jueves, 30 de agosto de 2018

SICILIA

En aquella vieja casa blanca de estilo mediterráneo, de tejados morunos, blanco inmaculado y umbrío porche de arcos tradicionales, Greta fue feliz aquel verano. 
Allí, en Sicilia, sesenta años antes a su bisabuelo Hans todos le llamaban el "Alemán loco". Aquellas gentes, no podían comprender que aquel hombre raro de pelo amarillo y piel bermeja edificara una casa en ese, perdido lugar del mediterráneo, en lo alto de la enorme, pelada y oscura montaña volcánica 

El viejo lo había hecho por su esposa Berta con los ahorros de toda la vida para que su enfermedad del pecho mejorara con el aire puro y cálido del mar Tirreno según recomendación de los médicos de su país. Pero el remedio llegó tarde. El bisabuelo Hans enviudó apenas habían acabado la casa y aún estaba húmedo el revocado de la cal. 

La guerra no dejó volver a Hamburgo al triste Hans, y aquel "Alemán loco" acabó allí consolando su soledad y su pena con, una morenaza siciliana de "armas tomar" que le hacía de ama de llaves y que resultó ser la bisabuela de Greta.

En la bella pero germánica Greta, su biznieta, el deber y el culto al trabajo bien hecho regían su vocación de enfermera y la música clásica y la lectura mandaban en su vida personal.

Sin embargo, aunque su aspecto no podía ser más nórdico, y su mente mas teutónicamente cuadrada, Greta debía llevar secretamente escondidos algunos genes sicilianos relacionados con la sensualidad que se llevó su abuela en su sangre al volver a Munich.

Greta había venido ahora a su "Casita de Sicilia" a descansar y poner en orden los pensamientos sobre su vida sentimental, algo confusos desde que el Dr.Gunter, un médico con el que trabajaba, le había propuesto inesperadamente matrimonio.

Hacia el mediodía, Greta se aproximó algo inquieta a la barandilla de la terraza de piedra clara cuyo mirador sobresalía sobre el acantilado negro. Bajo su pequeño sombrero, la brisa térmica mecía sus cabellos rubios casi quemados por el sol y su bañador resaltaba el bronceado dorado de su piel.

A trescientos metros de altura todo se veía minúsculo, excepto el mar en calma que ocupaba prácticamente el horizonte. San Telmo, el pueblecito del otro lado de la bahía cerca del cabo azulado era apenas un borrón blanco tras el perfil del Etna humeando en la lejanía y a sus pies, Grámola, que con su pequeña iglesia y su puerto pesquero, parecían solo una pequeña maqueta de juguete.

La carretera que subía al Alto, estaba desierta. Sus doce kilómetros heridos por viejas señales oxidadas e ilegibles, yacían abandonados a los elementos desde que se construyó el tunel. Su trayecto en zigzag se aferraba a la pared del abismo con tanto desespero mediante giros en forma de lazos, que desde el mirador, Greta apenas podía ver mas que su última curva.

El silencio y la paz del lugar, le permitían oír la vieja motocicleta de Giuliano que. con el escape roto, pedorraba rítmicamente con los esfuerzos en cada tramo del ascenso.

Al salir Giuliano de Grámola, aquel sonido apenas era un rumor. Luego, a medida que iba subiendo, se podía escuchar mas y mas fuerte cada vez, de modo que ella, podía casi adivinar por su intensidad cuanto le faltaba a Giuliano por llegar.

Sí, Greta estaba inquieta y algo nerviosa. La última vez, desnuda en su tumbona, se había ido excitando tanto al par que aumentaba el sonido de la motocicleta, que cuando el hombre llegó, corrió hacia él con el sexo húmedo, y sin siquiera dejarle apagar la moto o quitarse el casco, lo besó mientras le desabrochaba la camisa, lo abrazó por dentro de la chaqueta de cuero y apretó sus pechos en su torso.

Aquello, no fue un beso. Por lo menos no uno cualquiera…, durante cinco minutos, Greta le mordió con avidez sus labios salados raspándose con su barba de dos días y persiguió su lengua con sabor a tabaco negro. Giuliano, asombrado por aquel comportamiento tan poco mediterráneo en una mujer tras un instante de duda, le correspondió con pasión, pero Greta había notado su sorpresa tal vez, porque la primera sorprendida de su descontrol fue ella misma. Luego, el juego del cambio de papel tradicional de víctima y depredador, los mantuvo a ambos tan calientes como desorientados.

Cuando lograron separarse de la moto y el hombre pudo quitarse el casco, Greta ni siquiera le dejó llegar hasta la fresca sombra de los arcos de porche, lo arrastró al suelo y allí sobre el enlosado de piedra clara, sin el menor asomo de pudor metió con fuerza la cabeza de Giuliano entre sus muslos. El hombre, comenzó a devorarle sin piedad mientras ella le tiraba con ambas manos del crespo pelo moreno aún áspero de la brisa marina y se arqueaba levantando su dorso del suelo y gritando enloquecida.

Por fin, tras un éxtasis brutal, su cuerpo se relajó desfallecido sobre el piso caliente con la cabeza tirada a atrás y el cuello extendido hacia el cielo. Jadeando ambos, permanecieron así quietos un rato.

