viernes, 11 de octubre de 2019

AMBROSINA


CANCIÓN MERCEDES SOSA 
https://youtu.be/cNMhgC1yg_U 

Ahora estoy convencido de que Ambrosia, Ambrosina como se hacía llamar, se inspiró en la historia de la poetisa argentina y feminista de los años 30 del siglo pasado Alfonsina, o por lo menos, en la canción que le cantó Mercedes Sosa y que imagino, no se la quitaba de la cabeza en sus últimos días porque desde aquel suceso, tampoco me la quito yo.

Por la blanca arena que lame el mar 

su pequeña huella no vuelve mas 

un sendero solo de pena y silencio llegó 

hasta el agua profunda 

un sendero de penas mudas llegó 

hasta la espuma 



¿ Cómo sabe de esta historia un pobre tullido sin piernas obligado a arrastrar su cuerpo anciano con una antigua silla de ruedas por todo el paseo que bordea la bahía donde, en ausencia de turistas en la soledad del otoño, los ancianos, tullidos, solitarios amargados y todo tipo de discapacitados vagábamos a falta de fondos en silencio como perros perdidos en busca de un poco del sol y la belleza del mar?.

Ambrosina sin embargo, solía caminar erguida a pesar de los cuarenta, con su cuerpo armonioso y su pelo siempre juguetón con la brisa, su elegante cuello y su rostro de ojos grandes cuya boca parecía una pequeña figurita de coral eternamente dispuesta a sonreír. Su belleza y la delicada cadencia de sus pasos atraía la mirada de todos los hombres mas o menos desgraciados de aquel paseo-sanatorio, alegrándoles la vista y mas aún si pensáis que toda aquella gracia, la exhalaba de su cuerpo a pesar de ir arrastrando un pesado carrito grande de bebé del que ocasionalmente. surgía la cabecita deforme de un niño de unos cinco años.

Si.., la historia me la sé, y me la sé mejor que nadie porque Ambrosina , que caminaba despacio porque nunca escatimaba dejarse mirar por aquellos desafortunados parias para alegrarles el día, solamente se detenía a hablar conmigo.

Al principio , hace cinco años , cuando se me acercaron Ambrosina y su carro por primera vez pensé que, como a tantos otros espectadores, la atraía la curiosidad medio envidiosa de ver como alguien, logra con sus manos de una forma casi milagrosa, plasmar la belleza que todos sentimos pero que después se nos escapa un instante como la arena de entre las manos..

Tras saludarme, le conté a Ambrosina que entre mis manías de anciano, estaba la de pintar el mar siempre desde el mismo punto para captar lo cambiante de sus formas y colores y de sus luces y sombres para así poder llevarme cada día a casa según lo que a la naturaleza se le hubiera ocurrido mostrarme. un cuadro distinto cada vez.

Con el tiempo, supe que se alegraba cuando me veía a lo lejos con mi silla de ruedas y cabello blanco arremolinado abstraído pintando el mar en mi pequeño caballete porque os tengo que decir, que cuando tras mirar mi cuadro ella se inclinó amorosamente para sacar en sus brazos a su hijo para que el niño viera el cuadro también mi sorpresa fue tan grande que me quedé paralizado con el pincel en la mano y un terrible escalofrío en mi cuerpo, porque cuando me di la vuelta , aquella mujer sostenía en sus brazos un ser repugnante y monstruoso de piel casi trasparente que para no caer, se le agarraba al pecho con las garritas de un pequeño mono mientras ella, con una mano lo sostenía y acariciaba y con la otra mano sostenía en pie y pegada a su propia cara una y deforme cabeza de pelo ralo, rasgos abobados y boca babeante.

- ¿Qué bonito?¿Te gusta "Tete"...? ¿Te Gusta...?

el niño comenzó unos movimientos espasmódicos que lo sacaron de la letargia y con una voz chillona dijo:

-!ti...! !e onito! !e onito! !e onito! !e onito!!ma..

- ¿Sabe? dijo Ambrosina dirigiéndose a mi a modo de disculpa: A "Tete" le ocurre como a Vd., el pobre es como un vegetal indiferente a todo y la única parte de su cerebro que parece funcionarle y hacerle feliz es la percepción de los colores y sobre todo los del mar, por eso lo traigo todos los días esté en calma azul, ventoso y verde o negro y tormentoso aunque tengamos que venir con impermeable y paraguas y para mi, ese !,É onito!! Ma!...que repite hasta la saciedad es una autentica música celestial que me dice que está siendo feliz.

Pasó el tiempo e invariablemente el rito se repitió todos los días, Ambrosina llegaba siempre feliz y sonriente, conversábamos cordialmente un poco de todo durante los pocos minutos que se detenía incluso veces reíamos juntos alegremente de alguna ocurrencia,... pero pudorosamente jamás hablamos de su situación sentimental ni de la enfermedad de "Tete" .

Recuerdo exactamente el día, el maldito día...si, lo tengo pintado, no había nadie en el paseo, el sol cansado ya se ponía, la brisa venía del este y las aguas

aunque con poco oleaje se mostraban intranquilas...

-!!E onito!! !!E onito!! É onito!! Ma!...

Cuando me dí la vuelta, Ambrosina estaba allí, pero su sonrisa no, creo que fue la primera vez que la vi tan seria.

- Quiero pedirle un favor me dijo, ¿ Podría guardarme este sobre.., es importante para mí y temo que el niño me lo rompa o que alguna ola me lo moje...

-Claro Ambrosina..!Faltaría mas...! le dije lo mas servicial que pude...

-Es usted un cielo gracias ...y el cuadro le está quedado precioso.

Ambrosina y su carro continuaron su camino pero yo dejé de pintar y algo preocupado y con un regusto amargo en la boca los seguí con la mirada...

Cuando Ambrosina creyó que yo ya no alcanzaba a verlos. salió del paseo, metió el carro en la arena y se desnudó despacio permitiéndome atisbar entre la bruma el maravilloso cuerpo que en mi interior siempre había deseado ver.

Pensé que se iba a bañar aprovechando la soledad del momento, pero acto seguido, sacó a tete desnudo también de la cuna , se lo abrazó al pecho y con un pañuelo se lo anudó a la espalda. Luego, miró al cielo y a la inmensidad del mar suspiró y despacio pero con paso seguro se fue acercando a la orilla, chapoteo las primeras olas y sin aspaviento alguno se fue adentrando hasta que sus cabecitas dejaron de verse en medio del oleaje....

Deseperado y maldiciendo mi cojera yo no podía ayudarles, no podía hacer nada...solo podía gritarles hasta que me quedé afónico y al ver que sus cabezas no volvían a salir de la espuma me fui con mi silla a pedir inútilmente ayuda.

Jamás se encontraron sus cuerpos, una benévola corriente se los debió llevar juntos y atados hasta el fondo del océano donde todo es silencio y todo es belleza.

por respeto a su memoria con la vana esperanza de que aparecieran de algún modo...esperé unos días en abrir aquella carta ...



No se culpe a nadie, estoy segura de que ni siquiera Dios de atreverá a culparme y menos aún de separarme del alma de mi hijo "tete".

