viernes, 15 de septiembre de 2017

SAHARA


Cuando apareció en la fría noche del desierto la Luna llena iluminaba fantasmalmente las sensuales sinuosidades de las dunas . Yo estaba tumbado en la fresca arena y aquella fascinante visión se me antojó como la más bella imagen que jamás había visto y estoy seguro, que nunca volveré a ver. Aun hoy, aquel recuerdo es lo único que deseo guardar en mi memoria de todo aquello.

Era una figura de mujer luminosa y blanca casi espectral contra el paisaje plateado. Una amplia chilaba de seda blanca la cubría por completo y ondulaba con la brisa nocturna. Me sentí como un humilde pastor al que se le aparece a medianoche la virgen María en medio de un páramo oscuro y mientras caminaba pausada hacia mí , fui quedando fascinado por aquellos ojos de gacela que reflejando las claras arenas brillaban fulgurantes como dos pequeñas estrellas en el oscuro óvalo que enmarcaba su capucha.




Cuando llegaba ya hasta a mí y sin dejar de caminar dejó caer abandonada la prenda que la cubría que fue lentamente resbalando por su cuerpo acariciando su belleza mientras se deslizaba. Luego, mirándome desafiante a los ojos, Fátima me mostró sin pudor alguno la desnudez de su cuerpo canela. En mi vida había visto hermosura igual porque de Fátima por entonces solo conocía su rostro. La Luna, cómplice, iluminó entonces las hermosas curvas de sus pechos, de sus hombros, de sus caderas y de sus muslos con una suavidad que hacía sentir envida a las dunas que, eclipsadas, parecían apagarse a su alrededor.

Sobre aquel manto de seda blanca hicimos el más dulce y tierno amor sin decir una sola palabra mientras nuestras lenguas enroscadas como dos serpientes amenazaban con anudarse para los eternos saboreando el néctar de nuestras salivas. Luego, despacio y durante horas fuimos rodando hacia abajo por la interminable y suave pendiente dunar, incapaces de deshacer el velcro en que se habían convertido nuestras zonas más oscuras y rizadas que nos mantuvo fundidos como un solo cuerpo hasta que el frío del desierto y el terror por lo que habíamos hecho, nos hizo cubrirnos y permanecer abrazados en silencio avergonzados como Adán y Eva después de comer la manzana.

 El alba, nos sorprendió ya en nuestro sigiloso regreso a la "Jaima" con la esperanza de que Jalila no se hubiera despertado.

En todo el desierto del Sahara donde llegué enviado English  Journal of Geography and Nature para una larga estancia, solo Alí "El camellero", fue la única persona que logré que me ofreciera hospitalidad en su semienterrada y sucia "Jaima" que al abrigo de la gran duna que la protegía de las temibles tormentas de arena del Sirocco, se asentaba en el mismísimo ombligo del desierto a cien kilómetros del oasis mas próximo.

¿ Gratis …? !No!,! Que va…! ! El precio era obscenamente oneroso !. Solo la codicia avarienta de aquel desconfiado moro, que se creía devoto de Alá pero que no tenía mas dios que el oro, podía vencer su paranoico recelo para poder permitir vivir a otro hombre en su tienda junto a sus dos esclavizadas esposas Jalila y Fátima, sus esqueléticas cabras y la media docena de abúlicos camellos que eran su sustento junto a cierto escondido pozo de agua sucia con la que comerciaba inhumanamente aprovechándose de la necesidad ajena.

 Aquel bereber era un cabrón y no me refiero a un ovino macho y grande o alguien a quien su mujer adorna su cabeza con dos cornalones de toro manso y os diré, que con lo grande que es el mundo, en medio de la nada en ese puto desierto, fui a conocer a dos cabrones que coincidieron sus destinos sobre sus doradas arenas.

El primero de los dos naturalmente era Alí que era un autentico cabrón, es decir una subespecie de los hijos de puta pero más ladino y con mas mala leche con la eximente que le daba la adaptación a la supervivencia en aquel infierno de arena y roca donde los buenos y confiados no llegan a la mayoría de edad.

Pero… Alí, no era el más cabrón en aquel desierto. El segundo era verdaderamente entre aquellas dunas , el mayor cabrón que llegué a conocer, porque antes jamás lo había visto y no tenía eximente, ni justificación, ni perdón. Ese gran cabronazo….!Era yo!

La verdad es que cuando me encargaron el reportaje fotográfico sobre la huidiza y esquiva víbora cornuda del desierto, de cuya mortal picadura supo bien Cleopatra, jamás pensé que ese Sahara pudiera cambiar tanto a alguien.

¿Qué me pasó…? ! No lo sé!. Pensaba que era la fuerza telúrica de aquel lugar que se había ido apoderando contra mi voluntad de mi ser para sacar lo peor de mi mismo, porque estoy seguro de que no fueron las duras condiciones, ni la comida escasa y especiada, ni la leche de camello, ni la escasez de agua, ni la falta de sueño que acompañaba a la espera frente a un cebo de ratón de aquella serpiente de hábitos nocturnos, mi profesión de fotógrafo naturalista me había llevado antes a soportar condiciones límite incluso más extremas sin alterar mi mente ni un ápice, pero allí, sorprendentemente en medio de aquellas románticas soledades, brotó de mi algo maligno, que ahora después de lo ocurrido pienso, aunque nunca sabré cual de las dos, que alguna de aquellas dos mujeres me suministraba algún bebedizo de Mandrágora o Hachís en la comida para enloquecerme, porque cualquiera las dos tenían razones para ello.