Poco a poco, cuando fue recuperando la energía, Greta miró con una sonrisa pícara de disculpa la cara de Giuliano que surgiendo entre sus muslos de las rizadas profundidades, sonreía relamiéndose como un gato.

No era amor. Lo de Greta y Giuliano, era solo sexo. Era una atracción salvaje y profunda que como ella decía no fue "Amor a primera vista", fue "Sexo y atracción animal a primera vista" que se aderezaba además con grandes dosis de complicidad, sentido del humor y una alocada irresponsabilidad ausente de cualquier rasgo de culpa.

Aquel había sido un verano de risas y sexo…sexo y risas… Ah y.... ! Pescado !, mucho pescado, el mejor pescado de la barca de Giuliano, que además le servía de excusa para subir a la casa del Alto dos veces por semana.

A la Alemana, culta y preparada, le enternecía la rusticidad del pescador. Aún recuerda lo bello que le supo cuando Giuliano le dijo como la cosa más romántica del mundo, que su sexo olía a lubina fresca pero sabía al pulpo de las rocas. Y… algo de razón debía tener porque desde que vio a Giuliano sudoroso en el muelle descargando su barca, a Greta le parecía tener entre sus piernas un pequeño pulpo desobediente que sin atender a llamada alguna de la razón, movía sus patitas con vida propia dispuesto, a enrollarse en su presa y no soltarla jamás.

La tranquilidad solo llegaba al interior de Greta cuando al atardecer volvía a oír sonido de la motocicleta de Giuliano alejarse poco a poco hacia abajo regresando a Grámola. Entonces Greta, cansada, relajada y satisfecha, miraba ausente el mar esperando la salida de la luna. ¿Satisfecha?... !! Aún no había desaparecido el rumor de aquel destartalado motor y su cuerpo ya estaba deseando volverlo a escuchar…!!

No tengo empacho en decir que Greta decidió al final aceptar la proposición del Dr.Gunter. Y ahora, desde la húmeda niebla del norte, no se arrepentía de nada.

Greta sabe ahora que hay algo indomable y misterioso dentro de su ser pero el futuro de una alemana siempre debe marcarlo la razón y "Lo que pasó en Sicilia debe quedar en Sicilia". !Si…!, en Sicilia... y en su memoria, escondido profundamente para siempre como "Secreto de mujer".

FIN

viernes, 27 de julio de 2018

NATURALEZA MUERTA V2018

Agustín aun recordaba como meses antes, Ilusionado por el viaje, antes de partir había dejado cuidadosamente recogidos los objetos de su estudio de pintura: Los antiguos botellones que empleaba en las clases de dibujo con sus alumnos que desprovistos ya del mimbre que los convertía en garrafas, se sentían incómodos posando en su verde desnudez. El cenicero limpio, se miraba incrédulo poco acostumbrado a no cargar con un montón de colillas aplastadas sobre su ombligo. Cuidadosamente cerrados, los botes de cristal con el colorido pigmento en polvo que Agustín empleaba para crear sus propias pinturas se habían agrupado por azar en armoniosas combinaciones de purpuras, violetas, añiles y ocres.


Ahora, sin embargo, todo estaba cubierto por una pátina grisácea de polvo. Los pinceles que cuando los dejó parecían un animado grupo de amigas charlando en una cafetería agitando graciosamente sus melenas rubias, morenas, pelirrojas y castañas, según el color de su procedencia, ahora sesteaban silenciosos en su bote de cerámica azul apoyando sus cabezas en el paño con el que se cubría la modelo cuando le molestaban las corrientes de aire.

Cada día Agustín, subía trabajosamente la escalera negra de caracol de hierro forjado, hasta el estudio claraboyado del ático, y cada día bajaba decepcionado sin la menor inspiración. 


Pero como un rito, volvía una y otra vez cada mañana . 

Agustín tenía fe en que el color, su amigo desde la infancia, lo salvaría y lo sacaría de aquello……!Si !, tenía fe en que un día el color se volviera a colar en su alma cerrada y empujado por el trazo, desencadenara la reacción química que le retornara a la vida porque desde niño, las formas y colores parecían susurrarle a él cosas que a los demás nos negaban, secretos de los que otros no soñaríamos siquiera en saber de su existencia. Su corazón, podía temblar con los colores azules, como el cristal con el canto vibrante de los tenores, sentir los tierras y sienas como las notas dulces y oscuras de un barítono, o llorar a lágrima viva con los colores violáceos en el aria de una soprano abandonada. 

Su manera de percibir su entorno era distinta al resto de los mortales. Para él, sus viajes eran una fuente de inspiración y en ellos captaba y memorizaba todo tipo de tonos y formas que de algún modo plasmaba luego en sus delicadas obras: Aquel turquesa de la cúpula de la mezquita, aquella piel negro-azulada de una Venus senegalesa, el obsceno verde del bosque lluvioso peruano o el blanco inmaculado de la túnica bereber del anciano arrugado y centenario.

Pero como un extraño catalizador en una reacción química, hacía falta algo más para darle el toque genial a sus obras, aquella magia extraña que nadie podía describir….hacía falta la presencia de ella…de Marina.

