viernes, 23 de noviembre de 2018

UNA PEQUEÑA ORQUESTA V2018

 !Lo siento!. ! Pero hay cosas que me parecen de gilipollas !. Por ejemplo: Ese tiarrón de la orquesta sinfónica tan serio, de pelo canoso, gafas de montura dorada, cara de funcionario y vestido de gala, que mientras el resto de los músicos sudan tinta con el esfuerzo de sacar de los complicados instrumentos difíciles y virtuosas notas, y el director como un loco se contorsiona y se despeina batuta en mano..., él se dedica dar golpecitos tipo "cling" con un palito a un pequeño y ridículo triangulo de metal plateado allá en lo alto del escenario. 
¿Percusión ?...! Ya…!!Ya …! Me diréis que todo en la música es importante….. !Lo sé !. Pero es que no puedo evitar imaginarme la vergüenza de su hijo cuando en el colegio le pregunten a que se dedica su padre y con los ojos bajos tenga que confesar que su padre se dedica a tocar con un palito... 

!Os pido disculpas de nuevo!, el texto iba de orquestas y está claro que me he dejado llevar.

El caso es que esa formación era la de una minúscula orquesta. No llegaba ni a cuarteto porque eran tres y no me sacareis ni con tortura como me enteré con tanto detalle de su extravagante existencia. Solo os diré que una vez más, la realidad superó a la ficción y que la búsqueda de lo que llamamos felicidad y adaptación de los seres humanos a la lucha por sobrevivir esconde preciosas e insólitas historias en sus extraños equilibrios.

Que su madre, una magnífica mezzo-soprano, perdió la voz y el norte en el difícil parto de esos gemelos, se hizo patente pronto cuando en el baptisterio, frente a la pila de mármol, en un mar de lagrimas, los bautizó como Wagner y Verdi ante el estupor de toda la comitiva incluido su marido.

El caso es, que aquellos dos hermanos eran dos virtuosos de los instrumentos de cuerda. Bueno.., más que gemelos, Wagner y Verdi debían ser mellizos porque no se parecían en nada.

Wagner, alias "Manolo", nombre ficticio que adoptó para poder ir por el mundo sin rechuflas, era grande y rubio tirando a tosco, tenía un carácter colérico y explosivo y aunque amaba con locura las notas agudas y a veces estentóreas del pequeño violín que tocaba su hermano y que iba mas con su sensibilidad musical, se tuvo que dedicar al violonchelo porque armonizaba más con su corpulencia, pero sobre todo, armonizaba mas con el tamaño de sus manos ya que, uno solo de sus dedos podía aplastar de golpe las cuatro cuerdas de un delicado violín.

A Verdi, le llamaban "Chimo" por el mismo motivo que su hermano. Era moreno y más pequeño y delicado que Manolo-Wagner. Su timidez le hacía hablar poco y era tan sensible que a veces lloraba de emoción mientras tocaban los dos juntos, sobre todo, cuando su hermano Manolo-Wagner extraía del chelo algún "solo" de notas dulces y delicadas que le entraban directamente al corazón. Porque era el Violonchelo, el instrumento de su hermano, el que secretamente prefería Chimo-Verdi y al que tuvo que renunciar dada su pesadez, ya que de niño no podía con su peso.

La cosa, es decir la historia que nos ocupa, empezó cuando Chimo-Verdi y Manolo-Wagner, estudiantes aún, se buscaban la vida tocando en bodas, bautizos túneles del metro, pequeños actos privados y en cualquier sitio que se les pudiera aportar algo de dinero o comida para poder sobrevivir con aquellas exiguas becas.! Si !, debió ser por entonces cuando se les acopló Nilsa.

Nilsa, una virtuosa de la flauta, tocaba como los propios ángeles. Nilsa era corpulenta, rubia y guapona y aunque su aspecto era de valquiria nórdica debía tener alma latina, porque a pesar de haber nacido en algún lugar helado de Escandinavia, odiaba de tal manera el frío del norte, tanto en la naturaleza como en las gentes, que en cuanto le vino la regla y pudo disponer un poco de su vida, se dejó caer por todo el mapa de Europa hasta el cálido sur Mediterráneo, resbalando flauta en mano.


Con Nilsa, el dúo de cuerda se hizo orquesta, pequeña, pero orquesta. La unión de la flauta al fraternal dúo les permitió ampliar de modo insospechado su repertorio e incluso adentrarse con nocturna alevosía y por supuesto emocionante incógnito en el provechoso y más lucrativo terreno de los tugurios y clubes de jazz.

Los tres vivían juntos en un pequeño y destartalado piso de dos habitaciones en barrio viejo de la ciudad y como era previsible, el carácter mediterráneo de los dos muchachos en plena tormenta hormonal, la permisividad de la escandinava y lo barato que les salía a los tres el entretenimiento, llevaron a que, entre ensayo y ensayo, el sexo no tardara en aparecer entre ellos.

Hay que decir, que la nórdica estaba "muy viajada" y con una maestra tan experimentada y desinhibida como Nilsa ambos músicos desarrollaron su erotismo con una pericia impropia del nivel general de los reprimidos muchachos del conservatorio en aquel momento.

Es curioso como a pesar de ser mellizos, ambos hermanos desarrollaran de forma innata unos comportamientos sexuales tan diferentes como paradójicos : Chimo-Verdi, el violinista tímido, llorón y poca cosa, se mostraba más fogoso que su hermano. Tomaba a Nilsa al asalto abalanzándose sobre su curvosa y acogedora desnudez, nadando en sus carnes con su pequeño tamaño y magreando con avidez sus descomunales senos, sus abultados glúteos y la estrechez de su cintura como si de un enorme y múllido violonchelo se tratara, para luego penetrarla furiosamente hasta que Nilsa en medio del sudor, llegaba rápidamente al éxtasis gritando tan agudamente que hacía vibrar las cuerdas de los instrumentos.

En cambio Manolo-Wagner, el grandón y tosco violonchelista, al contrario de lo que podía parecer por su carácter, se mostraba en esto más calmado y sensible. Se iba excitando lentamente mientras oía los gritos que profería Nilsa cuando estaba con Chimo-Verdi y que le recordaban al concierto numero 24 de violín de Paganini y luego, esperaba pacientemente a Nilsa, porque la rubia muchacha, después del siguiente ensayo lo buscaba a él, que más sofisticado y hedonista en el sexo, gozaba de la boca de Nilsa a la que gustaba de iniciar el encuentro con un dulce concierto con la flauta de Manolo cuyo crescendo hasta el final, se acompañaba del rasgado dulce de violonchelo de los virtuosos dedos de Manolo sobre su rubio sexo, que le provocaba un aluvión de suaves y dulces orgasmos hasta que su cuerpo quedaba gozosamente relajado dejando en su vientre un bienestar profundo y duradero.

