jueves, 16 de noviembre de 2017

BUCLES

! Joder! ! Vaya ostia! ! No había visto nada igual!, ! De esta no sale!.
Cuando se produjo el terrible accidente, los comentarios entre los espectadores se habían sucedido tras el grito unánime de horror en la voz de doscientas mil personas.

Ahora, el público de las gradas de aquel circuito, observaba sobrecogido como las ambulancias se dirigían aullando hasta el cuerpo inmóvil de "Halley" y cómo el helicóptero amarillo de urgencias medicas intentaba aterrizar en su proximidad elevando una nube de polvo sobre el gentío.

Cuando intentaron reanimarle, todo el sinuoso circuito plagado de curvas, se cubrió de un silencio expectante. Vacío y con la carrera suspendida, parecía una serpiente gris muerta y desmadejada sobre la yerba verde esmeralda mientras todos los ojos


se dirigían al montón de monos blancos y cruces rojas que, salvo las botas, cubría a "Halley" hasta la invisibilidad. 

Hasta que los médicos se apartaron jadeantes dejando al descubierto el cuerpo del piloto con la cara tapada por un paño y miraron tristes al suelo oscilando la cabeza de frustraciónno se oyó  ni el vuelo de una mosca en las gradas

Minutos antes, con las vertiginosas vueltas, el estruendo de los motores, el rugido los espectadores, el fugaz pero colorido espectáculo de las motos pasando como centellas y la primera posición de Halley cuando alcanzó la cabecera de la carrera, se había desencadenado sorprendentemente en Héctor un orgullo y una emoción que no había sentido nunca por nada.

Como si algo se hubiera liberado en su interior, Héctor pensó que por fin después de tanto tiempo, gracias al maravilloso bucle que del destino había esperado, ahora sabía lo que era el amor que por un hijo se podía sentir y una oleada de euforia y felicidad se había apoderado de todo su cuerpo haciéndolo llorar de emoción por primera vez en su vida…

Desgraciadamente, a Héctor la felicidad le duró poco.


Cuando después de los eternos minutos de angustiosa espera, entre las lágrimas vio en el marcador electrónico la triste noticia de la muerte de "Halley", supo que a su único hijo no le sobreviviría mucho.

En un macabro y sorprendente giro del destino, en uno de esos paradójicos arabescos de la vida de los que tanto había gustado Héctor, "Halley" se había matado estampándose contra la valla cuando iba en cabeza en la vuelta 76, justo el número de años que transcurrían entre cada elíptica visita a la tierra del cometa "Halley", en cuyo honor Héctor lo había bautizado veintitrés años antes.

Héctor no salió siquiera del estadio. Cargado de culpa escribió una pequeña nota para mí en un papel : " Amigo, ahora sé que los círculos, las sinuosas trayectorias curvas, y los elegantes bucles a las que mi inclinación siempre me ha sometido, se van cargado en su viaje de desgracia y amargura para traer a su vuelta el dolor y la muerte" Te ruego que en mi memoria, escribas el relato por mí…

Héctor coleccionaba literariamente bucles. El por qué lo hacía, hace años ya que me era indiferente, para rarezas, ya tengo bastante con las mías.

Pero debéis saber que Héctor jamás se inventaba las rizadas historias que escribía, siempre eran hechos reales que tras buscarlos como un sabueso e investigarlos como un policía, los coleccionaba como joyas y los contaba luego con gran maestría en el manejo de los efectos cómicos y dramáticos de modo que cautivaba al lector hasta la última letra.

Para él, la sociedad era como un inmenso mar de cristal y los  grandes o pequeños 
hechos, desgraciados como una catástrofe natural o felices como un premio de la lotería, caían en su superficie como si fueran meteoritos y luego sus consecuencias, se iban esparciendo por la humanidad como las ramas de un árbol hechas de filas de fichas dominó, de modo que, tras la acción inicial, cada ficha caía tirando a la siguiente hasta que se agotaban. 

De estas trayectorias racemosas y aleatorias con las que sin orden ni concierto se repartirían los efectos de nuestras acciones, las mas preciosas para él por su rareza, 
las que le gustaba contar y eran la base de sus obras literarias, eran las que como los rizos largos o graciosas formas en bucle o tirabuzón, de algún modo volvían a su origen afectando de un modo sorprendente al emisor.  

Cuando lo conocí en el instituto apenas éramos unos chavales y Héctor ya había desarrollado su extraña pasión curva y circular. Él siempre lo atribuyó al Circo, es decir, a la mezcla de miedo y emoción que produjo en su ánimo un salto mortal ejecutado por unos trapecistas tan pirados, que se atrevían a ejecutarlo sin red y que, a sus ocho años, 
la impresión que en él causó aquella trayectoria debió troquelar algún tipo de bucle o un remolino en lo más profundo de su encéfalo mientras miraba hacia arriba con la boca abierta.

Pero el no querer ver algo, no quiere decir que no exista y cuando, con el tiempo, nos enteramos Alberta, su mujer, y yo de que su padre de héctor había sido un joyero que se dedicaba a hacer anillos, pulseras y collares y que 
en el pueblo su abuelo, era el herrero que hacía los aros los toneles de vino, ya no dudamos nunca de que su obsesión por lo curvo, aunque él no lo reconociera, era genética y por tanto intratable y que como comentábamos entonces jocosamente, su familia podía remontarse al prehistórico inventor de la rueda.

Alberta, una periodista avispada que fue su única mujer, se prendó de Héctor 
desde que se conocieron en las clases de literatura y le rondó como un satélite hace con un planeta hasta que su hipnótica trayectoria consiguió generar amor en su distraído corazón . 

Pero… los círculos perfectos y armoniosos entre ambos solo fluyeron hasta que Alberta, que como periodista era en realidad una mujer directa y lineal que amaba las rectas, las ramificaciones abiertas y los ángulos que esconden a la vista las sorpresas del destino, se convenció definitivamente de lo de Héctor no era una originalidad genial, que Héctor jamás cambiaría y que  con él 
su vida estaba condenada a transcurrir monótona como los giros de una noria de hámster.

Alberta, para no herirle, había planeado alejarse de Héctor en una espiral de caracol de giros cada vez más y más amplios hasta que ambos, casi indoloramente, se fueran perdiendo de vista en lo que lo que Héctor hubiera denominado con su ironía habitual una "Fuga helicoidal",
pero sucedió que cuando " Halley" , el niño de ambos, se destetó y comenzó a dar sus primeros y torpes pasos, Alberta observó con inquietud en él una machacona tendencia a lo circular que le llevaba a despreciar muñecos y cuentos y pasarse horas jugando con un viejo salvavidas 
hinchable de playa  mientras se negaba a comer todo lo que no tuviera forma de Donut.

Impulsada por el horror de que la influencia de su padre llevara "Halley" a desarrollar su insana genética circular y convertirlo en otro extravagante pirado, la mujer, desapareció un día llevándose a la criatura de forma tan rápida y repentina, que la cosa se asemejó mucho a un secuestro.

Durante veinte años Héctor no supo nada de ellos. Su temperamento flemático y fatalista tampoco lo llevó a indagar demasiado y simplemente siguió con sus cerradas historias curvilíneas rodando sobre su propio eje tranquilo y convencido de que sin mover un solo dedo, por muchos tumbos y vericuetos por los que la vida llevara a la madre y a su hijo, un bucle inevitable del destino los acabaría trayendo tarde o temprano de nuevo a la puerta de su casa.

