Marina y su pequeña niña aguardaban de pie al comienzo del andén. El tren llegó como una sigilosa serpiente que se dirigiera a cazar un ratón. A contraluz su forma oscura apenas con dos pequeños faros encendidos se iba agrandando y ocultando el fondo claroscuro del amanecer.mientras se deslizaba azul y suave, ondulando sinuosamente por las últimas curvas de su trayecto.
Marina recordaba la estación de cuando era niña llena de bullicio.
Los carros atestados de maletas, los mozos tirando de enormes bultos, los bancos de espera llenos de gente cansada durmiendo o comiendo bocadillos sobre el andén sucio sembrado de papeles y restos de comida y el ronroneo amenazador de las antiguas locomotoras de carbón que dormitaban en sus vías y el sobresalto que le producían los silbidos de aviso de llegada o salida de los trenes.
también recordaba como el estruendo del abrir y cerrar de las puertas de aquellos vagones verdes de la Renfe siempre precedía a los gritos de alegría de los encuentros y los llantos de las despedidas mientras el ambiente se llenaba del vapor que exhalaban a bufidos las jadeantes máquinas.
Ahora, al amanecer, cuando la luz apenas es un ribete anaranjado en la negrura, Marina apenas podía reconocer aquella estación. ! Como había cambiado ! Los andenes estaban más limpios que las oficinas de un banco y brillaban encerados como las pistas de una bolera. Los paneles luminosos habían substituido a los altavoces avisadores y el silencio se podía cortar. Se podía oír incluso el suave arrastrar de las zapatillas de la mujer de la limpieza que se alejaba finalizado su trabajo.
Cuando al fin se detuvo el moderno convoy, no se oyó tampoco ningún bufido de vapor, ningún ruido al abrir las puertas, apenas se oyó un siseo corredizo tras el que salieron de los diferentes vagones ocho o diez somnolientas personas a las que nadie salvo sus obligaciones parecía esperar y que sin apenas equipaje se dirigieron rápidamente a la salida . Por último, cuando Marina ya se iba a dar la media vuelta para marcharse, surgió él de la penumbra del último vagón.
Ya no era el chico guapo de mirada alegre y arrogante que ella recordaba. Lo que salió de la oscuridad era un hombre con arrugas en el entrecejo, el pelo prematuramente encanecido y una manera diferente de rellenar su uniforme de campaña que hablaba por si mismas de un cuerpo fibroso y cansado que caminaba lentamente con un ligero cojeo a la izquierda balanceando a la derecha procurando compensar su pesado saco militar.
Cuando bajó del tren, su cabeza no buscó a nadie, simplemente se limitó a caminar con la vista baja y el pensamiento ensimismado hasta que al final del andén, casi se tropieza con Marina.
Permanecieron unos segundos callados mirando al suelo uno frente a otro.
-No esperaba aquí a nadie…. y menos a ti.dijo él.
-He arreglado la casa de tu madre. Nadie la había limpiado desde que murió. susurró Marina
-No necesito ninguna ayuda, y menos de ti. añadió él mirándola a la cara con dureza
Su historia era previsible, Jardiel había sido un joven inquieto y valiente, que pensó que en el ejercito encontraría la gloria y el camino que le sacara de la mediocridad de su barrio. Se había enrolado cuatro años antes en los cuerpos de élite para luchar o servir en las lejanas tierras de Líbano o Afganistán donde la acción estaba garantizada.
Cuando decidió ingresar en el ejército como si atendiera a una llamada de Dios, llevaban dos años de noviazgo. Jardiel quería a Marina a pesar que ella era aun muy joven y algo alocada. Cuando Jardiel de un día para otro se marchó destinado a oriente, Marina resentida por lo que vivió como un abandono, no le guardó su ausencia y con el tiempo su soledad le llevó a dejarse seducir por un tarambana que la abandonó en cuanto se enteró que estaba embarazada.
Su peor castigo, fue darse cuenta tarde de que el único hombre que amaba y amaría siempre era Jardiel y ya nadie ya podría jamás ocupar su lugar.
Lo de Jardiel fue distinto, yo diría que agridulce. Tras una brillante trayectoria llena de valor y condecoraciones, los dos últimos años habían sido para él un rosario de amarguras. Primero, como ocurrió a tantos otros, fue el abandono de su novia. Luego, la mutilación que sufrió cuando su carro de combate saltó por los aires quedando él como único soldado superviviente de los seis. Por último, en medio de las numerosas intervenciones quirúrgicas y una larga convalecencia en aquel perdido hospital, la reciente muerte de su madre, que era su único apoyo en el mundo fue el remate.