Si, cada uno de los días …sin la menor emoción, el pintor miraba apáticamente aquel rincón de su estudio cubierto de polvo donde estaba todo tal como lo dejó antes del maldito viaje que a Agustín veía como un mal sueño y luego, bajaba  desanimado y solo media botella de aguardiente le permitía pasar el día tumbado en silencio en el sofá sin apenas comer y con la mente en blanco.

Marina, no había matado su alma de artista en aquel viaje. Nadie entendía como un pintor tan serio y afamado se casó con aquella mujer joven infantil e inconsecuente que pasaba de su obra e ignoraba su genio. Solo él sabía lo que ella suponía y aguantaba de aquella mujer carros y carretas porque era su musa y a las musas... hay que seguirlas y obedecerlas cuando se las encuentra por azar y someterse a su caprichosa tiranía. Generar inspiración en alguien es algo tan insólito como raro y emana inconsciente de seres que incluso son ignorantes de su poder.

Agustín sabía que le debía a Marina todo el éxito que había tenido desde la media docena de años en que la vida cruzó sus caminos y también había notado morir su inspiración y su alma de artista cuando percibió en ella el alejamiento, la indiferencia y aquel mortal aburrimiento en que se le había convertido su relación.


El viaje, solo fue una excusa para intentar un acercamiento que reviviera en ella algún sentimiento. Que Marina muriera en un accidente de tráfico con un amante nativo durante el maldito viaje, no mató el alma de Agustín más de lo ya estaba.

Un día, en el solsticio de verano cuando almas y brujas vuelan libres, volvió a subir a su estudio con paso cansado.

La noche de San Juán había sido terrible, se había desatado una tormenta inesperada y a la costa entraron vientos huracanados y relámpagos y rayos que habían impedido las hogueras de la fiesta popular.

Cuando Agustín miró como siempre a su alrededor… todo el estudio estaba mojado…la ventana se había abierto permitiendo que el vendaval metiera la lluvia sesgada y desparamara los lienzos, pero cuando miró hacia los botes de pigmento, aparecieron libres de polvo y brillantemente iluminados por un rayo horizontal del sol del amanecer y aquellos colores puros penetraron de nuevo en su alma, la inspiración apareció de nuevo y un torrente de lágrimas brotó de sus inexpresivos ojos.

!Pintó!…!Si!... Pintó con trazo firme el retrato de Marina, con su mirada brillante, su pelo rojo, su eterna risa y su cuello grácil … Aquella imagen que él siempre llevaba en su cabeza. Luego, colocó el lienzo presidiendo el estudio y jamás volvió a pintar sin su presencia.


!Sí! Marina había vuelto en aquella noche donde brujas y espíritus atormentados vuelan libres, de algún modo él la esperaba, al fin y al cabo sin él, ella nunca supo dónde ir…

viernes, 20 de julio de 2018

LA MUERTA DE LA CURVA V.2018

Lo confieso, si fue una alucinación en parte fue culpa mía; iba cansado, agotado, y además, había bebido. También iba bastante decepcionado, venía del puticlub del valle cerca de la autovía y ninguna de las muchachas había logrado levantar mi ánimo.

Putero…?, !No!, no… Pero desde hace veinte años soy el maestro de un pueblo rodeado de aldeas encaramado en lo alto de la sierra, azotado por todos los vientos y cuyo acceso es un infierno y no he perdido mi afán por el estudio ni mi vocación de que salgan menos brutos de aquel lugar, pero sí…, es verdad que me he hecho a las costumbres de sus hombres seguramente para integrarme allí y ya me gusta tomar aguardiente con ellos, risotear de sus maldades, correr en las fiestas los toros, y si…y lo digo sin culpa, tirarme de cuando en cuando a alguna putilla traviesa y alegre mientras mi cubata se calienta en una mesilla de noche. 

¿ Soltero…?,! Si!

¿ Muchachas… ?, ¿ Del pueblo….?, ! No! .

En ese pueblo solo hay jóvenes las casadas y son un hatajo de adefesios. Las chicas guapas y listas, no vuelven después de los estudios en el instituto del valle. Aquí no hay porvenir y cuando acaban allí siguen su rumbo a la ciudad con la mirada ilusionada.

A veces pienso que si la genética sigue sus leyes inexorables, en ése pueblo, a base de quedarse lo peor, se va a generar una raza nueva; una especie de "Homo Degeneratus" casi indistinguible de los hombres prehistóricos del Neanderthal.

Pero bueno, a lo nuestro…, os decía que iba cansado y algo bebido cuando comencé a ascender por la tortuosa carretera del jodido puerto cuyos enormes robles a ambos lados de la vieja calzada tocaban sus copas en las sinuosas curvas creando a veces túneles negros.

A la altura del primer bosquecillo, la bruma azulada no me dejaba apenas ver el asfalto agrietado y se colaba a retazos por las ventanillas helando mi sudor y dotando al paisaje una atmósfera céltica de bosque embrujado cuyas ramas tortuosas parecían querer agarrarme.

El ulular de algún búho vino a sorprenderme provocándome un intenso escalofrío y una sensación de desazonadora soledad que me hizo sentir vulnerable.

Cuando atravesé la nube baja y la luna llena dibujó con claridad el zigzag plateado de la carretera ascendente creí ver junto a mi derecha al pasar en uno de los giros un resplandor fugaz y una figura blanca.