La muerte en Irak de Alberta que a la sazón era una afamada corresponsal de guerra fue un golpe duro para Héctor, no porque la amara, no, sino porque él esperaba que el gran bucle de su vida se completara y con aquella muerte, quedaba interrumpido.

Pero Héctor se equivocaba…el bucle de su destino seguía en su trayectoria . El salto mortal de trapecista no había acabado...Un "Halley" para él desconocido, se plantó un día ante su puerta con deseos de conocerle. El chico era todo un hombre y su genética circular a falta de literatura le había llevado por los redondos caminos de los circuitos deportivos.


Al parecer, primero fueron las carreras de atletismo en las pistas del colegio, pero luego, fueron campeonatos de motociclismo donde su innata percepción de las curvas lo hicieron destacar y ahora, que era ya un afamado piloto de motociclismo y uno de los más firmes candidatos a ganar el próximo campeonato mundial de la máxima cilindrada, su única ilusión era que a falta de su madre, fuera su padre el que lo viera triunfar en el circuito más importante del mundo.

Lo que luego supe amigos, es que Héctor, a pesar de lo que en su nota me había escrito
lleno de culpa renegando de todo lo curvo, no pudo evitar que su pasión le acompañara hasta el final. 

Según la instrucción del atestado, cuando el relojero cuidador del viejo e histórico reloj de la antigua torre del circuito que se había detenido mientras su campana sonaba dando vueltas sin parar y acudió presto a repararlo, encontró su mecanismo de gigantescos, dorados y redondos engranajes de bronce lleno de sangre y atascado por el cuello desgarrado de un inconsciente que voluntariamente había metido la cabeza entre sus dientes.

jueves, 9 de noviembre de 2017

LA NORIA EN EL CREPÚSCULO



La noria estaba triste. Tal vez no le ayudaba nada el borrascoso atardecer. Las masas nubosas habían venido del Oeste pasado el mediodía y ahora, se cernían pesadas y negras sobre sus cabinas amenazando con tenerla toda la noche azotada por los gruesos goterones de lluvia que helaban su metálica estructura de mecano. 

El caprichoso viento racheado del temporal oceánico pondría una vez mas a prueba durante la dilatada oscuridad de Noviembre sus largos radios que para resistir sin desplomarse, renunciarían sufrida y calladamente a su rígida naturaleza combándose solidaria e imperceptiblemente como mimbres domesticados.

Si…,una vez más la dejarían sola y oscura. Una vez más vería, algo envidiosa, a la luz de los focos bajos del parque el mosaico del resto de atracciones, que entoldadas, calientes y apiñadas se protegerían unas a otras como un multicolor rebaño de ovejas.

No. No debía pensar así…Se sentía culpable… ¿Qué pensarían de ella sus casi prehistóricas antecesoras si la oyeran…?. Ellas, cuyas maderas jamás habían emitido un crujido de queja en los siglos y siglos que habían rodado sin cesar sacando agua del Nilo o del Éufrates con la única compañía de un abúlico y silencioso buey dándole vueltas y vueltas con cara de aburrido.

Bueno…la verdad, pensó acallando un poco su conciencia, es que ellas por lo menos tenían la compañía del buey para aliviar su soledad.

! Sol ! .! Mucho Sol !. Ella necesitaba el Sol y la alegre sensación de calor que corría por sus hierros repintados cuando giraba allá arriba en las interminables tardes del estío escuchando el griterío de los niños y la música de carrusel mientras aspiraba el olor de caramelo del puesto de algodón dulce, que mezclado junto al de fritanga alejaban su soledad haciendo que se sintiera parte de un todo.

El primer embate de Eolo la estremeció. Si hubiera podido, se hubiera puesto femeninamente un chal como hacían las pasajeras elegantes cuando ella paraba de girar dejando sus góndolas en lo mas alto. ¿ Porqué no era varón?, ¿Porqué tenía que ser hembra?. Un varón hubiera gozado de su altiva estructura, de sentir su posición de dominio mirando desde arriba al resto, de gozar internamente de su fuerza y resistencia y competir con los otros artilugios compañeros a ver quién tenía el giro mas amplio.

Si…, la Noria debería haber sido masculina... Hubiera sido más adecuado... Lo hubiera llevado mejor. A ellos, no les gusta compartir sus sentimientos y no necesitan tanto esas compañías y relaciones con las que las hembras podemos reír, llorar y sobre todo ,quejarnos y que nos escuchen.

!Si por lo menos esto no fuera tan monótono…!. Si por lo menos pudiera cambiar un poco mi trayectoria como hace la Montaña Rusa y abandonar, aunque solo fuera un segundo, esta circunferencia maldita y rutinaria para realizar alguna exótica curva o una bella y sorpresiva caída … Si por lo menos cuando girara sin parar me acompañara la música del carillón y pudiera moverme como lo hace el Tiovivo bailando con el carrusel, el pulpo y el látigo como Derviches en una sincrónica coreografía de engranaje…

Hoy estaba agotada. Si…, debía ser eso…Otros días lo llevaba mejor, pero el día había sido muy duro y al medio día ya tenía los ejes reventados y el motor sobrecalentado.

No, No es bueno pensar demasiado cuando uno está cansado. No es bueno pensar en las dificultades cuando uno se siente débil para afrontarlas. Mañana Sábado, seguro que se sentiría mejor, no estaría tan melancólica y olvidaría los zarandeos, patadas y gritos agudos de esa legión de incansables diablos que recién desayunados y sobrantes de energía eran abandonados a su suerte todos los viernes por la mañana en la puerta del parque de atracciones por una legión de autobuses de colegio con el fin de ofrecer un poco de alivio a las agotadas y martirizadas aulas.

Cuando la noria ya iba notando que la grasa de sus ejes había comenzado a licuarse para formar negras lágrimas de la tristeza.., algo…, tal vez del zig-zag de la estela cegadora de un rayo cayendo en el mar, orientó la brújula de su pensamiento extraviado sacándolo de las brumas y mostrándole su destino.

¿Que tenía ella que no tuvieran los demás ?. ¿Porqué seguía en pie a pesar de su primitivo y anticuado fundamento?. ¿Por qué seguían las gentes visitándola generación tras generación ?.

De repente y como si despertara de un mal sueño, una corriente de orgullo la recorrió por los eléctricos cables en los que se arrosariaban sus cientos de bombillas…Su misión…, el destino que la distinguía y la hacía singular era poder llevar al hombre a ver el mundo volando como un pájaro.

Pero sobretodo…, lo que secretamente a ella le hacía más feliz y distinta era su complicidad en la calidez de los besos…, de los abrazos… y de las ternuras con que las parejas enamoradas arrullándose en sus góndolas encontraban intimidad que necesita el amor…

Si, pensó animada…!Eso valía por todo lo demas…!

FIN



jueves, 2 de noviembre de 2017

UNA DE FANTASMAS

Se oyó un terrible grito…, bueno, en realidad fue un horrible alarido seguido de varios más hasta que un llanto nervioso e histérico fue substituyendo a los aullidos.

