Había caído agotada sobre los gastados tablones de la canoa
que apenas se mantenía a flote con la ayuda de los finos listones de caña de Bambu
que sobresaliendo por las bordas le daban estabilidad.

Durante la dura jornada de pesca, había tenido que realizar largas inmersiones buceando con sus hábiles movimientos para desenganchar la fina red de las algas y las rocas.
El día se había dado bien, la pesca había sido buena y Mey-Lak medio dormida podía oír a su padre que ,con un balde de agua
de mar a sus pies rebosante de pescado plateado , que aun coleaba, remaba en
precario equilibrio desde la popa , apenas cubierto con un taparrabos y una
cinta tradicional en su cabeza , y reía y bromeaba contento con los pescadores
de las otras canoas que navegaban junto
a la suya hacia la playa.
A medida que se entraban en la amplia bahía, el oleaje , anunciando el inminente final del viaje, daba
sordos golpes en el fondo del barquichuelo acabandola de despertar.
Se irguió perezosa y dolorida deslizando sus bracitos entre las escamas secas que cubrían el suelo para ver la sinfonía de colores de los ropajes de los turistas que deambulaban por aquella lujosa playa llena de hoteles ..palafitos..piscinas color turquesa…palmeras.. cocoteros y miles de parasoles . Vio también que en la orilla la gente chillaba, jugaba y chapoteaba entre las olas , que ya amansadas, les llegaban obedientes.
Se irguió perezosa y dolorida deslizando sus bracitos entre las escamas secas que cubrían el suelo para ver la sinfonía de colores de los ropajes de los turistas que deambulaban por aquella lujosa playa llena de hoteles ..palafitos..piscinas color turquesa…palmeras.. cocoteros y miles de parasoles . Vio también que en la orilla la gente chillaba, jugaba y chapoteaba entre las olas , que ya amansadas, les llegaban obedientes.
Aunque aquella visión de su tierra, le producía un sentimiento
de allanamiento que solo lograba tolerar,
porque esa gente sacaba a su pueblo del hambre y la miseria. Pero lo que más
le molestaba, era ver el lugar tranquilo y silencioso donde jugaba en su infancia, hollado
por una anarquía de cuerpos y gritos.
Mey-Lak, no envidiaba
de aquellos extraños sus blancas pieles
llenas de pecas, sus largas narices y sus pelos del color del arroz maduro o de
las llamas del fuego. Ni su dinero capaz de comprar todo tipo de ropas y lujos.
Mey-Lak prefería con mucho la sencillez de su poblado. Sabía que allí era la más
bella entre las jóvenes y comenzaba a sentir secretamente orgullosa como las torpes miradas de los chicos le
acariciaban la piel y como el resto de muchachas espiaban disimuladamente con envidia sus ojos
verdes.
Mientras pensaba en esto, se oyó a su espalda un sordo
estruendo, pero no se volvió a mirar mar adentro acostumbrada como estaba a los
ruidos de los enormes cruceros que circulaban sin cesar como enormes rascacielos
marinos, trayendo y llevando a los estrafalarios turistas.
El día había sido claro, más bien caluroso, sin una brisa de
viento, volvían remando sin la vela. Ni
una sola nube anunciaba el Monzón. Su padre, distraído con la cháchara, tampoco se alarmó con el extraño sonido, ni miró a sus
espaldas mar adentro.
Si lo hubieran hecho,
hubieran visto como aquel inmenso muro
negro azulado del gigantesco Tsunami se
iba agigantando traicioneramente hacia ellos.
Y…Eso fue todo…, o casi todo. Apenas sin sentirlo notaron como el barquichuelo
se elevaba como un corcho encima de un ola sobre los modernos edificios de los
hoteles para luego caer monstruosamente en un caos de espuma y deshechos que
los engulló al instante.
Sabes…Nunca se encontró a Mey-Lak. Nadie encontró su
cuerpecito adolescente roto y varado como una muñeca en el rio…
Pero lo que Mey-Lak ahora
si sabe, es que cuando las almas comenzaron a elevarse sobre el horror de la
playa abandonando cuerpos de todas las razas,
todas se dirijan a un mismo lugar..¿Habrá un solo cielo para todos? Se preguntó
su alma intrigada….