Para Jardiel fue casi una bendición cuando le llegó la carta de retiro.
- Jardiel, dijo Marina, sé que lo que hice no tiene perdón, y no he venido a pedirte nada, pero no podía permitir que un hombre que regresa a su tierra después de darlo todo, no encontrara unas sábanas limpias y un plato de caliente.
-¿Esta es tu hija? dijo él señalando a la niña con un gesto vago
- Si, no la podía dejar sola a estas horas y ha tenido que venir conmigo, pero ya nos vamos y no te molestaremos más.
En medio del embarazoso silencio una pequeña mano tocó los dedos de Jardiel
-¿Papá? …¿ Eres el papá…? dijo la pequeña
Jardiel se agachó para ver a la niña, que lo miró con los mismos ojos dulces y obscuros de su madre enmarcados por una cascada de rizos infantiles, ! Era el vivo retrato de Marina!. Luego miró hacia arriba, y se encontró con el mismo rostro pero con los ojos llenos de lagrimas.
¿Papá? …..!, !! Claro que soy Papá !!.
Levantó a la niña como una pluma con su brazo derecho y mientras la besaba, se dirigió lentamente a la salida. Marina tras él, arrimandose mucho para volver a sentir su olor, tiraba trabajosamente de su equipaje.
!! El valiente soldado había encontrado una nueva misión !!.
PACO BALLESTER ACUARELA Y ACUATEXTOS (Relatos cortos inspirados en una acuarela propia)
viernes, 23 de junio de 2017
viernes, 16 de junio de 2017
LAS INQUIETANTES CARTAS DE ANSÉLMO FUERTES (2017)
No os revelaré como ha
llegado hasta a mí este sobre ajado con estas tres antiguas cartas y solo he
decidido permitiros leerlas porque en la segunda decena del siglo XXI creo
que todos sus protagonistas deben haber fallecido y de no ser así no creo que
les perjudique en modo alguno.
Carta numero 1
6 de Enero de 1970 Notaria de Ernesto Badillo, Teruel
Entrega de la carta
de don Anselmo Fuertes Acevedo depositada en ésta notaría a su hijo Don
Andrés Fuertes Martín si está con vida, para cumplir su voluntad de que se le
haga llegar al mismo al cumplir los 25 años.
Carta numero 2
12 de mayo de 1945 Negral de la Sierra -(Teruel) Andrés Fuertes Acevedo
Andrés, hijo, si lees esta carta, será porque ya no estoy
con vosotros. Quiero que sepas que me fui cumpliendo con mi deber aunque no
puedas contárselo a nadie. Es preciso que conozcas todos los hechos para que
aunque sea con retraso, te sientas orgulloso tu padre y por tanto de la sangre
que corre por tus venas.
Fui enviado por el departamento forestal del misterio de
agricultura, como ingeniero de montes a Aragón, a un pequeño pueblo de las
profundidades de las desiertas montañas deTeruel para investigar las
extrañas muertes de algunos animales que habían tenido lugar y que tenían
alarmada a la población sensibilizada ya por la reciente y sanguinaria guerra
civil.
El mando me había asignado a Vasily como ayudante porque
aunque era extranjero, conocía bien la región. Vasily era un leñador rumano que
había venido combatir en la Cruzada nacional con el ejército fascista italiano
que envió Musolini. Cuando todo acabó, Vasili se quedó aquí en España por que
según decía, en su Transilvania natal ya no le quedaba nadie vivo después de la
hambruna del 37 y el nuevo régimen, agradecido, le había dado la concesión de
la leña de algunos de aquellos perdidos bosques en los que, por otra parte
nadie, se atrevía a poner un pié.
Solo hace cinco años que el final de guerra civil
española tuvo aquí uno de sus más sangrientos episodios y todavía es posible ver por estos bosques las
negras grietas de las trincheras e incluso no es difícil tropezar con restos
óseos humanos, armas oxidadas , viejas latas de conserva aun sin abrir y
proyectiles sin estallar.
En este un lugar triste y maldito donde el ser humano
convertido en bestia, sacó lo peor de sí mismo contra su hermano, aun hoy ,
pasado ya tiempo, solo el hambre logra empujar a los lugareños desesperados a
entrar temblando en éstos lúgubres bosques para intentar cazar algún conejo
para su familia.