No…, no era de noche, ni era una casa lóbrega y antigua, tampoco había neblina, ni los cipreses se recortaban tenebrosos en el cielo, ni ululaba un puto búho… Era de día y el sol entraba radiante al mediodía por todo el enorme y moderno rascacielos acristalado iluminando todas las oficinas cuyos aires acondicionados ronroneaban a máxima potencia para paliar el calor del efecto invernadero en aquellas estancias.


Cuando los demás llegaron en tropel hasta ella, Doña Gertrudis, la secretaria de dirección y una de las personas más temidas de aquél edificio, estaba desmayada, sudorosa 
y pálida,  caída boca arriba entre el inodoro y la mampara lateral de uno de los cuatro pequeños cubículos en que estaba dividido el baño de señoras de la oficina de la planta 23. Las bragas arrugadas en el tobillo izquierdo y la falda desordenadamente subida hasta el ombligo, permitía ver la negrura de su sexo entre las piernas desmañadamente abiertas.

El primero en llegar fue un hombre, que para no mirar, se apartó pudorosamente sorprendido permitiendo así que sus compañeras de oficina la atendieran y la reanimaran.

-! Ese cabrón quería arrancarme el coño ! !Os lo juro! ! No quería tocármelo no.., quería extirpármelo !, !Dejarme si él... !.

Las compañeras, mientras la tranquilizaban comenzaron a mirase disimuladamente entre sí con extrañeza y complicidad.! Allí no había nadie !, en aquellos cubículos solo cabía una persona e incluso una compañera que acababa poco antes de salir del tocador dijo que no había visto nada raro.

- ! Os lo juro!, !Tenéis que creerme!. Estaba sentada y ya había comenzado a orinar, cuando noté algo como una mano que viniendo de de atrás se deslizaba por mis nalgas, mi ano y mi vagina y me agarró todo el chocho como una garra abierta y luego lo estrujó como un higo dejándome sin habla de dolor y cortándome la meada.

Cuando la lograron levantar a la mujer con una crisis de ansiedad para llevarla a la enfermería de la empresa con el fin que le administraran algún sedante, vieron que en el cubículo solo habían quedado algunos pelos rizados de origen evidente descansando bajo el agua amarillenta en el fondo del inodoro.

La cosa quedó ahí, bueno no… No quedó igual, porque la dura dominación de "La Sargento Gertrudis" que tenía puteado a todo el edificio mostrando la más estricta intransigencia y falta de empatía con todo Cristo, se vio relajada por el ridículo público, las burlas, los cuchicheos y las risas a sus espaldas con la consecuente pérdida de autoridad moral de la susodicha, cuando se enteró por el desliz de un interfono, de que ahora la llamaban "Chochoroto".

Pero la hilaridad general "Por lo bajini", no hizo mas que aumentar exponencialmente, cuando semanas después y delante de tres testigos, a "Chochoroto" en pleno ascensor unas invisibles fauces babosas le mamaron de modo virtual los pechos y succionaron sus pezones mientras algo le magreaba a la vez el culo y resbalando por la pared de cristal tuvo un extraño orgasmo que la dejó sentada en el suelo con los pelos revueltos y los ojos en blanco.

Días después, una presencia le arrebató de las manos a una, ya trastornada Doña Gertrudis, más de doscientos folios de facturación y los hizo volar durante cinco minutos por toda la oficina cómo pequeñas alfombras de Aladino.

Por último y lo que la llevó al retiro por incapacidad mental con el cerebro derretido por el delirio y un ataque histérico de asco, fue la sensación de que bajo su mano, el ratón del ordenador se había convertido de repente y en plena reunión de la directiva, en una peluda y enorme rata sarnosa cuya cola rosada y áspera se perdía tras el monitor.

Cuando todos pensaban que "con la loca se había marchado la locura", coincidiendo siempre con el intenso resplandor del mediodía, aparecieron nuevos y misteriosos fenómenos sin explicación alguna que fueron acojonando a todo el personal de tal modo, que sobre los escritorios, ordenadores y discos duros, comenzaron a aparecer objetos como estampas de la virgen, cuernos de cabra, cruces de plata, amuletos indios , misales nacarados de comunión, ristras de ajo etz, porque inexplicable a la muerte a de Don Obdulio al que encontraron con el cráneo estampado contra el cristal de la fotocopiadora rodeado de una neblina azufrada mientras la dichosa máquina en modo automático iba esparciendo por el suelo con su siniestro y monótono "rirac" más de quinientas copias de sus sesos desparramados, se fueron sumando otros mas sangrientos todavía como el de Don Martín a quién la puerta del ascensor lo cizalló en dos dejando cada una de sus mitades solo unidas por las cuerdas que formaron sus hediondas tripas, a una distancia de dos pisos una de otra, o lo de Don Agustín, el tesorero, un hombre con obesidad mórbida al le ardió toda la grasa de su cuerpo como si fuera gasolina cuando al encender un enorme habano en el lujoso vestíbulo del edificio, le prendió casi espontáneamente su enorme papada porcina dejando su voluminoso cuerpo en un decepcionante espantapájaros requemado y humeante.

A estos horrores, se fueron sucediendo otros desastres que fueron acabando uno a uno con todos los miembros de aquel consejo de administración tan permisivo y tolerante con las maniobras del hijo de puta, es decir, del presidente de aquel banco.

"El Diosecito", qué dirigía aquella maligna máquina de joder al prójimo encerrado en la torre de marfil del último piso del edificio donde sus acristalamientos y panorámicos ventanales le permitían sentir, cuando miraba hacia abajo, una cuasi-sexual sensación de dominio sobre la ciudad, era de todo menos tonto y aunque no creía en fantasmas vengativos ni presencias espectrales, aquel capullo si veía claro que iban a por él y habían comenzado por aislarle eliminando antes la base de la pirámide de la que él y solo él, era el pináculo de oro.

Había heredado la mayoría accionarial del banco de su padre, un honrado banquero que había levantado aquello con gran esfuerzo, buenas prácticas y una flexibilidad cristiana con sus deudores, para acabar dejárselo al psicópata malcriado de su hijo.

Paradójicamente, " El Diosecito" lo convirtió en un gran imperio financiero mediante los procedimientos bancarios mas duros, despiadados, crueles, hijos de puta e incluso ilegales que su avaricia usaba sin remordimiento alguno, dejando a su paso una estela de quiebras, suicidios, ruinas y llantos, que lejos de remorderle en la conciencia y puesto que carecía de ella, alimentaban la autoestima de su insaciable ego.

Así, que tantos eran los que tenían motivo para odiarle y desear su muerte, que al " El Diosecito", le resultaba imposible hacerse una idea de cuál de todos sus enemigos lo estaba cercando y no sabiendo por donde le venían los tiros, optó por protegerse atrincherándose a cal y canto, guardado por una fuerte seguridad, en su torre de marfil hasta que pasara el temporal, para mientras estudiar los dosieres de sus mas importantes cabronadas financieras por si algo le podría señalar el culpable del acoso.

!Vana labor…!. Él ignoraba que las almas fantasmales que se agarran a la tierra con las raíces del odio para no marcharse y vagar sin descanso en busca de venganza, no suelen ser aquellas a las que han hundido hasta el suicidio la caída de sus grandes negocios y su ego, sino las que mueren silenciosas de pena de ver el sufrimiento de los suyos como la de aquel pobre anciano jubilado, cuando un injusto desahucio dejó sin techo a su mujer enferma para que el frío la rematara.

