viernes, 9 de junio de 2017

OFELIA 2017

 A Jacinto, le gustaba pasear por "La Marina", era una zona moderna y futurista construida y diseñada en las épocas de bonanza económica al socaire de la "copa America", donde estaba ubicada la zona del embarcadero deportivo del Puerto de Valencia.

Él, detestaba el ajetreo y el bullicio y  buscaba paz…..paz   soledad, caminando por muelles y pantalanes bien temprano al amanecer o en las dulces tardes de primavera cuando las gentes cansadas de un largo día, habían vuelto a sus casas. 

La verdad, es que hoy hacia un día de perros, bueno todo es relativo…. tal vez para  un "Atlántico", gallego o norteño, este día de marzo fuera casi primaveral… pero en el Levante  Mediterráneo, donde  la lluvia escasea en invierno  y los días luminosos son la norma, los cielos grises son una rareza, que por distinta, gustaba especialmente a Jacinto.

Caminaba siempre calmoso y sin prisa, disfrutando, como si temiese que si apuraba el paseo se acabara demasiado pronto. Iba contemplando los barcos blancos y azules que precisamente hoy estaban preciosos contra el gris antracita del cielo que los hacía destacar.

Allí habían embarcaciones de todas clases y tamaños, pero todas ellas bellas para Jacinto: Los grandes yates de millonarios rusos… Los veleros de varios palos y complicada arboladura….

dia gris en la marina
los bregantines clásicos  que recordaban las películas de aventuras y que hablaban de la riqueza y del abolengo de las grandes familias que podían mantenerlos  durante generaciones…. pero sobre todo, los pequeños veleros y lanchas de motor,  donde los profesionales liberales de la clase media alta, paseaban a sus familiares y amistades  los domingos de primavera, mostrando con orgullo la prueba de su reciente triunfo en la vida.

Si..., a Jacinto le parecían bellos pero sobre todo, le trasmitían paz y tranquilidad.

Él no los deseaba...,estaban tan lejos de sus posibilidades económicas, que ni siquiera tenía envidia de ellos y ni siquiera soñaba poseerlos.

A otras personas, este mundo de lujo y exhibición, podía resultarles obsceno o inmoral tal vez, porque les recordaba lo injusto de la vida y la desproporción entre el trabajo y la riqueza que otorgaba la suerte de cada cual  y  el cómo algunos tenían tanto y otros tan poco. 

Pero a Jacinto no, él no  juzgaba… Tenía un concepto algo budista y oriental del la manera de vivir…No le importaba que otros persiguieran infructuosamente la felicidad en los objetos y las posesiones. Bien sabía él,  que se podía ser feliz con un mechero y un cigarrilloo sentado en una piedra en la escollera o profundamente desgraciado preocupándose  por la bajada las acciones de la bolsa, tumbado en un yate de 25. m de eslora.

Por eso, era que a él le resbalaba bastante lo que tuvieran los demás, solo le importaba ser feliz, tener paz y que los suyos la tuvieran.
  
Pero Jacinto...,el bueno de Jacinto... , tenía un pequeño secreto. ! Una amante !, !Si!. Una amante de la que su mujer se sentiría celosa de saber de su existencia.

Porque Jacinto estaba platónicamente enamorado de Ofelia.

Ofelia, era  una embarcación  pequeña y bastante antigua, de las que ya no se fabricaban, pero que derrochaba clase y glamour marino. Sus líneas eran elegantemente románticas. Su casco de madera, estaba lacado en el oscuro color del vino de burdeos y estaba tan inmaculado y brillante como su cubierta de teca y sus dos palos de madera rojiza y oscura. Su timón, era como una miniatura de aquellos que exhibían los barcos piratas, todos sus herrajes y cornamusas, que eran de bronce, estaban brillantes y pulidos  y una bonita bandera de color Azul de Prusia y Magenta colgaba indolente del palo de una popa redondeada que recordaba las finas nalgas de una Venus.

