jueves, 18 de octubre de 2018

REFLEXIONES FOLIACEAS V2018


Mira, cada uno és como és y las hojas de los árboles somos cortas de vista porque de tan delgadas, no nos caben en el cuerpo unos ojos como dios manda.

En realidad, solo podemos apenas vislumbrar por arriba y por abajo y es por eso creo, el que nos guste tanto que la brisa de la tarde nos zarandee un poquito para poder ver así mejor lo que tenemos a nuestro lado, cotillear un poco y cotorrear con nuestras vecinas de rama mientras rozamos divertidamente nuestros bordes con ese siseo tenue que tanto gusta a los humanos cuando pasean bajo nosotras.

Bueno, la verdad es que en mi caso solo puedo rozar con mi vecina, pues ambas estamos aquí "encaladas" y tan altas en la copa del árbol como los vecinos de un ático y la savia de nuestro gigantesco árbol , un hermoso plátano de sombra, apenas llega con suficiente ánimo a nuestro último "piso" para alimentar a mas de dos hojas en nuestra fina ramita.

Si, si… ya sé que es una pena que estando aquí en lo alto, apenas podamos disfrutar de la belleza del parque y de la sensación de inmensidad que produce el bosque frondoso, pero en la naturaleza, cada uno debe ser feliz y aceptarse como es y es inútil anhelar lo que no se puede ser.

Sin embargo, aunque las hojas apenas vemos, ! Hay que ver como sentimos! ! Es fantástico!.

La nuestra, es una piel verde y sensible cuya gran superficie no nos permite aburrirnos.

Nos encanta percibir el calor de las mañanas del verano que suavemente nos va evaporando el rocío de la madrugada justo cuando ya nos empieza a molestar su frescor y estamos a punto de pedirle un chal o una "rebeca" a una de las de mas abajo.

¿Y la lluvia…?, !Ay la lluvia…!, !Qué cosquillas…! !Que risas…! Aunque no lo podáis oír, todo el parque foliáceo ríe divertido viendo como esos cabrones de los pajarillos se callan de una puta vez cuando nos golpean los goterones furiosos y se quedan empapados y temblones cuando logran refugiarse bajo nosotras.

Además, el agua de lluvia es para nosotras una especie de ducha divina que nos deja más bellas, fragantes y limpias ya de los manchurrones grisáceos que nos dejan esas legiones de palomas diarreicas que aún no sé ni de donde coño han venido, pero que sean de donde sean… deben haberlas expulsado de allí a manguerazos por guarras y por ponerlo todo perdido.

La verdad..., es que a Matilde, mi vecina, la echo mucho de menos. La quería como una madre, mejor dicho, la quería como esa hermana mayor a la que a la vez amas y odias por que la envidia de verla tan segura hermosa y lista, mezclada con la admiración, no te deja ver que ese sentimiento es solo impaciencia por madurar y que el tiempo te hará también tan bella como ella.

Pero eso lo sé ahora…, si…, ahora que no está…, ahora que me ha dejado sola…, ahora que un vendaval de otoño como tantos con los que nos gustaba jugar a " a mí no me arrancas " la arrancó en serio llevándosela muy lejos.

Es verdad que Matilde ya no estaba bien desde septiembre… Es verdad también que pensé que estaba mala del hígado, si es que las plantas tenemos hígado, porque de la noche a la mañana se puso anémicamente amarilla y luego fue arrugando y sus preciosos y dentados bordes se le fueron secando y cogiendo un feo tono cobrizo que aunque sé , por lo que oigo, que a los humanos les parece bello y romántico, a nosotras las hojas nos parece tan funesto que nos deja la clorofila helada.

Pero con todo, Matilde me ha dejado muy sola. Si, si…, ya sé que era mayor que yo… y que cuando apenas yo era un pequeño brote verde oscuro , ella ya tenía un dentado precioso, un verde brillante y lujurioso y un culo… bueno un envés, oscuro y sexi.

Pero ahora…, cuando también estoy amarilleando yo como lo hizo ella y me siento cansada triste y melancólica, ahora que el banco de madera que hay bajo el árbol junto al tronco permanece vacío y silencioso y añoro el suave calorcillo que emanaba hacia arriba cuando las parejas sentadas en él se besaban y reían en verano y esperaban a la noche para meterse mano desvergonzadamente, ahora os digo...., que por fin he comprendido que no fue la enfermedad lo que se llevó a Matilde, sino que la fue vejez.

Es difícil la vejez, lo sabéis. Yo estoy intentando llevar la cosa tan dignamente como Matilde lo hizo y lo intento hacer lo mejor que puedo a pesar de que para mí es mas difícil el declive del otoño, porque me toca hacerlo sola.

! De verdad...! ! Os lo juro ! Confieso que ya no tengo ganas de seguir aquí en lo alto agarrándome a esta rama tan seca como yo. Solo deseo ya que el próximo vendaval me lleve junto al quebradizo y seco cuerpo de Matilde para que nos pisoteen juntas hasta convertirnos en el polvo del invierno.

!! Putos ciclos vitales de mierda !! .