Frené en seco y di marcha atrás hasta el lugar donde creí haberla visto pensando que era alguien perdido.

!No!, era una muchacha desnuda y tan bella como una virgen!, su cuerpo bajo la luz de la luna era de un blanco inmaculado y su negro cabello, sus pezones y los rizos de su pubis tenían unos reflejos violáceos que recordaban a la muerte.

Paré el motor; El silencio era total, ni los grillos se atrevían a cantar y antes de que yo hiciera intención de bajar, la muchacha, con un sigilo felino, entró en el coche y se sentó a mi lado en completo silencio y sin mirarme con un gesto de su barbilla al frente me ordenó que continuara.

!!Joderrr !!, !!Qué yuyu.!!, !!La muerta de la curva existía!!, !!La leyenda era verdad !!, !!Toda la vida burlándome de ese cuento y ahora la tenía ahí...e incluso la podía tocar !! había llevado mi mano desde el volante hasta su hombro y su tacto era real..! Si!, frío y distante, casi mágico… !! Pero real !!, tan real como pude notar cuando con su helada mano cogió la mía y la devolvió al volante junto a la otra.

Apenas dos kilómetros más adelante, con otro gesto, aquella aparición me hizo parar el coche y me indicó una pista forestal de tierra la derecha, que descendía ligeramente hasta una terraza natural que se formaba sobre el hondo y amenazante cortado donde la resonancia del río apenas llegaba desde la negrura del fondo.

Cuando paré allí, la misteriosa figura bajó del coche y sin esfuerzo alguno, trepó por la losa de granito brillante hasta pararse justo al borde y dejar bañar su silueta por la luna.

No sé aun cómo me desnudé, pero en un impulso incontrolable, la alcancé y la abracé por detrás tomando entre mis palmas sus pechos helados y sintiendo como mi miembro ya inhiesto, entraba en una gélida oquedad que se había formado en la parte baja de sus nalgas.

!Si…, la tomé allí mismo!, sobre la losa plateada por la luna tan fría como la muchacha.

Ella, se dejó hacer con suavidad pero sin un solo jadeo ni movimiento mientras sus labios finos y cárdenos permanecieron cerrados e inalterables.

Pese a mi excitación, una extravagante sensación de necrofilia pasó por mi mente.

Cuando el éxtasis me derrumbó sobre su piel de lagarto, me apartó con suavidad y levantándose, se dirigió de nuevo al coche sin ni siquiera mirar atrás. Yo la seguí perrunamente algo trastornado y tras vestirme a medias, me puse al volante y la miré: !Estaba preciosa!.

De un nuevo, un gesto silencioso suyo sin ni siquiera mirarme me indicó la entrada de una pista forestal que casi escondida por la vegetación se abría poco más adelante. Tras un corto trayecto bacheado, aquella trocha infernal nos devolvió a la carretera asfaltada no sin antes rayarme toda la pintura de los laterales del coche con los afilados arbustos de espino.

Estábamos ya algunos kilómetros más allá de donde antes habíamos abandonado la desdentada calzada.

Con nueva señal, me hizo detener y mantuve el vehículo al ronroneo del ralentí y entonces, abrió la portezuela con su mano derecha y posó su pie en el asfalto mientras puso su mano izquierda frente a mi rostro con un inequívoco ademán de bandeja.

Cuando la miré con sorpresa, habló por primera vez y con una voz extraña y gutural dijo….!! Son trrressientos eurrros…!!

!Me salió del alma…!, ! Joder!,¿ trescientos euros?

Ella me miró a los ojos y pude ver en los suyos una negrura infinita. Entonces dijo sin inmutarse: Salvarrrte la vida es grrratis…, los trrrescientos Eurrros, son por el polvo !Cabrrrón!.

Cuando me alejaba tras pagarle lo que me pidió, el alba ya clareaba y la luna llena aun brillaba semioculta tras los negros pinos en lo alto del paso, el abatimiento de haberme dejado engañar fue superior a mi cólera y mi cara no era de enfado, mi cara era la de un agotado idiota. ! Mira que dejarme engañar por una puta rumana de carretera !

Ya al mediodía, me despertó una algarabía en la plaza del pueblo. Resacoso, me asome a la ventana y pude ver como en medio del bullicio, un camión grúa traía un coche destrozado. Abrí las contraventanas y saliendo en pijama, me dirigí entre los geranios al primer vecino que pillé bajo mi balcón:

-¿Qué pasa Manolo? ¿Qué es eso…?

- ¿Eso…?. Eso es lo que queda del coche del cura.

-¿ Que le ha pasado..?

- ! Joder..! Pues que anoche Don Marcelo, el párroco, se mató en la subida del puerto. Su coche se despeñó cuando fue a caer en el barranco en el curvón que cruza el torrente. Un desprendimiento se había llevado media calzada …

!Jesús!, una sensación de inmenso alivio recorrió mi cuerpo que se quedó tembloroso. Sentí que había vuelto a nacer y creo ahora yo que ahora sé algo más que casi nadie sabe: !La certeza de que la muerta de la curva existe. !Si!, !Existe!, pero además sé…, !!Que es puta!!....