No me arrepiento de nada. lo quise parir a pesar de que los doctores me avisaron de su malformación incompatible con la vida y a pesar de que su padre me dejara sola y tirada, lo traje a este mundo. Pero como un león, cuando nació tete se agarró a la vida con uñas y dientes y lejos de darme problemas para mí ha sido lo mejor que me ha ocurrido, ha dado sentido a mi vida y desde que lo abrecé por primera vez no he vivido sino la más completa felicidad que pudiera tener una mujer. Pero desgraciadamente, yo sabía que su felicidad estaba ligada a mi vida y que cuando yo muriera solo le esperaba la soledad el dolor el sufrimiento y una muerte larga y terrible y por desgracia, esto ha llegado más pronto de lo que esperaba, el cáncer roe mis entrañas y apenas me quedan unos pocos días de aliento y prefiero que su alma. se venga con la mía a donde quiera que vaya y que nuestros corazones dejen de latir juntos donde a Tete mas le gustaba....en el mar...

Con mis lagrimas emborronando la carta, la canción de Alfonsina se metió en mi cabeza y ahora siempre que pinto se cuela en mis cuadros....

Te vas Ambrosina con tu soledad 

¿Que poemas nuevos te fuiste a buscar? 

Una voz antigua de viento y de sal 

te requiebra el alma y la está llevando 

y te vas hacia allá como en sueños 

Dormida Ambrosina vestida de mar. 

y cuando los termino...siempre pienso...

!! É onito!! Ma!...

viernes, 4 de octubre de 2019

AZUL TURQUESA


Fue una sorpresa. Nada me indicaba lo que a continuación iba a suceder con Ao mi vecina japonesa que meses antes vino a vivir en el piso de al lado y con la que había iniciado una extraña amistad.

Inesperadamente, aquella tarde  Ao salió desnuda a contraluz de aquel pequeño biombo lacado en negro y pude ver que su silueta delgada, menuda casi de muchacho se recortaba sobre la claridad difusa de los paneles de papel de arroz de la puerta corrediza del fondo y se vino hacia mi tímidamente en silencio caminando muy despacio con pasitos cortos y actitud humilde hasta que la luz de las velas, iluminó cálidamente su figura dotando su pálida piel nipona de un dorado suave. Su sexo era apenas una rayita de vello púbico fino y oscuro de aspecto casi infantil  más que excitación, produjo en mi una tierna aprensión casi pederasta.

Como si fuera lo único que le avergonzara, Ao solo cubría a mi vista sus minúsculos pechos que tapaba cruzando ambas manitas en las que sostenía dos pequeños cuencos de cerámica obscura.

Cuando ella llegó hace seis meses a la ciudad y la encontré en el jardín de acceso al edificio, iba cargada con un troley de viaje casi mas grande que ella que iba arrastrando con dificultad, un par de ordenadores portátiles y un enorme bolso.

Me ofrecí a ayudarla para remontar los quince escalones que aún le quedaban para alcanzar el nivel del ascensor y cuando pulsó el botón del sexto piso, fui consciente que aquella que aquella "chinita" minúscula de edad indefinida, vestida con unos tejanos ajustados y una camiseta gris oscuro y a la que solo dos o tres pequeñas curvitas la distinguían de un muchacho, iba a ser mi vecina en el piso vacío de mi rellano.

Os juro que yo, a pesar de los meses que llevábamos en una relación de seres solitarios en los que todas las tardes a partir de las seis, tomábamos el te juntos en su casa cuando ella volvía de su trabajo como ejecutiva de una gigantesca empresa tecnológica, no había recibido "señal" alguna por su parte o si la había hecho, no la había yo captado y tampoco me constaba que yo por mi parte hubiera emitido muestra o insinuación alguna alguno de deseo hacia ella, porque realmente no lo sentía ya que pasaba yo por entonces por una época de cierta indiferencia misógina y  aunque me sentía agradablemente cómodo con mi asexual amistad con Ao a la que esperaba nervioso cada tarde buscando su compañía como un adicto espera su dosis y quedaba profundamente decepcionado cuando por cualquier razón no podía regresar, no sentía entonces atracción amorosa por ella ni por ninguna otra mujer.

En realidad, las experiencias que en mi pasado había ido teniendo, me  habían convencido de que el matrimonio se había convertido en la sociedad actual en un camino desequilibrado del que la mujer es la mayor beneficiaria mientras que para el hombre, las ventajas que supone, no alcanzan a compensarse con la pérdidas de libertad y recursos y mas aun, si como yo, piensas que ya somos demasiados en el planeta para traer alguno mas aquí y esta creencia, es como un torpedo que hunde cualquier plan de realización vital de una mujer.  

Cuando Ao llegó por fin frente a mí, se arrodilló tímidamente al modo japonés y moviendo coquetamente su lisa y tiesa melenita de azabache, liberó sus pechos su prisión de cerámica  depositando ambos cuencos cuidadosa y elegantemente sobre la mesita baja auxiliar a la vez que esbozaba una enigmática sonrisa de invitación que me permitió observar por primera vez aquellos dientes blancos y unos labios que yo creía inexistentes pintados de un rojo apasionado que hacía parecer mayor su pequeña boca y que contrastaban con el violeta suave de sus grandes y oblicuos parpados que lució cuando a continuación, bajando los ojos en actitud de humilde ofrecimiento, me mostró aquellos pechos blancos del tamaño de una manzana punteados con dos pequeños pezones violáceos y prietos.

Yo, que no pude aguantar nunca el arrodillado oriental, estaba aquella tarde como siempre sentado en un banquetín enano con las piernas cruzadas al modo árabe y me había quedado de piedra, mi cara debía ser un poema al pasmo y un monumento a la cara de idiota con la boca abierta y no sabía qué hacer, ni que decir, ni como reaccionar y cobarde y vergonzosamente, aparté mi mirada de su cuerpecito y para ganar tiempo, la refugié hacia aquellos cuencos cómplices que sobre la mesita debían aun mantener el calor de aquéllos pechos y mostraban en su interior el azul turquesa más simple, bello y misterioso que jamás había visto.

Aquel azul que me fue serenando, debía ser el azul de su nombre Ao que significaba Azul en japonés y debía ser el color exacto del azul con el ella identificaba su alma porque todo lo que la rodeaba, incluso el más mínimo objeto en aquella casa pintada de oscuro, cubierta de esteras y sin apenas muebles, para Ao tenía Zen, es decir, un significado profundo y vital que la conectaba a la realidad a través de las formas más simples y serenas y desde aquél pequeño y cuidado bonsai que debía evocar para ella los bosques de su tierra, hasta los tres grandes guijarros de granito que iluminados cuidadosamente para ofrecer varios tonos y sombras que debían representar en sus pensamientos las abruptas montañas de su aldea de Hokaido , hasta pasar por los sencillos cuadros de haikus, extraños y enigmáticos poemas de grandes letras en blanco y negro incomprensibles para un occidental y que a mi me recordaban a gallinas huyendo espantadas.

Ao se dio cuenta de mi azoramiento, era inteligente y supongo que esperaba una reacción así ya que en ninguna cultura en el mundo un acercamiento sexual sin el menor rasgo de pasión entre dos personas libres se hace de modo tan explicito y sorpresivo y delicadamente, tomó la tetera de hierro fundido y con cierta ceremonia llenó de liquido ardiente y humeante aquellos cuencos turquesa y me ofreció uno entre sus manitas para luego tomar ella el otro.

Así, permanecimos en silencio bebiendo el te con los ojos cerrados mientras yo trataba de encontrar un significado a aquello.