La cuestión era que Fátima, una hermosa muchacha bereber apenas salida de la adolescencia estaba desesperada por escapar de aquella " Jaima ". Fátima, no se había podido adaptar al brutal abuso que Alí hacía de su cuerpo, ni a ser tratada con como una criada por su primera esposa Jalila
Pero… no solo Fátima pudo ver en mí una tabla de salvación. Jalila , la primera esposa de Alí y veinte años mayor que Fátima, era una tuareg tatuada, violenta y menos agraciada y  resultó que Jalila, muerta de celos, estaba desesperada por perder de vista a aquella joven rival y en su resentimiento  también pudo ver en mí el instrumento que necesitaba para sus intereses.

Cuando Alí tranquilo a pesar de mi presencia en su Jaima viajó durante algunas semanas hasta el valle de Bilma con la caravana anual de la sal pensando que sus enfrentadas esposas se vigilarían la una a la otra, fue cuando me fui enamorando de Fátima.

Durante las largas y calurosas tardes que pasábamos a solas bebiendo te con hierbabuena entre cojines y alfombras con la intencionada anuencia de Jalila que deliberadamente desaparecía fingiendo otras tareas, Fátima, con sus miradas insinuantes, sus risas coquetas y sus mil atenciones, logró que me olvidara de que era la mujer del prójimo que me acogía y de que yo era un hombre casado con hijos y responsabilidades, para pasar a ser el objeto de mi obsesivo deseo y la dueña absoluta de mis pensamientos.

Al fin, una noche tiempo después de nuestro primer encuentro nocturno en las dunas, Fátima acudió de nuevo a mi puesto de observación y en su macarrónico francés me dijo:

-Tenemos que huir amor, Jalila hablará, Alí está al caer, nos matará a los dos y nadie encontrará nuestros cuerpos.  !Rápido, coge tus cosas y ven!.

Fátima me esperó en un roquedo cercano con los dos viejos camellos que se habían quedado con las cabras cargados con agua y provisiones. Cuando llegué a su encuentro, me ordenó levantar un pedrusco que daba a la oquedad donde Alí guardaba todo el dinero y oro que tenía y me exhortó a cogerlo todo.

Mientras yo lo hacía sin presentar oposición alguna no me reconocía a mi mismo porque os diré, que no sentí el menor escrúpulo ni remordimiento en convertirme en ladrón por primera vez en mi vida y cargué todo aquello, lo repartí entre los dos camellos  y antes de perdernos en las tinieblas de la noche sin luna, tal vez para acallar mi conciencia, dije en voz alta:

-! Vámonos! ,!! El que roba a un cabrón tiene cien años de perdón !!

Curiosamente, después de convertir a un cabrón en cabrón robándole la mujer, no me sentía mal dejado en la más absoluta miseria a quién no me había hecho nada mas que darme su hospitalidad.

Llegamos medio muertos al cabo de una semana al puerto de Tripoli. Fátima permanecía en pié vigilante guardando nuestro tesoro y nuestras pertenencia mientras yo en una ventanilla, sin pensar siquiera los problemas que inevitablemente nos esperaban en Europa, luchaba con el idioma para obtener los pasajes del barco que nos iba a llevar hasta allí.

Cuando al fin me di la vuelta con una sonrisa triunfal agitando brazo en alto los dos pasajes, la sonrisa se me heló en los labios. Donde debía estar Fátima, no había nadie…!nadie…!!ni nada…!.

En ese momento como si despertara de un sueño o saliera de un trance, todas las maldades que había cometido en aquel maldito desierto, se me vinieron encima dejándome abatido. 

Como pude, esbocé una amarga sonrisa y en voz baja dije:

-!Vuela paloma del desierto…!.!Vuela libre…!. Al fin y al cabo… " El que roba a un cabrón tiene cien años de perdón…"

FIN.


viernes, 11 de agosto de 2017

EL MISTERO DE LA CASA VERDE (2017)

¿Sabes?, nadie sabe de verdad lo que pasó en la "Casa Verde". Ahora, venimos en las soleadas mañanas del invierno levantino a la Albufera a pintarla o tomar algunas fotos, ignorando su leyenda que ya se ha diluido entre las brumas del olvido.
Creo que solo yo, bien entrado el siglo XXI, conozco el misterio de la tragedia que encierran sus muros abandonados. De aquello, apenas queda algún recuerdo entre los viejos del pueblo que logró pervivir del manto de tierra que se echó sobre aquél asunto.¿Qué como lo sé? , la historia me la contó mi abuelo Visent muchos años después, cuando la parca le iba rondando. El yayo Visent estaba muy agradecido a Las Francesas y siempre mantuvo silencio de lo que sabía.

Nadie sabe, ni siquiera él al principio, como llegaron aquellas dos mujeres a la "Casa Verde". Una perdida construcción en medio de los arrozales, al borde de uno de los cientos de canales que desde el gran lago, apenas separado del mar por una estrecha manga de pinares y un par de compuertas, surcaba a lo largo una legua hasta el pueblo al otro lado que lado de las marismas.

Corrían los años cuarenta del siglo pasado, Europa estaba en guerra asolada el Nacísmo y la España de Franco destrozada tras la contienda civil. El pueblo, tras las dolorosas purgas políticas, estaba bajo el yugo del fascismo victorioso y la iglesia intransigente, dominado por el revanchismo y la beatería.

Cuando alguien preguntaba, Margot y Corinne decían que eran hermanas y habían venido huyendo de la guerra a aquella casa que habían heredado. Pero mi abuelo siempre supo la verdad ; Eran amantes , y comunistas, y habían salido por pies de la Francia catalana cuando la Gestapo ya les pisaba los talones. Tomaron a mi abuelo para trabajar los arrozales cuando, sospechoso de desafección al régimen, nadie le daba trabajo.

Con el tiempo, el dinero que habían traído se acabó y los arrozales no daban para vivir, así que se hicieron putas. ¿Putas? ¿Cómo que se hicieron putas?. Si, se hicieron putas y la "Casa Verde" se convirtió en el burdel más insólito que uno pueda imaginar y allí en medio de la nada, aislado y rodeado de agua y brumas, montaron un lupanar de solo dos putas al que solo se podía acceder con las barcas o por una minúscula senda por la que apenas cabía un asno.