A veces se podía ver a Nilsa cavilar abstraída mirando a la calle desde la ventana, no se podía explicar como de distinto placentero y maravillosamente diferente podía ser para ella el sexo según cuál de los dos músicos interpretara la partitura de su cuerpo.

La verdad, es que Nilsa era feliz con ambos hermanos, pero no solo por el sexo, los caracteres de ambos eran tan complementarios como su música y en su diferencia, se acoplaban el uno al otro hasta hacer de la vida, como si de un concierto de Mozart se tratara, la obra más bella.

!Si!, Nilsa lo reconocía.. Estaba extrañamente enamorada de los dos y por mucho que se lo preguntara, como le ocurre a una madre con sus hijos, no sabía cuál de los dos la satisfacía mas ni a cuál de los dos amaba más. La nórdica, se sentía plena y completa y renunciar a cualquiera de los dos sería una tragedia para su vida emocional.

La cosa duró mientras los tres se vieron como compañeros juguetones de orquesta sin lazos ni compromisos…, pero llegó la tragedia… !El choque de egos!. Como siempre..! El enfrentamiento animal de los hombres por la propiedad de una mujer ! y cuando el sexo se tornó en amor, entre los hermanos comenzó la lucha… los celos…el rencor… las discusiones… La situación se hizo insostenible, la orquesta se disolvió y Nilsa, amándolos pero sin poder elegir entre ambos, decidió desaparecer de sus vidas antes de que los hermanos reprodujeran la historia de Caín y Abel.

!Dos años!. Dos años vagaron por separado los tres tristes, deprimidos y sin tocar instrumento alguno hasta que una mañana de primavera en la que los hermanos coincidieron abatidos en el parque de la ciudad y sin apenas saludarse se sentaron avergonzados en un banco a suspirando, fumar en silencio, Nilsa mas bella que nunca, apareció delante de ellos como por arte de magia. Tras ella, un niño pequeño y gracioso le tiraba de su falda.


! Mira Gabriel ahí están tus padres!.. ! Qué suerte !, !Tienes dos!

¿Sabeis…? Nunca supieron de cuál de los dos era hijo Gabriel, ni tampoco de Marta…, ni de Luis…, ni de Alberto...,ni del resto de niños hasta los seis en total que vinieron después …porque los tres, Jamás volvieron separarse.

!No !, !No creáis…!, a pesar de todo nunca fueron una familia. ! No quisieron serlo !!. Al fin y al cabo, los tres eran músicos…!!Siempre fueron una pequeña orquesta… !! y así les iba mejor...

Fin

viernes, 16 de noviembre de 2018

EL PERRO DEL CAMPOSANTO

Pensé que yo era el ser más triste del planeta hasta que vi en su mirada un desconsuelo más profundo que el mío. 

Me topé con aquel perro oscuro de cejas caídas y doradas cuando en el cementerio, con mis ojos hinchados y enrojecidos por el llanto y mi desconsolada cabeza alejada de la realidad, me equivoqué de pasillo funerario buscando la tumba de mi esposa. 

Creo que los dos, perro y yo, nos sobresaltamos al mirarnos en medio del silencio del camposanto, era tan temprano que los gorriones aun dormía, no había nadie allí porque los entierros se demoran por los servicios religiosos y mis zapatos de ante apenas hace ruido sobre la gravilla. 

Él, bueno… "Ella", como luego supe, apenas se movió salvo para levantar penosamente la cabeza para mirarme. Estaba terriblemente delgada para su tamaño, su trufa estaba seca y grisácea, sus orejas caídas, su cola inmóvil y de sus tristes ojos color ámbar, partían unos surcos húmedos y legañosos de llanto sin lagrimas que expresaban un dolor sin fuerzas siquiera para aullar lobunamente como ellos suelen hacer.

Yo debía conocer bien el camino hasta la tumba de Lidia a la iba a visitar todas las mañanas desde su entierro siete días atrás, pero cada día me perdía y erraba el camino entre el laberinto de sendas de grava y la igualdad de los enormes cipreses, porque mi mente, desorientada y aturdida, era incapaz de retener el tenebroso trayecto o mantener la atención en nada que no fuera intentar despertar a cada instante de aquel tormento deseando con toda mi alma que solo fuera una maldita pesadilla.

La verdad es que el primer día, el de la inhumación, tras aquel carro barroco y negro lleno de querubines de madera tallada y tirado por cuatro melancólicos caballos blancos empenachados a la antigua sobre el que apenas se podía ver su ataúd entre el entramado de ramos, coronas y cintas de colores que prácticamente cubrían el acristalado, yo caminaba rodeado por familiares y amigos que se turnaban para sostenerme de los hombros para que no me derrumbara por el dolor de mi corazón y por el aguardiente con el que habían intentado anestesiarme y de ese penoso modo, llegué arrastrando los pies y sin poder recordar como, hasta aquella fosa abierta y fosca cuyo fondo no pude vislumbrar y a la que hubiera deseado arrojarme tras su féretro para que me enterraran con ella.

No, no estaba yo para ternuras y tras cruzar la mirada con aquel chucho continué egoístamente mi camino sin más intentando olvidar aquella mirada afligida y de abandono en la que de repente y como en un espejo me reconocí. En mi corazón no quedaba sitio para mas lástima que la que yo me daba a mi mismo y preferí engañarme pensando que aquella sensación no era más que la estudiada manipulación de un perro vagabundo y sarnoso.

Mas tarde y por el sepulturero, supe que aquel animal llevaba allí cuatro semanas sin moverse y sin comer a pesar de que las gentes conmovidas le ponían comida y de que incluso, él mismo, desde que renunció a expulsarla de aquel santo lugar tras varios infructuosos intentos en los que el animal volvía inmediatamente a su sitio en cuanto descuidaba la puerta del cementerio como un hierro a su imán, le dejaba parte de su propio almuerzo que ella nunca tocó, pero fue cuando la perra tampoco quiso irse con nadie a pesar que había movido la compasión de mucha gente que enternecida por su fidelidad se había decidido a adoptarla, cuando aquel enterrador comprendiendo al fin la inutilidad de todo aquello, dejó de darle comida y abandonó a aquella perra a su destino porque aquel animal no estaba esperando la resurrección de su amo, sino morir junto a sus restos para reunirse con él donde quiera que estuviera.

