viernes, 20 de octubre de 2017

PEPITA "LA CORTA"

Cuando las chicas nuevas llegaban a la casa de Doña Elvira, una elegante y sofisticada casa de putas situada junto al congreso de los diputados en el centro de la ciudad, no entendían como " La Corta" , aquel ser diminuto, una grotesca enana pintarrajeada que apenas alcanzaba la pila del lavabo, tenía una autentica cola de clientes distinguidos esperando sus servicios mientras las chicas más bellas y deseables, fumaban desocupadas y aburridas.


Por entonces..., es decir por aquellos tiempos…, no estaba mal mirado que catedráticos, doctores y ministros se saludaran en aquellos lugares e incluso que políticos de partidos opuestos pactaran leyes mientras esperaban su turno. Ayudaba a esto la visión negativa de la sexualidad por parte sus encopetadas esposas que, conformes con su papel, eran ellas las orgullosas depositarias de la "honra " de las familias .

Eran otros tiempos…si,bueno… quizás no haga tanto… pero nuestra infancia, lo que vivimos y lo que aprendimos en ella, nos parece ahora a veces tan remoto como el imperio romano porque la velocidad de la transformación de la sociedad actual es tal, que en varias décadas la humanidad ha experimentado más cambios que en diez siglos y ahora, para poder adaptarnos los hombres y me refiero a los varones, hemos tenido además que "desaprender" aquello que se nos enseñó.

! No!... ! Yo no me quejo…!, me enseñaron a no ser quejica y no veo motivo para "desaprenderlo" ahora. Tampoco hago juicios de valor, las cosas son como son y punto, solo que me limito a hacer una observación: La Testosterona, la hormona que rige nuestros instintos masculinos y con la que se nos dotó hace millones de años para que la fuerza física y la agresividad nos permitiera 
en un ambiente difícil y adverso alimentar y defender a la prole, en apenas un siglo, no solo se nos ha quedado inútil salvo para la procreación, sino que comienza a ser un lastre para nosotros. Todo lo "masculino" comienza a ser peyorativo y todos los hombres en cuanto nos llega la pubertad y nos sale barba, vamos siendo sospechosos de llevar un enemigo "machista" dentro.

Tal vez las mujeres entendieran mejor lo que es perder el papel ancestral en unos pocos años, si una nueva tecnología permitiera a la humanidad gestar parir y criar sin su concurso.

Pero bueno…, volvamos a la historia de Pepita que, escribiendo escribiendo… me voy " Por los cerros de Úbeda" y luego me toca acortar para no hacer un aburrido acuatexto tipo " Ladrillo".

A ver…, no es que pepita "la Corta" fuera un adefesio, ella era una acondroplasica. La acondroplasia es un enanismo, una anomalía que acorta piernas y brazos sin afectar a la salud y que contrastando con un torso y una cabeza de tamaño normal les da a los pobres el cómico aspecto de un muñeco cabezón.

Pero No os equivoquéis... enanos de este tipo los hay feos y guapos y "La Corta" tenía unos ojos preciosos , unos pechos armoniosos y un culete respingón.


Su incomprensible éxito no fue por su físico...,! No!.. !No hay tanto morboso entre los hombres…! Su éxito se labró en su cabeza porque las desventajas hacen a los inteligentes astutos y avispados y cuando con quince años sus padres la metieron a servir de "Palanganera" en el burdel como la única salida para aquella muchacha, entre las risas que generaba su aspecto cuando caminaba por los pasillos llevando agua y toallas de habitación en habitación con simpatía y desparpajo, Pepita "La Corta", espiando a través del agujerito secreto que siempre había para los mirones en cada habitación, fue aprendiendo de las meretrices expertas y reputadas las técnicas sexuales más sofisticadas y secretas guardadas con recelo por sus propietarias que, como hacen los magos, jamás desvelaban sus trucos.

Como siempre ocurre, la Diosa Fortuna solo ayuda a los preparados y "la Corta" lo estaba cuando la epidemia de gripe puso fuera de combate a casi toda la "plantilla" de Doña Elvira y Don Julián, un acaudalado viudo algo achispado, tuvo el honor de "Estrenarla". Pepita, aprovechó bien su oportunidad y luego la cosa fue sencilla y el "boca a boca" o mejor "el boca susurrante al oido" hizo el resto.

