jueves, 27 de julio de 2017

FRANCESITAS ROSA PALO


Cuando me fijé en aquella muchacha era aun temprano. Había salido a pasear dentro de mi rutina, a pesar de que el día algo brumoso no invitaba a ello.

Había caminado ya mi hora y cuarto de rigor y estaba sentado bajo de un sauce descansando en un banco de madera y fumando con parsimonia un cigarrillo negro con la mente vacía y un aburrimiento mortal que auguraba un día largo y tedioso como lo fue ayer, como seguramente lo será mañana y probablemente, lo serán todos los días venideros hasta que mi endurecido cerebro se adapte a la jubilación.
      
La muchacha hacía rato que debía estar allí, pero hasta ese momento no había reparado yo en ella. Su expresión y la proporcionada belleza de su cuerpo juvenil Inmóvil, que apoyaba negligentemente en un poste componiendo un gracioso arco, había llamado mi dispersa atención. Con su mochila en los pies, la chica daba la sensación de estar en tránsito de un lugar otro, y su pose hacía que su ropa dibujara delicados pliegues en su cintura, cuya textura suave, delataba la dulzura con que se adaptan al cuerpo las prendas de algodón fino.

Sin embargo, a pesar de lo sencillo de su atuendo, aquella muchacha emanaba una elegancia especial, innata y misteriosa, cargada de indiferencia. Los tonos grisáceos y discretos de su silueta, casi se confundían con los pizarrosos arbustos del fondo de la carretera sobre los que conseguía destacar una graciosa melenita que a ratos se agitaba con alguna ráfaga de brisa.

En sus pequeños pies que había colocado con la gracia de una bailarina de ballet, unas caras  francesitas de color rosa palo daban la única nota de viveza a su melancólica presencia.

 ¿ De qué lugar habrá salido aquella mujer..?. ¿ De qué lecho aun caliente habría desertado …?.¿ Qué estaría esperando…? ¿ Tal vez había llamado a alguien para que la recogiera…? ¿ Tal vez aguardaba que pasara algún bus de los que de forma totalmente anárquica circulaban por aquella lejana y perdida urbanización …? o quizás se había detenido cansada de deambular sin rumbo.

No sé…,¿Sabéis..?  pero con los minutos…, lo que al principio fue solo curiosidad, se fue convirtiendo en mi ocioso cerebro en fabulación. La joven, parecía tener por delante todo el tiempo del mundo y tal vez por su actitud de cierto abandono, me dio la sensación de que había dejado algo definitivamente atrás…, acaso un amor agotado…,quizás una relación asfixiante y violenta, a lo mejor una esperanza lentamente consumida… o tal vez una ilusión cruelmente desmoronada …¿ Quién sabe…?.

De lo que si fui consciente mientras la contemplaba, fue que la palabra rendición acudía una y otra vez a mi mente que maquinaba inquieta intentando desvelar su secreto mientras que en mi interior, iba creciendo una certeza : Fuera lo que fuera, un dolor en su corazón la tenía abatida y aunque solo podía verla por detrás, no pude evitar imaginarme sus ojos con un llanto silencioso y sordo cuyas lágrimas flojas le recorrerían lentamente su rostro para caer blandamente sobre su pecho.

Cualquiera pensaría que soy un hombre melancólico y solitario y tendría razón si me conociera en estos momentos, porque en realidad ahora me siento así. Pero no sufro. Simplemente lo soporto con resignación. Se que pasará... La experiencia me ha enseñado que la vida tiene diversas etapas en las que tu personalidad y tu afán de ser feliz se acaban imponiendo, pero el paso de una fase a otra..., es muchas veces tan traumático y doloroso como la metamorfosis de una mariposa.

Uno no puede adaptarse y afrontar  lo nuevo sin hacer un duelo en su corazón y cerrar las heridas del final de su etapa anterior y precisamente es, en estos momentos de turbulento cambio, os digo…,cuando tu única guía es la esperanza y la seguridad de que, aunque no sepas como, algún día pasaran los nubarrones y volverá, aunque de otra forma, un cielo claro y un sol brillante.Tal vez fue por esto, el que por un momento lleno de empatía, pensé que tal vez mi experiencia y un consejo de persona madura podría aliviar a aquella muchacha un poco.

Os juro que no sé como lo hice, no sé aun de donde mi alma sacó fuerzas porque jamás he sido de impulsos, pero me encontré de pie acercándome a la muchacha unos pasos por detrás y diciendole con voz la voz mas educada que pude :

-Señorita..., ¿Le puedo ayudar en algo…?

No se movió. Solo giró la cabeza lo justo para mirarme. Un segundo antes de que me hablara desde su aniñada boca, pude ver que en sus ojos no habían lagrimas, solo ví en ellos la rutina y la abúlia que reflejaban sus parpados lánguidos y a medio cerrar sobre sus ojos verdosos.

-! Déjese de ceremonias caballero…!, Son cuarenta euros el servicio completo y veinte solo es chupar….

! Me quedé helado!. Os juro que si me hubieran pinchado en ese momento no hubiera salido ni una gota de sangre de mi cuerpo... No contesté nada…, ni una disculpa…, ni siquiera una palabra pudo salir de mi boca que se había quedado abierta de sorpresa en medio de mi mortal palidez…

Me di la vuelta si.., y como un cobarde, salí huyendo cuesta abajo con paso tembloroso mientras mi cara ardía de vergüenza y enrojecía como un tomate maduro…! Jamás en mi vida había pedido precio a una mujer!.

Pero lo peor…, ! Lo peor estaba por llegar..!: primero fue solo una sospecha pero..., poco a poco desde mi interior, se fue abriendo paso una terrible sensación de desfase …Si,si.., la incómoda impresión de que la corriente del río te ha apartado ya a una poza tranquila detrás de una piedra…!

!! Que viejo debería estar ya si no sabía ni distinguir las putas de las normales…!!

Me senté en un escalón a la puerta de mi casa y traté de serenarme y aplicar mi propio cuento...Ahora…, me quedaba un nuevo duelo si...