!Si!, aquel capullo ignoraba la fuerza maligna y destructora que puede tener el alma cabreada de un viejo.

No, de nada le sirvieron las paredes, ni los guardianes.

A las doce del mediodía de un día radiante, justo en el quinto aniversario de la muerte de aquella vieja, el presidente desapareció para siempre.

Alguien en el edificio comentó de pasada que le había parecido que algo caía gritando. Tal vez si hubiera caído mas despacio, ese alguien hubiera visto la cara de horror y los desorbitados ojos del " El Diosecito" mientras su cuerpo caía agarrado y envuelto por una arrugada presencia espectral.

Misteriosamente, nadie encontró cuerpo alguno. No se estrelló contra el asfalto. La cicatriz de la grieta en la tierra que se lo tragó, aun vivo, hasta lo mas hondo, eterno y cruel del averno, se cerró después de engullirlo como si nunca se hubiera abierto.

¿Sabéis…? Ese mismo día, el impresionante edificio del banco tembló como si lo sacudiera un pequeño seísmo. Los empleados no se extrañaron, como ellos mismos..., ! Aquella mole se había estremecido de alivio...!.


jueves, 26 de octubre de 2017

CADUCIFOLIA EMOCIONAL

Os juro que no solo pensaba en mi prestigio cuando presenté el caso en el congreso internacional de Psiquiatría que se celebraba en Milán. De sobra sé que con los años y mis acertadas observaciones me he ganado en la profesión la mejor reputación.

Este caso me fascinaba no solo por su rareza, ya que era la primera vez que me había topado con alguien así, me interesaba especialmente por si alguno de mis colegas allí presentes, que provenían de todas las razas y continentes, podían haber reconocido aquella curiosa anomalía en alguno de sus pacientes y conseguía así alguna semejanza o algún factor común que me diera una pista de su origen y tratamiento .

No soy una persona humilde la verdad, no tiene sentido que lo oculte y después de tanto esfuerzo, me gustaría pasar a la historia asociando mi nombre a un Síndrome o a una enfermedad cómo les ocurrió a los Doctores Parkinson, Alzheimer, Down etc. pues el prestigio actual, pasa a ser olvido al mes de la jubilación. "O quam cito transit gloria mundi" es decir como dijo Tomáss de Kempi  ! Cuán rápido pasa la gloria de este mundo!.

No os podríais imaginar cuanto más tranquila y dulce sería mi muerte si lograra dejar mi nombre durante décadas o siglos en los labios de los demás....

-! Es un caso claro de síndrome de Buenaleche (mi apellido, claro)

Podría decir el psiquiatra a los familiares o… tal vez entre colegas

- Dr. López, no se equivoque, su paciente lo que tiene es un "Buenaleche " de libro..

Pero decepcionado, me tuve que volver a España de vacío, !Adiós a mi nombre en la historia!, porque allí en el congreso de Milán, nadie había visto jamás un caso semejante y el tema se me iba a quedar al final como una rareza o una anécdota médica más perdida entre las páginas amarillentas de una publicación científica.

Manolo,! Que nombre tan vulgar para una dolencia tan complicada !, acudió 
angustiado, desesperado a mi consulta a principios de un otoño con un miedo terrible a perder una vez más el amor que había encontrado a principios del verano en una bella y fascinante mujer que además de inteligente y sensible y adornada de las mejores cualidades estaba rendida por sus huesos.

- ¿Pero si ella lo ama a Vd. dónde está el problema Manolo ? Le lancé a bocajarro pensando que era un Neurótico inseguro.

- Doctor, viene el invierno y sé que con él la voy a perder como a las otras, como a mis amigos y como todo aquello que amo y me importa. 
De verdad Doctor, no puedo resignarme a que alguien como yo tan emotivo cariñoso y romántico esté condenado a la soledad de por vida.

El caso es, que Manolo se comportaba emocionalmente como un árbol caducifolio. 


Año tras año durante los últimos meses de la primavera, todos los sentimientos de la vida afectiva de un hombre como la alegría , la vitalidad y las ganas de vivir nacían y se desarrollaban en su corazón como los brotes verdes de una higuera hasta producir grandes y verdes hojas que dan una fresca sombra bajo su copa

Llegado el verano, cual si de flores y frutos se tratase, brotaban en él el amor , el deseo, la amistad , la empatía y todo ese tipo de de emociones que le llevan a uno a la felicidad plena que lograba mantener hasta octubre gracias a que, al igual que las hojas de los árboles que antes de caer se tornan fascinantemente cobrizas, violetas, amarillentas y doradas, su sentimientos se iban tornando dulcemente tristes , nostálgicos y melancólicos con un romanticismo que encandilaba todavía más a las mujeres.

Tristemente, el Invierno era terrible para Manolo. Al igual que los arboles entran en reposo biológico y quedan desnudos y secos con las ramas tenebrosamente desnudas , el alma de aquel hombre se le secaba, dejaba de sentir y parecía ignorar fríamente todo lo que había gozado, dejaba de amar y la indiferencia y la apatía se apropiaban de su corazón.

No, Manolo no sufría ni sentía durante el duro y largo inverno, ni siquiera le afectaba en su vida laboral que mantenía en su rutina, pero al llegar los primeros fríos, olvidaba inesperadamente y sin explicación alguna llamar a sus amores o amigos sumiéndoles con esto en tremendos desengaños y dolorosas decepciones y sin sentir siquiera el menor sentimiento de culpa, permitía que todos ellos, resentidos y decepcionados, huyeran y se alejaran de él para siempre.

Sin embargo últimamente, con los primeros impulsos primaverales Manolo iba sintiendo el vacío de su infructuosa existencia, el fracaso de sus amores, la pérdida de seres valiosos que hubiera deseado como pareja de por vida y el anhelo de poder perpetuarse en un hijo hacía que ahora, con los sucesivos fracasos, los fuertes sentimientos vitales de su corazón se tornaran negativos y salvo el último año, venía evitando en los estíos a la gente para no dañarla y no dañarse.

Os juro que con Manolo probé todo mi arsenal terapéutico: psicoterapia…psicoanálisis…medicación agresiva e incluso experimental…solo me faltó el electroshock, pero no conseguí sacarlo de su estado invernal ni por un minuto y por supuesto, perdió a la mujer de la que se había enamorado.

Siento deciros que con Manolo, poco pude hacer salvo ponerle un bello y poético nombre a su problema : Caducifolia emocional.

- Entonces Dr. Buenaleche, ¿ Quiere decir Vd. que no lo pudo curar y Manolo sigue desgraciado con su problema ?

Pues mire amigo, bajo la más estricta confidencialidad para no dañar la fe que los pacientes tienen puesta en mí, le diré que no lo pude curar. 


Sin embargo el problema de manolo se resolvió de una forma tan sencilla que cuando me enteré, se me puso una cara de gilipolla que me duró tres semanas.

- Cuénteme Dr. que ardo ya de curiosidad.

Pues mire, el problema de Manolo lo resolvió Emilia-María, mi secretaria por entonces.