No tardó mucho tiempo en ganar lo suficiente para montar negocio propio. Pepita tenía autoridad y gusto para elegir y sus "pupilas" encantadas con su buen trato, trabajaban como relojes suizos sin apenas reprimendas. "Casa La Corta" se convirtió  de la noche a la mañana  en un masculino santuario de peregrinación. 

Pepita… Doña Pepita ya, se retiró con treinta años de la actividad laboral salvo para algunos clientes que le ayudaban mucho en los temas legales y algún otro que de cuando en cuando le venía de gusto.

¿El amor de verdad?... ¿ El bueno?... ¿ El de "para siempre y nadie mas?...! Lo encontró! !Si...! !Lo encontró! y lo escribo así, por que "La Corta" no esperó a que le apareciera. Un buen día se planteo que aunque era rica también era enana y puta y con semejante combinación, rica enana y puta, no podría aspirar al verdadero amor de un hombre normal y solo se acercaría a ella algún oportunista fingiendo amarla.

Así que tras considerarlo detenidamente Pepita"La Corta" se fue resuelta a buscar su amor donde lo pudiera encontrar…!! A la plaza de toros !!.

!El flechazo fue de los que matan!. Pedro "El Bolitas", como le llamaban los demás en relación a su masculinidad, era el jefe de la cuadrilla de valientes enanos que ridículamente vestidos de torero se enfrentaban a un temible torazo negro con la gracia y salero del espectáculo cómico-taurino. La gente y sobre todo los niños, se partían de risa en las sesiones matinales de la plaza de toros viéndolos correr delante del astado moviendo sus cortas piernecitas a toda velocidad mientras con el capote rojo le tapaban la cara para esquivarlo.

"El Bolitas" era feo como un pecado, tez agitanada pelo desgreñado y voz aguardentosa… pero a "La Corta", le cegó su "Olor a hombre" y su masculinidad que tanto le recordaba al retrato que le hizo Velázquez a el enano del rey Felipe IV cuya copia fue lo primero hizo colgar en cuanto tuvo un despacho. Así que.. y sin decirle a Pedro quien era ni a que se dedicaba se fue directa a camelárselo.

!Una tarde! ! Si! ! Solo una tarde de lidia artística en la improvisada plaza de toros de la cama de un hotel les bastó a ambos para saber que jamás salvo la muerte nada les separaría!. 

Pero para Pedro y Pepita…"Bolitas" y "La corta"… no todo era felicidad, la oscura nube de no poder perpetuar su amor en un hijo ensombrecía su horizonte. Ambos conocían que el riesgo de traer otro enano al mundo era muy grande y ninguno de los dos deseaba eso para su hijo.

Pepita, como mujer lo llevaba peor y Pedro la oía llorar con sordina algunas noches cuando le creía dormido.

Pedro "El Bolitas" , Don Pedro desde ahora, había demostrado de que material estaba hecho y por qué lo eligió Pepita y cuando se enteró de que con un hombre normal el riesgo de tener un hijo enano era mucho mas bajo, animó a "la Corta" a arriesgarse y engendrar con el mejor semental que pudiera encontrar porque al fin y al cabo el niño seria el fruto de un amor verdadero, el suyo.

Cuando "la Corta" 
en periodo fértil y con la aquiescencia de su marido escrutaba a los hombres para ver quién la preñaba, no tuvo en cuenta que el que le pareció mas inteligente y guapo también era, con casi dos metros de estatura, el más grande de los candidatos y la verdad es que parir un hijo suyo casi le cuesta la vida. 

Pero no fue niño. Fue una preciosa niña que hizo la felicidad de sus padres hasta que cuando creció y se convirtió en una mujer inteligente y bella, una verdadera hada de cuento que desgraciadamente tampoco podía encontrar el amor por que todos sus pretendientes huían espantados al conocer la tara de sus padres.

Cuando al fin y con veinticinco años la guapa muchacha que había heredado el realismo de su madre encontró en un elegante abogado el hombre cariñoso decidido y valiente que la enamoró, decidió un día presentárselo a sus padres 


Cuando Pepita les abrió la puerta…. se quedó estupefacta y cuando recuperó el habla unos segundos después solo pudo decir… !! Hay que joderse….!! luego, doblada por la mitad rompió a reir hasta las lagrimas …!! El novio de la niña también era un enano!!!...

fin.









viernes, 6 de octubre de 2017

UN PUEBLO CON EÑE

Llegué de noche cerrada a este pueblo de cuyo nombre, como escribía Cervantes en su Quijote, no quiero acordarme. No quiero acordarme pero me acuerdo. ¡Claro que me acuerdo!, es solo que no deseo que lo sepáis. ¿Cómo iba yo a olvidarme del nombre de este lugar? solo os diré que su nombre, como España, tenía una eñe.