Recordé que Ao me había comentado que había pasado sus diez últimos años de un sitio a otro como coordinadora tecnológica de su compañía, que había vivido en Nueva Zelanda, Alemania y Rusia y que ésta vez  España iba a ser su último destino puesto que había ascendido en el escalafón de su Empresa.

Recordé también nuestras largas conversaciones en inglés macarrónico salpicadas de algunas expresiones españolas que ella iba aprendiendo que, aunque entretenidas y amenas, no eran nada profundas pero en aquel ambiente exótico de claroscuros y luces suaves e indirectas donde nuestras palabras quedaban absorbidas por esteras y tejidos se creaba un contexto de confidencialidad y susurros que serenaba mi espíritu y aliviaba mi alma como si de una confesión se tratara. Yo le preguntaba con curiosidad acerca del Japón y me maravillaba de cuan distintos éramos en gustos, costumbres, tradiciones y de la forma de ver la vida, el amor y la muerte, mientras que ella, no parecía mostrase demasiado interesada en los españoles y sus cosas sino que sus preguntas venían a centrase acerca de mi, de lo que sentía, de como resolvía mis cuitas e incluso en ocasiones, me sometía algunos juegos de mesa japoneses en los que ella estaba interesada en captar como funcionaba mi mente y mi lógica, lo que yo interpreté entonces como una excentricidad mas de aquella extraña y enigmática raza.

Por fin, tras un intervalo de silencio en el que no le dirigí la mirada ni una sola vez, Ao ante mi pasividad e indefensión mas absoluta, desabrochó con sutileza todos los botones de mi camisa, bajó la cremallera del mi pantalón, dejó al descubierto mi pecho y mi adormilado sexo y luego se levantó, acercó primero su pequeña y peluda flor a mi rostro y lentamente, se sentó a horcajadas sobre mi desganado pene.

Lo he pensado mil veces, la verdad, y aún no sé si fue el exquisito aroma a azahar de su monte de Venus o la suave humedad en la que se enzarzaron espontáneamente nuestros sexos mientras su lengua sometía a la mia a una implacable lucha de anguilas, pero tampoco dejo de pensar que el extraño y azulado color del te del cuenco turquesa era inocente en la anormal reacción que tuvo mi cuerpo porque incluso antes de que Ao comenzara a moverse primero circularmente y luego hacia arriba y hacia abajo tomando de mi algo que ella convertía en pequeños y extraños quejiditos , hasta aquel grito final que ni en sueños yo hubiera pensado que podía salir de aquella pequeña garganta y que me hizo llegar casi a la vez que ella al éxtasis , yo sentía ya por ella una ola de un amor infinito y antinatural mas intenso y raro, cuanto mas aceleraba sus movimientos como pude observar como un hipnotizado voyeur o un espectador de mi mismo, en el reflejo de nuestro abrazo en un alargado espejo que, no sé si intencionadamente, había al fondo detrás de ella y cuya imagen ha quedado grabada para siempre en mi retina.

Después, siguiendo con la condición imprevisible e inesperada de aquella tarde, en la que mi voluntad parecía no contar para nada, tras los largos minutos que permanecimos abrazados en silencio tras aquel extravagante orgasmo oyendo como se normalizaban nuestros latidos y respiraciones, Ao se levantó desenganchándose lentamente de mi cuerpo, volvió a arrodillarse frente a mi sobre las esteras se inclinó varias veces hasta llevar su frente hasta el suelo dándome las gracias y luego, desde allí y sin mirarme, me pidió dulcemente que me retirara para que pudiera estar sola.

Nunca mas volví a ver a Ao. Al día siguiente la esperé  inquieto con la impaciencia de saber algo mas que le diera algo de sentido a lo que había sucedido entre nosotros, pero ella, no volvió ese día..., ni el siguiente..., ni al otro..., ni nunca mas...

Al final y para pasar página, llegué a pensar que aquello solo fue su japonés modo de despedirse y de agradecer mi amistad y mis atenciones.

Hubiera preferido quedarme con eso, de verdad..., pero cuando al cabo del tiempo recibí por correo un sobre de Ao Korecuta con un una foto de ella sonriente lo entendí todo, porque ella estaba rodeada de cuatro niños extrañamente interraciales de diversas edades el más pequeño de los cuales,  con la viva imagen de mi cara pero con los ojos achinados reposaba en sus brazos.

A pesar de mi enfado por haber sido utilizado aprendí dos cosas: la primera es que Korecuta significa coleccionista en japonés, la segunda es que no se puede luchar con el destino de ser padre si la madre naturaleza se empeña.

  Fin

viernes, 13 de septiembre de 2019

LUKÓN


El primer hallazgo fue un cadáver. No era raro encontrar un cadáver en una isla dominada por los lobos, se trataba de cadáveres de gacelas, ciervos, cabras, muflones y otros herbívoros. Eran cadáveres solitarios y siempre estaban destrozados sin carne alguna hasta el esqueleto, desgarrados primero por los colmillos lobunos y luego por picos de cuervos y buitres para ser después pasto de toda una clientela de carroñeros incluidos algunos insectos y larvas, cuya subsistencia dependía mayormente de la certeza de los lobos en su cacería.





Lo raro aquí no era la muerte. Lo raro y lo que llenó de espanto a los animales de aquella isla, no era solo encontrar cadáveres sino que el cuerpo estuviera casi entero con mínimas y heridas cortantes en puntos vitales. 

Solo un mes después, el sol alumbró la mañana con otro crimen…por que para los lobos aquello era un crimen a la naturaleza pero esta segunda vez el atentado había sido al mundo vegetal. Los árboles más sombreados y antiguos del lado oeste de la isla que habían visto crecer y servir de refugio a generaciones enteras de lobos, aparecieron despedazados y sus frutos penosamente pisoteados, sin embargo no estaban desgajados como lo hacía el temporal, ni quemados como lo hacían los rayos. Habían sido talados con algo que cortaba y la visión obscena de los tocones desnudos como si fueran los muñones de la tierra llenaron de escalofríos a los mamíferos y de lágrimas a los pájaros que piaban lastimosamente del dolor al ver lo que fue su morada y su alimento. ´

Las manadas de lobos peinaron febril y concienzudamente su territorio en busca de rastros, huellas, excrementos, madrigueras o algo que les ofreciera una explicación. Pero no encontraron nada fuera de lugar y resignadamente volvieron a sus lobunas rutinas.

La palabra "hombre", solo apareció entre los lobos tras el tercer crimen. Esta vez, quien fuera, había empleado malignamente las ramas de los árboles destrozados para construir una especie de presa que desviaba las aguas del arroyo y cientos de peces, de los cuales solo algunos de ellos habían sido devorados, se hallaron muertos boquiabiertos panza arriba o aleteando y boqueando lastimosamente mientras agonizaban en vacío lecho del riachuelo.

Lukón, el Hechicero-lobo, un raro animal flaco tuerto y huraño que cojo de una pata delantera vivía solitario en la montaña pelada, observó que aquellos crímenes solo se producían en las noches con luna llena y su falta de respeto por la vida, la crueldad y la violencia sin justificación solo podían hacer pensar en el comportamiento del hombre.