Mientras Vasíli me guiaba por los oscuros senderos entre
enormes troncos retorcidas de los negros árboles, pude observar algo muy
extraño, no había aves, ni un solo trino de pájaro rompía el denso silencio del
bosque helado y neblinoso.
Lo que Vasili me fue mostrando era macabro hasta
para mí que de estudiante, fui ayudante de un forense para pagarme los estudios.
Los cadáveres de los animales aparecían diseminados por los barrancos con el
cuello destrozado y en posturas desencajadas impropias de un animal, pero lo
más extraño y lo que me dejó más intrigado, era la ausencia total de sangre o
de huellas o signos de lucha. Aquello no me lo esperaba y tiró por tierra la
hipótesis que llevaba en mi cabeza cuando llegué, de que el problema se reducía
a ataques de lobos u osos.
Fui investigando el alcance de estos macabros sucesos viajando por aquella perdida sierra. Mi instrucción de cada escenario fue un
duro periplo por las sendas y pistas forestales apenas transitables que unían
los aislados pueblecitos y aldeas y que solo podía hacerse a lomos de unas
flacas mulas.
Al principio, creí que solo era por el idioma, pero
cuando llegamos a la primera aldea y Vasily le preguntó a una anciana por el
alcalde, comprendí que su silencio durante nuestros itinerarios no era debido a
una introversión ni a mala educación, sino que era debido a al nerviosismo y al
miedo y mientras andábamos, prefería escuchar callado y en completa alerta
cualquier sonido sospechoso y se sobresaltaba ante el menor crujido de una rama
o el grito de una alimaña.
Al principio, aquellas pobres gentes aldeanas, respondían
con desconfianza dados los recientes acontecimientos. Las heridas de sus almas
aun sangraban al menor roce, pero poco a poco fueron colaborando conmigo, más
que por mis méritos, porque el temor por el misterio del bosque ya era mayor
que el que tenían a la autoridad.
Aquellas gentes atribuían irracionalmente los misteriosos
hallazgos a la presencia de los guerrilleros del maquis escondidos por los
cerros, pero mi lógica descartaba ésta hipótesis porque el hambre de los
insurrectos hubiera dejado los cadáveres en los huesos.
Sin embargo, lo que me heló el alma, es lo que
encontramos cerca de la última aldea que nos quedaba por visitar. Era ya de
noche. Algo blanco me llamó la atención en lo oscuro del bosque. Parecía un
trapo o un pañuelo grande colgando del
el tronco de un roble. Desgraciadamente, era el cadáver exangüe y reseco de una
niña de unos cinco años que colgaba ensartada por sucuellecito de una rama
astillada y cuya piel arrugada parecía ya un paño viejo.
Aquel pequeño cadáver, me heló el alma si, pero sobre todo, porque
comprendí que tanta maldad no era obra de la naturaleza. Apenas me quedaron
fuerzas para darle cristiana sepultura preocupado además por la reacción de Vasily
,que cuando vió la escena, se quedó rígido, blanco, cerró los ojos con fuerza, y
cruzando los dedos de la mano izquierda crispó su puño con la derecha agarrandose a una cruz de plata que colgaba en su
pecho y comenzó a emitir un extraño murmullo con la sonoridad de una oración
eslava.
La verdad es que yo nunca he creído en presencias
sobrenaturales, pero en aquel desolado lugar abandonado de dios, era difícil
sustraerse a una sensación de maldición y abatimiento ajena a la lógica, pero por
esta reacción, me dio la impresión de que no era la primera vez en su vida que Vasily
vivía algo así.
La niña no era de la aldea cercana y Vasily me advirtió sin
mas explicación que su trabajo había finalizado, que se volvía al pueblo y que
no me podía continuar ayudándome más. La Verdad, es que mi trabajo también
había finalizado, así que, decidí volver con él para poner a mis superiores al
corriente de mis hallazgos. La presencia de un cadáver humano hacía que fuera ya
cosa de policía y jurisdicción de aquello era de la Guardia Civil.