Cada día, aquel hombre planeaba su paseo por recorridos distintos pero siempre...! Siempre!, acababa frente a Ofelia y cuando llegaba hasta ella…como un rito….se sentaba en el pesado noray de hierro negro donde estaba amarrada… liaba con parsimonia un cigarrillo con las hebras rubias de su tabaco preferido… y disfrutando de  hondas y pausadas caladas de humo… contemplaba la embarcación sereno durante algunos minutos.

Ella, como una novia reciente, cada día le descubría algo nuevo. Un cable… Una escota… Un reflejo… Un arco… Una curva… Un brillo…Un balanceo  y ni una ...! Ni una sola vez ! le descubrió algo que no le gustara… Definitivamente, con Ofelia,  Jacinto tenía la ceguera del enamorado…

Pero esta mañana desapacible con el día cerrado y algo ventoso de finales de invierno, algo fue diferente cuando Jacinto llegó a "su" Ofelia….le alarmó  descubrir sobre ella a un hombre pequeño de barba blanca corta y recortada, cuerpo delgado fibroso y manos encallecidas que trasteaba con unos cabos errollándolos cuidadosamente sobre la cubierta…

Jacinto, tras contener una súbita e inesperada punzada de celos, intrigado, no pudo dominar la curiosidad y se dirigió a aquel sujeto:

 - Buenos días Señor… perdone que le moleste…¿ Es suya la embarcación ?

- !Ja, ja, ja... Ojalá fuera mía caballero! , dijo el hombre divertido por el error de Jacinto,  porque... si fuera mía, no estaría yo aquí a estas horas currando y pasando frío, sino que estaría en mi camita  calentito y en buena compañía !,  por desgracia…yo  solo soy el patrón y cuidador de esta joya.

 - Si, es preciosa,…. ! se apresuró a decir Jacinto. Su dueño debe estar muy orgulloso de ella !

-¿Que si lo está?...! No se puede imaginar Vd., cuánto!

- Paso por aquí casi todos los días  y siempre está igual, sin cambios.. los nudos no cambian de forma y su posición es exactamente la misma  ! Es como si jamás la sacaran a navegar, como si no la movieran de su amarre ….! ¿Qué no la saca su dueño? …

- ! Pues no, señor !..,! No la saca jamás!...  Es una historia curiosa que demuestra cómo es a veces la vida….. Don Alfredo, era hijo de un pescador del puerto  y vivía de niño aquí. cerca amarradero, si, ! mire...!  allí detrás de aquellos almacenes… nació en una humilde casa y pasó su niñez aquí en los muelles, jugando entre las redes las nasas y los anclones. Los barcos eran lo que más amaba, pero su padre, que no quería que fuese pescador como él,  jamas lo dejó subir a ninguno. Luego, cuando su padre murió su madre tuvo que volver  a Madrid con su familia. 

Con el tiempo.... Fredín se convirtió en Don Alfredo y se hizo inmensamente rico….. pero siempre.... ! Siempre! , le quedó el deseo de tener un barco y movió "Roma con Santiago" hasta dar con este velero, que él ya admiraba en el viejo club náutico, lo compró , lo restauró y lo ha tratado siempre como la  hija que no tubo. Dedicó una autentica millonada en dejarlo en este estado, y nunca jamás, repara en gastos con ella…

- ¿Entonces…?  Lo tiene, lo ama, pero… ! No lo gasta !

- ! Eso és!  Don Alfredo viene todos los sábados a mediodía con su esposa y se hace servir la comida a bordo, pero…. !No lo saca a navegar!.

- Y teniendo esta maravilla…..¿ Por qué no navega?

-! Ah ojala pudiera….!  Pero…. Dios que es un bromista, da a veces pan a quien no tiene dientes y tristemente y para su desgracia.... Don Alfredo….!! Se marea!!.

fin.

1 comentario:

Dol Gimar dijo...

Jacinto y su amante.
Bella historia que plasma la vida de un sujeto y el amarre a una ilusión que le permite seguir disfrutando de ella y de la vida.

Precioso relato y la acuarela muy conseguida y resaltada por tus personales colores.

Lola.