!!Digerir que los tiempos me habían dejado atrás!!

viernes, 21 de julio de 2017

BARROTES

Cuando me llamó, lo invité porque me daba pena, pero nada mas verlo en el umbral de mi puerta, una corriente de cariño surgió de mis entrañas y con lagrimas en los ojos, le di un abrazo.

La verdad es que hacía tiempo que me había jubilado y cuando lo estreché entre mis brazos fui consciente de que en los últimos años, la soledad , el aburrimiento y mi creciente tendencia a la evitación de todo lo que me incomoda, habían anestesiado mis sentimientos, cubierto de polvo las neuronas de mi memoria y sentía que vivir era más de lo mismo. Incluso creo, que la pereza que me daba esperar un día tras otro mi final natural , comenzaba a proponerme abreviar un poco la cosa... 





En realidad no me sentía culpable por ello, soy médico..bueno era..porque aunque tengo la titulación ya no ejerzo. Creo que un médico solamente es médico cuando tiene un paciente delante y me siento tan vacío como mi título que cuelga inútil en mi despacho. Pero no os puedo negar que cuando luego Luis abrazándome como a un padre, me llamó Doctor…mi Doctorcito… me llene de luz por dentro y por un momento, sentí que dejaba de ser nadie, para nadie y más para mi mismo.

Le hice pasar, lo senté en mi sillón en el comedor y le pedí que esperara mientras preparaba un café e iba a buscar la botella de coñac y un par de copas, pero cuando volví de la cocina, el sillón estaba vacío y un cigarrillo negro humeaba triste en el cenicero de metal.

Me quedé despagado, pensé por un instante que se había ido…, que mi decrepitud lo había espantado y allí de pie, en el comedor con la bandeja en la mano me, quedé abatido mirando como el humo del cigarrillo ascendía azulado y sinuoso.

Pero cuando el sonido de una respiración me hizo volver la mirada hacia la alta ventana enrejada de mi comedor, lo vi... Luis se había encaramado al amplio alfeizar formado por el grosor de los antiguos muros y como un simio estaba agarrado a los barrotes plegando su joven cuerpo contra ellos. La verticalidad de aquellos hierros y la luz radiante de la mañana lo habían atraído irremisiblemente como una polilla a la luz y ahora ensimismado, miraba hacia al callejón.

No quise molestarle. Tampoco le pregunté qué estaba haciendo porque lo entendía. Simplemente me senté en silencio en una banqueta a esperar sus palabras contemplando el bello contraluz que su figura oscura con el rostro iluminado, había recortado contra el cuadrado dorado de la ventana.

-Doctor…¿sabe..? la echo de menos como cuando allí encerrado lo echaba de menos a Vd.. Vd..era allí mi único amigo, y si en algún momento deseé la libertad era solo porque sabía que Vd. estaba fuera. Pero ahora…, ahora que soy libre…, la echo de menos…

Recordé como ese hombre de treintaicinco años que aparentaba cuarenta por el trato carcelario, había aparecido un día con sus veinte años en busca de amparo por la puerta de la enfermería de la cárcel donde yo ejercía.

Luis era hermoso y joven y eso era nefasto tras aquellos muros de la prisión en los que la ausencia de mujeres hacía que los hombres más salvajes y peligrosos se convirtieran en fieros depredadores que se disputaban la piel fresca.

No me tuvo que decir que no era como los demás, yo ya era por entonces un gato viejo que solo con oírlos respirar, incluso sin mi fonendoscopio, ya sabía quién era culpable y quién estaba allí adentro por estar en el lugar y el momento equivocado.

!Quince años! !Quince! les cayeron a los cuatro de la panda. Jamás pensó Luis cuando entraron a gamberrear y llevarse unas latas de cerveza en el bazar chino de su barrio marginal donde los taxistas se negaban a entrar, que aquel amigo loco llevaba un arma escondida y le iba a dar "matarile" al dependiente en cuanto se puso a gritar como un conejo.

Para Luis, mi enfermería, se convirtió entonces en una prisión dentro de la prisión y para mí, Luis, en un entretenimiento para las muchas horas que allí pasaba.

Al principio, solo se limitaba a limpiar y ordenar la enfermería, luego, el muchacho me ayudaba en las curas y a atender a los ingresados. Las horas que no se pasaba sentado viéndome escribir y consultar mis libros, las pasaba agarrado a los barrotes con el cuerpo pegado a la reja hasta que se le marcaba, para poder recibir los escasos rayos de sol que solo con el mediodía entraban verticalmente y por un par de horas por el deslunado.

Se me cayó el alma a los pies cuando un día algunos meses después de su llegada me preguntó si era difícil leer y escribir. ¿Cómo no me había dado cuenta? ¿Qué poca atención le había prestado a aquel buen chico pensando que solo con acogerle ya había hecho bastante?

Os ahorraré detalles, pero no puedo negar que lo que a continuación sucedió cambió tanto mi triste y monótona vida de viudo sin hijos, que logró hacer que me levantara con ilusión cada día y fuera con alegría a mi oscura pero necesaria labor, porque cuando le enseñé a Luis leer y a escribir, me sucedió como al agricultor que de casualidad le cayó la mejor semilla en la tierra mas fértil en la más lluviosa y soleada primavera y sin apenas esfuerzo, vio brotar la planta más frondosa y fuerte que le dio los frutos más dulces.

Pocos meses después, era yo el que observaba a Luis como en los ratos libres se concentraba completamente en los libros. Primero fueron los de literatura clásica y de aventuras de la biblioteca de la prisión, luego mis propios libros de filosofía y biología y en los últimos años, complejos ensayos que a petición suya le traía bajo mano de la biblioteca nacional. Su sed de conocimiento era insaciable y su aplicación inagotable, pero no solo entraba saber en su cabeza, sino que también salía.,Luis hacía trabajos, resúmenes, extraía conclusiones , se formaba opiniones propias e incluso cursó derecho por correspondencia para poder ayudar a otros presos con sus conocimientos con lo que se ganó su respeto e inmunidad.