¿Éxito? El éxito fue total. ! Imagínate! , Dos francesas de buen ver, con la coquetería gala y la sabiduría sexual desinhibida del país del amor, en medio de una sociedad pacata y reprimida.

Pronto comenzaron a llegar de todos los lugares del lago, los hombres perchando sus negras barcas que dejaban amarradas a los postes clavados junto a la orilla. y aveces incluso, los hombres tenían que aguardar su turno haciendo cola pacientemente sentados en sus barcas, fumado y bebiendo de la bota y escuchando la música de acordeón que salía del interior, mientras les llegaba el momento de hacer lo que jamás hubieran soñado hacer con sus mujeres.

Aquel trajín no tenía descanso: Pescadores del Palmar, arroceros de Sueca, labradores del Perelló , cazadores de Valencia que con la excusa de tirar algunos tiros a los patos se allegaban los domingos al lugar, Incluso algún gerifalte capitalino, deseoso de probar aquellas delicias prohibidas de la Galia, que atraídos por el "boca a boca", acudía de incógnito al atardecer.

Aquellos pequeños cuerpos franceses, no conocían el descanso. Mientras, mi abuelo se preguntaba de que material tendrían hechas su partes intimas para aguantar lo que aguantaban, siempre sonriendo sin perder un ápice de su simpatía y haciendo felices a aquellos desgraciados ,ellas gozaban de ver la alegría que proporcionaban a aquellos ignorantes en sus miserables vidas.

¿Qué como acabó aquello? ! pues mal !. !Rematadamente mal!. El escándalo se destapó; Lesbianas, comunistas y putas, ! Aquello no podía acabar bien!. No se descubrió por boca de los clientes, que mantenían la cosa en el secreto más absoluto como la "Ley de Omertá" de la Mafía ,pero, tras un par de años, en los que todo funcionó como la seda, fueron las mujeres las que acabaron con. aquello.

Resulta que los hombres pagaban muchas veces a las francesas en especie con el pescado, el arroz o las hortalizas que cultivaban o los patos y fochas que cazaban y que Margot, antes del amanecer, primero en barca y luego en tartana, se encargaba de llevar a vender a los mayoristas del mercado de Ruzafa y las mujeres del pueblo que habían notado que llegaba menos dinero y pescado a sus casas fueron las que, junto al intolerante párroco del lugar, destaparon el pastel.

Sus cuerpos no se encontraron jamás, probablemente yazcan enterrados en el fondo del lago bajo un metro de tarquín negro, lo que dio pie a decir oficialmente a las autoridades que habían vuelto a su país. Pero mi abuelo cuando entró esa mañana en la "Casa Verde", la encontró revuelta, aun vio sangre en las arrugadas sabanas, señales de antorchas apagadas y alguna que otra pintada de símbolos fascistas en los muros del patio.

En aquella época cruel, la gente no se andaba con chiquitas.

Nadie ha vuelto a habitar la casa verde. La maldición cayó sobre ella. Los hombres tristes y resignados procuraban volver al pueblo con la luz del día porque al anochecer, decían a veces haber oído voces en francés, melodías de acordeón, un hilo de humo de la chimenea o incluso alguna luz rojiza, incluso alguien había oído ladrar alguna vez a aquel pequeño perro ratonero que les avisaba cada vez que llegaba una barca y que encontraron colgado de una higuera el día de la tragedia.

Si Amigo, así era aquella España; cruel, pacata e ignorante. Han pasado ya 70 años, pero incluso ahora, cuando todos vienen a disfrutar de la belleza de estas soledades y paso cerca de la casa verde un terrible escalofrío aun recorre mis entrañas

fin

jueves, 27 de julio de 2017

FRANCESITAS ROSA PALO


Cuando me fijé en aquella muchacha era aun temprano. Había salido a pasear dentro de mi rutina, a pesar de que el día algo brumoso no invitaba a ello.

Había caminado ya mi hora y cuarto de rigor y estaba sentado bajo de un sauce descansando en un banco de madera y fumando con parsimonia un cigarrillo negro con la mente vacía y un aburrimiento mortal que auguraba un día largo y tedioso como lo fue ayer, como seguramente lo será mañana y probablemente, lo serán todos los días venideros hasta que mi endurecido cerebro se adapte a la jubilación.
      
La muchacha hacía rato que debía estar allí, pero hasta ese momento no había reparado yo en ella. Su expresión y la proporcionada belleza de su cuerpo juvenil Inmóvil, que apoyaba negligentemente en un poste componiendo un gracioso arco, había llamado mi dispersa atención. Con su mochila en los pies, la chica daba la sensación de estar en tránsito de un lugar otro, y su pose hacía que su ropa dibujara delicados pliegues en su cintura, cuya textura suave, delataba la dulzura con que se adaptan al cuerpo las prendas de algodón fino.

Sin embargo, a pesar de lo sencillo de su atuendo, aquella muchacha emanaba una elegancia especial, innata y misteriosa, cargada de indiferencia. Los tonos grisáceos y discretos de su silueta, casi se confundían con los pizarrosos arbustos del fondo de la carretera sobre los que conseguía destacar una graciosa melenita que a ratos se agitaba con alguna ráfaga de brisa.

En sus pequeños pies que había colocado con la gracia de una bailarina de ballet, unas caras  francesitas de color rosa palo daban la única nota de viveza a su melancólica presencia.

 ¿ De qué lugar habrá salido aquella mujer..?. ¿ De qué lecho aun caliente habría desertado …?.¿ Qué estaría esperando…? ¿ Tal vez había llamado a alguien para que la recogiera…? ¿ Tal vez aguardaba que pasara algún bus de los que de forma totalmente anárquica circulaban por aquella lejana y perdida urbanización …? o quizás se había detenido cansada de deambular sin rumbo.