No obstante, al bajar desandando nuestro camino para
regresar a Negral, fuimos reinterrogando a las gentes se las aldeas. Además de
la niña, cinco niños de edades similares habían desaparecido en los dos últimos
años en aquellos pueblos. Sorprendentemente, en aquél mundo tan duro el
aislamiento entre las poblaciones era tal, que la desaparición ocasional de unos
niños que se criaban sin atención ni escolarización alguna motivada por pérdidas en el bosque, accidentes en los
canchales o ahogamientos en el río, era algo tan aceptado por todos que no lo habían relacionado con los macabros
hallazgos del bosque hasta que apareció la niña colgada en la rama.
No te pormenorizare lo complicado y alarmante de mi
investigación por no horrorizarte mas solo debes saber, que el ataque de
pánico que sufrió de nuevo el rumano cuando un golpe de brisa, al pasar por la
deteriorada mansión de los Condes de Tejillo nos trajo algún tipo de efluvio ,
me puso sobre la pista de alguien o mejor debería decir de algo, de cierta
presencia en aquel lugar de la que no te puedo aclarar su aspecto, porque nadie
la había visto jamás y que al parecer llego hace algún tiempo en un misterioso
y polvoriento Mercedes negro con las cortinillas echadas y matrícula
desconocida.
Tiemblo al contarte, que contra toda lógica de mi razón
ahora sé, que esta fuerza maligna y obscura, vino atraída por la desgracia y la
guerra a este maldito lugar, como el buitre va a la carroña.
No poseo prueba alguna razonable para poder alertar a otras
autoridades, y de hacerlo así, nadie me creería, me tomarían por un loco, y se
perdería un tiempo vital, porque ahora sé y tengo la convicción de que hay que
acabar con esa presencia sin más demora porque en la última semana han
desaparecido dos niños más... y estoy convencido de que éste mal sediento de
sangre ha desbocado ya.
!Andrés hijo! Soy el único aquí que puede parar este horror
y haré lo que haga falta. Por Vasily, sé cómo acabar con esto y sé también que seguramente,
tendré que entregar mi vida para hacerlo, pero ese espíritu nefasto y
vengativo atrapado entre nosotros, necesita que un alma recta lo lleve cautivo
al más allá para ser juzgado...y condenado.
Carta numero 3
Madrid.,23 de marzo de 1971 Jesús López- Detective privado.
Estimado Don Andrés: Las indagaciones realizadas a su
comando con la discreción requerida por Vd., revelan que la susodicha mansión
fue destruida por un incendio en mayo de 1945, habiéndose encontrado entre las
cenizas según la investigación posterior de las autoridades, dos cuerpos
calcinados e irreconocibles.
Por otra parte, desde
esa fecha y hasta la actualidad no constan en los archivos de la guardia civil
denuncias de hallazgos macabros ni desaparición de persona alguna en esta zona....
Suyo atentisimo,
Jesus Lopez.
fin
viernes, 9 de junio de 2017
OFELIA 2017
A Jacinto, le gustaba pasear por "La Marina", era una zona moderna y futurista construida y diseñada en las épocas de bonanza económica al socaire de la "copa America", donde estaba ubicada la zona del embarcadero deportivo del Puerto de Valencia.
Él, detestaba el ajetreo y el bullicio y buscaba paz…..paz y soledad, caminando por muelles y pantalanes bien temprano al amanecer o en las dulces tardes de primavera cuando las gentes cansadas de un largo día, habían vuelto a sus casas.
La verdad, es que hoy hacia un día de perros, bueno todo es relativo…. tal vez para un "Atlántico", gallego o norteño, este día de marzo fuera casi primaveral… pero en el Levante Mediterráneo, donde la lluvia escasea en invierno y los días luminosos son la norma, los cielos grises son una rareza, que por distinta, gustaba especialmente a Jacinto.
Él, detestaba el ajetreo y el bullicio y buscaba paz…..paz y soledad, caminando por muelles y pantalanes bien temprano al amanecer o en las dulces tardes de primavera cuando las gentes cansadas de un largo día, habían vuelto a sus casas.
La verdad, es que hoy hacia un día de perros, bueno todo es relativo…. tal vez para un "Atlántico", gallego o norteño, este día de marzo fuera casi primaveral… pero en el Levante Mediterráneo, donde la lluvia escasea en invierno y los días luminosos son la norma, los cielos grises son una rareza, que por distinta, gustaba especialmente a Jacinto.
Caminaba siempre calmoso y sin prisa, disfrutando, como si temiese que si apuraba el paseo se acabara demasiado pronto. Iba contemplando los barcos blancos y azules que precisamente hoy estaban preciosos contra el gris antracita del cielo que los hacía destacar.