-Doctor.. Me dijo Luis sacándome de mis recuerdos cuando bajó de la ventana ¿Sabe..? No entiendo porqué a veces aun la echo de menos…

- Mira Luis…, la naturaleza humana es tal que solo nos damos cuenta de las cosas buenas cuando las perdemos. Somos tan gilipollas que no solemos ser conscientes de cuando somos felices y malbaratamos los mejores instantes como si fueran fáciles de conseguir. Tu y yo hemos pasado buenos momentos allí, en nuestra enfermería, en compañía de nuestros barrotes, sabiendo quien éramos, que hacíamos y a quien importábamos y con nuestra separación, pasamos a depender de los demás a los que interesamos un carajo.

- Bueno Doctor…Al venir a buscarlo hoy no quería importunarle, solo quería contarle que cuando Vd. se fue, me dediqué a estudiar por correspondencia las asignaturas teóricas de medicina con los libros que Vd. dejó y ahora que soy libre solo me quedan dos años de prácticas para ser médico.

La verdad es que no me sorprendió. Nunca me dijo nada, pero. en los últimos tiempos en que estuvimos juntos observé que con aparente indiferencia pero mirando de reojo, no se perdía detalle de ninguna consulta, operación, ni movimiento mío alguno.

-¿Podrías quedarte conmigo mientras acabas la carrera?, me sobra sitio, me falta compañía, no sé en qué gastar mi pensión y aquí con estos barrotes de mi casa, aún nos quedan algunos buenos momentos que pasar juntos...

-Gracias Doctor. La verdad es que sé que decirle…, no era esa mi intención cuando lo llamé… Yo no venía a eso…

-Tranquilo… ,ya lo sé Luis. Solo es que me gustaría disfrutar de ver como inicias la nueva vida que te espera a partir de ahora que tu titulación y tu inteligencia lograran borrar tu pasado. Ahora podrás ser alguien en quien jamás habías podido ni soñar….podrás llegar a ser un afamado neurocirujano o cardiólogo, ganar mucho dinero y disfrutar del lujo y una bella esposa que te dé tres o cuatro hijos como te mereces.

- Mire Doctor…Siento decepcionarle, pero a mí no me interesa nada de eso..

- ¿ No…?¿Y qué te interesa Luis…?

Luis esbozó una serena sonrisa llena de afecto y me respondió haciendo que mi alma se agarrara otra vez a la vida como si estuviera cosida a ella, para no soltarse jamás por su voluntad…

-!Doctor…,!!Solo me interesa llegar a ser tan buen médico de las prisiones como Vd. lo fue!.

fin

viernes, 14 de julio de 2017

LA FLOR SIN PERFUME (2017)


Una hora, una amarga e interminable hora fue lo que necesitaron los oscuros ojos de Rocío para llenarse de sus lagrimas que brotaron en silencio sin permiso y fueron resbalando por sus mejillas hasta que  su boca comenzó a percibir su salado sabor.

Hace algún tiempo que había notado que algo se enfriaba entre ellas y había citado a Lola en el parque, en el mismo banco en el que tantos momentos felices habían pasado, para intentar revivir su relación.

Rocío llegó diez minutos antes de la hora. Estaba preocupada. 

La imponente hermosura de los cedros, el olor a tierra húmeda, el verdor de los setos de romero y la belleza de las flores de invierno, no habían logrado penetrar en sus sentidos para relajarla como siempre lo hacían. 

Cabilaba ensimismada pensando lo que le iba a decir… como tenía que mirarla… qué momentos debía de recordarle para conmoverla… o que ocurrencia contar para oír de nuevo su risa musical.

Rocío no comenzó a impacientarse hasta que pasó un cuarto de hora. Al fin y al cabo, Lola nunca fue puntual como ella. Sacó el móvil del bolso y lo consultó impaciente en busca de algún mensaje…!Nada! ! Nada de nada!. Luego se irguió alejando su espalda de los listones del respaldo para avistar mejor el paseo ajardinado que llevaba hasta la entrada del parque y cruzó piernas balanceando rítmicamente con impaciencia el pie mientras nerviosamente encendía  un cigarrillo y exhalaba con fuerza el humo lejos de su cara.

Sin darse cuenta, su cabeza volvía al pasado. ¿ Porqué Dios la había hecho así? ¿Para qué sirve la inteligencia de una mujer si no se acompaña de algo más?  !No es preciso ser atractiva..!,! El mundo está lleno de mujeres feas y felices!. ! Además, ella no era fea! ! Simplemente era invisible!. Bueno…, ella había sido invisible hasta que Lola se cruzó en su camino. Después, ya no le importaron los cientos de chicos que la miraron sin verla mientras ella suspiraba, ni la mirada neutra de las clientas cuando las atendía en su tienda, ni la compasión que levantaba en sus pocas amigas cuando la veían triste. Con Lola, Rocío había dejado de ser "Una flor sin Perfume".

Todo había sido natural, espontaneo, el amor brotó entre ellas con la sencillez con la que sale el sol  o cae la lluvia; Dos amigas sentadas al borde de una cama comparten sus penas. Lola llora amargamente un desengaño en el regazo de Rocío mientras ella la abraza y besa sus rubios cabellos, Rocío la consuela sin haber sabido aun lo que es un desengaño. Besos en aquellos ojos húmedos… mejillas acariciando mejillas… labios que se rozan en las comisuras… manos que caen blandamente y acarician la lana suave que cubre unos pechos…todo lento…armonioso…hasta el éxtasis final, tras el que las dos comprenden que se ha abierto en sus vidas un camino de esperanza.

A los treinta minutos, saltó el buzón de voz cuando finalizaron los tonos. Rocío, desesperada ya,  había llamado a Lola saltándose su costumbre de no importunar…!Lola no contestaba..!