Mi cansancio y el estado de abandono de la carretera, además de ponerme de un humor de perros que hacía que en cada bache me acordara, para mal, de los muertos del que me había encargado aquel puto reportaje sobre la creciente despoblación rural del agro español, había dado al traste con mi intención de fotografiar la población con la luz cansada del atardecer, cuyos rayos tendidos tiñen de rosa los ocres y de violetas las sombras dramatizando así la desolación y el vacío. 


Sin embargo, cuando al fin llegué, me alivió saber que aunque hubiera llegado dos horas antes no hubiera podido trabajar a mi gusto, porque en aquel pueblo perdido en las montañosas arideces del Aragón más profundo, la noche llegaba antes y sin avisar, porque un cerro calizo coronado por la torre de un castillo medieval, adelantaba bruscamente con su sombra el ocaso del sol como si cayera un telón.

Desde la autovía, la carretera ascendía hasta el vallecito caracoleando al ritmo de un torrente que apenas llevaba agua, probablemente agotado por el esfuerzo de abrirse paso entre las rocosas y duras paredes sin vegetación de aquellos montes que castigados por las presiones de la orogenia, plegaban y ovillaban sus desiguales estratos remedando el cerebro pétreo de algún gigante caído en una lucha mitológica

Apenas la torre mudéjar del campanario de la iglesia, destacaba de aquella masa negruzca que se encaramaba por las angostas laderas huyendo de las avenidas y torrentes.

¿Luces?, apenas. El alumbrado público era escaso y débil como corresponde a una villa cuyo censo era de 5 octogenarios y cuyo colegio electoral cerró en las pasadas elecciones a los seis minutos exactos de abrir por haber votado todos ya. Fui caminando orientado solamente por el campanario por aquellos intrincados callejones de trazado morisco que apenas dejaban pasar un carro hacia lo que supuse que sería la plaza mayor donde por teléfono, había milagrosamente logrado alojamiento en una casa particular.

A medida que me adentraba en aquel caprichoso laberinto que me llevaba a veces a lugares sin salida, iba creciendo en mí una inquietud. Además del extraño aire helado, algo raro me desasosegaba en aquellas angostas oscuridades de puertas y ventanas cerradas a cal y canto…. ¡Claro coño! ¡El Silencio! Un silencio mortal que mis oídos de-bía hacer lustros que no percibían y que de algún modo se me antojaba siniestro.

A pesar de lo poco pusilánime que soy, aquella ausencia me estaba ya anonadando cuando antes de llegar a mi destino algo ocurrió.

Cerca ya de la plaza y cuando intentaba sacar el tabaco del bolsillo de mis tejanos, se me cayeron las llaves y su sonido al golpear el antiguo empedrado, rompió el silencio de tal manera que casi me ensordeció a mí mismo.

Al instante, de la oscuridad de los callejones que yo creía inhabitados, medio centenar de rostros blancos me miraron interrogantes y después siguieron calmosos sus respectivos caminos.

Cuando se me pasó el acojono, me di cuenta de que aquellas gentes debían andar por allí antes y que sus pardos ropajes no me había permitido distinguirlos, pero cuando llegué a la plaza algo más iluminada, los pude ver mejor. No hablaban entre sí, muchos iban vestidos a la antigua y salvo un par de jóvenes y algunos niños, la mayoría eran personas mayores con el pelo blanco que caminaban sin hacer ruido como si llevaran suelas de fieltro.

Cuando tiré de la cuerda que había en el portal, Doña Remedios, desde el balcón me preguntó siseando si era el forastero y cuando le dije que sí, me echó una llave oxidada enrollada en un trapo de franela.

-No lo esperaba hasta mañana y no hay nada preparado para cenar. Si quiere, tengo un trozo de jamón, un mendrugo de hogaza y media botella de tinto, lo siento, pero es todo lo que le puedo ofrecer.