No sé…,¿Sabéis..?  pero con los minutos…, lo que al principio fue solo curiosidad, se fue convirtiendo en mi ocioso cerebro en fabulación. La joven, parecía tener por delante todo el tiempo del mundo y tal vez por su actitud de cierto abandono, me dio la sensación de que había dejado algo definitivamente atrás…, acaso un amor agotado…,quizás una relación asfixiante y violenta, a lo mejor una esperanza lentamente consumida… o tal vez una ilusión cruelmente desmoronada …¿ Quién sabe…?.

De lo que si fui consciente mientras la contemplaba, fue que la palabra rendición acudía una y otra vez a mi mente que maquinaba inquieta intentando desvelar su secreto mientras que en mi interior, iba creciendo una certeza : Fuera lo que fuera, un dolor en su corazón la tenía abatida y aunque solo podía verla por detrás, no pude evitar imaginarme sus ojos con un llanto silencioso y sordo cuyas lágrimas flojas le recorrerían lentamente su rostro para caer blandamente sobre su pecho.

Cualquiera pensaría que soy un hombre melancólico y solitario y tendría razón si me conociera en estos momentos, porque en realidad ahora me siento así. Pero no sufro. Simplemente lo soporto con resignación. Se que pasará... La experiencia me ha enseñado que la vida tiene diversas etapas en las que tu personalidad y tu afán de ser feliz se acaban imponiendo, pero el paso de una fase a otra..., es muchas veces tan traumático y doloroso como la metamorfosis de una mariposa.

Uno no puede adaptarse y afrontar  lo nuevo sin hacer un duelo en su corazón y cerrar las heridas del final de su etapa anterior y precisamente es, en estos momentos de turbulento cambio, os digo…,cuando tu única guía es la esperanza y la seguridad de que, aunque no sepas como, algún día pasaran los nubarrones y volverá, aunque de otra forma, un cielo claro y un sol brillante.Tal vez fue por esto, el que por un momento lleno de empatía, pensé que tal vez mi experiencia y un consejo de persona madura podría aliviar a aquella muchacha un poco.

Os juro que no sé como lo hice, no sé aun de donde mi alma sacó fuerzas porque jamás he sido de impulsos, pero me encontré de pie acercándome a la muchacha unos pasos por detrás y diciendole con voz la voz mas educada que pude :

-Señorita..., ¿Le puedo ayudar en algo…?

No se movió. Solo giró la cabeza lo justo para mirarme. Un segundo antes de que me hablara desde su aniñada boca, pude ver que en sus ojos no habían lagrimas, solo ví en ellos la rutina y la abúlia que reflejaban sus parpados lánguidos y a medio cerrar sobre sus ojos verdosos.

-! Déjese de ceremonias caballero…!, Son cuarenta euros el servicio completo y veinte solo es chupar….

! Me quedé helado!. Os juro que si me hubieran pinchado en ese momento no hubiera salido ni una gota de sangre de mi cuerpo... No contesté nada…, ni una disculpa…, ni siquiera una palabra pudo salir de mi boca que se había quedado abierta de sorpresa en medio de mi mortal palidez…

Me di la vuelta si.., y como un cobarde, salí huyendo cuesta abajo con paso tembloroso mientras mi cara ardía de vergüenza y enrojecía como un tomate maduro…! Jamás en mi vida había pedido precio a una mujer!.

Pero lo peor…, ! Lo peor estaba por llegar..!: primero fue solo una sospecha pero..., poco a poco desde mi interior, se fue abriendo paso una terrible sensación de desfase …Si,si.., la incómoda impresión de que la corriente del río te ha apartado ya a una poza tranquila detrás de una piedra…!

!! Que viejo debería estar ya si no sabía ni distinguir las putas de las normales…!!

Me senté en un escalón a la puerta de mi casa y traté de serenarme y aplicar mi propio cuento...Ahora…, me quedaba un nuevo duelo si...

!!Digerir que los tiempos me habían dejado atrás!!

viernes, 21 de julio de 2017

BARROTES

Cuando me llamó, lo invité porque me daba pena, pero nada mas verlo en el umbral de mi puerta, una corriente de cariño surgió de mis entrañas y con lagrimas en los ojos, le di un abrazo.

La verdad es que hacía tiempo que me había jubilado y cuando lo estreché entre mis brazos fui consciente de que en los últimos años, la soledad , el aburrimiento y mi creciente tendencia a la evitación de todo lo que me incomoda, habían anestesiado mis sentimientos, cubierto de polvo las neuronas de mi memoria y sentía que vivir era más de lo mismo. Incluso creo, que la pereza que me daba esperar un día tras otro mi final natural , comenzaba a proponerme abreviar un poco la cosa... 





En realidad no me sentía culpable por ello, soy médico..bueno era..porque aunque tengo la titulación ya no ejerzo. Creo que un médico solamente es médico cuando tiene un paciente delante y me siento tan vacío como mi título que cuelga inútil en mi despacho. Pero no os puedo negar que cuando luego Luis abrazándome como a un padre, me llamó Doctor…mi Doctorcito… me llene de luz por dentro y por un momento, sentí que dejaba de ser nadie, para nadie y más para mi mismo.

Le hice pasar, lo senté en mi sillón en el comedor y le pedí que esperara mientras preparaba un café e iba a buscar la botella de coñac y un par de copas, pero cuando volví de la cocina, el sillón estaba vacío y un cigarrillo negro humeaba triste en el cenicero de metal.

Me quedé despagado, pensé por un instante que se había ido…, que mi decrepitud lo había espantado y allí de pie, en el comedor con la bandeja en la mano me, quedé abatido mirando como el humo del cigarrillo ascendía azulado y sinuoso.