Allí habían embarcaciones de todas clases y tamaños, pero todas ellas bellas para Jacinto: Los grandes yates de millonarios rusos… Los veleros de varios palos y complicada arboladura….
Allí habían embarcaciones de todas clases y tamaños, pero todas ellas bellas para Jacinto: Los grandes yates de millonarios rusos… Los veleros de varios palos y complicada arboladura….
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dia gris en la marina |
los bregantines clásicos que recordaban las películas de aventuras y que hablaban de la riqueza y del abolengo de las grandes familias que podían mantenerlos durante generaciones…. pero sobre todo, los pequeños veleros y lanchas de motor, donde los profesionales liberales de la clase media alta, paseaban a sus familiares y amistades los domingos de primavera, mostrando con orgullo la prueba de su reciente triunfo en la vida.
Si..., a Jacinto le parecían bellos pero sobre todo, le trasmitían paz y tranquilidad.
Él no los deseaba...,estaban tan lejos de sus posibilidades económicas, que ni siquiera tenía envidia de ellos y ni siquiera soñaba poseerlos.
A otras personas, este mundo de lujo y exhibición, podía resultarles obsceno o inmoral tal vez, porque les recordaba lo injusto de la vida y la desproporción entre el trabajo y la riqueza que otorgaba la suerte de cada cual y el cómo algunos tenían tanto y otros tan poco.
Pero a Jacinto no, él no juzgaba… Tenía un concepto algo budista y oriental del la manera de vivir…No le importaba que otros persiguieran infructuosamente la felicidad en los objetos y las posesiones. Bien sabía él, que se podía ser feliz con un mechero y un cigarrilloo sentado en una piedra en la escollera o profundamente desgraciado preocupándose por la bajada las acciones de la bolsa, tumbado en un yate de 25. m de eslora.
Por eso, era que a él le resbalaba bastante lo que tuvieran los demás, solo le importaba ser feliz, tener paz y que los suyos la tuvieran.
Él no los deseaba...,estaban tan lejos de sus posibilidades económicas, que ni siquiera tenía envidia de ellos y ni siquiera soñaba poseerlos.
A otras personas, este mundo de lujo y exhibición, podía resultarles obsceno o inmoral tal vez, porque les recordaba lo injusto de la vida y la desproporción entre el trabajo y la riqueza que otorgaba la suerte de cada cual y el cómo algunos tenían tanto y otros tan poco.
Pero a Jacinto no, él no juzgaba… Tenía un concepto algo budista y oriental del la manera de vivir…No le importaba que otros persiguieran infructuosamente la felicidad en los objetos y las posesiones. Bien sabía él, que se podía ser feliz con un mechero y un cigarrilloo sentado en una piedra en la escollera o profundamente desgraciado preocupándose por la bajada las acciones de la bolsa, tumbado en un yate de 25. m de eslora.
Por eso, era que a él le resbalaba bastante lo que tuvieran los demás, solo le importaba ser feliz, tener paz y que los suyos la tuvieran.
Pero Jacinto...,el bueno de Jacinto... , tenía un pequeño secreto. ! Una amante !, !Si!. Una amante de la que su mujer se sentiría celosa de saber de su existencia.
Porque Jacinto estaba platónicamente enamorado de Ofelia.
Ofelia, era una embarcación pequeña y bastante antigua, de las que ya no se fabricaban, pero que derrochaba clase y glamour marino. Sus líneas eran elegantemente románticas. Su casco de madera, estaba lacado en el oscuro color del vino de burdeos y estaba tan inmaculado y brillante como su cubierta de teca y sus dos palos de madera rojiza y oscura. Su timón, era como una miniatura de aquellos que exhibían los barcos piratas, todos sus herrajes y cornamusas, que eran de bronce, estaban brillantes y pulidos y una bonita bandera de color Azul de Prusia y Magenta colgaba indolente del palo de una popa redondeada que recordaba las finas nalgas de una Venus.
Porque Jacinto estaba platónicamente enamorado de Ofelia.
Ofelia, era una embarcación pequeña y bastante antigua, de las que ya no se fabricaban, pero que derrochaba clase y glamour marino. Sus líneas eran elegantemente románticas. Su casco de madera, estaba lacado en el oscuro color del vino de burdeos y estaba tan inmaculado y brillante como su cubierta de teca y sus dos palos de madera rojiza y oscura. Su timón, era como una miniatura de aquellos que exhibían los barcos piratas, todos sus herrajes y cornamusas, que eran de bronce, estaban brillantes y pulidos y una bonita bandera de color Azul de Prusia y Magenta colgaba indolente del palo de una popa redondeada que recordaba las finas nalgas de una Venus.