Fin

viernes, 13 de julio de 2018

CINCUENTA Y NUEVE DIAS EXACTOS v2018

Cuando nos encontramos era tarde…¿Tarde?.! Si , tarde !, pero no tarde en el día, era tarde ya en nuestras vidas. Los dos lo teníamos casi todo hecho y cuando coincidimos en aquella exposición, nuestros días se deslizaban en soledad tranquilos y perezosos por la cuesta abajo de nuestra naturaleza. 
Ni siquiera nos gustamos, pero nos vinimos bien como compañía para los higiénicos paseos 

que necesitan los huesos viejos y así, a base de caminar por callejones en las intempestivas horas de la siesta, cuando el pueblo andaba en coma profundo, nos fuimos haciendo cada uno un pequeño y tibio hueco en el corazón del otro.

Nos encantaba caminar en silencio por las estrechas y sombreadas callejas mientras el sol achicharraba arriba las blancas azoteas.

! Nadie !,! No se veía a nadie….!.

Algún turista cansado reposaba, mapa en mano, apoyado en su mugrosa mochila bajo los frescos soportales de la plaza. La puerta de bronce de la iglesia refulgía a pleno sol y lo reflejaba en la fachada oscura del casino de enfrente mientras el aroma intenso de las higueras del parque, nos traía nostalgias de infancia.

Fueron un par de años los que el laberinto de la parte vieja aguantó nuestros siseos y el sonido apagado de nuestros pasos…

Fueron solo dos años en los que algo entre nosotros se fue confitando a fuego lento. Fueron apenas dos años en los que los sentimientos nos fueron creciendo dentro sin estallar por miedo a romper lo que teníamos…Y por fin, tras esos dos años, fue un caluroso día de agosto cincelado en mi memoria, cuando la gloria nos bajó a visitar.

Habíamos ascendido trabajosamente la umbría de la cuesta de las casas azules, habíamos pasado bajo el túnel fresco de la buganvilla, nos habíamos mirado con complicidad cuando percibimos a través de un ventanuco los ahogados gemidos de una pareja que aprovechando el sueño de los demás, estaba en su fresca cueva haciendo el amor con dulce pereza para que sus desnudos cuerpos no transpiraran y cuando a fin llegamos a la placita en lo alto, pudimos ver del otro lado el retazo turquesa del mar entre el desparrame desordenado y blanco de la callejería cayendo hacia el puerto.La brisa marina, nos refrescaba mientras apoyados el uno en el otro esperábamos a se calmaran los jadeos del esfuerzo cuando ella, sin previo aviso, alzó su cara de mi pecho y me besó con dulzura.

¿ Lo sabía? siempre me he preguntado si ella lo sabía, pero aquella hermosa primavera en verano solo duró dos meses, bueno..., cincuenta y nueve días exactos. Luego, el viento de otoño que nos había juntado como dos hojas secas nos separó de repente. A mí me llevó hacia los pinares verdes de las colinas cercanas…pero a ella, a ella…, se la llevó hacia el cielo azul de aquel Octubre donde su rastro se perdió en la inmensidad.

!Si !, hace tiempo que no paseo, simplemente no puedo. Alguna vez me aventuro bajo los hermosos azules de aquella cuesta, pero cuando paso bajo la buganvilla, los gruesos y salados goterones del llanto masculino, recorren las arrugas de mi cara hasta esconderse en mi barba canosa.

¿ Le pasa algo a Vd. buen hombre… ?. ! Si joven! !Si!.. me pasa…!Todo!.

Fin

viernes, 6 de julio de 2018

EL MODERNO PENSADOR


A Don Fulgencio, reputado escritor y columnista, siempre le venían las mejores ideas mientras defecaba sentado en el inodoro.

Su astuto cuerpo desarrolló la costumbre de levantarse de la cama antes del amanecer para evitar la tremenda competencia familiar entre sus dos presumidas hijas por el espejo del único baño de la casa.


Cuando, precedida de gritos e insultos, ya al amanecer comenzaba aquella desagradable batalla en medio de maquillajes, rímeles y pintalabios entre aquellas dos fieras en bragas y sostén o cualesquiera que fueren las minimalistas piezas que ahora se llevaran para tapar las vergüenzas, Fulgencio, "Ful" para sus amigos e "Idiota" para su esposa, escuchaba tranquilo y complacido la bronca filial desde su despacho, mientras en su mente seguía desarrollando las inspiraciones obtenidas tras su matutina cagada sin que jamás intentara intervenir y poner paz en aquellas disputas, lo que demostraba que, "Ful", era mucho menos idiota de lo que su mujer creía y que su bobalicona actitud domiciliaria que contrastaba con la agudeza y fino sentido del humor que mostraba su tertulia literaria de todas las noches en el café, no era más que una defensa para que lo dejaran escribir en paz algún rato.

La señal inequívoca para coger la pluma y comenzar a arañar el papel con oraciones, frases y muchos, pero que muchos tachones, se producía siempre cuando los gritos y recriminaciones a propósito de la propiedad de alguna prenda de ropa, acompañados de un desbocado taconeo tipo estampida de caballos, se iba alejando primero por el pasillo, luego por el rellano de la escalera, se aminoraba con portazo de la puerta de la casa, se amortiguaba con el cierre del ascensor y por último, se perdía hueco abajo como se apaga el eco en un valle de montaña, dando paso así a la percepción desde el dormitorio, de los espantosos ronquidos de su mujer, que hasta ese momento habían sido ocultados en segundo plano acústico por el importante barullo.