Pero cuando el sonido de una respiración me hizo volver la mirada hacia la alta ventana enrejada de mi comedor, lo vi... Luis se había encaramado al amplio alfeizar formado por el grosor de los antiguos muros y como un simio estaba agarrado a los barrotes plegando su joven cuerpo contra ellos. La verticalidad de aquellos hierros y la luz radiante de la mañana lo habían atraído irremisiblemente como una polilla a la luz y ahora ensimismado, miraba hacia al callejón.

No quise molestarle. Tampoco le pregunté qué estaba haciendo porque lo entendía. Simplemente me senté en silencio en una banqueta a esperar sus palabras contemplando el bello contraluz que su figura oscura con el rostro iluminado, había recortado contra el cuadrado dorado de la ventana.

-Doctor…¿sabe..? la echo de menos como cuando allí encerrado lo echaba de menos a Vd.. Vd..era allí mi único amigo, y si en algún momento deseé la libertad era solo porque sabía que Vd. estaba fuera. Pero ahora…, ahora que soy libre…, la echo de menos…

Recordé como ese hombre de treintaicinco años que aparentaba cuarenta por el trato carcelario, había aparecido un día con sus veinte años en busca de amparo por la puerta de la enfermería de la cárcel donde yo ejercía.

Luis era hermoso y joven y eso era nefasto tras aquellos muros de la prisión en los que la ausencia de mujeres hacía que los hombres más salvajes y peligrosos se convirtieran en fieros depredadores que se disputaban la piel fresca.

No me tuvo que decir que no era como los demás, yo ya era por entonces un gato viejo que solo con oírlos respirar, incluso sin mi fonendoscopio, ya sabía quién era culpable y quién estaba allí adentro por estar en el lugar y el momento equivocado.

!Quince años! !Quince! les cayeron a los cuatro de la panda. Jamás pensó Luis cuando entraron a gamberrear y llevarse unas latas de cerveza en el bazar chino de su barrio marginal donde los taxistas se negaban a entrar, que aquel amigo loco llevaba un arma escondida y le iba a dar "matarile" al dependiente en cuanto se puso a gritar como un conejo.

Para Luis, mi enfermería, se convirtió entonces en una prisión dentro de la prisión y para mí, Luis, en un entretenimiento para las muchas horas que allí pasaba.

Al principio, solo se limitaba a limpiar y ordenar la enfermería, luego, el muchacho me ayudaba en las curas y a atender a los ingresados. Las horas que no se pasaba sentado viéndome escribir y consultar mis libros, las pasaba agarrado a los barrotes con el cuerpo pegado a la reja hasta que se le marcaba, para poder recibir los escasos rayos de sol que solo con el mediodía entraban verticalmente y por un par de horas por el deslunado.

Se me cayó el alma a los pies cuando un día algunos meses después de su llegada me preguntó si era difícil leer y escribir. ¿Cómo no me había dado cuenta? ¿Qué poca atención le había prestado a aquel buen chico pensando que solo con acogerle ya había hecho bastante?

Os ahorraré detalles, pero no puedo negar que lo que a continuación sucedió cambió tanto mi triste y monótona vida de viudo sin hijos, que logró hacer que me levantara con ilusión cada día y fuera con alegría a mi oscura pero necesaria labor, porque cuando le enseñé a Luis leer y a escribir, me sucedió como al agricultor que de casualidad le cayó la mejor semilla en la tierra mas fértil en la más lluviosa y soleada primavera y sin apenas esfuerzo, vio brotar la planta más frondosa y fuerte que le dio los frutos más dulces.

Pocos meses después, era yo el que observaba a Luis como en los ratos libres se concentraba completamente en los libros. Primero fueron los de literatura clásica y de aventuras de la biblioteca de la prisión, luego mis propios libros de filosofía y biología y en los últimos años, complejos ensayos que a petición suya le traía bajo mano de la biblioteca nacional. Su sed de conocimiento era insaciable y su aplicación inagotable, pero no solo entraba saber en su cabeza, sino que también salía.,Luis hacía trabajos, resúmenes, extraía conclusiones , se formaba opiniones propias e incluso cursó derecho por correspondencia para poder ayudar a otros presos con sus conocimientos con lo que se ganó su respeto e inmunidad.

-Doctor.. Me dijo Luis sacándome de mis recuerdos cuando bajó de la ventana ¿Sabe..? No entiendo porqué a veces aun la echo de menos…

- Mira Luis…, la naturaleza humana es tal que solo nos damos cuenta de las cosas buenas cuando las perdemos. Somos tan gilipollas que no solemos ser conscientes de cuando somos felices y malbaratamos los mejores instantes como si fueran fáciles de conseguir. Tu y yo hemos pasado buenos momentos allí, en nuestra enfermería, en compañía de nuestros barrotes, sabiendo quien éramos, que hacíamos y a quien importábamos y con nuestra separación, pasamos a depender de los demás a los que interesamos un carajo.

- Bueno Doctor…Al venir a buscarlo hoy no quería importunarle, solo quería contarle que cuando Vd. se fue, me dediqué a estudiar por correspondencia las asignaturas teóricas de medicina con los libros que Vd. dejó y ahora que soy libre solo me quedan dos años de prácticas para ser médico.

La verdad es que no me sorprendió. Nunca me dijo nada, pero. en los últimos tiempos en que estuvimos juntos observé que con aparente indiferencia pero mirando de reojo, no se perdía detalle de ninguna consulta, operación, ni movimiento mío alguno.

-¿Podrías quedarte conmigo mientras acabas la carrera?, me sobra sitio, me falta compañía, no sé en qué gastar mi pensión y aquí con estos barrotes de mi casa, aún nos quedan algunos buenos momentos que pasar juntos...