Pero ni siquiera Lukón había visto un hombre en aquella isla. No sabían como eran los humanos. El hombre, para aquellos lobos, solo era un legendario monstruo antropoide y maligno de la mitología lobuna a quién en aquella isla ningún animal vivo había visto jamás pero del que las leyendas que se susurraban con gruñidos temblorosas en los fondos de las madrigueras decían, que los hombres al alcanzar como un regalo de Dios gran inteligencia cientos de generaciones atrás, se había vuelto tan soberbio y loco como para desafiar a la naturaleza y al propio Dios cuando los lobos ya estaban al borde de la extinción y con ellos todo lo vivo de la isla incluidos bosques y praderas víctimas de la locura suicida de esa rara especie que jamás mira al futuro y consume y depreda todo lo vivo insensatamente y sin pensar en sus hijos ni en el mañana, hasta que un día se acaba.

En aquellos pretéritos tiempos la Madre naturaleza castigó el comportamiento humano con una terrible lengua de hielo y nieve que cubrió toda la isla durante cientos de años, congeló los mares y ríos y consiguió así expulsarlo a él y a sus perversos semejantes de aquella isla, entregándosela como premio a los lobos y otros anímales, que más humildes y sensatos, habían logrado sobrevivir allí aprovechando su mejor adaptación al frío persistiendo en ellos solo el recuerdo de éstos monstruos a través de leyendas que se contaban de padres a hijos en voz baja en lo más profundo de sus madrigueras cuando las ventiscas los obligaban a apiñarse juntos para sobrevivir.

La ultima luna llena había sido la peor. El misterioso ataque fue esta vez a golpear directamente a los lobos y donde más les podía doler. En sus hijos.

Aquellos lobos no consideraban que sus hijos habían nacido ni los reconocían como tal hasta de verano. Una vez destetados, todos los lobatos paridos en el año, eran encerrados sin alimento alguno en la cueva de la infancia, justo en el equinoccio de invierno.

En el solsticio de de verano, al anochecer del día mas largo del año, comenzaba la gran fiesta. Se empujaba la gran losa que tapaba la entrada de la cueva y solo se permitía salir a aquellos cachorros mas fuertes que habían logrado sobrevivir y solo en un número parejo al de los lobos que habían muerto ese año.

Entonces y solo entonces, consideraban las manadas que habían nacido sus hijos. Los nuevos lobatos eran bautizados y celebraban su llegada, puesto que la naturaleza los había escogido como los más astutos y fuertes.

¿ Crueles?, no. Aquellos lobos siempre habían asumido que la vida isla solo podía sostenerse así y que permitir la vida de más individuos solo traería la guerra y la muerte de todos. La primera ley de la naturaleza era el equilibrio y los lobos no tenían allí mas depredador que su buen sentido.

Pero este año..., no habrían hijos…Tras un luna llena premonitoriamente rojiza como la sangre, la puerta de la cueva de la infancia apareció abierta, la losa caída y en su interior, todo lo que encontraron fue una escabechina de sangre inocente mezclada con jirones de suave pelo de cachorro sin rastro de vida alguna.

Encaramado en lo más alto del peñasco, el jefe más anciano, un enorme lobo gris cuyo plateado lomo brillaba al contraluz del crepúsculo, moderaba la reunión indicando con el hocico o con miradas de sus ancianos e inteligentes ojos el turno de aullar o gruñir del numeroso grupo de machos alfas cuyo liderazgo les otorgaba la responsabilidad de otras tantas manadas y que obedientes, se arremolinaban colina abajo para escucharle.

A pesar de la distancia, se podía escuchar la música de fondo de las lobas tristes y deprimidas que día y noche aullaban por toda la isla.

El jefe, comenzó con un aullido que silenció al revuelto auditorio y consiguió que todas las orejas de punta quedaran inmóviles y dirigidas en su dirección:

-Lukón dice, que lo ha visto. Lukón ha tenido un sueño. Lukón dice, que el hombre siempre ataca así, que su maldad está siempre en alma y que no es la luna llena lo que le enloquece. Lukón ha visto en su sueño criaturas andando sobre dos piernas con el rostro sangriento bañado por la luna y Lukón ha llamado "Hombre de luna llena" a esa bestia que necesita su luz luna para guiarse en la noche. Lukón dice que solo su muerte y el sacrificio de su corazón a la luna podrá librarnos de su maldad.

El hombre llegó a la isla iluminado por la luna llena remando sobre un tronco, caminó por la playa confiadamente con un hacha en su mano derecha y trampas afiladas y redes en la izquierda, pero esta vez, los animales habían desparecido y solo los lobos divididos estratégicamente en vigilantes y silenciosos grupos lo esperaban.

Cuando la luna llena alcanzó su cenit en el cielo, uno de los machos más fornidos no pudo aguantar mas y se lanzó sobre él , docenas de mandíbulas se le graparon allí donde tenía piel y los lobos, se le aferraron como feroces garrapatas.

El monstruoso ser, sin poder desprenderse de ellos, emprendió una frenética y desgarradora huida hasta que al final cayó bajo el peso de docenas de cuerpos.

Cuando le desgarraron el pecho, todos se apartaron para que el jefe ante la mirada de Lukón , devorara el corazón aun palpitante …luego silencio…silencio y paz.

Lukón se dirigió entonces cojeando hacia el acantilado a otear el mar. Una gruesa lagrima brotó de su único ojo. No…No lo había contado todo… No había contado que aquello era solo un aviso de un desastre, no había contado que en su pesadilla había visto hormigueros de seres extraños, luces de mil colores, cruces de metal atravesando el cielo dejando una estela y que a veces desde aquel acantilado , había visto cruzar por el horizonte del mar troncos blancos y humeantes...

Volvía...si, el hombre volvía…y su lobuna especie, como toda la naturaleza, estaba condenada. Solo era ya una cuestión de tiempo… pero él….él se tragaría su dolor, él no contaría nada que pudiera ensombrecer la inocencia de los suyos los días felices que les restaran…

fin

viernes, 19 de julio de 2019

LA REINA DE ÁFRICA

Que Raquel, al igual su madre, era una "pija" de tomo y lomo, estaría fuera de toda discusión.

Había que verla cómo desde la mañana temprano hasta la madrugada o si fuera preciso hasta que después de eventos y fiestas rayara el alba, jamás, y repito jamás, descomponía su pose de mujer inalcanzable.

Hasta el perro de la familia de raza noble con un pedigree que ocupaba un libro, debía estirar penosamente su cuello para buscar una leve caricia que, como una concesión caritativa de la diosa, estaba dispuesta a otorgar como si fuera un permiso para poder existir a su alrededor, siempre que no desbaratara su postura alejada y elegantemente indolente.

A este respecto y antes de continuar, convendría aclarar que en España, llamamos "Pijos" a esas estiradas personas de una determinada clase social adinerada que miran con superioridad por encima del hombro a todo el mundo y se educan en colegios elitistas hasta que tienen edad de "Internado en Suiza".

Las pijas, visten de una manera especial. A diario, suelen usar prendas "casual style" siempre de marcas caras e incluso a veces, con logotipos desconocidos para la gente corriente y cuya sola mención en los "papeles de colores", unos semanarios de "famoseo", bodas, moda y cotilleos que las catapulta a la fama de la muchedumbre femenina pechugona y culona sedienta de que el glamour, a falta de una genética estilosa, pueda disimular sus celulitis y sus exageradas curvas.

Pero para los saraos y los eventos, las pijas mas afortunadas logran envolverse en obras exclusivas de diseñadores famosos de los que hacen los trajes de boda a las princesas y las infantas a los que suelen llamar con diminutivos cariñosos y exclusivos como si hubieran jugado juntos en el patio del colegio y de los cuales, se convierten en un reclamo andante.