En vista de aquello, no me pareció extraño que yo no hubiera visto antes a aquel animal a pesar de que estaba solo a un par de filas de sepulcros más allá de la tumba de mi esposa porque estaba oculto a mi vista por una imponente mata de romero que lo protegía del viento helado de la sierra y formando un ovillo oscuro y silencioso, permanecía allí acurrucado a los pies de un enorme y lúgubre ángel alado de piedra gris cuya cara de niña y los tenebrosos pliegues de su túnica renegridos por el musgo seco y mugriento, alarmaban los corazones mas que serenarlos y cuya sombría belleza parecía capaz de espantar a cualquier espíritu maligno que osara siquiera rozar a las rejas oxidadas de aquel ostentoso panteón familiar en cuya última fila de inscripciones, el nombre de su amo destacaba por la blancura de lo reciente.

Ya había pasado más de una semana desde el repentino e inesperado fallecimiento de Lidia y yo no podía evitar volver y volver todos los días al cementerio aunque lloviera o tronara para pasarme allí las horas frente a la blanca losa de mármol, donde de algún modo irracional, mi imaginación trastornada me hacía sentir que el alma de mi esposa aún permanecería allí mientras en los tallos de las rosas que rodeaban su sepulcro quedara un solo pétalo por caer, mustio y desvaído, sobre el mármol para antes de subir a los cielos, poder indicarme con alguna enigmática señal la manera de poder sobrevivirle.

!Ni duelos ni leches!, a los doce días aún andaba metido en un bucle sin salida y sentado en una tumba vecina de granito negro de un rico notario cuya severa y bigotuda foto parecía observarme con desagrado recriminándome mi falta de respeto.

Como en un berrinche de niño, yo lloraba tan inconsolablemente como el día que murió y solo paraba a ratos para despotricar de ira contra Lidia y contra Dios por lo injustos que ambos habían sido conmigo dejándome desvalido y sin fuerzas para continuar viviendo. ¿Por qué si el enfermo y el añoso era él y su destino era morir primero?. ¿Por qué Dios había roto el curso natural de las cosas sin contar con él?. ¿ Por qué se tuvo que ir aún lozana ella, lo único que de verdad él amaba y el único motivo para seguir caminando por este mundo de mierda y maldad?.

Fue mirando la tumba de Lidia en aquél borrascoso día, cuando vi que el viento que presagiaba la tormenta desprendía los últimos pétalos dejando desnudos y temblones los tallos de las rosas.

Cuando pensé que su alma se había ido sin ayudarme y fui consciente de que me sería imposible vivir sin ella, que jamás superaría aquel dolor y de que aquél bucle demoledor solo se detendría quitándome la vida.

De repente, cuando sentado allí mismo me agarré la cabeza con las manos crispadas por el desespero mientras mis lagrimas me caían al suelo llenándolo de goterones, sentí un aliento cálido en mi oreja, un suave lametón en mi cuello y una pata peluda sobre mi rodilla. Cuando levanté la cabeza, aquella perra flaca me observaba sentada moviendo suavemente el rabo con las orejas erguidas y gimiendo levemente mientras en sus ojos, me mostraba un pequeño brillo de esperanza.

Es curioso como un pequeño soplo de aliento a veces hace decantarse una balanza en un sentido u otro y claro, si estoy escribiendo esto, es porque aún estoy vivo porque ella me quitó de la cabeza el suicidio.

Creo que fue aquel brillo de esperanza…o tal vez fue el vaivén de su cola… o aquel cálido lamido…, no sé…, a veces pienso que ambos, el uno en el otro, encontramos un motivo para vivir.

No os engañéis, puede que fuera por el innato sentido del deber de las hembras , el merito fue de ella, aunque a mi me guste creer que se lo pidió el alma de Lidia cuando al caer el último pétalo, me tuvo que dejar tan hundido. De cualquier modo, en cuanto su fino olfato perruno detectó a la muerte afilando su guadaña y relamiéndose frente a mi, ella se olvidó de sí misma y encontró en mí alguien en peligro a quién salvar.

No, no le he puesto nombre aún, por mucho que me devano los sesos no encuentro un nombre suficientemente bello para ella, de cualquier modo, por mucho que la quiera y que la mime, jamás se lo podré pagar.

Cuidar a quien me salvó es ahora mi único motivo para seguir viviendo y ya no pienso que el mundo es una mierda ahora sé que hay alguien mejor que los hombres… !Están los perros...!

Fin

viernes, 2 de noviembre de 2018

TRANSPARENTE v 2018


Marta…, Martita para sus papas, fue una chiquilla regordeta, alegre y feliz hasta los trece.
!Trece!, !Si.!.!Ese número maldito y portador de mal fario en el que la hemática y sorpresiva visita de la feminidad le llegó sin avisar en medio del cumpleaños de su amiguita Raquel poniendo perdido el traje blanco de volantes de puntilla.

A partir de entonces y como un milagro, las puñeteras hormonas, robándole su aspecto de muñeca repipi que tanto tranquilizaba a la cursi de su madre, forjaron en ella un cuerpo bello y espigado, unos pechitos tiernos y delicados, unos ojazos de gacela , unos cabellos cobrizos elegantemente ondulados, una inteligencia aguda y penetrante y una risa de cascabel.

Pero… sospecho que por el puto influjo del número trece y como compensación por lo mucho recibido… Dios.., La naturaleza…, o quien quiera que se encargue en la actualidad de repartir y suministrar alegrías y putadas entre el género humano, la castigó de una retorcida manera, dejándole también una molesta e inmerecida condena. !! Marta era transparente !!.

-! Joder ! ¿ Entonces? ¿De qué le servía ser tan guapa si no la veía nadie..?. ¿ Quien era…esa muchacha… ?, ¿La prima del hombre invisible o qué?

Pero… !Qué básico es Vd. para entender..!. Estamos hablando en metáfora poética , !Esto no es ciencia ficción! !"tonto del haba"·!.