Cada día, aquel hombre planeaba su paseo por recorridos distintos pero siempre...! Siempre!, acababa frente a Ofelia y cuando llegaba hasta ella…como un rito….se sentaba en el pesado noray de hierro negro donde estaba amarrada… liaba con parsimonia un cigarrillo con las hebras rubias de su tabaco preferido… y disfrutando de hondas y pausadas caladas de humo… contemplaba la embarcación sereno durante algunos minutos.
Ella, como una novia reciente, cada día le descubría algo nuevo. Un cable… Una escota… Un reflejo… Un arco… Una curva… Un brillo…Un balanceo y ni una ...! Ni una sola vez ! le descubrió algo que no le gustara… Definitivamente, con Ofelia, Jacinto tenía la ceguera del enamorado…
Ella, como una novia reciente, cada día le descubría algo nuevo. Un cable… Una escota… Un reflejo… Un arco… Una curva… Un brillo…Un balanceo y ni una ...! Ni una sola vez ! le descubrió algo que no le gustara… Definitivamente, con Ofelia, Jacinto tenía la ceguera del enamorado…
Pero esta mañana desapacible con el día cerrado y algo ventoso de finales de invierno, algo fue diferente cuando Jacinto llegó a "su" Ofelia….le alarmó descubrir sobre ella a un hombre pequeño de barba blanca corta y recortada, cuerpo delgado fibroso y manos encallecidas que trasteaba con unos cabos errollándolos cuidadosamente sobre la cubierta…
Jacinto, tras contener una súbita e inesperada punzada de celos, intrigado, no pudo dominar la curiosidad y se dirigió a aquel sujeto:
Jacinto, tras contener una súbita e inesperada punzada de celos, intrigado, no pudo dominar la curiosidad y se dirigió a aquel sujeto:
- Buenos días Señor… perdone que le moleste…¿ Es suya la embarcación ?
- !Ja, ja, ja... Ojalá fuera mía caballero! , dijo el hombre divertido por el error de Jacinto, porque... si fuera mía, no estaría yo aquí a estas horas currando y pasando frío, sino que estaría en mi camita calentito y en buena compañía !, por desgracia…yo solo soy el patrón y cuidador de esta joya.
- Si, es preciosa,…. ! se apresuró a decir Jacinto. Su dueño debe estar muy orgulloso de ella !
-¿Que si lo está?...! No se puede imaginar Vd., cuánto!
- Paso por aquí casi todos los días y siempre está igual, sin cambios.. los nudos no cambian de forma y su posición es exactamente la misma ! Es como si jamás la sacaran a navegar, como si no la movieran de su amarre ….! ¿Qué no la saca su dueño? …
- ! Pues no, señor !..,! No la saca jamás!... Es una historia curiosa que demuestra cómo es a veces la vida….. Don Alfredo, era hijo de un pescador del puerto y vivía de niño aquí. cerca amarradero, si, ! mire...! allí detrás de aquellos almacenes… nació en una humilde casa y pasó su niñez aquí en los muelles, jugando entre las redes las nasas y los anclones. Los barcos eran lo que más amaba, pero su padre, que no quería que fuese pescador como él, jamas lo dejó subir a ninguno. Luego, cuando su padre murió su madre tuvo que volver a Madrid con su familia.
Con el tiempo.... Fredín se convirtió en Don Alfredo y se hizo inmensamente rico….. pero siempre.... ! Siempre! , le quedó el deseo de tener un barco y movió "Roma con Santiago" hasta dar con este velero, que él ya admiraba en el viejo club náutico, lo compró , lo restauró y lo ha tratado siempre como la hija que no tubo. Dedicó una autentica millonada en dejarlo en este estado, y nunca jamás, repara en gastos con ella…
Con el tiempo.... Fredín se convirtió en Don Alfredo y se hizo inmensamente rico….. pero siempre.... ! Siempre! , le quedó el deseo de tener un barco y movió "Roma con Santiago" hasta dar con este velero, que él ya admiraba en el viejo club náutico, lo compró , lo restauró y lo ha tratado siempre como la hija que no tubo. Dedicó una autentica millonada en dejarlo en este estado, y nunca jamás, repara en gastos con ella…
- ¿Entonces…? Lo tiene, lo ama, pero… ! No lo gasta !