Emilia-María era una mujer Ecuatoriana alegre, pizpireta y graciosa de la que luego me enteré que saltándose las normas éticas, su curiosidad le llevaba a cotillear en mis historiales clínicos y a la susodicha 
Emilia-María le había entrado por el ojito aquel hombre y aprovechando el verano lo engatusó y se casó con él…

-¿Y… Doctor ?

- Veo que como yo, Vd., tampoco se entera de la fiesta …

Pues que Emilia-María se lo llevó a su país ,El Ecuador, que está situado en medio de la tierra y donde el día es igual que la noche, su clima es tropical y no existen nuestras estaciones… y allí, viven felices y supongo que comen perdices o guacamayos o cualquier pajarraco de los que por allí pululan. !! Hay que joderse lo listas que son las mujeres !!.

-Pues sí doctor… Hay que joderse...

FIN

viernes, 20 de octubre de 2017

PEPITA "LA CORTA"

Cuando las chicas nuevas llegaban a la casa de Doña Elvira, una elegante y sofisticada casa de putas situada junto al congreso de los diputados en el centro de la ciudad, no entendían como " La Corta" , aquel ser diminuto, una grotesca enana pintarrajeada que apenas alcanzaba la pila del lavabo, tenía una autentica cola de clientes distinguidos esperando sus servicios mientras las chicas más bellas y deseables, fumaban desocupadas y aburridas.


Por entonces..., es decir por aquellos tiempos…, no estaba mal mirado que catedráticos, doctores y ministros se saludaran en aquellos lugares e incluso que políticos de partidos opuestos pactaran leyes mientras esperaban su turno. Ayudaba a esto la visión negativa de la sexualidad por parte sus encopetadas esposas que, conformes con su papel, eran ellas las orgullosas depositarias de la "honra " de las familias .

Eran otros tiempos…si,bueno… quizás no haga tanto… pero nuestra infancia, lo que vivimos y lo que aprendimos en ella, nos parece ahora a veces tan remoto como el imperio romano porque la velocidad de la transformación de la sociedad actual es tal, que en varias décadas la humanidad ha experimentado más cambios que en diez siglos y ahora, para poder adaptarnos los hombres y me refiero a los varones, hemos tenido además que "desaprender" aquello que se nos enseñó.

! No!... ! Yo no me quejo…!, me enseñaron a no ser quejica y no veo motivo para "desaprenderlo" ahora. Tampoco hago juicios de valor, las cosas son como son y punto, solo que me limito a hacer una observación: La Testosterona, la hormona que rige nuestros instintos masculinos y con la que se nos dotó hace millones de años para que la fuerza física y la agresividad nos permitiera 
en un ambiente difícil y adverso alimentar y defender a la prole, en apenas un siglo, no solo se nos ha quedado inútil salvo para la procreación, sino que comienza a ser un lastre para nosotros. Todo lo "masculino" comienza a ser peyorativo y todos los hombres en cuanto nos llega la pubertad y nos sale barba, vamos siendo sospechosos de llevar un enemigo "machista" dentro.

Tal vez las mujeres entendieran mejor lo que es perder el papel ancestral en unos pocos años, si una nueva tecnología permitiera a la humanidad gestar parir y criar sin su concurso.

Pero bueno…, volvamos a la historia de Pepita que, escribiendo escribiendo… me voy " Por los cerros de Úbeda" y luego me toca acortar para no hacer un aburrido acuatexto tipo " Ladrillo".

A ver…, no es que pepita "la Corta" fuera un adefesio, ella era una acondroplasica. La acondroplasia es un enanismo, una anomalía que acorta piernas y brazos sin afectar a la salud y que contrastando con un torso y una cabeza de tamaño normal les da a los pobres el cómico aspecto de un muñeco cabezón.

Pero No os equivoquéis... enanos de este tipo los hay feos y guapos y "La Corta" tenía unos ojos preciosos , unos pechos armoniosos y un culete respingón.


Su incomprensible éxito no fue por su físico...,! No!.. !No hay tanto morboso entre los hombres…! Su éxito se labró en su cabeza porque las desventajas hacen a los inteligentes astutos y avispados y cuando con quince años sus padres la metieron a servir de "Palanganera" en el burdel como la única salida para aquella muchacha, entre las risas que generaba su aspecto cuando caminaba por los pasillos llevando agua y toallas de habitación en habitación con simpatía y desparpajo, Pepita "La Corta", espiando a través del agujerito secreto que siempre había para los mirones en cada habitación, fue aprendiendo de las meretrices expertas y reputadas las técnicas sexuales más sofisticadas y secretas guardadas con recelo por sus propietarias que, como hacen los magos, jamás desvelaban sus trucos.

Como siempre ocurre, la Diosa Fortuna solo ayuda a los preparados y "la Corta" lo estaba cuando la epidemia de gripe puso fuera de combate a casi toda la "plantilla" de Doña Elvira y Don Julián, un acaudalado viudo algo achispado, tuvo el honor de "Estrenarla". Pepita, aprovechó bien su oportunidad y luego la cosa fue sencilla y el "boca a boca" o mejor "el boca susurrante al oido" hizo el resto.

No tardó mucho tiempo en ganar lo suficiente para montar negocio propio. Pepita tenía autoridad y gusto para elegir y sus "pupilas" encantadas con su buen trato, trabajaban como relojes suizos sin apenas reprimendas. "Casa La Corta" se convirtió  de la noche a la mañana  en un masculino santuario de peregrinación. 

Pepita… Doña Pepita ya, se retiró con treinta años de la actividad laboral salvo para algunos clientes que le ayudaban mucho en los temas legales y algún otro que de cuando en cuando le venía de gusto.

¿El amor de verdad?... ¿ El bueno?... ¿ El de "para siempre y nadie mas?...! Lo encontró! !Si...! !Lo encontró! y lo escribo así, por que "La Corta" no esperó a que le apareciera. Un buen día se planteo que aunque era rica también era enana y puta y con semejante combinación, rica enana y puta, no podría aspirar al verdadero amor de un hombre normal y solo se acercaría a ella algún oportunista fingiendo amarla.

Así que tras considerarlo detenidamente Pepita"La Corta" se fue resuelta a buscar su amor donde lo pudiera encontrar…!! A la plaza de toros !!.

!El flechazo fue de los que matan!. Pedro "El Bolitas", como le llamaban los demás en relación a su masculinidad, era el jefe de la cuadrilla de valientes enanos que ridículamente vestidos de torero se enfrentaban a un temible torazo negro con la gracia y salero del espectáculo cómico-taurino. La gente y sobre todo los niños, se partían de risa en las sesiones matinales de la plaza de toros viéndolos correr delante del astado moviendo sus cortas piernecitas a toda velocidad mientras con el capote rojo le tapaban la cara para esquivarlo.

"El Bolitas" era feo como un pecado, tez agitanada pelo desgreñado y voz aguardentosa… pero a "La Corta", le cegó su "Olor a hombre" y su masculinidad que tanto le recordaba al retrato que le hizo Velázquez a el enano del rey Felipe IV cuya copia fue lo primero hizo colgar en cuanto tuvo un despacho. Así que.. y sin decirle a Pedro quien era ni a que se dedicaba se fue directa a camelárselo.