-Gracias Doctor. La verdad es que sé que decirle…, no era esa mi intención cuando lo llamé… Yo no venía a eso…

-Tranquilo… ,ya lo sé Luis. Solo es que me gustaría disfrutar de ver como inicias la nueva vida que te espera a partir de ahora que tu titulación y tu inteligencia lograran borrar tu pasado. Ahora podrás ser alguien en quien jamás habías podido ni soñar….podrás llegar a ser un afamado neurocirujano o cardiólogo, ganar mucho dinero y disfrutar del lujo y una bella esposa que te dé tres o cuatro hijos como te mereces.

- Mire Doctor…Siento decepcionarle, pero a mí no me interesa nada de eso..

- ¿ No…?¿Y qué te interesa Luis…?

Luis esbozó una serena sonrisa llena de afecto y me respondió haciendo que mi alma se agarrara otra vez a la vida como si estuviera cosida a ella, para no soltarse jamás por su voluntad…

-!Doctor…,!!Solo me interesa llegar a ser tan buen médico de las prisiones como Vd. lo fue!.

fin

viernes, 14 de julio de 2017

LA FLOR SIN PERFUME (2017)


Una hora, una amarga e interminable hora fue lo que necesitaron los oscuros ojos de Rocío para llenarse de sus lagrimas que brotaron en silencio sin permiso y fueron resbalando por sus mejillas hasta que  su boca comenzó a percibir su salado sabor.

Hace algún tiempo que había notado que algo se enfriaba entre ellas y había citado a Lola en el parque, en el mismo banco en el que tantos momentos felices habían pasado, para intentar revivir su relación.

Rocío llegó diez minutos antes de la hora. Estaba preocupada. 

La imponente hermosura de los cedros, el olor a tierra húmeda, el verdor de los setos de romero y la belleza de las flores de invierno, no habían logrado penetrar en sus sentidos para relajarla como siempre lo hacían. 

Cabilaba ensimismada pensando lo que le iba a decir… como tenía que mirarla… qué momentos debía de recordarle para conmoverla… o que ocurrencia contar para oír de nuevo su risa musical.

Rocío no comenzó a impacientarse hasta que pasó un cuarto de hora. Al fin y al cabo, Lola nunca fue puntual como ella. Sacó el móvil del bolso y lo consultó impaciente en busca de algún mensaje…!Nada! ! Nada de nada!. Luego se irguió alejando su espalda de los listones del respaldo para avistar mejor el paseo ajardinado que llevaba hasta la entrada del parque y cruzó piernas balanceando rítmicamente con impaciencia el pie mientras nerviosamente encendía  un cigarrillo y exhalaba con fuerza el humo lejos de su cara.

Sin darse cuenta, su cabeza volvía al pasado. ¿ Porqué Dios la había hecho así? ¿Para qué sirve la inteligencia de una mujer si no se acompaña de algo más?  !No es preciso ser atractiva..!,! El mundo está lleno de mujeres feas y felices!. ! Además, ella no era fea! ! Simplemente era invisible!. Bueno…, ella había sido invisible hasta que Lola se cruzó en su camino. Después, ya no le importaron los cientos de chicos que la miraron sin verla mientras ella suspiraba, ni la mirada neutra de las clientas cuando las atendía en su tienda, ni la compasión que levantaba en sus pocas amigas cuando la veían triste. Con Lola, Rocío había dejado de ser "Una flor sin Perfume".

Todo había sido natural, espontaneo, el amor brotó entre ellas con la sencillez con la que sale el sol  o cae la lluvia; Dos amigas sentadas al borde de una cama comparten sus penas. Lola llora amargamente un desengaño en el regazo de Rocío mientras ella la abraza y besa sus rubios cabellos, Rocío la consuela sin haber sabido aun lo que es un desengaño. Besos en aquellos ojos húmedos… mejillas acariciando mejillas… labios que se rozan en las comisuras… manos que caen blandamente y acarician la lana suave que cubre unos pechos…todo lento…armonioso…hasta el éxtasis final, tras el que las dos comprenden que se ha abierto en sus vidas un camino de esperanza.

A los treinta minutos, saltó el buzón de voz cuando finalizaron los tonos. Rocío, desesperada ya,  había llamado a Lola saltándose su costumbre de no importunar…!Lola no contestaba..!

Durante el cuarto de hora siguiente, la desesperación se fue convirtiendo en angustia.¿Cómo no había estado atenta a las señales?, ¿Es que el amor la había vuelto imbécil?, ¿Cómo no advirtió como miraba Rocía a aquel muchacho solitario de ojos verdes en la terraza que frecuentaban ?. Los reproches que se hacía así misma iban cayendo en cascada…

Si, ya había pasado una hora, Rocío fue consciente que todo había terminado. Miró por última vez la entrada del parque. Se levantó, y con gesto abatido enfiló en dirección opuesta. No le quedaban fuerzas ya, conocía de sobra el sentimiento de derrota. Ella sabía bien ser una flor sin perfume… y ahora, !Ahora también sabía lo que era un desengaño….!

viernes, 7 de julio de 2017

MARTINA Y LAS BALDOSAS (V2017)

Martina no hubiera visto la luz si no hubiera sido porque fue concebida involuntariamente por la popular creencia de su madre de que la lactancia materna es siempre anticonceptiva unido un inoportuno calentón de su padre propiciado por los largos meses de abstinencia que le llevó a derribarla en el pasillo sobre el ajedrezado suelo de baldosas blancas y negras y tomarla allí con urgencia sin tiempo siquiera de llegar al lecho mientras la música de fondo de los lloros de aquellas dos niñas que berreaban desde sus cunas los acompañaba. 

Con la llegada de Martina sumada al en nacimiento un año antes de las preciosas gemelas, sus padres se encontraron con tres niñas de casi la misma edad en aquella pequeña casa que estaba pensada para albergar un solo vástago.