Durante el cuarto de hora siguiente, la desesperación se fue convirtiendo en angustia.¿Cómo no había estado atenta a las señales?, ¿Es que el amor la había vuelto imbécil?, ¿Cómo no advirtió como miraba Rocía a aquel muchacho solitario de ojos verdes en la terraza que frecuentaban ?. Los reproches que se hacía así misma iban cayendo en cascada…

Si, ya había pasado una hora, Rocío fue consciente que todo había terminado. Miró por última vez la entrada del parque. Se levantó, y con gesto abatido enfiló en dirección opuesta. No le quedaban fuerzas ya, conocía de sobra el sentimiento de derrota. Ella sabía bien ser una flor sin perfume… y ahora, !Ahora también sabía lo que era un desengaño….!

viernes, 7 de julio de 2017

MARTINA Y LAS BALDOSAS (V2017)

Martina no hubiera visto la luz si no hubiera sido porque fue concebida involuntariamente por la popular creencia de su madre de que la lactancia materna es siempre anticonceptiva unido un inoportuno calentón de su padre propiciado por los largos meses de abstinencia que le llevó a derribarla en el pasillo sobre el ajedrezado suelo de baldosas blancas y negras y tomarla allí con urgencia sin tiempo siquiera de llegar al lecho mientras la música de fondo de los lloros de aquellas dos niñas que berreaban desde sus cunas los acompañaba. 

Con la llegada de Martina sumada al en nacimiento un año antes de las preciosas gemelas, sus padres se encontraron con tres niñas de casi la misma edad en aquella pequeña casa que estaba pensada para albergar un solo vástago.

Para la vida personal del padre de Martina, aquel error, fue una autentica desgracia, yo creo que de haberlo sabido aquel hombre, hubiera preferido cortar de cuajo sus ardores machacándose los testículos con un cenicero, porque a partir de entonces, no solo tuvo que renunciar a la ilusión de su vida de tener un hijo varón, sino que tuvo que trabajar el doble para alimentar aquella prole al tiempo que su vida conyugal se vio truncada porque la madre de sus hijas, desbordada por el trabajo domestico, había desarrollado una fuerza increíble en los músculos abductores se los muslos para cerrar sus piernas de modo casi definitivo.

No es que la infancia de Martina fuera mala ni desgraciada, pero indudablemente hubiera sido mejor para ella si hubiera nacido en una familia menos numerosa. Las gemelas a las que de tan iguales con frecuencia confundía la gente, eran unas niñas preciosas y pizpiretas de melena rizada rubia y ojos azules como muñecas, pero a su desbordante simpatía, sumaban un comportamiento caprichos y terriblemente revoltoso muchas veces consentido.

Martina sin embargo, era de otra genética, con su cuerpo delgado y moreno su pelo castaño y dulcemente ondulado, los rasgos finos pero ambiguos de su rostro inocente y su comportamiento tranquilo y sereno le llevaban a ser siempre eclipsada por sus hermanas a pesar de ser la más despierta de las tres.

Aun recuerda Martina aquellos lentos y agridulces paseos en el paseo de la Alameda a la caída del sol, cuando su madre las presentaba a amigas y vecinas y siempre que se refería a ella destacaba su inteligencia, su aplicación y su generosidad. Pero a su mente despierta no se le escapaba, que lo hacía para compensar las alabanzas a la belleza y simpatía de sus hermanas a las que presentaba a continuación con un brillo de orgullo en sus ojos.

Para sobrevivir dignamente sin perder su autoestima en aquella familia, Martina tuvo que desarrollar sus mejores valores morales además de acercarse en lo cotidiano a su arrinconado padre buscando cariño y consuelo, mientras su madre, siempre atareada por el terremoto que constantemente generaban las gemelas, apenas tenía tiempo y atención para ninguno de los dos.

La vida de aquella familia trascurrió así durante muchos años en aquel extraño equilibrio hasta que la naturaleza, siempre sorprendente, decidió un día en una humorada biológica, cambiar las cosas.

Cuando el torrente hormonal se desató en la adolescencia y aquella casa se llenó de menstruaciones , compresas y baños eternamente ocupados, el cuerpo de Martina, sin perder un ápice de su maravilloso carácter, fue floreciendo en unas bellas y voluptuosas formas femeninas acompañadas de una espigada estatura y un largo y elegante cuello de gacela mientras que sus hermanas se desarrollaron con poca estatura y cierta de obesidad recordando al final del proceso una caricatura de lo que habían sido.

A despecho de mis lectoras, insaciables de detalles, no voy a entrar en pormenores románticos sobre cómo nos conocimos Martina y yo. Aun me pregunto qué vio Martina en un hombre como yo que nunca destaco en lo físico y nunca fue tampoco una lumbrera. Solo la generosidad de su carácter, lo humilde de sus ambiciones y la percepción de la intensidad con que yo la amaba, podría explicar algo lo inmerecido de su amor por mí. Tampoco entraré demasiado en cómo ambos vivimos felices y enamorados en esa pequeña casa de su niñez, que se quedó vacía tras el vuelo nupcial de las gemelas que arrastró con ellas a sus padres.

¿ Que como acabó nuestra historia ?....jajaja….! No ha acabado ! ! Ni acabará nunca por mi voluntad !…Puede que yo no sea muy listo, pero no soy tan gilipolla de renunciar a la perfección de ese ser si de mi depende. Además, su lealtad, fidelidad y abnegación hacia mí es tan absoluta y a toda prueba que tampoco tengo miedo de perderla. Solo es que veo, la verdad,..., una amenaza futura para nuestra felicidad como un oscuro nubarrón : !! Mi salud !!. Porque Martina solo tiene un pequeño defecto. Algo es extraño en su motivación sexual  y temo que a la larga, puede afectar lo nuestro.

Me explicaré. 
Miren..., Martina es en el lecho conyugal, el ser más soso aburrido y santurrón que se puedan Vds. imaginar. Solo conseguía hacer el amor con ella tras mucha insistencia y aun así, permanecía indiferente y paciente mirando al techo y contando las manchitas y grietas mientras yo me afanaba en su interior. Pero …cuando un día, mi fogosidad me llevó a derribarla en el pasillo sobre las baldosas blancas y negras del suelo ajedrezado sin tiempo de llegar al lecho…..! Ah amigos..! Martina se convirtió en una especie de pantera insaciable y lasciva, adoptando incluso las obscenas maneras de una experta meretriz.