- Entonces…¿Su piel no era transparente?, ¿ No se veía la pared o un cuadro a su espalda dentro de su contorno ?...
! No! ! No me ha entendido Vd.! borrico...!. Su piel era blanca, tan blanca como la nieve, de una blancura tan inmaculada que resaltando aún más con el cobrizo oscuro de su pelo que resultaba casi fantasmal entre estas gentes del mediterráneo.
!! Ella era transparente a los demás!!, si.... pero transparente emocionalmente porque manifestaba sus sentimientos en su rostro y en sus gestos sin control, sin poder disimularlos, !Si !, Marta no podía evitar que los demás captaran sin esfuerzo su estado de ánimo, sus reacciones, su mirada , sus momentos alegres, sombríos ,enfadados o indiferentes y que los gestos y reacciones de su cara y de su cuerpo, se manifestaran autónomamente sin poderlos controlar como si fueran marineros rebeldes que se amotinan ante el capitán ! con una claridad tal , que los ojos ajenos podían leer sin dificultad alguna su alma como quien lee una revista.

Aun hoy, después de los años transcurridos Marta se ruboriza y aun se siente avergonzada al recordar cómo sus amigas, contemplaban divertidas como afloraba en ella el amor por aquel muchacho moreno y tímido de ojos soñadores, o se burlaban por la tristeza que le producía ser ignorada por el chico que secretamente amaba a otra, o cómo se reían crueles a ver en su propio rosto el odio y la inquina que generaba en ella aquella compañera de curso con quien competía en literatura, o incluso cómo se burlaban de marta cuando notaban por su nerviosismo que estaba con la menstruación….

!Que martirio!, ! Ser transparente en un mundo adolescente donde jugar a adultos con sentimientos y sensaciones con las cartas tapadas para mostrarlas solo cuando conviene, es algo fundamental!.

Nadie puede imaginarse el suplicio que supone para una mujer vivir sin la menor intimidad y Marta, se sentía como un modelo de escaparate o mejor aun… como si la pared de su baño que da a la calle fuera de cristal…

! Que tortura era no poder mentir en un mundo en el que todos mienten sin que un rubor intenso convirtiese su cara en una granada partida delatándola!.

¿ Sabe Vd….?, no hizo falta mucho tiempo para que su buena cabeza la llevara a enclaustrarse en su casa y aislarse socialmente "pasando" de todo y de todos.

Si…, era comprensible, Raquel era muy sensible y el placer de la amistad y la relación con los demás no lograba compensar el sufrimiento que le producía la desnudez de su intimidad a la que jamás llegó a acostumbrarse. Si, resignación, claro…, no gozar para no sufrir.., no vio otro camino para no destruir su autoestima y hundirse en la cruel depresión y se construyó un pequeño mundo donde no era feliz pero tampoco desagraciada y así como un buen vino madura en la bodega, fue madurando silenciosamente hasta la mayoría de edad alejada de las miradas ajenas, pero sin dejar de ser transparente.

Libros , labores, paseos…y el maravilloso mundo anónimo que le abrió internet, constituyeron su vida.

Pero aquello, aquello no era bastante para el alma apasionada que delataba el brillo sus profundos ojos !, ! Marta anhelaba el contacto…!, !El tacto…!, aquella caricia que acabara de incendiar su sexo ya enardecido por secretos anhelos y suaves caricias y que ella parecía destinada a no conocer.

-¿Y.. la conoció..? aquella caricia, pregunto…
! Vaya hombre!, veo que Vd, es un calentón y un lujurioso que casi no ha abierto la boca para preguntar nada hasta que hemos llegado a lo escabroso…. ! Cállese Vd. y no sea impaciente que me jode la historia…!

Si, ! La conoció !.. Marta rondaría ya los veintiséis. Lo encontró en un banco sentado tranquilo bajo un sauce junto a la fuente camino de la ermita cuando paseaba sigilosa al atardecer, casi ya de noche como era su costumbre, por aquella vereda tranquila y arbolada por la que a aquellas horas no pasaba ni Dios .

-! Buenas tardes señor!....Ella lo saludó educadamente, pero él ni se inmutó y sin ni siquiera mirarla se limitó a contestar educada y cortésmente . Era guapo, fino rostro , labios carnosos, patillas rizadas y unos ojos verdes y limpios con pestañas largas y casi femeninas cuya mirada por primera vez en su vida sintió que no la incomodaba…,que no la leía por dentro…, que no la traspasaba como la luz al papel ni violaba su trasparente piel como la mirada de los otros.

Además…, estaba su voz..., ! Su voz…!, ! Ay su voz…!, era dulce y suave pero a su vez, profunda masculina y protectora...

Por primera vez en años, Marta no sintió la necesidad de huir….¿Sabes? …., luego recordaba aquella tarde con incredulidad como si unos hilos de marioneta le hubieran guiado sin pedirle opinión. Aún no sabe por qué lo hizo. No se reconocía a ella misma actuando así. Fue como si lo hubiera hecho otra mujer, una desconocida , alguien ajeno desvergonzado e irreal, pero fuese como fuese…, Marta cedió atrevidamente a su impulso, se sentó junto a él y en aquel paramo solitario le tomó la mano para percibir la suavidad de su tacto y a continuación sin saber cómo ni por qué, se encontró besándole en la boca con una pasión a la que él, tras su sorpresa inicial correspondió.

! No hubo palabras…!, solo besos, tactos y roces, roces, tactos y besos y la verdad es, que hasta que, jadeante aun por la creciente excitación que subía de sus entrañas pidiéndole mas aire, se separó un poco de su boca para respirar y para mirarle a los ojos, Marta no fue consciente de que aquel hombre era ciego y que aquellos hermosos ojos verde-grisaceos solo decoraban su bellamente su rostro.

-!!Joder!!…!Que chafón…!, !Pobre chica…! ! Que mala suerte....! ! Para uno al que se acerca……! ! Me imagino a la muchacha corriendo a su casa llorando su desgracia una vez mas con el susto en el cuerpo y el corazón a mil sintiéndose una desgraciada con su injusta suerte…? ¿No..?