!Una tarde! ! Si! ! Solo una tarde de lidia artística en la improvisada plaza de toros de la cama de un hotel les bastó a ambos para saber que jamás salvo la muerte nada les separaría!. 

Pero para Pedro y Pepita…"Bolitas" y "La corta"… no todo era felicidad, la oscura nube de no poder perpetuar su amor en un hijo ensombrecía su horizonte. Ambos conocían que el riesgo de traer otro enano al mundo era muy grande y ninguno de los dos deseaba eso para su hijo.

Pepita, como mujer lo llevaba peor y Pedro la oía llorar con sordina algunas noches cuando le creía dormido.

Pedro "El Bolitas" , Don Pedro desde ahora, había demostrado de que material estaba hecho y por qué lo eligió Pepita y cuando se enteró de que con un hombre normal el riesgo de tener un hijo enano era mucho mas bajo, animó a "la Corta" a arriesgarse y engendrar con el mejor semental que pudiera encontrar porque al fin y al cabo el niño seria el fruto de un amor verdadero, el suyo.

Cuando "la Corta" 
en periodo fértil y con la aquiescencia de su marido escrutaba a los hombres para ver quién la preñaba, no tuvo en cuenta que el que le pareció mas inteligente y guapo también era, con casi dos metros de estatura, el más grande de los candidatos y la verdad es que parir un hijo suyo casi le cuesta la vida. 

Pero no fue niño. Fue una preciosa niña que hizo la felicidad de sus padres hasta que cuando creció y se convirtió en una mujer inteligente y bella, una verdadera hada de cuento que desgraciadamente tampoco podía encontrar el amor por que todos sus pretendientes huían espantados al conocer la tara de sus padres.

Cuando al fin y con veinticinco años la guapa muchacha que había heredado el realismo de su madre encontró en un elegante abogado el hombre cariñoso decidido y valiente que la enamoró, decidió un día presentárselo a sus padres 


Cuando Pepita les abrió la puerta…. se quedó estupefacta y cuando recuperó el habla unos segundos después solo pudo decir… !! Hay que joderse….!! luego, doblada por la mitad rompió a reir hasta las lagrimas …!! El novio de la niña también era un enano!!!...

fin.









viernes, 6 de octubre de 2017

UN PUEBLO CON EÑE

Llegué de noche cerrada a este pueblo de cuyo nombre, como escribía Cervantes en su Quijote, no quiero acordarme. No quiero acordarme pero me acuerdo. ¡Claro que me acuerdo!, es solo que no deseo que lo sepáis. ¿Cómo iba yo a olvidarme del nombre de este lugar? solo os diré que su nombre, como España, tenía una eñe.

Mi cansancio y el estado de abandono de la carretera, además de ponerme de un humor de perros que hacía que en cada bache me acordara, para mal, de los muertos del que me había encargado aquel puto reportaje sobre la creciente despoblación rural del agro español, había dado al traste con mi intención de fotografiar la población con la luz cansada del atardecer, cuyos rayos tendidos tiñen de rosa los ocres y de violetas las sombras dramatizando así la desolación y el vacío. 


Sin embargo, cuando al fin llegué, me alivió saber que aunque hubiera llegado dos horas antes no hubiera podido trabajar a mi gusto, porque en aquel pueblo perdido en las montañosas arideces del Aragón más profundo, la noche llegaba antes y sin avisar, porque un cerro calizo coronado por la torre de un castillo medieval, adelantaba bruscamente con su sombra el ocaso del sol como si cayera un telón.

Desde la autovía, la carretera ascendía hasta el vallecito caracoleando al ritmo de un torrente que apenas llevaba agua, probablemente agotado por el esfuerzo de abrirse paso entre las rocosas y duras paredes sin vegetación de aquellos montes que castigados por las presiones de la orogenia, plegaban y ovillaban sus desiguales estratos remedando el cerebro pétreo de algún gigante caído en una lucha mitológica

Apenas la torre mudéjar del campanario de la iglesia, destacaba de aquella masa negruzca que se encaramaba por las angostas laderas huyendo de las avenidas y torrentes.

¿Luces?, apenas. El alumbrado público era escaso y débil como corresponde a una villa cuyo censo era de 5 octogenarios y cuyo colegio electoral cerró en las pasadas elecciones a los seis minutos exactos de abrir por haber votado todos ya. Fui caminando orientado solamente por el campanario por aquellos intrincados callejones de trazado morisco que apenas dejaban pasar un carro hacia lo que supuse que sería la plaza mayor donde por teléfono, había milagrosamente logrado alojamiento en una casa particular.

A medida que me adentraba en aquel caprichoso laberinto que me llevaba a veces a lugares sin salida, iba creciendo en mí una inquietud. Además del extraño aire helado, algo raro me desasosegaba en aquellas angostas oscuridades de puertas y ventanas cerradas a cal y canto…. ¡Claro coño! ¡El Silencio! Un silencio mortal que mis oídos de-bía hacer lustros que no percibían y que de algún modo se me antojaba siniestro.

A pesar de lo poco pusilánime que soy, aquella ausencia me estaba ya anonadando cuando antes de llegar a mi destino algo ocurrió.

Cerca ya de la plaza y cuando intentaba sacar el tabaco del bolsillo de mis tejanos, se me cayeron las llaves y su sonido al golpear el antiguo empedrado, rompió el silencio de tal manera que casi me ensordeció a mí mismo.

Al instante, de la oscuridad de los callejones que yo creía inhabitados, medio centenar de rostros blancos me miraron interrogantes y después siguieron calmosos sus respectivos caminos.

Cuando se me pasó el acojono, me di cuenta de que aquellas gentes debían andar por allí antes y que sus pardos ropajes no me había permitido distinguirlos, pero cuando llegué a la plaza algo más iluminada, los pude ver mejor. No hablaban entre sí, muchos iban vestidos a la antigua y salvo un par de jóvenes y algunos niños, la mayoría eran personas mayores con el pelo blanco que caminaban sin hacer ruido como si llevaran suelas de fieltro.

Cuando tiré de la cuerda que había en el portal, Doña Remedios, desde el balcón me preguntó siseando si era el forastero y cuando le dije que sí, me echó una llave oxidada enrollada en un trapo de franela.

-No lo esperaba hasta mañana y no hay nada preparado para cenar. Si quiere, tengo un trozo de jamón, un mendrugo de hogaza y media botella de tinto, lo siento, pero es todo lo que le puedo ofrecer.

Acepté agradecido porque tenía ya el ombligo pegado al espinazo y mientras se afanaba en poner la mesa, le pregunté a Doña Remedios quiénes eran todas aquellas personas de la calle y le comenté también que me había llamado la atención que en un pueblo tan poco habitado hubiera a aquellas horas tanta gente por la calle.

Noté a Doña Remedios algo sorprendida de que le preguntara por ellos y luego dejó su rostro amable y se mostró seria y evasiva.

-Son fiestas ¿sabe…?

Yo , que me había documentado, me atreví a replicarle que tenía entendido que las fiestas habían sido por la Virgen de Agosto, cuando los veraneantes y los hijos emigrados del pueblo que rehabilitaron algunas casas acudían allí y celebraban toros y verbenas? .