¿Que qué tiene eso de malo ? ! Pues ahí voy!. Pues... lo malo, es que soy un hombre débil y siempre acabo nuestras sesiones físicamente agotado, con la espalda entumecida, el culo helado y los pies tiesos de frío por lo gélido de las baldosas y desde que descubrí el secreto para provocar su pasión, Martina está acabando con mi salud. Siempre ando resfriado, con accesos de fiebre y temblores y ya he estado ingresado en el hospital varias veces por neumonía severa…. Pero…tanto es lo que la deseo, que no puedo dejar pasar ni un solo día sin derribarla en el pasillo.

Y… !Si!, !Solo la muerte me separará de ella!, Martina me está matando si….pero… ! Amigos !, ¿Quien en este mundo no quisiera morir de amor?...


viernes, 23 de junio de 2017

EL TREN DE LA MADRUGADA (v2017)

Marina y su pequeña niña aguardaban de pie al comienzo del andén. El tren llegó como una sigilosa serpiente que se dirigiera a cazar un ratón. A contraluz su forma oscura apenas con dos pequeños faros encendidos se iba agrandando y ocultando el fondo claroscuro del amanecer.mientras se deslizaba azul y suave, ondulando sinuosamente por las últimas curvas de su trayecto. 


Marina recordaba la estación de cuando era niña llena de bullicio. 

Los carros atestados de maletas, los mozos tirando de enormes bultos, los bancos de espera llenos de gente cansada durmiendo o comiendo bocadillos sobre el andén sucio sembrado de papeles y restos de comida y el ronroneo amenazador de las antiguas locomotoras de carbón que dormitaban en sus vías y el sobresalto que le producían los  silbidos de aviso de llegada o salida de los trenes. 

también recordaba como el estruendo del abrir y cerrar de las puertas de aquellos vagones verdes de la Renfe siempre precedía a los gritos de alegría de los encuentros y los llantos de las despedidas mientras el ambiente se llenaba del vapor que exhalaban a bufidos las jadeantes máquinas. 

Ahora, al amanecer, cuando la luz apenas es un ribete anaranjado en la negrura, Marina apenas podía reconocer aquella estación. ! Como había cambiado ! Los andenes estaban más limpios que las oficinas de un banco y brillaban encerados como las pistas de una bolera. Los paneles luminosos habían substituido a los altavoces avisadores y el silencio se podía cortar. Se podía oír incluso el suave arrastrar de las zapatillas de la mujer de la limpieza que se alejaba finalizado su trabajo.

Cuando al fin se detuvo el moderno convoy, no se oyó tampoco ningún bufido de vapor, ningún ruido al abrir las puertas, apenas se oyó un siseo corredizo tras el que salieron de los diferentes vagones ocho o diez somnolientas personas a las que nadie salvo sus obligaciones parecía esperar y que sin apenas equipaje se dirigieron rápidamente a la salida . Por último, cuando Marina ya se iba a dar la media vuelta para marcharse, surgió él de la penumbra del último vagón.

Ya no era el chico guapo de mirada alegre y arrogante que ella recordaba. Lo que salió de la oscuridad era un hombre con arrugas en el entrecejo, el pelo prematuramente encanecido y una manera diferente de rellenar su uniforme de campaña que hablaba por si mismas de un cuerpo fibroso y cansado que caminaba lentamente con un ligero cojeo a la izquierda balanceando a la derecha procurando compensar  su pesado saco militar. 

Cuando bajó del tren, su cabeza no buscó a nadie, simplemente se limitó a caminar con la vista baja y el pensamiento ensimismado hasta que al final del andén, casi se tropieza con Marina.

Permanecieron unos segundos callados mirando al suelo uno frente a otro.
-No esperaba aquí a nadie…. y menos a ti.dijo él.
-He arreglado la casa de tu madre. Nadie la había limpiado desde que murió. susurró Marina
-No necesito ninguna ayuda, y menos de ti. añadió él mirándola a la cara con dureza

Su historia era previsible, Jardiel había sido un joven inquieto y valiente, que pensó que en el ejercito encontraría la gloria y el camino que le sacara de la mediocridad de su barrio. Se había enrolado cuatro años antes en los cuerpos de élite para luchar o servir en las lejanas tierras de Líbano o Afganistán donde la acción estaba garantizada.


Cuando decidió ingresar en el ejército como si atendiera a una llamada de Dios, llevaban dos años de noviazgo. Jardiel quería a Marina a pesar que ella era aun muy joven y algo alocada. Cuando Jardiel de un día para otro se marchó destinado a oriente, Marina resentida por lo que vivió como un abandono, no le guardó su ausencia y con el tiempo su soledad le llevó a dejarse seducir por un tarambana que la abandonó en cuanto se enteró que estaba embarazada.

Su peor castigo, fue darse cuenta tarde de que el único hombre que amaba y amaría siempre era Jardiel y ya nadie ya podría jamás ocupar su lugar.

Lo de Jardiel fue distinto, yo diría que agridulce. Tras una brillante trayectoria llena de valor y condecoraciones, los dos últimos años habían sido para él un rosario de amarguras. Primero, como ocurrió a tantos otros, fue el abandono de su novia. Luego, la mutilación que sufrió cuando su carro de combate saltó por los aires quedando él como único soldado superviviente de los seis. Por último, en medio de las numerosas intervenciones quirúrgicas y una larga convalecencia en aquel perdido hospital, la reciente muerte de su madre, que era su único apoyo en el mundo fue el remate.


Para Jardiel fue casi una bendición cuando le llegó la carta de retiro. 

- Jardiel, dijo Marina, sé que lo que hice no tiene perdón, y no he venido a pedirte nada, pero no podía permitir que un hombre que regresa a su tierra después de darlo todo, no encontrara unas sábanas limpias y un plato de caliente.