¿Corriendo…. ? ! Ja Ja Ja! ¿ Que dices…? !! Marta había encontrado el amor que justo necesitaba !! ¿Sabes…? …Si. Él para ella era hermosamente ciego… no podía ver su impúdica transparencia… y ella podía ser ella misma a su lado.. !! Como dos difíciles piezas del puzzle del la vida, encajaban a la perfección…!!. !! Que maravillosa es la naturaleza que siempre tiene un roto para un descosido !!.


jueves, 25 de octubre de 2018

AUSENCIA

Un segundo antes, caminaban de la mano riendo y tonteando mientras bajaban por la vereda de los tilos muy despacito hacia el parque. 

Ella, con la mano izquierda, intentando hacer inolvidable el momento, apretaba contra su pecho un ramito de violetas y de cuando en cuando, llevaba el minúsculo ramillete cárdeno hasta su rostro y lo besaba mientras con los ojos cerrados aspiraba aquel delicioso perfume a caramelo de infancia. 



¿Recién enamorados…?, !Noooo!, cualquiera se hubiera sorprendido de que ese día celebraban cinco años de amor.

Un segundo después, ella no estaba.

Él, apenas notó un ligero tironcito en su mano y cuando se volvió a mirarla…, ella no estaba.

!!No estaba!!.

Instintivamente y sintiendo un helado vacío a su lado, la buscó nerviosamente con la mirada, pero no la encontró y solo vio un enorme autobús que se alejaba cuesta abajo silencioso y veloz.

El hombre quedó paralizado y aturdido algunos instantes sin ni siquiera sospechar que era aquella bestia sin frenos con el motor averiado y la dirección quebrada, la que había arrancado a su amada de su brazo y que ahora, aplastada contra su faro derecho y tal vez muerta, viajaba hacia su destino final que era instantes después empotrarse con un estruendo sordo en la figura de granito de la plaza de abajo.



Alejandro, jamás pensó que la desaparición de Patricia lo pudiera trastornar tanto que le hiciera perder la razón.

¿Sentirlo…?, !Claro!, él la amaba con locura, pero no había nacido ayer y con cuarenta años a la espalda, Alejandro ya había tenido que hacer frente y superar suficientes duelos duros en la vida.

Pero esto fue distinto.

Yo no creo que fuera por la insólita e inesperada rapidez de la pérdida, yo mas bien creo que fue porque fue consciente de haber perdido algo insustituible, algo había encontrado como por azar , sin esfuerzo, sin saber siquiera lo qué había hecho para merecerlo y por tanto, sin saber cómo podía remplazar en su corazón y en su alma aquel profundo y helado vacío.

No creáis que cuando ambos ligaron su existencia fue un torrente románico y apasionado y febril, no… Aquello fue una relación serena y sanadora llena de sentido del humor, de confidencias sinceras, de complicidades, de entenderse sin palabras apenas con la mirada, de abrazar cuando se necesita, de escuchar en silencio comprensivo los sinsabores del día, de adivinar lo que el otro quiere antes que lo diga y de devolver con intereses cada gesto del otro.

Sin embargo y de cuando en cuando…, la magia los visitaba como suele hacer la magia cuando ella quiere y no cuando se la busca que para eso es mujer y aquella noche en la que nada celebraban, en la que cansados y algo aburridos se fueron a la cama con ánimo de dormir, misteriosamente se convirtió entre las sabanas en una velada de pasión con roces suaves, jadeos violentos, besos profundos, susurros inconfesables y deseos caprichosos que parecieron no saciarse hasta que la luz del alba, se llevó a regañadientes los rayos de luna llena que curiosos, se habían colado por la ventana.

Despertaron con el sol ya en lo alto y con un suave toque en la nalga Alejandro invitó a Patricia a levantarse y se fue a preparar café mientas ella, medio dormida, remoloneaba por la cama.

Fue exactamente cuando volvió, cuando a Alejandro casi se le cae la bandeja de la mano: Envuelta por la luz ámbar del sol que entraba matizada por las cortinas, Patricia, desnuda y sentada sobre la cama, se había vuelto a dormir con su carita de ángel apoyada sobre la rodilla y con su melena oscura cayendo como una cascada parecía una ninfa encantada del bosque.

Alejandro, la fotografió para inmortalizarla en ese fascinante instante en una acuarela que le encargó a un amigo.

!Si! , creo que fue cuando su amigo apesadumbrado tras la muerte de Patricia le llevó aquel cuadro encargado, cuando al mirarlo, Alejandro perdió la razón.

Permaneció encerrado días enteros llorando sobre aquella pintura emborronándola con sus lagrimas y delirando que ella no había muerto del todo, que su alma estaba aun viva junto a él y su mente torturada creó a su izquierda, donde la vio por última vez, un aura ambarina y neblinosa del tamaño de Patricia que solo él podía ver y que, fuera donde fuera, le acompañaba siempre a su lado.

Alejandro no se volvió tan trastornado que le llegara a contar nada a nadie, interpretó aquello como una especie de milagro íntimo y secreto que se podía romper si alguien se enteraba y aliviado por la presencia del aura a la que románticamente llamaba Ausencia, fue animándose lo suficiente para emprender una vida aparentemente normal.

Acudía puntual a su trabajo, salía al cine, charlaba con los amigos y paseaba por el parque. Lo único anormal que se podía observar en él, eran una serie de movimientos raros, traslaciones extravagantes y extrañas posturas y contorsiones de su cuerpo a las que los demás, incluidos sus vecinos, se acostumbraron pronto quitándole importancia e interpretándolo como una secuela nerviosa de su terrible tragedia.

Pero aquellas rarezas, no eran convulsiones ni tics involuntarios como podía creerse, sino que eran fruto de la única angustia que tenía Alejandro: Se pasaba el día intentando evitar que nadie tocara o se parara sobre la ambarina aura de Ausencia y la pudiera molestar.

En el despacho, colocó su mesa al lado de un muro a la izquierda. Deslizó poco a poco la fotocopiadora de modo que la maloliente puerta de los servicios quedara a su siniestra desmotivando así cualquier intento de pararse a su lado. Cuando hablaba con su jefe lo hacía de perfil girando dolorosamente su cara mostrando su lado derecho. En los bancos del parque depositaba el periódico a su lado izquierdo para que nadie se le sentara encima y en el cine, sacaba dos boletos para poder decir a cualquier solicitante que la butaca de su lado estaba ocupada.

Pero aun con todas las precauciones y toda la atención que aquel hombre maníacamente mantenía, por lo menos una vez a la semana y por diversas circunstancias, alguien involuntariamente lograba pararse o sentarse sobre Ausencia provocando en Alejandro una sensación física de dolor, malestar y profusa y helada sudoración que él interpretaba como una queja del amado espectro de Ausencia que se quedaba atrapado impidiéndoles huir.