Para la vida personal del padre de Martina, aquel error, fue una autentica desgracia, yo creo que de haberlo sabido aquel hombre, hubiera preferido cortar de cuajo sus ardores machacándose los testículos con un cenicero, porque a partir de entonces, no solo tuvo que renunciar a la ilusión de su vida de tener un hijo varón, sino que tuvo que trabajar el doble para alimentar aquella prole al tiempo que su vida conyugal se vio truncada porque la madre de sus hijas, desbordada por el trabajo domestico, había desarrollado una fuerza increíble en los músculos abductores se los muslos para cerrar sus piernas de modo casi definitivo.

No es que la infancia de Martina fuera mala ni desgraciada, pero indudablemente hubiera sido mejor para ella si hubiera nacido en una familia menos numerosa. Las gemelas a las que de tan iguales con frecuencia confundía la gente, eran unas niñas preciosas y pizpiretas de melena rizada rubia y ojos azules como muñecas, pero a su desbordante simpatía, sumaban un comportamiento caprichos y terriblemente revoltoso muchas veces consentido.

Martina sin embargo, era de otra genética, con su cuerpo delgado y moreno su pelo castaño y dulcemente ondulado, los rasgos finos pero ambiguos de su rostro inocente y su comportamiento tranquilo y sereno le llevaban a ser siempre eclipsada por sus hermanas a pesar de ser la más despierta de las tres.

Aun recuerda Martina aquellos lentos y agridulces paseos en el paseo de la Alameda a la caída del sol, cuando su madre las presentaba a amigas y vecinas y siempre que se refería a ella destacaba su inteligencia, su aplicación y su generosidad. Pero a su mente despierta no se le escapaba, que lo hacía para compensar las alabanzas a la belleza y simpatía de sus hermanas a las que presentaba a continuación con un brillo de orgullo en sus ojos.

Para sobrevivir dignamente sin perder su autoestima en aquella familia, Martina tuvo que desarrollar sus mejores valores morales además de acercarse en lo cotidiano a su arrinconado padre buscando cariño y consuelo, mientras su madre, siempre atareada por el terremoto que constantemente generaban las gemelas, apenas tenía tiempo y atención para ninguno de los dos.

La vida de aquella familia trascurrió así durante muchos años en aquel extraño equilibrio hasta que la naturaleza, siempre sorprendente, decidió un día en una humorada biológica, cambiar las cosas.

Cuando el torrente hormonal se desató en la adolescencia y aquella casa se llenó de menstruaciones , compresas y baños eternamente ocupados, el cuerpo de Martina, sin perder un ápice de su maravilloso carácter, fue floreciendo en unas bellas y voluptuosas formas femeninas acompañadas de una espigada estatura y un largo y elegante cuello de gacela mientras que sus hermanas se desarrollaron con poca estatura y cierta de obesidad recordando al final del proceso una caricatura de lo que habían sido.

A despecho de mis lectoras, insaciables de detalles, no voy a entrar en pormenores románticos sobre cómo nos conocimos Martina y yo. Aun me pregunto qué vio Martina en un hombre como yo que nunca destaco en lo físico y nunca fue tampoco una lumbrera. Solo la generosidad de su carácter, lo humilde de sus ambiciones y la percepción de la intensidad con que yo la amaba, podría explicar algo lo inmerecido de su amor por mí. Tampoco entraré demasiado en cómo ambos vivimos felices y enamorados en esa pequeña casa de su niñez, que se quedó vacía tras el vuelo nupcial de las gemelas que arrastró con ellas a sus padres.

¿ Que como acabó nuestra historia ?....jajaja….! No ha acabado ! ! Ni acabará nunca por mi voluntad !…Puede que yo no sea muy listo, pero no soy tan gilipolla de renunciar a la perfección de ese ser si de mi depende. Además, su lealtad, fidelidad y abnegación hacia mí es tan absoluta y a toda prueba que tampoco tengo miedo de perderla. Solo es que veo, la verdad,..., una amenaza futura para nuestra felicidad como un oscuro nubarrón : !! Mi salud !!. Porque Martina solo tiene un pequeño defecto. Algo es extraño en su motivación sexual  y temo que a la larga, puede afectar lo nuestro.

Me explicaré. 
Miren..., Martina es en el lecho conyugal, el ser más soso aburrido y santurrón que se puedan Vds. imaginar. Solo conseguía hacer el amor con ella tras mucha insistencia y aun así, permanecía indiferente y paciente mirando al techo y contando las manchitas y grietas mientras yo me afanaba en su interior. Pero …cuando un día, mi fogosidad me llevó a derribarla en el pasillo sobre las baldosas blancas y negras del suelo ajedrezado sin tiempo de llegar al lecho…..! Ah amigos..! Martina se convirtió en una especie de pantera insaciable y lasciva, adoptando incluso las obscenas maneras de una experta meretriz.

¿Que qué tiene eso de malo ? ! Pues ahí voy!. Pues... lo malo, es que soy un hombre débil y siempre acabo nuestras sesiones físicamente agotado, con la espalda entumecida, el culo helado y los pies tiesos de frío por lo gélido de las baldosas y desde que descubrí el secreto para provocar su pasión, Martina está acabando con mi salud. Siempre ando resfriado, con accesos de fiebre y temblores y ya he estado ingresado en el hospital varias veces por neumonía severa…. Pero…tanto es lo que la deseo, que no puedo dejar pasar ni un solo día sin derribarla en el pasillo.

Y… !Si!, !Solo la muerte me separará de ella!, Martina me está matando si….pero… ! Amigos !, ¿Quien en este mundo no quisiera morir de amor?...


viernes, 23 de junio de 2017

EL TREN DE LA MADRUGADA (v2017)

Marina y su pequeña niña aguardaban de pie al comienzo del andén. El tren llegó como una sigilosa serpiente que se dirigiera a cazar un ratón. A contraluz su forma oscura apenas con dos pequeños faros encendidos se iba agrandando y ocultando el fondo claroscuro del amanecer.mientras se deslizaba azul y suave, ondulando sinuosamente por las últimas curvas de su trayecto. 