-¿Esta es tu hija? dijo él señalando a la niña con un gesto vago

- Si, no la podía dejar sola a estas horas y ha tenido que venir conmigo, pero ya nos vamos y no te molestaremos más.

En medio del embarazoso silencio una pequeña mano tocó los dedos de Jardiel

-¿Papá? …¿ Eres el papá…? dijo la pequeña

Jardiel se agachó para ver a la niña, que lo miró con los mismos ojos dulces y obscuros de su madre enmarcados por una cascada de rizos infantiles, ! Era el vivo retrato de Marina!. Luego miró hacia arriba, y se encontró con el mismo rostro pero con los ojos llenos de lagrimas.

¿Papá? …..!, !! Claro que soy Papá !!.

Levantó a la niña como una pluma con su brazo derecho y mientras la besaba, se dirigió lentamente a la salida. Marina tras él, arrimandose mucho para volver a sentir su olor, tiraba trabajosamente de su equipaje.


!! El valiente soldado había encontrado una nueva misión !!.

viernes, 16 de junio de 2017

LAS INQUIETANTES CARTAS DE ANSÉLMO FUERTES (2017)


No os revelaré como ha llegado hasta a mí este sobre ajado  con estas tres antiguas cartas y solo he decidido  permitiros leerlas porque en la segunda decena del siglo XXI creo que todos sus protagonistas deben haber fallecido y de no ser así no creo que les perjudique en modo alguno.

Carta numero 1

6 de Enero de 1970  Notaria de Ernesto Badillo, Teruel

Entrega de la carta de don Anselmo Fuertes Acevedo depositada en ésta notaría a su hijo Don Andrés Fuertes Martín si está con vida, para cumplir su voluntad de que se le haga llegar al mismo al cumplir los 25 años.


Carta numero 2

12 de mayo de 1945  Negral de la Sierra -(Teruel)  Andrés Fuertes Acevedo

Andrés, hijo, si lees esta carta, será porque ya no estoy con vosotros. Quiero que sepas que me fui cumpliendo con mi deber aunque no puedas contárselo a nadie. Es preciso que conozcas todos los hechos para que aunque sea con retraso, te sientas orgulloso tu padre y por tanto de la sangre que corre por tus venas.

Fui enviado por el departamento forestal del misterio de agricultura, como ingeniero de montes a Aragón, a un pequeño pueblo de las profundidades de las desiertas montañas deTeruel para investigar las extrañas muertes de algunos animales que habían tenido lugar y que tenían alarmada a la población sensibilizada ya por la reciente y sanguinaria guerra civil.

El mando me había asignado a Vasily como ayudante porque aunque era extranjero, conocía bien la región. Vasily era un leñador rumano que había venido combatir en la Cruzada nacional con el ejército fascista italiano que envió Musolini. Cuando todo acabó, Vasili se quedó aquí en España por que según decía, en su Transilvania natal ya no le quedaba nadie vivo después de la hambruna del 37 y el nuevo régimen, agradecido, le había dado la concesión de la leña de algunos de aquellos perdidos bosques en los que, por otra parte nadie, se atrevía a poner un pié.

Solo hace cinco años que el final de guerra civil española tuvo aquí uno de sus más sangrientos episodios  y todavía es posible ver por estos bosques las negras grietas de las trincheras e incluso no es difícil tropezar con restos óseos humanos, armas oxidadas , viejas latas de conserva aun sin abrir y proyectiles sin estallar.

En este un lugar triste y maldito donde el ser humano convertido en bestia, sacó lo peor de sí mismo contra su hermano, aun hoy , pasado ya tiempo, solo el hambre logra empujar a los lugareños desesperados a entrar temblando en éstos lúgubres bosques para intentar cazar algún conejo para su familia.

Mientras Vasíli me guiaba por los oscuros senderos entre enormes troncos retorcidas de los negros árboles, pude observar algo muy extraño, no había aves, ni un solo trino de pájaro rompía el denso silencio del bosque helado y neblinoso. 

Lo que Vasili me fue mostrando era macabro hasta para mí que de estudiante, fui ayudante de un forense para pagarme los estudios. Los cadáveres de los animales aparecían diseminados por los barrancos con el cuello destrozado y en posturas desencajadas impropias de un animal, pero lo más extraño y lo que me dejó más intrigado, era la ausencia total de sangre o de huellas o signos de lucha. Aquello no me lo esperaba y tiró por tierra la hipótesis que llevaba en mi cabeza cuando llegué, de que el problema se reducía a ataques de lobos u osos.

Fui investigando el alcance de estos macabros sucesos viajando por aquella perdida sierra. Mi instrucción de cada escenario fue un duro periplo por las sendas y pistas forestales apenas transitables que unían los aislados pueblecitos y aldeas y que solo podía hacerse a lomos de unas flacas mulas.

Al principio, creí que solo era por el idioma, pero cuando llegamos a la primera aldea y Vasily le preguntó a una anciana por el alcalde, comprendí que su silencio durante nuestros itinerarios no era debido a una introversión ni a mala educación, sino que era debido a al nerviosismo y al miedo y mientras andábamos, prefería escuchar callado y en completa alerta cualquier sonido sospechoso y se sobresaltaba ante el menor crujido de una rama o el grito de una alimaña.

Al principio, aquellas pobres gentes aldeanas, respondían con desconfianza dados los recientes acontecimientos. Las heridas de sus almas aun sangraban al menor roce, pero poco a poco fueron colaborando conmigo, más que por mis méritos, porque el temor por el misterio del bosque ya era mayor que el que tenían a la autoridad.

Aquellas gentes atribuían irracionalmente los misteriosos hallazgos a la presencia de los guerrilleros del maquis escondidos por los cerros, pero mi lógica descartaba ésta hipótesis porque el hambre de los insurrectos hubiera dejado los cadáveres en los huesos.