¿Risas…?, ¿ Las pijas...?. !Jamás!, que marcan las arrugas y descomponen el rostro. ¿Mostrar cariño o ilusión por algo…?, !Que ordinario…por favor !. Siempre hay que mostrar imagen de " todo lo tengo, nada necesito y nada me puede sorprender" y siempre hay que responder con escueto hastío y desgana sin preguntar nada, como si estuvieras "de vuelta" de todo, con esa característica voz nasal que repite constantemente muletillas como "osea" o "tal vez", porque la curiosidad y el interés por algo siempre indica una inadmisible ignorancia o una ramplona carencia.

Deciros que, un "pijo" o "pija" siempre desea que se le identifique orgullosamente como tal porque con ello, demuestra a las claras que no está dispuesto a confraternizar con alguien que no sea de su nivel.

Solo añadir al respecto, que éste adjetivo, como si de un perfume se tratara, trasciende de sus personas impregnando todo lo que les rodea y les satisface, como bares "pijos", coches "pijos", mamás "pijas", colegios "pijos", barrios "pijos" y todo un ambiente "Megapijo" del que no soportan salir.

!Ah! se me olvidaba…no se puede ser una "pija" que se precie sin un buen nombre "pijo" con el que salir en las revistas de sociedad y cotilleo seguido de un apellido serio de buena y adinerada familia o de un título nobiliario.

De hecho, nuestra protagonista Raquel, hija de "Pitita", estropeó su bello nombre bíblico haciéndose llamar "Quelona", por "Raquelona" supongo.

Quelona Pacheco de Osuna, de los Pacheco de Osuna de toda la vida, con su belleza cuidada y estilosa y su educación exquisita en Londres donde aprendió el inglés "pijo" con mejor acento que un Lord, había cursado la carrera de Derecho en una universidad privada y religiosa de Navarra como su padre deseaba que hiciera a modo de un máster imprescindible en su curriculum "pijo", porque la intención de sus progenitores era prepararla para matrimoniar con otro "pijo" de similar y poderosa familia y aumentar así el poderío de ambas casas.

-Mira Quelona, a veces…,le decía "mamá" a su única hija, los negocios y chanchullos de tu padre, dependiendo de los vaivenes de los mercados, sufren fastidiosos altibajos y hay que saber seguir a flote manteniendo las apariencias y con la barbilla bien alta aunque los malos vientos nos ronden y es por eso querida Quelona, que la envoltura de independencia y de solvencia que te da un título universitario de cara a los demás, es la coartada perfecta para ascender en la carrera social matrimoniando con algún hijo manejable y no demasiado inteligente de alguna familia poderosa de la banca o de las finanzas y mejor aún, si adorna su poder económico con algún título aristocrático antiguo con el que puedas adornar para siempre tu nombre en la prensa, en los medios de comunicación y en las redes sociales cómo tú te mereces.

Quelona, que como una alumna aplicada seguía a rajatabla el mantra materno de " Ninguna mujer es jamás suficientemente rica ni suficientemente delgada ", se sintió preparada y satisfecha de su bagaje de "pija pero moderna y actual" como para seguir los pasos de su madre y educadora y ascender en el escalafón de las divinas "mujeres florero" de las exclusivas y cerradas urbanizaciones "Pijas" del norte de la ciudad cuya influencia en el mundo de la moda y el glamour era determinante para salir en las revistas y los magazines televisivos del corazón beneficiándose así con los réditos que ofrecía la cuidadosa administración de su único merito, su glamurosa presencia, que dotaba de prestigio y credibilidad publicitaria a cualquier evento comercial o aparentemente cultural siempre disfrazado de fiesta social a favor de los pobres y desfavorecidos pero patrocinado y remunerado por las marcas más "pijas" inalcanzables y caras.

Quelona alcanzó el culmen de su carrera de "Pija" con matrícula de honor cumpliendo todos los objetivos para los que había sido programada.

La casaron con " Pepo "el hijo único de un gran accionista de la banca, un hombre mayor y de poca salud, cuya viudedad reciente le mantenía abatido y no gustaba de lucir su título de Marqués de Entreveras.

El muchacho en cuestión era perfecto. Era un "superpijo" algo alocado y con bastantes "pocas luces", que aunque tampoco sobresalía en su apostura, a todos les pareció bien y se organizó un casorio con tintes de estrella de Hollywood para llegar al cual, la familia Pacheco de Osuna, tuvo que aceptar , Quelona incluida, un contrato de confidencialidad para esconder como parte del arreglo la inestética homosexualidad de "Pepo" y su desagradable afición por la cocaína, a lo que Quelona no se opuso porque como su madre decía :

-Quelona, cariño, no te pierdes nada, al fin y al cabo el sexo en el matrimonio solo es una pequeña molestia y si te aprieta el deseo, siempre tendrás algún subalterno a mano…

Pero Quelona, a pesar de que su suegro murió pronto, nunca llegó a ser la "Marquesa de Entreveras" ni a obtener el apoteósico éxito social para el que había sido cuidadosamente programada.

Nadie, ni siquiera ella misma sospechaba, como nadie sospechamos, la clase de persona que duerme latente en nuestro interior y que un día sin saber porqué puede despertar en nosotros sorprendiéndonos y convirtiéndonos en otra persona.

El caso fue, que desobedeciendo a su madre en un pequeño e infrecuente ramalazo de autoafirmación, el mortal aburrimiento de la recién casada le llevó una tarde buscando emociones a salir atrevidamente sola de su ambiente rumbo a un barrio marginal del extrarradio para visitar a una amiga enfermera que había conocido en la universidad y que junto a su compañero medico trabajaba desinteresadamente para una ONG y sucedió que aquella tarde, a base de halagos e insistencia, aquella pareja la consiguió liar de algún modo, para que les ayudara con los papeles de inmigración de aquellos pobres desgraciados que habían llegado a España huyendo del hambre y de la guerra, siempre, eso sí, acercándose a ellos lo menos posible y la condición de que la amparara el anonimato mas absoluto.

Así Quelona, Raquel en aquel barrio, fue purgando el tedio de aquel matrimonio implicándose poco a poco en la defensa jurídica de aquellos desamparados y en la captación de alimentos, ropa y recursos para la ONG hasta que, por primera vez en su superficial vida, como un ídolo de pies de barro, se derrumbó aquel deslumbrante edificio que siempre había tenido encarcelada su alma romántica y generosa.

Raquel, supo entonces que lo que se siente al dar es inmensamente mejor que la satisfacción de recibir y que, a fuer de no necesitar nada, en ella ya estaba anestesiada y aquella Raquel durmiente en Quelona, despertó al principio lentamente para luego entrar en erupción como un volcán de generosidad y fue consciente, como si se le hubiera caído un velo de los ojos, de lo que ella y no los demás, deseaba para su vida.

La renacida Raquel, fue borrando su vida anterior, como un mal sueño en la búsqueda de su entrega a los demás y la felicidad del amor verdadero que jamás había visto y que por primera vez, había vislumbrado envidiosa en las miradas, las caricias y los besos que aquella abnegada pareja se propinaba sin disimulo alegrando así con sonrisas de complicidad la crudeza de las miradas necesitadas de los que les rodeaban.