Acepté agradecido porque tenía ya el ombligo pegado al espinazo y mientras se afanaba en poner la mesa, le pregunté a Doña Remedios quiénes eran todas aquellas personas de la calle y le comenté también que me había llamado la atención que en un pueblo tan poco habitado hubiera a aquellas horas tanta gente por la calle.

Noté a Doña Remedios algo sorprendida de que le preguntara por ellos y luego dejó su rostro amable y se mostró seria y evasiva.

-Son fiestas ¿sabe…?

Yo , que me había documentado, me atreví a replicarle que tenía entendido que las fiestas habían sido por la Virgen de Agosto, cuando los veraneantes y los hijos emigrados del pueblo que rehabilitaron algunas casas acudían allí y celebraban toros y verbenas? .

-No, no. Estas son otras, son solo para los de aquí, dijo secamente

La verdad es que dormí como una marmota en aquel jergón de lana de oveja y me levanté con el alba entusiasta y repuesto. Doña Remedios no estaba, pero sobre la mesa encontré café de puchero y pastas de anís

Con los primeros rayos de sol, aquel pueblo me resultó extrañamente fascinante. Tenía la belleza de los colores ocres y terrosos que tienen los desiertos. La geología compensaba con creces la ausencia de vegetación. Los murallones pétreos empequeñecían la villa construida con troncos y enormes adobes de arcilla amarillenta y rojiza y que junto a los tejados del mismo color parecía formar un todo indistinguible con las laderas, los hornos y las canteras donde durante siglos habían extraído el material y solo alguna casa blanca en lo alto, las ovejas en el aprisco y la cúpula azul del campanario le daban un contrapunto de color

Algunos barrios en ruinas abandonados a su suerte, se desmoronaban adornados de arenas azafranadas y herrumbres oxidadas con una belleza indolente y elegante, mostrando los caserones, el esqueleto noble y centenario de sus maderos. En lo alto del cerro protector, la torre ruinosa pero altiva del castillo parecía recordar a todos el orgullo de lo que habían sido.

Pasé el día fotografiando y filmando hasta agotarme, pero no encontré a nadie a quién entrevistar. Las calles estaban desiertas y el bar, el horno, las tiendas de alimentación e incluso el estanco de tabaco, debían llevar años cerrados

De nuevo desde que llegué, algo me dejó perplejo. Incongruentemente, el apartado cementerio de aquel decadente lugar estaba impoluto, blanqueado y sin mácula con enormes cipreses apuntando el cielo, setos perfectamente podados, arriates de flores reventonas y ni una sola mota de polvo en las lápidas de los nichos.

Cuando volví pensativo a la habitación de nuevo Doña Remedios estaba ausente y una cena fría me esperaba sobre la mesa. Caí en la cama como un fardo, pero a las cuatro de la madrugada mi vejiga se quejó y me tuve que levantar con urgencia. Una extraña escalera de caracol me llevó hasta baño que estaba en el sótano. Cuando salía aliviado del mismo, oí, amortiguada por la madera de la puerta contigua, la voz siseante de Doña Remedios y no pude evitar pegar el oído.

-¡Os ve! ¡Os lo juro! ¡Os puede ver! ¡El forastero os puede ver! Os vio anoche y os volverá a ver si mañana volvéis a salir…

Molesto y al ver que el tema me incumbía, abrí la puerta de golpe y dije en voz alta ¡A quién coño puedo ver yo!

Silencio….Nadie me respondió en aquella bodega abovedada y enorme en cuyo fondo hicieron eco mis palabras a pesar de estar repleto de gente oscura y silenciosa de rostros céreos e inexpresivos. Solo por el contraste con Doña Remedios que estaba al frente de todos y algunos ancianos perdidos entre aquella masa, me di cuenta de que aquellas formas pardas eran fantasmalmente desvaídas y traslúcidas.

-¡Vd. forastero puede ver a las almas! dijo Doña Remedios volviéndose hacia mí, luego añadió: Hubiera preferido que se fuera Vd. sin saberlo, pero ahora, ya no hay remedio.

-¿A las almas? ¿A qué almas?

A las que habitan en el pueblo con permiso del Señor… a las que duermen de día en el cementerio y vagan por la noche por las que fueron sus calles y sus casas, a las que no encontraron en el paraíso un lugar mejor que el pueblo donde nacieron y pronto, cuando muramos los pocos que quedamos y con nosotros éste pueblo, tendrán que partir llorosas al mas allá… Si, a esas almas son las que Vd. puede ver para su desgracia.