Sin embargo, lo que me heló el alma, es lo que encontramos cerca de la última aldea que nos quedaba por visitar. Era ya de noche. Algo blanco me llamó la atención en lo oscuro del bosque. Parecía un trapo  o un pañuelo grande colgando del el tronco de un roble. Desgraciadamente, era el cadáver exangüe y reseco de una niña de unos cinco años que colgaba ensartada por sucuellecito de una rama astillada y cuya piel arrugada parecía ya un paño viejo.

Aquel pequeño cadáver, me heló el alma si, pero sobre todo, porque comprendí que tanta maldad no era obra de la naturaleza. Apenas me quedaron fuerzas para darle cristiana sepultura preocupado además por la reacción de Vasily ,que cuando vió la escena, se quedó rígido, blanco, cerró los ojos con fuerza, y cruzando los dedos de la mano izquierda crispó su puño con la derecha agarrandose a una cruz de plata que colgaba en su pecho y comenzó a emitir un extraño murmullo con la sonoridad de una oración eslava.

La verdad es que yo nunca he creído en presencias sobrenaturales, pero en aquel desolado lugar abandonado de dios, era difícil sustraerse a una sensación de maldición y abatimiento ajena a la lógica, pero por esta reacción, me dio la impresión de que no era la primera vez en su vida que Vasily vivía algo así.

La niña no era de la aldea cercana y Vasily me advirtió sin mas explicación que su trabajo había finalizado, que se volvía al pueblo y que no me podía continuar ayudándome más. La Verdad, es que mi trabajo también había finalizado, así que, decidí volver con él para poner a mis superiores al corriente de mis hallazgos. La presencia de un cadáver humano hacía que fuera ya cosa de policía y jurisdicción de aquello era de la Guardia Civil.

No obstante, al bajar desandando nuestro camino para regresar a Negral, fuimos reinterrogando a las gentes se las aldeas. Además de la niña, cinco niños de edades similares habían desaparecido en los dos últimos años en aquellos pueblos. Sorprendentemente, en aquél mundo tan duro el aislamiento entre las poblaciones era tal, que la desaparición ocasional de unos niños que se criaban sin atención ni escolarización alguna motivada  por pérdidas en el bosque, accidentes en los canchales o ahogamientos en el río, era algo tan aceptado por todos que  no lo habían relacionado con los macabros hallazgos del bosque hasta que apareció la niña colgada en la rama.

No te pormenorizare lo complicado y alarmante de mi investigación por no horrorizarte mas solo debes saber, que el ataque de pánico que sufrió de nuevo el rumano cuando un golpe de brisa, al pasar por la deteriorada mansión de los Condes de Tejillo nos trajo algún tipo de efluvio , me puso sobre la pista de alguien o mejor debería decir de algo, de cierta presencia en aquel lugar de la que no te puedo aclarar su aspecto, porque nadie la había visto jamás y que al parecer llego hace algún tiempo en un misterioso y polvoriento Mercedes negro con las cortinillas echadas y matrícula desconocida.

Tiemblo al contarte, que contra toda lógica de mi razón ahora sé, que esta fuerza maligna y obscura, vino atraída por la desgracia y la guerra a este maldito lugar, como el buitre va a la carroña.

No poseo prueba alguna razonable para poder alertar a otras autoridades, y de hacerlo así, nadie me creería, me tomarían por un loco, y se perdería un tiempo vital, porque ahora sé y tengo la convicción de que hay que acabar con esa presencia sin más demora porque en la última semana han desaparecido dos niños más... y estoy convencido de que éste mal sediento de sangre ha desbocado ya.

!Andrés hijo! Soy el único aquí que puede parar este horror y haré lo que haga falta. Por Vasily, sé cómo acabar con esto y sé también que seguramente, tendré que entregar mi vida para hacerlo, pero ese espíritu nefasto y vengativo atrapado entre nosotros, necesita que un alma recta lo lleve cautivo al más allá para ser juzgado...y condenado.

Carta  numero 3

Madrid.,23 de marzo de 1971  Jesús López- Detective privado.
   
Estimado Don Andrés: Las indagaciones realizadas a su comando con la discreción requerida por Vd., revelan que la susodicha mansión fue destruida por un incendio en mayo de 1945, habiéndose encontrado entre las cenizas según la investigación posterior de las autoridades, dos cuerpos calcinados e irreconocibles.

 Por otra parte, desde esa fecha y hasta la actualidad no constan en los archivos de la guardia civil denuncias de hallazgos macabros ni desaparición de persona alguna en esta zona....

Suyo atentisimo,  Jesus Lopez.

fin


viernes, 9 de junio de 2017

OFELIA 2017

 A Jacinto, le gustaba pasear por "La Marina", era una zona moderna y futurista construida y diseñada en las épocas de bonanza económica al socaire de la "copa America", donde estaba ubicada la zona del embarcadero deportivo del Puerto de Valencia.

Él, detestaba el ajetreo y el bullicio y  buscaba paz…..paz   soledad, caminando por muelles y pantalanes bien temprano al amanecer o en las dulces tardes de primavera cuando las gentes cansadas de un largo día, habían vuelto a sus casas. 

La verdad, es que hoy hacia un día de perros, bueno todo es relativo…. tal vez para  un "Atlántico", gallego o norteño, este día de marzo fuera casi primaveral… pero en el Levante  Mediterráneo, donde  la lluvia escasea en invierno  y los días luminosos son la norma, los cielos grises son una rareza, que por distinta, gustaba especialmente a Jacinto.

Caminaba siempre calmoso y sin prisa, disfrutando, como si temiese que si apuraba el paseo se acabara demasiado pronto. Iba contemplando los barcos blancos y azules que precisamente hoy estaban preciosos contra el gris antracita del cielo que los hacía destacar.

Allí habían embarcaciones de todas clases y tamaños, pero todas ellas bellas para Jacinto: Los grandes yates de millonarios rusos… Los veleros de varios palos y complicada arboladura….

dia gris en la marina
los bregantines clásicos  que recordaban las películas de aventuras y que hablaban de la riqueza y del abolengo de las grandes familias que podían mantenerlos  durante generaciones…. pero sobre todo, los pequeños veleros y lanchas de motor,  donde los profesionales liberales de la clase media alta, paseaban a sus familiares y amistades  los domingos de primavera, mostrando con orgullo la prueba de su reciente triunfo en la vida.