-No, no. Estas son otras, son solo para los de aquí, dijo secamente

La verdad es que dormí como una marmota en aquel jergón de lana de oveja y me levanté con el alba entusiasta y repuesto. Doña Remedios no estaba, pero sobre la mesa encontré café de puchero y pastas de anís

Con los primeros rayos de sol, aquel pueblo me resultó extrañamente fascinante. Tenía la belleza de los colores ocres y terrosos que tienen los desiertos. La geología compensaba con creces la ausencia de vegetación. Los murallones pétreos empequeñecían la villa construida con troncos y enormes adobes de arcilla amarillenta y rojiza y que junto a los tejados del mismo color parecía formar un todo indistinguible con las laderas, los hornos y las canteras donde durante siglos habían extraído el material y solo alguna casa blanca en lo alto, las ovejas en el aprisco y la cúpula azul del campanario le daban un contrapunto de color

Algunos barrios en ruinas abandonados a su suerte, se desmoronaban adornados de arenas azafranadas y herrumbres oxidadas con una belleza indolente y elegante, mostrando los caserones, el esqueleto noble y centenario de sus maderos. En lo alto del cerro protector, la torre ruinosa pero altiva del castillo parecía recordar a todos el orgullo de lo que habían sido.

Pasé el día fotografiando y filmando hasta agotarme, pero no encontré a nadie a quién entrevistar. Las calles estaban desiertas y el bar, el horno, las tiendas de alimentación e incluso el estanco de tabaco, debían llevar años cerrados

De nuevo desde que llegué, algo me dejó perplejo. Incongruentemente, el apartado cementerio de aquel decadente lugar estaba impoluto, blanqueado y sin mácula con enormes cipreses apuntando el cielo, setos perfectamente podados, arriates de flores reventonas y ni una sola mota de polvo en las lápidas de los nichos.

Cuando volví pensativo a la habitación de nuevo Doña Remedios estaba ausente y una cena fría me esperaba sobre la mesa. Caí en la cama como un fardo, pero a las cuatro de la madrugada mi vejiga se quejó y me tuve que levantar con urgencia. Una extraña escalera de caracol me llevó hasta baño que estaba en el sótano. Cuando salía aliviado del mismo, oí, amortiguada por la madera de la puerta contigua, la voz siseante de Doña Remedios y no pude evitar pegar el oído.

-¡Os ve! ¡Os lo juro! ¡Os puede ver! ¡El forastero os puede ver! Os vio anoche y os volverá a ver si mañana volvéis a salir…

Molesto y al ver que el tema me incumbía, abrí la puerta de golpe y dije en voz alta ¡A quién coño puedo ver yo!

Silencio….Nadie me respondió en aquella bodega abovedada y enorme en cuyo fondo hicieron eco mis palabras a pesar de estar repleto de gente oscura y silenciosa de rostros céreos e inexpresivos. Solo por el contraste con Doña Remedios que estaba al frente de todos y algunos ancianos perdidos entre aquella masa, me di cuenta de que aquellas formas pardas eran fantasmalmente desvaídas y traslúcidas.

-¡Vd. forastero puede ver a las almas! dijo Doña Remedios volviéndose hacia mí, luego añadió: Hubiera preferido que se fuera Vd. sin saberlo, pero ahora, ya no hay remedio.

-¿A las almas? ¿A qué almas?

A las que habitan en el pueblo con permiso del Señor… a las que duermen de día en el cementerio y vagan por la noche por las que fueron sus calles y sus casas, a las que no encontraron en el paraíso un lugar mejor que el pueblo donde nacieron y pronto, cuando muramos los pocos que quedamos y con nosotros éste pueblo, tendrán que partir llorosas al mas allá… Si, a esas almas son las que Vd. puede ver para su desgracia.

¿Para mi desgracia? ¿Qué quiere Vd. decir con eso…?

Mire forastero, solo pueden ver esas almas quién como nosotros los que quedamos aquí vamos a morir pronto y la parca nos tiene ya apuntados en su agenda…

No dije nada…cerré con cuidado la puerta y subí a mi habitación…No…No he dejado el pueblo, he decidido que no es un mal lugar para esperar lo inevitable, no publiqué reportaje alguno, las fotos se quedaron en las tripas de la cámara y yo…yo me dedico ahora a cuidar del cementerio, de hecho, escribo esto apoyado en el mármol negro de lo que será mi lapida…



Fin

jueves, 28 de septiembre de 2017

REQUIESTCAN IN PACE (RIP)

El clérigo encargado de las exequias no sabía nada de la vida del finado antes de enterrarlo y me estuvo interrogando someramente acerca de él con el fin dijo, de poder decir algunas palabras durante el funeral que personalizasen un poco el manido y sobado responso que corresponde a los que mueren trágicamente demasiado pronto para su edad dejando en los demás una desagradable sensación de vida truncada. 

Yo, como único familiar vivo que le quedaba, había tenido que encargarme del funeral de mi sobrino sin embargo, no le pude contar demasiado de Oscar a aquél hombre. La verdad es que llegados a este momento, me sorprendí yo mismo de lo poco que conocía a mi sobrino a pesar de que nuestra relación que siempre había sido como la de un padre con un hijo.

La temprana muerte de sus padres había llevado a mi sobrino Oscar a criarse en mi casa en Denver viniendo de ese modo a llenar un vacío en nuestro estéril matrimonio.

Alice y yo intentamos lo mejor que supimos llenar el hueco que dejaron sus padres y el muchacho, agradecido, siempre fue bueno, responsable y cariñoso con nosotros que incluso financiamos sus estudios de comercio. Finalizada su carrera, Oscar abandonó un día nuestro hogar para trabajar por cuenta propia viajando por todo el país.

Tal vez mi difunta esposa Alice supiera algo mas de él, pero respecto a nosotros dos, a él y a mí, nuestra vida de agentes comerciales nos mantenía casi siempre alejados el uno del otro.

El hombre 
de la Agencia fúnebre vestido impecablemente de negro, me sacó de mis pensamientos para informarme de que el tanatopráctico había aconsejado la cremación del cadáver puesto que el finado nunca se había opuesto a ello y el lamentable estado de su cuerpo, con la cara destrozada y partido en varios pedazos, no permitía un arreglo decoroso para ser expuesto durante la misa.

Cuando entré en la pequeña capilla pensé que había llegado demasiado pronto porque junto a los elegantes arreglos florales y los velones encendidos iluminando la preciosa urna de las cenizas imitando a jade verde, solo esperaban la salida del párroco de pié frente al altar, cuatro enlutadas mujeres.

No...No había llegado demasiado pronto. La capilla estaba tristemente vacía a pesar de que  
yo personalmente  había comunicado el evento a todos los contactos y teléfonos que figuraban en la lista de su móvil y de su agenda.

El bello responso plagado de silencios teatrales, la música del réquiem de Mozart cantada por una minúscula soprano de gran voz y la gótica vacuidad de aquel lugar que magnificaba la intensidad de los contenidos llantos de aquellas afectadas mujeres que 
no alcanzaban a disimular mirando al suelo con su gafas negras y sus pañuelos en la nariz, consiguieron tal magia dramática en el acto que me puso la carne de gallina, me dejó el corazón encogido e incluso me arrancó alguna lágrima fugaz.