¿Para mi desgracia? ¿Qué quiere Vd. decir con eso…?

Mire forastero, solo pueden ver esas almas quién como nosotros los que quedamos aquí vamos a morir pronto y la parca nos tiene ya apuntados en su agenda…

No dije nada…cerré con cuidado la puerta y subí a mi habitación…No…No he dejado el pueblo, he decidido que no es un mal lugar para esperar lo inevitable, no publiqué reportaje alguno, las fotos se quedaron en las tripas de la cámara y yo…yo me dedico ahora a cuidar del cementerio, de hecho, escribo esto apoyado en el mármol negro de lo que será mi lapida…



Fin

jueves, 28 de septiembre de 2017

REQUIESTCAN IN PACE (RIP)

El clérigo encargado de las exequias no sabía nada de la vida del finado antes de enterrarlo y me estuvo interrogando someramente acerca de él con el fin dijo, de poder decir algunas palabras durante el funeral que personalizasen un poco el manido y sobado responso que corresponde a los que mueren trágicamente demasiado pronto para su edad dejando en los demás una desagradable sensación de vida truncada. 

Yo, como único familiar vivo que le quedaba, había tenido que encargarme del funeral de mi sobrino sin embargo, no le pude contar demasiado de Oscar a aquél hombre. La verdad es que llegados a este momento, me sorprendí yo mismo de lo poco que conocía a mi sobrino a pesar de que nuestra relación que siempre había sido como la de un padre con un hijo.

La temprana muerte de sus padres había llevado a mi sobrino Oscar a criarse en mi casa en Denver viniendo de ese modo a llenar un vacío en nuestro estéril matrimonio.

Alice y yo intentamos lo mejor que supimos llenar el hueco que dejaron sus padres y el muchacho, agradecido, siempre fue bueno, responsable y cariñoso con nosotros que incluso financiamos sus estudios de comercio. Finalizada su carrera, Oscar abandonó un día nuestro hogar para trabajar por cuenta propia viajando por todo el país.

Tal vez mi difunta esposa Alice supiera algo mas de él, pero respecto a nosotros dos, a él y a mí, nuestra vida de agentes comerciales nos mantenía casi siempre alejados el uno del otro.

El hombre 
de la Agencia fúnebre vestido impecablemente de negro, me sacó de mis pensamientos para informarme de que el tanatopráctico había aconsejado la cremación del cadáver puesto que el finado nunca se había opuesto a ello y el lamentable estado de su cuerpo, con la cara destrozada y partido en varios pedazos, no permitía un arreglo decoroso para ser expuesto durante la misa.

Cuando entré en la pequeña capilla pensé que había llegado demasiado pronto porque junto a los elegantes arreglos florales y los velones encendidos iluminando la preciosa urna de las cenizas imitando a jade verde, solo esperaban la salida del párroco de pié frente al altar, cuatro enlutadas mujeres.

No...No había llegado demasiado pronto. La capilla estaba tristemente vacía a pesar de que  
yo personalmente  había comunicado el evento a todos los contactos y teléfonos que figuraban en la lista de su móvil y de su agenda.

El bello responso plagado de silencios teatrales, la música del réquiem de Mozart cantada por una minúscula soprano de gran voz y la gótica vacuidad de aquel lugar que magnificaba la intensidad de los contenidos llantos de aquellas afectadas mujeres que 
no alcanzaban a disimular mirando al suelo con su gafas negras y sus pañuelos en la nariz, consiguieron tal magia dramática en el acto que me puso la carne de gallina, me dejó el corazón encogido e incluso me arrancó alguna lágrima fugaz.

Cuando terminó la solemne ceremonia, bajo los arcos de piedra cubiertos de yedra de la entrada, las cuatro enlutadas mujeres esperaron 
a que yo saliera con la urna en las manos para darme el pésame.

os prometo que cuando salí de la iglesia me invadía la incómoda sensación de no saber lo que hacer con aquel objeto que el cura acababa de depositar en mis manos.

Fue entonces, cuando la mortecina luz de aquel pesado día borrascoso y de nubes de panzas negras iluminó con bellos tonos violáceos el marmóreo objeto y repentinamente tuve una inspiración, una especie de epifanía, como si el difunto me gritara desde dentro de su ataúd.


!Oscar hubiera deseado que repartiera sus cenizas por el angosto valle verde de california donde nació y pasó la infancia con sus padres!.