Pero para "Ful"…, aquellos ronquidos eran música celestial anunciadora de venideras y fecundas horas de paz y sosiego hasta el despertar del malhumorado "Monstruo de los rulos y el batín a cuadros", que tal vez no se pudieran repetir a lo largo del día, a no ser que con alguna peregrina excusa, lograra escaquearse después de comer hasta la biblioteca municipal.

-! Cuando me den el Nobel!, pensaba Fulgencio fantaseando en instantes como ese, ! Comprare una casa grande en el campo con un jardín a la antigua y varios baños, cada uno en una punta de la casa, justo para dejar en éste puto piso a ésa colección de tábanos zumbones, que además de no dejarme escribir a gusto, minusvaloran mi obra y jamás leen nada de lo que escribo siendo suficiente para ellas que el dinero llegue a fin de mes.

Y es que, como decía no sé quién…,! Nadie es rey para su ayuda de cámara!.

Pero volvamos al principio amigos…, e imaginemos a Don Fulgencio creando, es decir…, creando "una mierda", claro, con el torso desnudo, los pantalones del pijama en los tobillos, la libreta y el lápiz sobre el lavabo, y adoptando una postura que, mano en barbilla y codo en rodilla, nos podría recordar al famoso "Pensador de Rodin", llenando su cabeza de las ingeniosas ideas que van brotando de los vaporosos olores fecales como pequeñas "Ave-Fénix" que, surgiendo de la taza, huyeran aprensivas antes de morir gaseadas.

Si…, Fulgencio pensaba que, de algún extraño modo, su cuerpo le premiaba agradecido de así por expulsar eficientemente sus desechos tóxicos y que sus musas, las más anósmicas del parnaso, acudían como las moscas a la fétida llamada matinal, como las germánicas musas arias y rubias de Hegel, Kant, Goethe ,Schopenhauer, Wagner o Beethoven, acudían a buscarlos al ocaso del día a las mesas de tablones gruesos de las tascas alemanas con sus agudos tejados y sus oscuros maderos cruzados en las fachadas blancas de cal al estilo de las casas de los cuentos de los hermanos Grimm, para en sus cuadrados cerebros, sublimar en la más gloriosa esencia de la filosofía, la música o la literatura, las desproporcionadas cantidades de salchichas cocidas, tocinos de Sajonia y chucrut agrio que los ínclitos personajes lograban trasegar mediante auténticos ríos espumosos de cerveza rubia entre eructos sonoros y meadas cantarinas,

Por no hablar, seguía pensando Fulgencio, de las calurosas y noctámbulas musas del serio Balzac al que solo le inspiraban su célebre Comedia Humana, cuando a la mortecina luz de una vela y hasta en pleno invierno, metía los pies en un cubo agua helada.

Y es que entre las musas, incluidas las mas putonas, debía haber el mismo cúmulo de rarezas, vicios, golferías y santidades que entre el personal ordinario que pateamos las calles, porque si no, nadie podría explicar los versos del gran Rubén Darío cuyas cirróticas musas lograban trasladar hasta su cerebro legiones de glóbulos rojos completamente borrachos nadando en el ron que saturaba la sangre del nicaragüense, para destilarlos en la más inigualable y excelsa belleza.

Bueno, yo…., seguía Fulgencio dándole vueltas al magín, más humilde y modesto, tengo por lo menos la suerte de no necesitar nada que me suba el colesterol, me haga el hígado foigras o coja una pulmonía, yo voy bien aviado con tener un poco de papel higiénico a mano.

La verdad, es que "Ful" en el fondo y salvo cuando "cagaba" ,con perdon ,claro, era un poco ingenuo respecto a las mujeres, porque en cuanto el malhumorado "Monstruo de los rulos y el batín a cuadros", percibió en él un atisbo de cierto bienestar que le iba aumentando la autoestima y pensó que de seguir así se le podía escapar a su férreo control, con la excusa de la "nueva gastronomía", le hizo para comer un plato, le dijo vegano, a base de arroz con cáscara, bananas a porrillo y ciertas yerbas orientales que mezcló ladinamente con media caja de anti diarreicos y que produjo en el intestino de "Ful" tal tapón, que el pobre hombre anduvo varias semanas hinchado, pertinazmente estreñido, con la mente en blanco, sin escribir una puta línea y lleno de caspa como inesperado efecto secundario.

No hubo ni una queja…No… Don Fulgencio no dijo ni una palabra del tema…estaba acostumbrado….!Pero os aseguro que el "Idiota" de Don Fulgencio…!! Entendió el aviso !!.

Fin.

viernes, 29 de junio de 2018

VIOLETA O EL GLAMOUR (VERSIÓN 2018)

A aquellas horas tempranas de la mañana una mujer sola y arreglada solo podía ir en éste país a una misa o a un entierro. 
Violeta, Doña Violeta, atravesaba en soledad el Mercado de Colón silencioso y desierto en lo temprano del domingo de Abril. 