Solo en algunas ocasiones, a pesar de que la reacción era mas intensa, dolorosa y casi brutal, dejaba en Alejandro un regusto de satisfacción y una disimulada sonrisa cuando el aura ambarina quedaba atrapada por un cuerpo bello o interesante de mujer demostrando así Ausencia, lo celosa y posesiva que era.

Alejandro, daba por hecho y siempre pensó que Ausencia siempre permanecería a su lado y jamás miró a nadie mas , pero pasados algunos años, sucedió que un día cuando en el metro se hizo inevitable que una mujer vulgar y cuarentona de pechos caídos, evidentes michelines y que cojeaba levemente se sentó a su izquierda en el asiento que en un descuido un Alejandro ya canoso había dejado libre, él se preparó con los ojos fuertemente cerrados a percibir el tormento y el castigo a su distracción, pero… nada malo pasó, sino que sorprendentemente, aquel hombre sintió por todo su cuerpo una deliciosa sensación de serena felicidad.

Cuando abrió los ojos y miró a aquella mujer desgreñada con mirada interrogante, el hombre se encontró con una sonrisa encantadora, un gesto de infinita dulzura y una voz aterciopelada con la que inició una fascínate conversación hasta el final de trayecto que le hizo olvidar incluso los dolores de estómago que le aquejaban en las últimas semanas.

Cuando Alejandro abrió los ojos a la mañana siguiente, el olor a violetas le recordó la maravillosa noche que había tenido entre los blandos pliegues de aquella mujer mientras le parecía que no era él mismo el que la había amado una y otra vez con tanta pasión hasta que la luz del alba, se llevó a regañadientes a los rayos de luna llena que, curiosos, se habían colado por la ventana.

Cuando por fin se decidió a mirar a su lado y buscarla, decepcionado, solo encontró sábanas arrugadas y una nota sobre la mesilla de noche que decía : Hasta pronto…y algo más extraño aun que parecía escapársele…, ! Si…!, el aura ambarina ya no estaba. Ausencia había desaparecido de su lado.

El Oncólogo se quedó atónito. Pese a sus años de carrera jamás le había pasado algo así. Aquel loco había sonreído y parecía alegrarse cuando el Doctor pesaroso y con cara de circunstancias le ofreció todo su apoyo tras comunicarle que aquellos dolores de estómago los producía un cáncer incurable y apenas que le quedaban unas semanas de vida.

- De verdad Señor…estoy confundido…perdóneme, pero nunca había visto que un hombre se alegrara ante una noticia tan nefasta…

- No se preocupe Doctor le dijo Alejandro…!! Estoy seguro de que pronto voy a estar mucho mejor !!

Fin.

jueves, 18 de octubre de 2018

REFLEXIONES FOLIACEAS V2018


Mira, cada uno és como és y las hojas de los árboles somos cortas de vista porque de tan delgadas, no nos caben en el cuerpo unos ojos como dios manda.

En realidad, solo podemos apenas vislumbrar por arriba y por abajo y es por eso creo, el que nos guste tanto que la brisa de la tarde nos zarandee un poquito para poder ver así mejor lo que tenemos a nuestro lado, cotillear un poco y cotorrear con nuestras vecinas de rama mientras rozamos divertidamente nuestros bordes con ese siseo tenue que tanto gusta a los humanos cuando pasean bajo nosotras.

Bueno, la verdad es que en mi caso solo puedo rozar con mi vecina, pues ambas estamos aquí "encaladas" y tan altas en la copa del árbol como los vecinos de un ático y la savia de nuestro gigantesco árbol , un hermoso plátano de sombra, apenas llega con suficiente ánimo a nuestro último "piso" para alimentar a mas de dos hojas en nuestra fina ramita.

Si, si… ya sé que es una pena que estando aquí en lo alto, apenas podamos disfrutar de la belleza del parque y de la sensación de inmensidad que produce el bosque frondoso, pero en la naturaleza, cada uno debe ser feliz y aceptarse como es y es inútil anhelar lo que no se puede ser.

Sin embargo, aunque las hojas apenas vemos, ! Hay que ver como sentimos! ! Es fantástico!.

La nuestra, es una piel verde y sensible cuya gran superficie no nos permite aburrirnos.

Nos encanta percibir el calor de las mañanas del verano que suavemente nos va evaporando el rocío de la madrugada justo cuando ya nos empieza a molestar su frescor y estamos a punto de pedirle un chal o una "rebeca" a una de las de mas abajo.

¿Y la lluvia…?, !Ay la lluvia…!, !Qué cosquillas…! !Que risas…! Aunque no lo podáis oír, todo el parque foliáceo ríe divertido viendo como esos cabrones de los pajarillos se callan de una puta vez cuando nos golpean los goterones furiosos y se quedan empapados y temblones cuando logran refugiarse bajo nosotras.

Además, el agua de lluvia es para nosotras una especie de ducha divina que nos deja más bellas, fragantes y limpias ya de los manchurrones grisáceos que nos dejan esas legiones de palomas diarreicas que aún no sé ni de donde coño han venido, pero que sean de donde sean… deben haberlas expulsado de allí a manguerazos por guarras y por ponerlo todo perdido.

La verdad..., es que a Matilde, mi vecina, la echo mucho de menos. La quería como una madre, mejor dicho, la quería como esa hermana mayor a la que a la vez amas y odias por que la envidia de verla tan segura hermosa y lista, mezclada con la admiración, no te deja ver que ese sentimiento es solo impaciencia por madurar y que el tiempo te hará también tan bella como ella.

Pero eso lo sé ahora…, si…, ahora que no está…, ahora que me ha dejado sola…, ahora que un vendaval de otoño como tantos con los que nos gustaba jugar a " a mí no me arrancas " la arrancó en serio llevándosela muy lejos.

Es verdad que Matilde ya no estaba bien desde septiembre… Es verdad también que pensé que estaba mala del hígado, si es que las plantas tenemos hígado, porque de la noche a la mañana se puso anémicamente amarilla y luego fue arrugando y sus preciosos y dentados bordes se le fueron secando y cogiendo un feo tono cobrizo que aunque sé , por lo que oigo, que a los humanos les parece bello y romántico, a nosotras las hojas nos parece tan funesto que nos deja la clorofila helada.