Marina recordaba la estación de cuando era niña llena de bullicio. 

Los carros atestados de maletas, los mozos tirando de enormes bultos, los bancos de espera llenos de gente cansada durmiendo o comiendo bocadillos sobre el andén sucio sembrado de papeles y restos de comida y el ronroneo amenazador de las antiguas locomotoras de carbón que dormitaban en sus vías y el sobresalto que le producían los  silbidos de aviso de llegada o salida de los trenes. 

también recordaba como el estruendo del abrir y cerrar de las puertas de aquellos vagones verdes de la Renfe siempre precedía a los gritos de alegría de los encuentros y los llantos de las despedidas mientras el ambiente se llenaba del vapor que exhalaban a bufidos las jadeantes máquinas. 

Ahora, al amanecer, cuando la luz apenas es un ribete anaranjado en la negrura, Marina apenas podía reconocer aquella estación. ! Como había cambiado ! Los andenes estaban más limpios que las oficinas de un banco y brillaban encerados como las pistas de una bolera. Los paneles luminosos habían substituido a los altavoces avisadores y el silencio se podía cortar. Se podía oír incluso el suave arrastrar de las zapatillas de la mujer de la limpieza que se alejaba finalizado su trabajo.

Cuando al fin se detuvo el moderno convoy, no se oyó tampoco ningún bufido de vapor, ningún ruido al abrir las puertas, apenas se oyó un siseo corredizo tras el que salieron de los diferentes vagones ocho o diez somnolientas personas a las que nadie salvo sus obligaciones parecía esperar y que sin apenas equipaje se dirigieron rápidamente a la salida . Por último, cuando Marina ya se iba a dar la media vuelta para marcharse, surgió él de la penumbra del último vagón.

Ya no era el chico guapo de mirada alegre y arrogante que ella recordaba. Lo que salió de la oscuridad era un hombre con arrugas en el entrecejo, el pelo prematuramente encanecido y una manera diferente de rellenar su uniforme de campaña que hablaba por si mismas de un cuerpo fibroso y cansado que caminaba lentamente con un ligero cojeo a la izquierda balanceando a la derecha procurando compensar  su pesado saco militar. 

Cuando bajó del tren, su cabeza no buscó a nadie, simplemente se limitó a caminar con la vista baja y el pensamiento ensimismado hasta que al final del andén, casi se tropieza con Marina.

Permanecieron unos segundos callados mirando al suelo uno frente a otro.
-No esperaba aquí a nadie…. y menos a ti.dijo él.
-He arreglado la casa de tu madre. Nadie la había limpiado desde que murió. susurró Marina
-No necesito ninguna ayuda, y menos de ti. añadió él mirándola a la cara con dureza

Su historia era previsible, Jardiel había sido un joven inquieto y valiente, que pensó que en el ejercito encontraría la gloria y el camino que le sacara de la mediocridad de su barrio. Se había enrolado cuatro años antes en los cuerpos de élite para luchar o servir en las lejanas tierras de Líbano o Afganistán donde la acción estaba garantizada.


Cuando decidió ingresar en el ejército como si atendiera a una llamada de Dios, llevaban dos años de noviazgo. Jardiel quería a Marina a pesar que ella era aun muy joven y algo alocada. Cuando Jardiel de un día para otro se marchó destinado a oriente, Marina resentida por lo que vivió como un abandono, no le guardó su ausencia y con el tiempo su soledad le llevó a dejarse seducir por un tarambana que la abandonó en cuanto se enteró que estaba embarazada.

Su peor castigo, fue darse cuenta tarde de que el único hombre que amaba y amaría siempre era Jardiel y ya nadie ya podría jamás ocupar su lugar.

Lo de Jardiel fue distinto, yo diría que agridulce. Tras una brillante trayectoria llena de valor y condecoraciones, los dos últimos años habían sido para él un rosario de amarguras. Primero, como ocurrió a tantos otros, fue el abandono de su novia. Luego, la mutilación que sufrió cuando su carro de combate saltó por los aires quedando él como único soldado superviviente de los seis. Por último, en medio de las numerosas intervenciones quirúrgicas y una larga convalecencia en aquel perdido hospital, la reciente muerte de su madre, que era su único apoyo en el mundo fue el remate.


Para Jardiel fue casi una bendición cuando le llegó la carta de retiro. 

- Jardiel, dijo Marina, sé que lo que hice no tiene perdón, y no he venido a pedirte nada, pero no podía permitir que un hombre que regresa a su tierra después de darlo todo, no encontrara unas sábanas limpias y un plato de caliente.

-¿Esta es tu hija? dijo él señalando a la niña con un gesto vago

- Si, no la podía dejar sola a estas horas y ha tenido que venir conmigo, pero ya nos vamos y no te molestaremos más.

En medio del embarazoso silencio una pequeña mano tocó los dedos de Jardiel

-¿Papá? …¿ Eres el papá…? dijo la pequeña

Jardiel se agachó para ver a la niña, que lo miró con los mismos ojos dulces y obscuros de su madre enmarcados por una cascada de rizos infantiles, ! Era el vivo retrato de Marina!. Luego miró hacia arriba, y se encontró con el mismo rostro pero con los ojos llenos de lagrimas.

¿Papá? …..!, !! Claro que soy Papá !!.

Levantó a la niña como una pluma con su brazo derecho y mientras la besaba, se dirigió lentamente a la salida. Marina tras él, arrimandose mucho para volver a sentir su olor, tiraba trabajosamente de su equipaje.


!! El valiente soldado había encontrado una nueva misión !!.