En el exterior, los automóviles, dormían aun plácidamente, y solo algún velomotor zumbaba lejano en la ajardinada Gran Vía del Marqués del Turia rodando bajo los Magnolios hacia el puente del río. 

El interior del edificio modernista, recordaba la gran nave central de una catedral gótica. En sus laterales, a modo de capillas, las paradas y los puestos de venta estaban oscuros y silenciosos, con sus persianas bajadas, como si cerraran los ojos y callaran sumisos a su paso. Desde el interior, la puerta del otro lado, brillaba con una luz cegadora y cálida que tras iluminar unos limoneros se proyectaba sobre el brillante y desgastado suelo.

Desde mi ventana, su figura así iluminada tenía un bello matiz de contraluz y el aire de poniente, traía el aroma a azahar de los campos de naranjos que cercaban la ciudad.

Cloc, cloc, colc,cloc.

Violeta, caminaba con un taconeo lento y cadencioso cuyo sonido reverberaba en lo hondo de la nave.

Cloc, cloc, cloc,cloc

Sobre sus finos tacones de aguja, un pié viajaba delante de el otro, exacta y cuidadosamente, como si anduviera sobre una cinta de seda.

Cloc ,cloc ,cloc ,cloc,

Cada paso conseguía de su figura un balanceo femenino y armonioso que hacía oscilar graciosamente las puntas de su estola de astracán negro al mismo ritmo que su ondulado pelo y su vestido cárdeno, tal vez algo más ceñido que lo que se tenía por correcto en aquellos años sesenta, hubiera hecho decir a más de una matrona envidiosa que era "algo atrevido". Pero aquel extraño tono morado aparentemente elegido al azar, combinaba de forma perfecta y estudiada con la palidez de su rostro y con aquellos ojos verde-ceniza que te miraban algo tristes encaramados en unos altos pómulos, envolviendo su imagen de un cierto halo de misterio que atraía e inquietaba al mismo tiempo.

¿Enamorado?, !Pues claro que estoy enamorado de ella !, si no, no se podría explicar lo que acabo de escribir…y lo estoy, desde que vine a este estudio en el primer piso de su edificio hace ya casi seis años y la vi…, bueno, la espié por el patio interior.

Fue la primera vez que subí al terrado a tender la ropa. Allá abajo estaba, en el cuarto piso, sentada tranquila en el tocador de su habitación.

Por la indiscreta ventana interior, ignorante de mi furtiva mirada, se cepillaba el pelo con suavidad y ya casi se había acabado de arreglar. No se había vestido aun. Un sencillo collar corto de perlas claras destacaba sobre una saya del mismo color, que marcaba pudorosamente sus pequeños pechos.

Como un pastorcillo ante la aparición de una Virgen en una recóndita cueva, yo caí de rodillas emocionado y con ojos húmedos y desde entonces, no soy más que su fiel devoto y su secreto esclavo.

¿Saber de mi?, ! No!, ! No creo…..!.

Ella no debe saber casi ni que existo y por supuesto, lo de que estoy seguro que Violeta no sabe, es que ella es mi obsesión…,mi inspiración..., e incluso a veces…, mi único motivo para seguir viviendo.

Solo ella me saca del bajón y de la depresión cuando siento que para un poeta de estilo como yo, escribir "de oficio " novelillas de Kiosco, supone un modo de sucia prostitución que apenas limpia el hecho de que llene el estomago y pague el alquiler.

¿Mayor? , bueno si…, sé que hubiera podido ser mi madre si me hubiera tenido muy joven, pero la belleza, en la mujer a veces gana extraordinariamente con la edad cuando deja de ser espontánea y natural y se sofistica aliándose con la elegancia y la sabiduría para convertirse en Glamour.

Para mí, "El Glamour" , es un concepto que trasciende lo temporal ya que a diferencia de la belleza pura, solo se percibe cuando además de hermosura, hay gracia en el movimiento…, elegancia…., inteligencia... y magia.

Además en Violeta, me atrae el morbo de su temprana viudedad, que siempre nos atrae a los hombres y su buscada soledad tras la marcha de sus hijos, que más parece un voto de castidad y que consigue ahuyentar los celos con los que a veces me traiciona mi imaginación.

¿Que qué creo que opina de mi?. Bueno…, seguramente Violeta me debe tener como el vecino hosco y extravagante que vive solo en el estudio del entresuelo y se dedica a escribir noveluchas. Ni siquiera solemos coincidir, porque yo siempre bajo andando desde el entresuelo y es curioso, que en los breves segundos en los que nos cruzamos, aunque yo lleve la mirada baja, mis sentidos de afanan en captar su perfume cuyo recuerdo, puede perdurar en mí días enteros.

Violeta, Doña Violeta, siempre va perfumada. Pero aun recuerdo aquel día de bochorno de julio, que quiso Dios que coincidiéramos bajando del ático. No os exagero si os digo tuve que apoyarme disimuladamente en la pared de madera del anticuado ascensor, para no desvanecer de la emoción, cuando tras observar las leves gotitas de sudor que perlaban el vello de su labio superior, percibí por primera vez, la gloria del olor que exhalaba su cuerpo sin perfume.