Cuando pasados los años agotada de trabajar, pero feliz y satisfecha Raquel , reposaba en la puerta de aquel barracón de palma a la sombra de las acacias de la enfermería de una perdida aldea de la sabana africana aún salpicada de sangre tras ayudar a traer al mundo trabajosamente un bebe negro cómo el carbón y mientras veía juguetear a sus hijos "café con leche" una idea pasó fugazmente por su cabeza:

-Si, es verdad..., nunca llegué a ser la Marquesa de Entreveras, pero ahora, soy mucho mas…, !Si!,! Ahora… me siento una reina…!. ! !Si...! ! La reina de África !!

Fin

viernes, 5 de julio de 2019

LA INSOLITA LEVEDAD DE ANGELA V 2019

Rafaél ajeno a todo lo que le rodeaba miraba sin ver ignorando la belleza de aquella tibia tarde del temprano otoño

     -Perdone, ¿Me puedo sentar en su mesa un rato? le dijo ella .Estoy esperando a alguien. Nos hemos quedado  aquí Vd. y yo solos y con esta oscuridad me da un poco de miedo permanecer sola en mi mesa. 

     Absorto en sus negros pensamientos, el hombre apenas levantó la vista para mirar a aquella chica y sin abrir siquiera la boca, hizo un educado gesto con la mano invitándola a sentarse.

     Llevaba toda la tarde sentado en la terraza del parque sin quitarle el ojo a aquella rama tortuosamente horizontal de un roble que el viento había logrado inclinar debido a la enormidad de su copa hasta casi formar una pérgola sobre el paseo. 


      Hacía días que venía a visitar aquella rama y con su creciente desesperación, la imagen de su cuerpo colgado de ella balanceándose le parecía cada vez mas plausible. La pequeña esperanza de recibir de "ella" alguna noticia, se había ido diluyendo con los días hasta esfumarse.

     - No se preocupe por mi señor…, veo que está ensimismado y no quiero molestarle.

      En el parque, las últimas luces del crepúsculo que en lo alto que iluminaban de dorado las ramas altas de los gigantescos árboles, parecían haber huido de repente y las masas negras de sus copas se recortaban ya tenebrosamente contra el cielo estrellado y parecían amenazar con derrumbarse tragándoselo todo.

     Sentados frente a frente sin mirarse directamente, ambos quedaron en un incómodo silencio solo roto por el ruido del entrechocar del vidrio que llegaba atenuado desde dentro del kiosco donde el camarero, preparándose para cerrar en breve, se afanaba en guardar las últimas copas.

      En aquella penumbra, Rafael solo pudo percibir de aquella mujer un vaporoso vestido blanco que parecía encerrar la brevedad de su cuerpo y su extraño e intenso perfume a lima. Pero la verdad es, que apartándolo por breves instantes sus amargas reflexiones, en su cabeza de pianista, Rafael había quedado impresionado con la musicalidad aquella voz que con sus suaves inflexiones en clave de Sol le transportaron inconscientemente a la dulzura del Ave María de Schubert .

      Pero... pasado aquel primer instante, Rafael volvió a sumergirse en sus pensamientos y como si éstos tuvieran miedo de perder el hilo, volvieron a la dolorosa noria que daba vueltas y vueltas dentro de su cabeza desde hacía semanas intentando buscar sin encontrarlo, el motivo de aquella inesperada y humillante ruptura y del cruel abandono por parte de aquella mujer con la que creía estar en la cima de un amor profundo. Cada vez, Rafael se sentía mas hundido y su corazón roto se convencía más de lo irremediable de su soledad, de su incapacidad de vivir sin ella y de que su angustia y su dolor, solo tendría fin con la muerte.

      Al cabo de un rato, la ronca y cansada voz del camarero les anunció que el parque iba a cerrar y que debían irse

y de nuevo la voz musical de la muchacha fue como un respiro en su angustia.

     - Mi cita ya no vendrá. ¿ Le molestaría que saliera con Vd.? La puerta del parque está algo alejada de aquí y la oscuridad me atemoriza….

       Aún no habían recorrido unos metros, cuando la muchacha le paso su brazo bajo el suyo y le dijo : ¿No le importa que me agarre un poco de su brazo verdad ? estoy un poco sobrecogida.

      Fue, en ese momento cuando Rafael percibió por primera vez la levedad de Ángela. Apenas sintió pasar el brazo de la muchacha bajo el suyo a pesar de que ella había arrimado su cuerpecito como si buscara protección. Era como si la ley de la gravedad no rigiera para ella. Rafael jamás pensó que pudiera existir un cuerpo tan liviano y sin embargo, inexplicablemente, una sensación de profundo bienestar le fue invadiendo desde la zona de aquel ligero contacto.

      Cuando en la puerta del parque ella se despedía dándole las gracias, Rafael pudo distinguir a la luz de las farolas aquel rostro fino de rasgos adolescentes de Ángela, enmarcado en una melenita cobriza a lo "garçon" que contrastaba con sus ojos azul celeste.

     Al día siguiente y casualmente, la volvió a encontrar mientras paseaba junto a la plaza de la virgen. La muchacha se dirigió a él por detrás:

      - ! Qué casualidad...! !De nuevo nos encontramos... !

     Cuando oyó a su espalda aquella voz de Ave maría de Schubert , Rafael supo quien era incluso antes de verla. Efectivamente, allí estaba Ángela con su pelo largo moreno, su vestido ceñido azul marino, su personal perfume de violetas y aquellos vivos ojitos castaño claro en su cara adolescente.

      -¿ Es Vd. de aquí ? ¿Podría orientarme un poco sobre 
lo qué vale la pena visitar en esta ciudad ?

     Rafael no deseaba compañía, pero le resultó imposible negarse a su gesto gracioso y a su risa clara. Cuando ella sin pedir permiso se agarró a su brazo, Rafael de nuevo experimentó la serenidad que le producía aquella sensación de liviandad. Con el extraño contacto con aquella muchacha, la angustia parecía darle una tregua y sus tenebrosos pensamientos se alejaban unas horas.


 Inconscientemente, el hombre procuró aquella tarde alargar todo lo que pudo la visita cultural y la amena conversación hasta que la noche los vino a separar de nuevo.

     El Domingo siguiente, 
incluso sin necesidad oír su voz de Avemaría fue Rafael él quien la vio primero. Fue en la cola del cine y aunque ella estaba sola tres o cuatro puestos por delante de Rafael, su exclusivo perfume de lavanda había llegado hasta él. 

Ángela tenía un gesto gracioso de fastidio y de impaciencia infantil esperando que abrieran las taquillas y mientras se alisaba los pliegues de su vestido malva, movía su cabecita cubierta de rubio pelo corto de un lado para otro mirando inquieta a su alrededor con sus inmensos ojos verdes. 

       Cuando Rafael llamó su atención, la cara de la muchacha se llenó de alegría y le invitó a ver juntos la película. La verdad era que el film para él fué un autentico "bodrio", pero a ella le pareció fabuloso y Rafael solo con sentir el contacto etéreo de su bracito junto al suyo se sentía ya en la gloria.

      Al salir del cine y antes de despedirse, ambos acordaron verse todos los días mientras ella estuviera en la ciudad puesto que el destino parecía quererlos juntar.

