones guardábamos las obras que no se habían vendido ya y sus cuadros de juventud.

Alguna vez le pregunté por qué no pintaba algo personal a la moda del siglo veinte cubista, fovista o por lo menos discretamente impresionista para hacer una exposición que con su talento y reputación nos hubiera proporcionado fama y gloria además de buenos beneficios. Pero el maestro se negaba a ello aduciendo que él solo era un artesano de la pintura, que se había autoformado pintando y aprendiendo durante largos años en el museo del prado y su talento, bebía de las mejores fuentes de la pintura como Velázquez, Ticiano, Goya, El Epañoleto o Juan de Juanes o Caravaggio, hasta dominar sus técnicas, colores, perspectivas, y pigmentos, que fabricábamos nosotros mismos, y que su única pasión era pintar como ellos y que la fama y el simplicísmo de lo moderno e incluso el dinero que le prometían los marchantes, no le interesaban en absoluto porque su verdadera pasión era pintar a su estilo sin parar sintiendo en cada pincelada o veladura un golpe de felicidad y autoestima.

­-Don Basilio, La Venus de la Pamela blanca es el último cuadro que nos queda, y la soledad y el desamparo en los que nos dejó el maestro cuando de repente y pincel en mano se lo llevó Dios, nos llevó poco a poco a su hermana y a mí a amancebarnos y vivir juntos para sobrellevar nuestros otoños. En el taller, pusimos una tienda de enmarcación y marquetería que junto con la venta de los cuadros que dejó nos ha permitido ir viviendo hasta ahora, pero todo se acaba y con verdadero pesar, necesitamos vender este cuadro.

La verdad es que no sabemos quién era ella ni el secreto de su amor, pero por la fecha en que el maestro emborronó el cuadro debió morir en plena juventud entre los horrores de la guerra civil, pero yo le digo que el maestro en ese cuadro consiguió que parte del alma de esa muchacha enamorada  quedara entre nosotros de manera inmortal...

Cuando desembalé el cuadro y Don Basilio aun con la luz mortecina del almacén pudo verlo, se quedó paralizado mirándolo casi una hora, y sin preguntar el precio, que por supuesto era suficientemente exorbitante para que nosotros nunca jamás pasáramos apuros, dijo:

-Me lo quedo, llévenlo a mi casa y pásenme la factura que por supuesto pagó sin rechistar y con cara de satisfacción.

De la historia de Don Basilio no me pude enterar hasta su temprana muerte pocos años después, porque inmensamente rico por sus negocios, 
vivía en su palacete rodeado de medidas de seguridad, guardaespaldas, y un ejército de servidumbre que tenía bien pagados y que habían firmado unos draconianos contratos de confidencialidad que afortunadamente finalizaban con su muerte. 

Don Basilio que al parecer había sido un vividor infatigable presente en todas las revistas del corazón por sus fiestas en su yate, por su colección de deportivos y por el rosario de amantes entre los que se encontraban actrices y modelos, de un día para otro, se retiró de la vida pública, y como el maestro, se recluyó en su casa donde había hecho restaurar La Venus de la Pamela blanca hasta dejarla en todo su esplendor como el maestro la pintó.

Luego, la colgó en el cabezal de su dormitorio y se pasaba el día mirándola, hablando con ella y diciéndole que después de conocerla ya no le atraían el resto de las mujeres, ni las fiestas, ni alejarse de ella, e incluso se dice que algunas noches hacía imaginariamente el amor con ella como traslucían las manchas que dejaba en sus sabanas de seda.

Al parecer, Don Basilio pasó así sus últimos años...pero cuando su corazón se debilitó y sintió el aliento de la parca en su cogote, llamó al notario para testar y a falta de hijos, dejó a sus sobrinos toda su fortuna excepto La Venus de la Pamela Blanca que donó al museo de bellas artes con la condición de que, para que todo el mundo se embelesara con su belleza, fuera promocionada y colocada en un lugar principal .

El notario le preguntó puntualizando:

- Entonces, ¿El nombre que en la obra debe figurar será La Venus de la Palmera Blanca?

Él le respondió:

!!No!! !!No!! el nombre de la obra será: !! La viuda de don Basilio!!