Si..., a Jacinto le parecían bellos pero sobre todo, le trasmitían paz y tranquilidad.

Él no los deseaba...,estaban tan lejos de sus posibilidades económicas, que ni siquiera tenía envidia de ellos y ni siquiera soñaba poseerlos.

A otras personas, este mundo de lujo y exhibición, podía resultarles obsceno o inmoral tal vez, porque les recordaba lo injusto de la vida y la desproporción entre el trabajo y la riqueza que otorgaba la suerte de cada cual  y  el cómo algunos tenían tanto y otros tan poco. 

Pero a Jacinto no, él no  juzgaba… Tenía un concepto algo budista y oriental del la manera de vivir…No le importaba que otros persiguieran infructuosamente la felicidad en los objetos y las posesiones. Bien sabía él,  que se podía ser feliz con un mechero y un cigarrilloo sentado en una piedra en la escollera o profundamente desgraciado preocupándose  por la bajada las acciones de la bolsa, tumbado en un yate de 25. m de eslora.

Por eso, era que a él le resbalaba bastante lo que tuvieran los demás, solo le importaba ser feliz, tener paz y que los suyos la tuvieran.
  
Pero Jacinto...,el bueno de Jacinto... , tenía un pequeño secreto. ! Una amante !, !Si!. Una amante de la que su mujer se sentiría celosa de saber de su existencia.

Porque Jacinto estaba platónicamente enamorado de Ofelia.

Ofelia, era  una embarcación  pequeña y bastante antigua, de las que ya no se fabricaban, pero que derrochaba clase y glamour marino. Sus líneas eran elegantemente románticas. Su casco de madera, estaba lacado en el oscuro color del vino de burdeos y estaba tan inmaculado y brillante como su cubierta de teca y sus dos palos de madera rojiza y oscura. Su timón, era como una miniatura de aquellos que exhibían los barcos piratas, todos sus herrajes y cornamusas, que eran de bronce, estaban brillantes y pulidos  y una bonita bandera de color Azul de Prusia y Magenta colgaba indolente del palo de una popa redondeada que recordaba las finas nalgas de una Venus.

Cada día, aquel hombre planeaba su paseo por recorridos distintos pero siempre...! Siempre!, acababa frente a Ofelia y cuando llegaba hasta ella…como un rito….se sentaba en el pesado noray de hierro negro donde estaba amarrada… liaba con parsimonia un cigarrillo con las hebras rubias de su tabaco preferido… y disfrutando de  hondas y pausadas caladas de humo… contemplaba la embarcación sereno durante algunos minutos.

Ella, como una novia reciente, cada día le descubría algo nuevo. Un cable… Una escota… Un reflejo… Un arco… Una curva… Un brillo…Un balanceo  y ni una ...! Ni una sola vez ! le descubrió algo que no le gustara… Definitivamente, con Ofelia,  Jacinto tenía la ceguera del enamorado…

Pero esta mañana desapacible con el día cerrado y algo ventoso de finales de invierno, algo fue diferente cuando Jacinto llegó a "su" Ofelia….le alarmó  descubrir sobre ella a un hombre pequeño de barba blanca corta y recortada, cuerpo delgado fibroso y manos encallecidas que trasteaba con unos cabos errollándolos cuidadosamente sobre la cubierta…

Jacinto, tras contener una súbita e inesperada punzada de celos, intrigado, no pudo dominar la curiosidad y se dirigió a aquel sujeto:

 - Buenos días Señor… perdone que le moleste…¿ Es suya la embarcación ?

- !Ja, ja, ja... Ojalá fuera mía caballero! , dijo el hombre divertido por el error de Jacinto,  porque... si fuera mía, no estaría yo aquí a estas horas currando y pasando frío, sino que estaría en mi camita  calentito y en buena compañía !,  por desgracia…yo  solo soy el patrón y cuidador de esta joya.

 - Si, es preciosa,…. ! se apresuró a decir Jacinto. Su dueño debe estar muy orgulloso de ella !

-¿Que si lo está?...! No se puede imaginar Vd., cuánto!

- Paso por aquí casi todos los días  y siempre está igual, sin cambios.. los nudos no cambian de forma y su posición es exactamente la misma  ! Es como si jamás la sacaran a navegar, como si no la movieran de su amarre ….! ¿Qué no la saca su dueño? …

- ! Pues no, señor !..,! No la saca jamás!...  Es una historia curiosa que demuestra cómo es a veces la vida….. Don Alfredo, era hijo de un pescador del puerto  y vivía de niño aquí. cerca amarradero, si, ! mire...!  allí detrás de aquellos almacenes… nació en una humilde casa y pasó su niñez aquí en los muelles, jugando entre las redes las nasas y los anclones. Los barcos eran lo que más amaba, pero su padre, que no quería que fuese pescador como él,  jamas lo dejó subir a ninguno. Luego, cuando su padre murió su madre tuvo que volver  a Madrid con su familia. 

Con el tiempo.... Fredín se convirtió en Don Alfredo y se hizo inmensamente rico….. pero siempre.... ! Siempre! , le quedó el deseo de tener un barco y movió "Roma con Santiago" hasta dar con este velero, que él ya admiraba en el viejo club náutico, lo compró , lo restauró y lo ha tratado siempre como la  hija que no tubo. Dedicó una autentica millonada en dejarlo en este estado, y nunca jamás, repara en gastos con ella…

- ¿Entonces…?  Lo tiene, lo ama, pero… ! No lo gasta !

- ! Eso és!  Don Alfredo viene todos los sábados a mediodía con su esposa y se hace servir la comida a bordo, pero…. !No lo saca a navegar!.

- Y teniendo esta maravilla…..¿ Por qué no navega?

-! Ah ojala pudiera….!  Pero…. Dios que es un bromista, da a veces pan a quien no tiene dientes y tristemente y para su desgracia.... Don Alfredo….!! Se marea!!.

fin.