     ¿Amor? !No!, !Aquello no era amor...! , por lo menos no como lo entendemos normalmente. La verdad es que incluso para él era difícil explicar aquella rara relación. No había pasión ni sensualidad solo una irresistible atracción llena de ternura, humor, complicidad y alegría y gusto por la vida y solo en unas semanas, Rafael fue olvidado con Angela sus amarguras y el tenebroso fantasma de la rama de roble, parecía ya para él una lejana pesadilla de la que se había despertado valorando la belleza de cuanto le rodeaba.

     Una preciosa mañana de primavera en el parque, estaban sentados bajo los árboles en el mismo lugar donde se conocieron cuando Ángela, bajando sus bonitos ojos grises le dijo con su voz en clave de Sol de ave María de Schubert que se tenía que ir. Su cometido en la ciudad había acabado y no podía ya justificar mas lo prolongado de su estancia.

     Rafael no se sorprendió, en los últimos días la levedad de aquella muchacha era tal que apenas notaba ya su tacto y cada vez percibía con menor intensidad su original perfume de camélias. Por última vez, miró sus brillantes rizos castaño claro que contrastaban con su vestido de gasa rosa, y supo que, fuera lo que fuera lo que misteriosamente les había ocurrido, había llegado a su final.

     Pensativo, miró hacia unos niños que jugaban cerca alborotando y cuando volvió de nuevo la vista hacia el frente, la silla de Ángela estaba vacía y no quedaba ya el rastro de ella. Instintivamente, Rafael miró hacia el cielo y aún creyó ver un retazo rosa desapareciendo livianamente entre las nubes blancas.

     Antes siquiera de bajar la mirada, Rafael había comprendido.

     Con ternura, el hombre sonrió agradecido y dijo en un susurro :

    - ! Gracias Ángela… ! Jamás hasta hoy habría imaginado que un ángel pudieran ser una mujer…. !! Y menos aun que la mas hermosa viniera a ser mi ángel de la guarda!!.

FIN























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viernes, 21 de junio de 2019

EL HOMBRE DE PARIS

Joven no era, seguro, sin embargo, no lo sabía con certeza porque nunca le pude ver la cara. Su viejo sombrero le ocultaba un rostro barbudo siempre dirigido a mirar fijamente algo tan pequeño que me quedaba oculto por sus manos sucias y callosas.

 Por su encogida actitud aunque imaginé que era un hombre ya maduro o envejecido prematuramente en las trincheras en aquella terrible y cruel gran guerra mundial terminada pocos años atrás donde los hombres murieron por millones y los lisiados y desquiciados llenaron las calles de Europa mientras los ricos y los supervivientes, vivían con desesperada alegría los locos años veinte conscientes y no sin motivo de que en cualquier momento, otra desastrosa guerra se los podía llevar por delante a todos. 


A pesar de sus antiguas y raídas ropas del periodo de preguerra que recordaban al vagabundo de "charlot", no debía ser un mendigo porque no pedía nada, por lo menos nunca lo vi pedir limosna a pesar de que ya iba para dos años que me lo encontraba en el mismo lugar apalancado en el banco bajo el sauce de la fuente barroca.

¿ Donde y de que vivía ?, lo ignoro, pero solo se debía levantar del banco avanzada la noche y con las primeras luces, salvo que nevara, ya se le volvía ver allí. Supongo que viviría de la caridad en algún convento o en alguna residencia de militares tullidos y enloquecidos donde por el día los expulsaban de allí para que no anduvieran molestando.

Yo, era como un espectador de todo aquello que lo observaba todo desde fuera, España no había entrado en aquella locura sangrienta y Paris seguía siendo la capital del mundo así con que, becado por la academia Española y con alguna ayuda de mis parientes próximos, intentaba, como joven pintor, seguir la estela de los afamados pintores españoles y obtener así inspiración fama y reconocimiento.

La verdad es que a pesar de frecuentar museos y exposiciones no encontraba la inspiración necesaria y ya comenzaba a desesperarme cuando de pronto, un día se me ocurrió pintar a aquel hombre, cuya estampa de miseria me recordó la tristeza del periodo azul de Picasso.

No..., no copié a Picasso que ahora era cubista y abstracto, pero a mi modo expresionista mas actual por entonces, sí que quise reflejar su soledad y su tristeza como antaño hacía el maestro de Málaga.

Pasé semanas tomando apuntes sin que él siquiera se apercibiera de mi presencia, me lo facilitaba su quietud y su abstracción que le impermebilizaba de lo que le rodeaba. El que no pudiera ver su rostro me molestó al principio pero luego intuí que podía ser una expresión de un misterio insondable que dramatizaba la obra.


Por fin , cuando ya tuve un boceto a carboncillo después de desechar mas de cincuenta, pintando a la luz del quinqué en el cuartucho sin ventanas que me hacía de estudio, estropee varios caros lienzos con diferentes combinaciones de color hasta que el cuadro logró decir lo que yo quería.

¿ Sabéis ..? A pesar de lo satisfecho que quedé de mi obra, fue un inmenso fracaso. A pesar del prestigio que teníamos los pintores españoles, me lo rechazaron de plano solo con una mirada de reojo los mejores marchantes a los que acudí con el corazón lleno de ilusión, también los peores a los que se lo llevé ya mas decepcionado. Al final lo expuse en una exposición colectiva de poca monta y salvo una crítica demoledora en un periodiquillo de barrio, la gente pasaba delante de él sin detenerse y nadie hacía el menor comentario. Tarde comprendí que las gentes allí no estaban pare tristezas sin importar la calidad de la obra.

No me quedaba casi dinero y la depresión que me produjo aquel fracaso me devolvió prematuramente a España decidido a dejar la pintura y dedicarme a escribir que al fin y al cabo tampoco se me daba mal, dejé allí el caballete, los pinceles y los óleos y las ropas de estilo parisino como compensación de algunos pagos pendientes y con mi pequeña maleta de cartón salí de casa rumbo a la estación.

Pero cuando pasé  a su lado en el banco bajo la fuente barroca vi que no había nadie a su lado. Aún tenía tiempo hasta la salida del tren y decidí no volverme sin saber algo más de él....

-¿ Monsieur? le pregunté en mi mal francés ¿qué es lo que le sucede? ¿Porqué siempre está usted aquí quieto y triste mirándose las manos?

El hombre sin levantar la cabeza para que no viera su rostro tardó en responderme y cuando pensé que no quería hablar y ya me levantaba , oí su voz cascada:

- Monsieur ¿ Ve Vd. el solar que hay entre las dos casas que están ahí delante ?

- Si, está lleno de brozas y escombros negros calcinados.

- Pues eso era mi casa, y cuando volví de Verdún contento de haber salvado mi piel y mi país, una bomba la había destruido con toda mi familia dentro. ¿ Para que coño fui yo entonces a la guerra si solo lo hice por defenderlos...?

Abrió las manos y vi un pequeño pendiente de plata sobre el que empezaron a caer sus lagrimas.

- Mire señor, lo único que pude encontrar de ellos fue este pequeño pendiente de mi nietecita Colette. Ahora solo esto me mantiene con vida aunque mi alma esté muerta.