Pero con todo, Matilde me ha dejado muy sola. Si, si…, ya sé que era mayor que yo… y que cuando apenas yo era un pequeño brote verde oscuro , ella ya tenía un dentado precioso, un verde brillante y lujurioso y un culo… bueno un envés, oscuro y sexi.

Pero ahora…, cuando también estoy amarilleando yo como lo hizo ella y me siento cansada triste y melancólica, ahora que el banco de madera que hay bajo el árbol junto al tronco permanece vacío y silencioso y añoro el suave calorcillo que emanaba hacia arriba cuando las parejas sentadas en él se besaban y reían en verano y esperaban a la noche para meterse mano desvergonzadamente, ahora os digo...., que por fin he comprendido que no fue la enfermedad lo que se llevó a Matilde, sino que la fue vejez.

Es difícil la vejez, lo sabéis. Yo estoy intentando llevar la cosa tan dignamente como Matilde lo hizo y lo intento hacer lo mejor que puedo a pesar de que para mí es mas difícil el declive del otoño, porque me toca hacerlo sola.

! De verdad...! ! Os lo juro ! Confieso que ya no tengo ganas de seguir aquí en lo alto agarrándome a esta rama tan seca como yo. Solo deseo ya que el próximo vendaval me lleve junto al quebradizo y seco cuerpo de Matilde para que nos pisoteen juntas hasta convertirnos en el polvo del invierno.

!! Putos ciclos vitales de mierda !! .

jueves, 11 de octubre de 2018

LA JOVEN DE LA TAZA V 2018


Un precioso día en el alba de un prometedor y esperado verano. Había quedado citada con sus amigas para ir a la piscina. Se levantó perezosamente de la cama, se le había hecho tarde... 

Serían sus últimas vacaciones del instituto, había cumplido diez y ocho y en septiembre le esperaba la universidad. Era feliz… 


El plan era sencillo: tumbarse semidesnudas y dejar que, sin el menor trabajo, el sol las embelleciera tiñéndolas de dorado entre risas, confidencias y expectativas, con los ojos brillantes de ilusión ante un futuro que con la candidez de esa juventud aún con regusto a infancia, se sentían capaces de diseñar su antojo. 

Silvia era inteligente y buena estudiante. No, no tenía un cuerpo espectacular, pero mona y estilosa, su imagen era especial...

En su familia, había una bisabuela oriental de la que había heredado un cuerpo menudo y flexible que se movía con la armonía de una gatita, una piel blanquísima y unos ojos castaños brillantes y algo rasgados.

Nunca le agradecería bastante a su bisabuelo aquellos viajes de negocios a filipinas, en los que importó algo más que seda.... Con la sabiduría natural de las hembras, ella cultivaba y mimaba ese toque de exotismo en su imagen que la hacía tan diferente a la belleza de moda , llamativa y algo ordinaria, que imperaba entre las chicas de su edad.

Desnuda y de espaldas al espejo de su habitación, miró con deleite la parte trasera su cuerpo con un gracioso movimiento de su cabecita, que al pasar su cara por encima del hombro, consiguió hacer cosquillas en su espalda con su liso pelo negro. ! Estaba preciosa !. Su piel y su vello, tenían aún esa textura suave aniñada que pronto se evaporaría.

Se miró los pechos, sus manos los cubrieron adaptándose perfectamente a su pálida redondez como las delicadas copas del sujetador...! Justo!, ni faltaba ni sobraba mano…, del tamaño que a ella le gustaba…, más grandes podrían hacer vulgar su figura, más pequeños le restarían feminidad...¿Perfecta..?, bueno, salvo por unas pequeñas arruguitas verticales en el entrecejo.

¿Estaba preocupada?, la verdad es que solo una pequeña nube empañaba su ilusionada cabecita y ésta mañana, estaba decidida a evaporarla.

Aunque ya le había ocurrido con anterioridad, la regla ya le faltaba quince días y esto le inquietaba levemente.

Un mes antes y tras la fiesta de su cumpleaños, sintiéndose ya una universitaria responsable de su cuerpo y una mujer que había dejado de ser una colegiala, se había acostado por fin con el chico del que estaba completamente enamorada y junto al el que desde algunos meses atrás estaba descubriendo los secretos del amor y del sexo y aunque tomabron sus precauciones, se sentía algo inquieta porque, aunque improbable, siempre era posible algún fallo …

La casa estaba vacía, vacía y rara, maravillosamente extraña…. Las ventanas estaban abiertas, la brisa mecía suavemente los visillos blancos y en el comedor, los rayos dorados del sol mañanero, entraban acompañados del perfume del limonero.

!Silencio…!, ningún ruido… , ni la radio ..., ni la tele…, ni el extractor de la cocina … La paz era tal, que parecía estar en otro planeta y la casa tan irreal como un decorado de teatro del absurdo.

!Cuanto tiempo hacía que el trajín de aquella morada no le había permitido oír el tic-tac del viejo reloj de pared !, ! Cuanto tiempo que en su propia casa no había podido escuchar el plis-plas de sus pasos con los pies descalzos en el fresco terrazo!.

!Estaba sola!, deliciosamente sola, todos se habían ido ya a sus obligaciones…, En el baño y sintiendo la libertad de dejar la puerta abierta de par en par, orinó sobre la tirita del test y después, con el morbo y la intima liviandad que da estar ocioso cuando el resto del mundo está ocupado, desnuda y sin ponerse nada encima, fue vagando por toda la casa hasta la cocina a ponerse una taza de café.

Taza en la mano, se acercó al ventanal del jardín. Con la mirada ausente y protegida de las miradas ajenas por la enredadera de madreselva que cubría el muro exterior, , dejó pasar algunos minutos mientras que el sol calentaba sus pechos y su casi imberbe pubis.

Cuando volvió al de nuevo en el baño, se acurrucó en un rincón , notando el delicioso fresco de los azulejos en su espalda, se dejó caer despacio hasta quedar sentada en el suelo y cerró los ojos para esperar el resultado….! Por favor…!….! Por favor…! arrugó con gracia su carita….! ….! Por favor…! ! Por favor Dios.. ! …..!!Que sea negativo!!.

Sin embargo, cuando fugazmente sintió que ningún resultado le haría completamente feliz, entendió por primera vez en su vida, lo profundamente contradictoria que puede ser el alma de una mujer.