- ! Eso és! Don Alfredo viene todos los sábados a mediodía con su esposa y se hace servir la comida a bordo, pero…. !No lo saca a navegar!.
- Y teniendo esta maravilla…..¿ Por qué no navega?
-! Ah ojala pudiera….! Pero…. Dios que es un bromista, da a veces pan a quien no tiene dientes y tristemente y para su desgracia.... Don Alfredo….!! Se marea!!.
fin.
fin.
viernes, 2 de junio de 2017
EL GRITO (2017)
Si amigo, si Vd. me permite que dada mi edad le llame a Vd. así Doctor..Yo vivo solo.La soledad es algo común en este barrio marginal que antes fue un bello pueblo y ahora, absorbido por la ciudad, no es mas que un batiburrillo de fincas baratas y decrepitas casas rurales. Aquí solo quedamos viejos. Si Doctor, ancianos que aun recordamos con nostalgia el pasado del lugar.
Todo comenzó con un grito en medio de la noche. Fue el grito más horrible que oí jamás. No creo que ni cuando le queman los ojos a un torturado se pudiera gritar así. Creo que es el grito de un hombre cuando le están arrancando el Alma. Cuando me asomé por la ventana lo vi a través del ventanuco de su baño aun estaba gritando. Aun veo la imagen de Blay cada vez que cierro los ojos. Su cara débilmente iluminada por el espejo del baño resaltaba contra los oscuros azulejos del fondo. Junto a la su abierta y desdentada boca, cientos de arrugas partían de sus parpados contraídos deformando su rostro en profundos surcos y los pelos plateados de su cara sin afeitar parecían agujas de acero clavadas en ellos.
Cuando, se desvaneció la imagen solo se oyeron unos sollozos durante un rato más hasta que el silencio devolvió a la noche su paz habitual. Mire Doctor, yo no quise molestar el duelo de aquel pobre hombre.. me imaginé que había muerto Eva , su mujer, porque que ya no oía los quejidos de dolor que desde su casa me acompañaban desde hace meses . Decidí volver a mi cama a intentar conciliar el sueño.
Pero……. !Amigo!, cuando bien temprano salí a por el pan, encontré la puerta de Blay abierta en el rellano y entré por si podía ayudarle. Todo estaba ordenado y limpio. Una nota sobre la mesa del comedor con la letra de Blay destacaba bajo la luz encendida : No se culpe a nadie la maté porque sufría, yo me voy con ella para estar juntos donde quiera que vayamos….
Sobrecogido, me acerque al oscuro baño, y allí los encontré. Solo eran dos cabezas juntas en un lago de carmesí que parecía un rubí engarzado en el contorno blanco de la bañera. Habían fundido sus sangres en un dulce abrazo mientras sus vidas se diluían en el agua. Blay había recurrido a la muerte mas indolora …segarse las venas y desangrarse con dulzura en el agua tibia.
Doctor, aunque Vd. no se lo crea, no tuve que tomar ninguna decisión. No veía otra alternativa a lo que hice. Blay, era mi amigo y yo no podía permitir que su nombre y su memoria se viera envuelto en tremebundas historias de crimen de género y violencia doméstica, ni que todas las televisiones mancharan su memoria atribuyéndole intenciones perversas, ni que manifestaciones en la calle, ambulancias y coches de policía se adueñaran truculentamente de nuestra calle ni de nuestro portal.
Blay no se merecía eso. Blay se merecía un puesto en el cielo después de dejarlo todo desde hace siete años para cuidar a su amada Eva con Alzheimer. Blay se merecía el cielo por haber puesto fin al sufrimiento de su mujer cuando un maligno e incurable tumor comenzó a devorarle sin piedad desde vientre. Blay se merecía el cielo por amarla como la amó.