Me levanté , las piernas aun me temblaban cuando me dirigía a la estación, creo que no se me pasó la congoja del pecho hasta que pasados los Pirineos el sol de España me alejó del gris del norte....

jueves, 30 de mayo de 2019

EL CUADRITO DE FRANSUÁ

Sabes…, Ni siquiera era un buen cuadro y para mas "inri", Francois, al que llamaré "Fransuá" como se pronuncia en su francés, además de no ser pintor, fue el único cuadro que pintó en su vida e incluso alguien dice, que jamás tocó un pincel y que aunque creó el cuadro en su cabeza, era su autor intelectual y por lo tanto es suyo, en realidad no fue su autor material y que lo fue pintando su hija Ivette "al dictado", es decir, mientras él le iba señalando sobre el lienzo con el dedo las líneas, las áreas y los grosores y colores


lo cual tiene visos de verosimilitud, porque la cosa fue poco antes de su muerte y por entonces, la diabetes ya le tenía muy mal de la vista y con sus ochenta y cuatro años su mano temblaba como un flán como demuestra la casi ilegible letra de sus últimos ensayos.

"Fransuá", cuyo apellido no viene a cuento, era un académico francés, reputado crítico y estudioso del arte del siglo XX que él consideraba francés porque el arte moderno había estallado en Paris y hundía sus raíces en el impresionismo. Gustaba el hombre también como buen "chauvinista", de afrancesar en la historia del arte a los muchos pintores extranjeros que contribuyeron a aquella incendiaria e iconoclasta rotura con todas las normas artísticas de la pintura clásica. 

Por su edad, "Fransuá" de joven, había vivido el nacimiento del arte moderno y su revolución en sus primeros tiempos de profesión, conviviendo en antros y tugurios con todos aquellos artistas, entonces parias de Montmatre, y luego famosos pintores, a los que había conocido en su salsa junto con sus galeristas, sus modelos, sus vicios y sus amoríos y a los que tenía por amigos de juventud, de confidencias, y ¿porqué no…? francachelas, e incluso a mas de uno había ayudado a triunfar.

- ¿Y por eso pintó un cuadro antes de morir…?

No, no fue por eso….El caso fue que Fransuá siempre tuvo pasión por Pablo Ruiz Picasso que para él fue el más grande, el auténtico genio incluso por delante de Matisse y el más original creador de la verdadera ruptura con todo lo establecido desde sus Demoiselles de Avignon, hasta su muerte en 1973 y se puede decir que Fransuá, dedicó su vida y su profesión a Picasso convirtiéndose en uno de los mayores eruditos de su vida y obra sobre todo hacia la mitad del siglo pasado, cuando tras la terrible guerra mundial, el mundo del arte dejó París para trasladarse y mundializarse en Nueva york y Fransuá, se centró casi exclusivamente en él porque sólo la figura de Picasso como la más grande e intocable, aguantó en la burguesa Francia de la posguerra refugiado en la costa azul sin alejarse de su amada pero franquista y atrasada España.

-¿Y lo del cuadro entonces…? ¿ Qué tiene eso que ver con el cuadrito de marras…?

Mira…, no hay que ser muy inteligente para solo con mirarlo suponer, que con éste único cuadrito, el académico quiso a modo de resumen mostrar al mundo de un solo plumazo la visión que de Picasso se llevaba a la tumba tras la perspectiva que la edad y el tiempo de toda una vida le había otorgado.

¿Sabes…?, cuando Fransuá estudió los cuadros de su primera época, su largo periodo azul, que fue la más bohemia, melancólica y fascinantemente bella y en la que Picasso reflejó la tristeza y depresión que le causó el suicidio de su amigo y compatriota Casagemas, ya se dio cuenta Fransuá de que aquel españolito veinteañero pequeño, serio, malcarado y de ojos magnéticos y febriles que siempre rodeado de humo de tabaco bajo su flequillo trabajando infatigablemente como si no hubiera un mañana, irremisiblemente necesitaba pintar con su alma y necesitaba pintar tanto como respirar para mantenerse vivo y cuerdo, pero no fue hasta muchos años después en los que siguiendo con pasión todos los "ismos" del Maestro desde el cubismo al expresionismo pasando por el neoclasicismo e incluso por el surrealismo, cuando Fransuá fue consciente y descubrió que en realidad, Picasso era un Vampiro.

-¿Vampiro ? ¿Cómo Drácula o Nosferatu ?

Pues sí amigo, al igual que estos vampiros hematófagos necesitaban la sangre humana que tras morder los cuellos de sus víctimas chupaban desesperadamente para de algún modo seguir existiendo y luego las desangraban cada día sin piedad y sin importarles su destino hasta que morían níveas de anemia, Picasso necesitaba para crear absorber hasta la última gota de la belleza, el amor, la adoración, la sumisión y el sexo de las mujeres que su cabeza trasformaba en un elixir que mantenía su alma viva, sedienta y genial.

Sin embargo, con su comportamiento cruel y egoísta, que él autojustificaba sin culpa alguna por la importancia de su arte, las siete mujeres que pasaron por su vida, en muchas ocasiones solapadas unas con otras, tras inspirar y alimentar toda su genial obra, iban quedando destrozadas y vacías en la cuneta y fríamente eran abandonadas y suplantadas por otras mas bellas y jóvenes o
 quedaban simplemente mantenidas con el corazón destrozado y la mente trastornada por los celos en una especie de harén de juguetes rotos satélite de su persona cuando por cansancio o monotonía, perdían para él la chispa y dejaban de ser su musa. 

Si amigo, la historia familiar y amorosa de Picasso estuvo plagada de litigios, desencuentros, muertes, locuras y suicidios, que dejó incluso después de su muerte como la estela que en el mar deja un barco siniestro y ocurría mientras él aparentemente ajeno al sufrimiento, bronceado y vestido con rayas marineras mantenía la imagen de anciano campechano de sus últimos años dejando atrás un auténtico "Guernica" emocional.

Cuando el viejo Picasso cayó enfermo y en una visita que Fransuá le deparó le recriminó tímidamente que siempre hubiera antepuesto su arte a sus mujeres y a su familia, Picasso le respondió: Mira Fransuá…, el arte para mí está incluso por encima de mi mismo…y luego cínicamente añadió con repentino un brillo burlón en su apagada mirada: Además…, bien sé que a todas ellas les he jodido la vida, pero también, a todas ellas las he hecho inmortales…

Lo curioso amigo, es que ése puto cuadrito de Fransúa, como si lo hubiera pintado el mismísimo Pablo Picasso, corrió la misma y maravillosa suerte artística que las obras del genio malagueño, porque malvendido por su nieta junto con sus viejos archivos como una ocurrencia mas del viejo, cayó en las manos de un anticuario avispado que al ver el estilo del mismo se le ocurrió raspar el rabito de la erre y colarlo como un Picasso autentico que el pintor agradecido le habría regalado a Fransuá.

- ¿El rabito de la Erre…? ¿ Qué coño dices..?

Si…, el rabito ja ja…, porque a Fansuá, en una humorada casi picassiana, se le había ocurrido firmar el cuadro como "Ricasso" en una jocosa alusión a la española a su fortuna y su desmedida afición por el dinero.

-¿Y no se descubrió el fraude ?

!Claro coño!, !A la primera!, ! Ni que los expertos fueran gilipollas!, pero el escándalo mediático fue de órdago y el tremendo lío que ya se había montado a nivel internacional puso de moda e hizo póstumamente famoso a Fransuá y su ya famoso cuadro que reflejaba el vampirismo de Picasso y que acabó de subastándose en la mismísima Sotheby´s Gallery donde lo compró un coleccionista japonés por quince millones de dólares arreglándoles Fransuá así para siempre la vida a su descendientes…

-!Hay que joderse con el arte moderno…!

-Pues eso amigo…!Hay que joderse…!

Fin