FIN

miércoles, 3 de octubre de 2018

EL BANQUETE


Abrió los ojos una hora antes de que sonara el despertador y casi a la par notó un fuerte codazo en los riñones acompañado de un susurrado ! Alfooooonso...! ! Vaaaamos...! ! ! Levaaaanta…! con el que su esposa Carmina, de espaldas, sin moverse y con los ojos cerrados, le impelía "cariñosamente" a salir del lecho abandonando el caliente embozo y lanzarse a la negra y fría madrugada invernal. 


A Don Alfonso Delgado, el juez del distrito, no le hubiera hecho falta tan cruel aviso en un día como ese. Consciente de su responsabilidad y su importante papel cómo cabeza de familia, había dormido inquieto dando vueltas con un sueño ligero y nervioso. Tanto Carmina como sus tres hijas, sus dos yernos como maridos de las mayores, el noviete de la pequeña y el resto de su familia incluidas su madre viuda y octogenaria, el tío mariano, sus dos sobrinos, sus dos nietos y así hasta veintidós almas, esperaban todo el año ansiosamente ese sagrado evento. 

Hoy era el día de de la Patrona de la ciudad, la fiesta mayor y tras las misas las procesiones de la mañana y los toros y bailes por la tarde, la comida tradicional más importante del año: El famoso asado de cordero lechal con tomillo y manzanas acidas.

Sin embargo, para la familia Delgado el banquete no sería la tradicional comida porque ellos eran diferentes.

Como una ceremonia particular cuasireligiosa, semisecreta o masónica, para ellos sería una celebración única y especial, un menú insólito, algo que ellos adoraban como lo mejor y que comerlo juntos los mantenía orgullosos y unidos como una piña y que luego nadie… y digo ! Nadie! en aquella familia, osaría probar y ni siquiera se atrevería a nombrar hasta el evento del año siguiente.

Hasta que le fallara la salud y pudiera designar un sucesor de confianza, Don Alfonso y solo él como cabeza de familia con la ayuda de su esposa Carmina, era el encargado de organizarlo todo y que estuviera en la mesa exactamente a las dos en punto a punto con el ambiente y la música adecuada.

Como siempre que llegaba ese día, junto al deseo que le hacía la boca agua y la ilusión de tenerlos reunidos a todos, sintió un cosquilleo y una leve sensación de inseguridad que los treinta años anteriores en los que todo había salido bien, no habían podido mitigar.

!No podía llegar tarde !, !No podía permitir que otros se llevaran antes los mejores o lo que es peor!, ! Que los dejaran sin él…!. Nunca había ocurrido y aunque lo tenía encargado y pagado con un mes de antelación, siempre tenía el temor de que hubiera algún error...

Intranquilo por éste pensamiento se vistió rápidamente y salió de casa. El incipiente amanecer aún mantenía desiertas y oscuras las calles de la ciudad turbadoramente silenciosas tras la noche festiva de la víspera.

Con la boina calada hasta los ojos tapándole su respetuosa calva hipocrática, las orejas heladas y el vaho del aliento saliendo como un Geiser a través de su canoso bigotón de morsa para empañar el parabrisas, Don Alfonso tras esperar con impaciencia a que funcionara la calefacción del coche para poder ver algo, enfiló cuidadosamente por la sinuosa y helada carretera y subió por las montañas hasta aquel perdido pueblo donde ceremoniosamente se hacían los mejores ejemplares con una tradición casi centenaria y una materia prima única.

Para Don Alfonso, ése día no importaba la distancia…,no importaba la hora…,no importaba el precio…, solo importaba la tradición y el deseo.

Para que se fuera atemperando, la noche anterior ya había sacado su mejor vino de su bodega, un Ribera del Duero tinto gran reserva aterciopelado y suave, con notas de avellana y frutos secos, que una hora antes descorchó y decantó para su oxigenación y que maridaba a la perfección con el divino manjar.

También había preparado no sin cierto rito y ceremónia, un antiguo y costoso cuchillo japonés tan bello y afilado como la Katana de un Samurái que tenía exclusivamente reservado para el evento anual.

Minutos antes de la hora de comer Carmina que había engalanado el comedor, repasó cuidadosamente el protocolo…, la cristalería de Bohemia…, la vajilla buena de la cartuja de Sevilla… y la cubertería de plata repujada de la bisabuela…, encendió todas las luces…, avivó la chimenea…, y al final, colocó cuidadosamente "La preciosidad" sobre la mesa ocultándola hasta el momento preciso bajo un paño de seda granate sobre una antigua tabla de madera veteada de olivo.

!Si!. ! Estaba todo en orden!. A las dos en punto Don Alfonso con aires de ujier del congreso de diputados, abrió desde adentro las dos hojas acristaladas de la puerta del comedor para que la familia que se agolpaba en el pasillo, entrara a su indicación.

Cuando todos entraron, la música barroca cesó y fueron rodeando la mesa en un silencio expectante y teatral hasta quedarse de pie delante de sus asientos.

!! Ohooooooooo!! exclamaron todos al unísono cuando Don Alfonso como una especie de rey mago, mirando el brillo de ilusión en los ojos de todos, retiró el paño granate de golpe:

!! Allí estaba !! esperándoles como todos los años, el enorme pan. Una Hogaza de 3 kilos horneada con leña de encina..., morena…,oronda… con su crujiente y tostada costra por fuera y blanca esponjosa y tierna en su interior adornándose con tres rubias estrías reventonas y que éste año les pareció mas bella que nunca.

María, la hija pequeña, amenazando con contagiar a todos lloraba de emoción …..

!Si !, !Parecía mentira !, pero para aquella familia apellidada Delgado paradójicamente cuya  colectiva imagende obesos crónicos podría desbordar los margenes de un mural de Botero y que debía permanecer perpetuamente castigada  por el más despiadado y poco efectivo de los regímenes de adelgazamiento y torturada desde tiempo inmemorial por las dietas del más cabrón de los nutricionistas, el pan y solo el pan... ! El divino pan!, era el alimento prohibido adorado y deseado...,su mayor ilusión..., la manzana de Eva… y cada año, en este día y solo en este glorioso día…, ese divino pan parecía llegarles del cielo, como el maná que enviaba Dios en el desierto…!.

Los Delgado sabían bien que no hacía falta una misa para consagrar el pan...!! Un pan siempre trae dentro a Dios !!.