Cuando terminó la solemne ceremonia, bajo los arcos de piedra cubiertos de yedra de la entrada, las cuatro enlutadas mujeres esperaron 
a que yo saliera con la urna en las manos para darme el pésame.

os prometo que cuando salí de la iglesia me invadía la incómoda sensación de no saber lo que hacer con aquel objeto que el cura acababa de depositar en mis manos.

Fue entonces, cuando la mortecina luz de aquel pesado día borrascoso y de nubes de panzas negras iluminó con bellos tonos violáceos el marmóreo objeto y repentinamente tuve una inspiración, una especie de epifanía, como si el difunto me gritara desde dentro de su ataúd.


!Oscar hubiera deseado que repartiera sus cenizas por el angosto valle verde de california donde nació y pasó la infancia con sus padres!.

No debían venir juntas 
aquellas cuatro mujeres porque esperaban separadas prudencialmente. Me dirigí hacia una de ellas de cabellos rubios muy
elegantemente recogidos que vestía un corto traje negro de volantes cuya factura de alta costura no dejaba lugar a dudas y que se acompañaba de un pequeño tocado del que caía una pequeña pieza de gasa modo de velo que solo llegaba a cubrir sus ojos verdes y me dirigí a ella en voz baja mirando con disimulo su fino collar de perlas grises:

-¿Querrían Vds. acompañarme a lanzar las cenizas de Oscar cumpliendo así lo que creo que fue su último deseo?.  La agencia funeraria ha puesto a nuestra disposición una amplia limusina en la que cabemos los cinco.

- Disculpe que me presente caballero. Supongo que Vd. es el tio de Oscar. Soy Cayetana Alvarado Marquesa del Espinar y reciente esposa de su sobrino. Vengo de España y mas concretamente de Madrid y aunque todavía no había tenido la ocasión de conocerle a Vd., me tomo la libertad de aceptar su ofrecimiento, pero creo que tendría que preguntar también a las demás señoras, porque aunque ni siquiera nos conocemos están tan afectadas que pienso que sería lo pertinente.

Asentí a doña Cayetana y continuación, dejando las presentaciones para mas tarde, me dirigí a cada una de aquellas llorosas mujeres que una a una fueron aceptando mi invitación sin renuencias.

Cuando entramos todos en silencio en la Limusina, la marquesa y yo nos sentamos de espaldas al conductor encarando el amplio asiento trasero en el que se acomodaron las otras tres mujeres y a continuación, la negra limusina,
 conocedora de su trabajo y para no molestar el duelo, arrancó suavemente sin que apenas se escuchara el ronroneo de su motor

-Miren señoras, hagamos las presentaciones, Yo soy el tio de Oscar y esta señora a mi izquierda es la Marquesa del Espinar, la última esposa de mi sobrino.

Cuando dije eso, las tres mujeres que tenía delante dejaron de repente de llorar y pusieron tal cara de sorpresa que pensé que se habían convertido en tres enlutados Zombies.

-Aquí debe "habegr" un "egror"..., igual me he equivocado de "funegral"…Dijo, la señora sentada a la izquierda con un gracioso acento francés. Era una mujer morena de ojos grises que no llevaba velo ni joyas, tenía un rostro bellamente virginal y vestía el negro de forma casual con vaqueros ajustados y un elegante y costoso suéter de pico escotado. "Pegro…" la esposa de "Oscagr" soy yo. Yo soy "Magriana" . Soy "pintogra" en "Pagris" y desgraciadamente he tenido que" dejagr" a mis hijos con mi " madgre" para "podegr venigr" desde " Fgrancia"…

Mariana, se calló de repente cuando se giró y vio la palidez de la cara de las otras tres mujeres y cuando ya iba a continuar hablando, la voz aguda y desagradable de la mujer que estaba en el centro la interrumpió llena de ira echando chispas con sus feroces ojos azules.

Dirigí entonces mis ojos hacia ella. Como había podido observar cuando entraba en la limusina, aquella mujer tenía un cuerpo blando pero voluptuosamente sensual y lleno de curvilíneas redondeces y a sus gruesos labios rojos destacaban en su rostro blanco y pecoso, había que añadir a su retrato una inmensa melena pelirroja y rizada que se le escapaba por todos los lados de su ajustado velo dándole todo el aspecto de un fiero león enlutado .

-! Disculpen señores !, !Ya está bien de cachondeo!,¿hay una cámara oculta ? ¿Acaso nos están filmando para algún programa de bromas para la televisión? ! Y
y solo yo, Meggy, soy su única esposa! . Jamás he sabido que hubiera habido otras antes y mi marido Oscar y yo el mes que viene íbamos a celebrar los quince años desde que nos casamos en Nueva Orleans y nos hicimos además socios y   propietarios de nuestra sala de fiestas "Le Mua-Mua" .

tengo que deciros que por entonces a mi, la piel ya no me tocaba el cuerpo.
 Las palabras agarradas a un nudo de mi garganta se negaban a salir de mi boca y el chaqué de alquiler se me estaba poniendo perdido por los goterones de sudor nervioso que caían de mi frente.

Ya solo me faltaba conocer a la tercera mujer, la de la derecha de Meggy, pero desafortunadamente se había desmayado en su rincón durante la anterior escena y cuando me arrodillé para auxiliarla con la colaboración de las otras tres, me pude fijar en su aspecto. Llevaba, un traje de chaqueta burdeos muy oscuro con una blusa de seda blanca y pendientes y broche en plata muy discretos. Su cara no era muy bella, pero sus ojos ambarinos, su largo cuello, su castaño pelo a lo garçón y su cuerpo flexible y estilizado, la dotaban de la profesional elegancia característica de una mujer de negocios.

Cuando pasados unos instantes logramos que volviera en en si, la mujer balbuceó hipando entre lágrimas…Os diría que soy la única mujer Oscar, pero ya me he dado cuenta de que ese hijo de puta era un sociópata polígamo que nos ha estado engañado a las cuatro para vivir a nuestra costa porque yo, Susan, asesora de finanzas de la City londinense, multiplicaba en bolsa el dinero que sin yo saberlo os sacaba a las demás.

!Pare!..!Pare inmediatamente ! dijo con Cayetana con la voz enérgica del que está acostumbrado a mandar…

-¿Quien Yo? dijo el chófer…¿Aquí? ¿En lo más alto del Cañón de Colorado?

-Si, !Aquí precisamente!

Cuando la Limusina paró, Doña Cayetana me arrancó la urna de las manos, y salió del coche pidiendo a las demás que la siguieran. Alcanzaron con paso ceremonioso el borde de aquel precipicio que daba a un monstruoso barranco cortado cuyo invisible fondo se perdía en las entrañas de la tierra, y las cuatro juntas como una piña pusieron su mano en la urna y la lanzaron al abismo diciendo:


-!!Adiós Cabrón!!

-Pero…¿Que han hecho…? les dije yo que las había seguido unos pasos por detrás…

- No se preocupe Señor, dijo Cayetana con gesto duro en el rostro, solo hemos ayudado a Oscar …

- ¿ Ayudado a Oscar….a qué? pregunté yo dirigiéndome a Cayetana que llebvaba la voz cantante.

- !! Ayudado a Oscar a que llegue más pronto al infierno !!

Y dicho esto, subieron las cuatro a la Limusina que arrancó inmediatamente y se alejó perdiéndose en la polvareda del desierto dejándome allí 
solo con cara de gilipolla.

fin