¿Que si la espío…?, !Claro que la espío!, es mi distracción, yo apenas salgo y para mí esperar su llegadas…, observar sus salidas…, detectar sus presencias o sus ausencias, es un rito que llena mi vida como a otros les llenan los paseos, las tertulias, el cine o las partidas de ajedrez…

¿Acercarme…?, ¿Decirle algo…?. !No! !No!, !Jamás !, Lo nuestro…bueno, lo mío…, está bien como está, si la conociera más o si nuestros cuerpos se tocaran y nuestras voces se cruzaran en la intimidad, mi pasión no será mayor que ahora y la realidad rompería cruelmente el misterio y haría añicos mi mundo que ya sé que es un mundo extraño, pero que al fin y al cabo es en el que vivo yo.

Fin

viernes, 22 de junio de 2018

LAS DULCES NOTAS DE UN SAXOFÓN

¿Saxo?... Quién 
de vosotros hayáis creído que esta historia va de sexo, ya podéis poneros un sobresaliente en sagacidad en vuestro boletín de calificaciones, porque lo habréis "clavado". 


Hay palabras que parecen tener vida propia y acuden a nuestro pensamiento en parejas y como si trajeran consigo un eco burlón o una sombra gansa, nos obligan a veces contener una inoportuna sonrisa.

Aunque yo no sea una persona libidinosa, que no lo soy, cuando oigo la palabra saxo, no puedo evitar que en un primer momento, acuda a mi mente la palabra sexo y más aún si asocio la imagen un "negrazo" enorme soplando el acodado dispositivo musical, al que evito llamar "instrumento", para no romper irremediablemente mi trabajada seriedad.

Aún recuerdo de hecho, cómo sentados en el patio de butacas en aquél concierto y para que nuestras mujeres no detectaran en nuestros ojos un brillo de descojono malicioso, los todos los varones nos quedamos rígidos y paralizados mirando al frente cuando se anunció que aquella potente solista nos iba a tocar la "flauta dulce".

Ah…, y gracias a que milagrosamente a ningún lutier se le ha ocurrido aun construir un "Vaginello" o u "Cipotín de seis cuerdas"…

Pero bueno, vayamos a lo que íbamos…porque si a mí, con el saxo, me viene la palabra sexo, como si fueran las cerezas que una trae 
siempre enganchada a otra, a Edelmira con las notas de un saxo, le venía un calentón corporal completo que incluso podía elevarse a grado de orgasmo inevitable, si escuchaba una envolvente y romántica melodía de un saxo tenor afinado en "do". 

Edelmira, que vivía atemorizada por lo inoportuno y embarazoso que podía suponer su problema aún recodaba, cuando su primer novio la plantó cuando en el baile del pueblo alguien puso un tema meloso de Glenn Miller y ella acabó convulsionando de placer en medio de la pista.

El psicólogo argentino, como todos por aquellos tiempos de los cuarenta de la posguerra española, en los que el furor del swing y las big band había hecho imposible casi salir de casa a Edelmira sin cometer una indecencia, le propuso a aquella mujer con el fin de romper su condicionamiento con el dorado instrumento, tal cantidad de guarradas sexuales a llevar a cabo con una pareja sobre un piano de cola o ya en solitario, con el arco de un violín mientras lo sostenía entre las piernas, que eran impensables para su recta formación cristiana y menos aún comprensibles para cualquier hombre que no buscara una puta ninfómana, por lo que Edelmira se vio forzada a optar por la soledad un par de décadas más.

Afortunadamente para la ya cuarentona Edelmira, avanzados los sesenta se oía poca música de saxo. El jazz y el Blues fueron relevados por los nuevos tiempos y las oleadas de rock, beat y pop y las radios y televisiones los expulsaron de sus programaciones como a Adán y Eva del paraíso, quedando arrinconados en reuniones en cavas u oscuros semisótanos casi clandestinos, donde intelectuales ya canosos e iniciados en el Jazz, se reunían conspiradoramente bebiendo whisky en vaso largo hasta el amanecer, alrededor de un viejo piano, un contrabajo polvoriento y un saxofonista noctámbulo.

Por entonces, hacía tiempo ya que Edelmira muy discretamente y a pesar de la férrea vigilancia de la tecnocracia opusdeística y franquista, se había liado con su profesora de costura, que conociendo su debilidad, la tenía todos los domingos encerrada en el dormitorio con las sábanas arrugadas y un disco de Duke Ellinton en el tocadiscos.

Pero cuando la casualidad quiso que un día mientras la profesora de costura tenía a Edelmira empotrada contra la moderna lavadora último modelo en USA que les había costado "un ojo de la cara", besándola apasionadamente, se pusiera en marcha sorpresivamente un centrifugado casi sísmico que las llevó a la gloria en menos de un minuto y que le hizo cambiar a Edelmira la música de saxo por el electrodoméstico traqueteo.

!Ahora…!, !A los cuarenta…! , !Ahora…!,!! A burro muerto.., cebada al rabo !!, gritaba luego Edelmira contrariada…

Mientras, la profesora de costura, rápida de reflejos llamaba por teléfono al fontanero para que "mañana mismo" y de urgencia, trasladara la lavadora de la cocina al dormitorio.

Fin.