Cuando vacié la bañera, sus dos pequeñas y exsanguinadas figuras abrazadas como dos pajarillos me produjeron ternura . Parecían un solo cuerpo blanco y traslucido. No se me ocurrió separarlos y así , ligados por el rigor mortis, los envolví en una alfombra, los arrastré trabajosamente hasta mi vieja furgona y los llevé hasta aquel lejano monte gris que tantas veces habíamos subido juntos y que en nuestro otoño mirábamos con nostalgia desde nuestras ventanas en los días claros
Y allí están, con sus esqueletos entrelazados, lo más cerca de Dios que pude. Nadie se enteró. Nadie los echó de menos. Nadie preguntó por ellos… Para mí fue un alivio, pero... también es triste Doctor, el olvido en que vivimos los viejos…
Yo, vivo solo desde que ella se fue hace más de veinte años y la verdad , Doctor, es que me costó más acostumbrarme no amar, que a no ser amado. No ser amado es algo a lo que ya me había habituado mucho tiempo antes de que ella se fuera. Pero bueno.. no iba a eso…lo que me gustaría que Vd. oyera es una pequeña historia que nadie conoce y que ahora que Vd. me ha desahuciado, necesito contar a alguien para no llevármela dentro…
Todo comenzó con un grito en medio de la noche. Fue el grito más horrible que oí jamás. No creo que ni cuando le queman los ojos a un torturado se pudiera gritar así. Creo que es el grito de un hombre cuando le están arrancando el Alma. Cuando me asomé por la ventana lo vi a través del ventanuco de su baño aun estaba gritando. Aun veo la imagen de Blay cada vez que cierro los ojos. Su cara débilmente iluminada por el espejo del baño resaltaba contra los oscuros azulejos del fondo. Junto a la su abierta y desdentada boca, cientos de arrugas partían de sus parpados contraídos deformando su rostro en profundos surcos y los pelos plateados de su cara sin afeitar parecían agujas de acero clavadas en ellos.
Cuando, se desvaneció la imagen solo se oyeron unos sollozos durante un rato más hasta que el silencio devolvió a la noche su paz habitual. Mire Doctor, yo no quise molestar el duelo de aquel pobre hombre.. me imaginé que había muerto Eva , su mujer, porque que ya no oía los quejidos de dolor que desde su casa me acompañaban desde hace meses . Decidí volver a mi cama a intentar conciliar el sueño.
Pero……. !Amigo!, cuando bien temprano salí a por el pan, encontré la puerta de Blay abierta en el rellano y entré por si podía ayudarle. Todo estaba ordenado y limpio. Una nota sobre la mesa del comedor con la letra de Blay destacaba bajo la luz encendida : No se culpe a nadie la maté porque sufría, yo me voy con ella para estar juntos donde quiera que vayamos….
Sobrecogido, me acerque al oscuro baño, y allí los encontré. Solo eran dos cabezas juntas en un lago de carmesí que parecía un rubí engarzado en el contorno blanco de la bañera. Habían fundido sus sangres en un dulce abrazo mientras sus vidas se diluían en el agua. Blay había recurrido a la muerte mas indolora …segarse las venas y desangrarse con dulzura en el agua tibia.
Doctor, aunque Vd. no se lo crea, no tuve que tomar ninguna decisión. No veía otra alternativa a lo que hice. Blay, era mi amigo y yo no podía permitir que su nombre y su memoria se viera envuelto en tremebundas historias de crimen de género y violencia doméstica, ni que todas las televisiones mancharan su memoria atribuyéndole intenciones perversas, ni que manifestaciones en la calle, ambulancias y coches de policía se adueñaran truculentamente de nuestra calle ni de nuestro portal.
Blay no se merecía eso. Blay se merecía un puesto en el cielo después de dejarlo todo desde hace siete años para cuidar a su amada Eva con Alzheimer. Blay se merecía el cielo por haber puesto fin al sufrimiento de su mujer cuando un maligno e incurable tumor comenzó a devorarle sin piedad desde vientre. Blay se merecía el cielo por amarla como la amó.
Cuando vacié la bañera, sus dos pequeñas y exsanguinadas figuras abrazadas como dos pajarillos me produjeron ternura . Parecían un solo cuerpo blanco y traslucido. No se me ocurrió separarlos y así , ligados por el rigor mortis, los envolví en una alfombra, los arrastré trabajosamente hasta mi vieja furgona y los llevé hasta aquel lejano monte gris que tantas veces habíamos subido juntos y que en nuestro otoño mirábamos con nostalgia desde nuestras ventanas en los días claros
Y allí están, con sus esqueletos entrelazados, lo más cerca de Dios que pude. Nadie se enteró. Nadie los echó de menos. Nadie preguntó por ellos… Para mí fue un alivio, pero... también es triste Doctor, el olvido en que vivimos los viejos…
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