No debían venir juntas 
aquellas cuatro mujeres porque esperaban separadas prudencialmente. Me dirigí hacia una de ellas de cabellos rubios muy
elegantemente recogidos que vestía un corto traje negro de volantes cuya factura de alta costura no dejaba lugar a dudas y que se acompañaba de un pequeño tocado del que caía una pequeña pieza de gasa modo de velo que solo llegaba a cubrir sus ojos verdes y me dirigí a ella en voz baja mirando con disimulo su fino collar de perlas grises:

-¿Querrían Vds. acompañarme a lanzar las cenizas de Oscar cumpliendo así lo que creo que fue su último deseo?.  La agencia funeraria ha puesto a nuestra disposición una amplia limusina en la que cabemos los cinco.

- Disculpe que me presente caballero. Supongo que Vd. es el tio de Oscar. Soy Cayetana Alvarado Marquesa del Espinar y reciente esposa de su sobrino. Vengo de España y mas concretamente de Madrid y aunque todavía no había tenido la ocasión de conocerle a Vd., me tomo la libertad de aceptar su ofrecimiento, pero creo que tendría que preguntar también a las demás señoras, porque aunque ni siquiera nos conocemos están tan afectadas que pienso que sería lo pertinente.

Asentí a doña Cayetana y continuación, dejando las presentaciones para mas tarde, me dirigí a cada una de aquellas llorosas mujeres que una a una fueron aceptando mi invitación sin renuencias.

Cuando entramos todos en silencio en la Limusina, la marquesa y yo nos sentamos de espaldas al conductor encarando el amplio asiento trasero en el que se acomodaron las otras tres mujeres y a continuación, la negra limusina,
 conocedora de su trabajo y para no molestar el duelo, arrancó suavemente sin que apenas se escuchara el ronroneo de su motor

-Miren señoras, hagamos las presentaciones, Yo soy el tio de Oscar y esta señora a mi izquierda es la Marquesa del Espinar, la última esposa de mi sobrino.

Cuando dije eso, las tres mujeres que tenía delante dejaron de repente de llorar y pusieron tal cara de sorpresa que pensé que se habían convertido en tres enlutados Zombies.

-Aquí debe "habegr" un "egror"..., igual me he equivocado de "funegral"…Dijo, la señora sentada a la izquierda con un gracioso acento francés. Era una mujer morena de ojos grises que no llevaba velo ni joyas, tenía un rostro bellamente virginal y vestía el negro de forma casual con vaqueros ajustados y un elegante y costoso suéter de pico escotado. "Pegro…" la esposa de "Oscagr" soy yo. Yo soy "Magriana" . Soy "pintogra" en "Pagris" y desgraciadamente he tenido que" dejagr" a mis hijos con mi " madgre" para "podegr venigr" desde " Fgrancia"…

Mariana, se calló de repente cuando se giró y vio la palidez de la cara de las otras tres mujeres y cuando ya iba a continuar hablando, la voz aguda y desagradable de la mujer que estaba en el centro la interrumpió llena de ira echando chispas con sus feroces ojos azules.

Dirigí entonces mis ojos hacia ella. Como había podido observar cuando entraba en la limusina, aquella mujer tenía un cuerpo blando pero voluptuosamente sensual y lleno de curvilíneas redondeces y a sus gruesos labios rojos destacaban en su rostro blanco y pecoso, había que añadir a su retrato una inmensa melena pelirroja y rizada que se le escapaba por todos los lados de su ajustado velo dándole todo el aspecto de un fiero león enlutado .

-! Disculpen señores !, !Ya está bien de cachondeo!,¿hay una cámara oculta ? ¿Acaso nos están filmando para algún programa de bromas para la televisión? ! Y
y solo yo, Meggy, soy su única esposa! . Jamás he sabido que hubiera habido otras antes y mi marido Oscar y yo el mes que viene íbamos a celebrar los quince años desde que nos casamos en Nueva Orleans y nos hicimos además socios y   propietarios de nuestra sala de fiestas "Le Mua-Mua" .

tengo que deciros que por entonces a mi, la piel ya no me tocaba el cuerpo.
 Las palabras agarradas a un nudo de mi garganta se negaban a salir de mi boca y el chaqué de alquiler se me estaba poniendo perdido por los goterones de sudor nervioso que caían de mi frente.

Ya solo me faltaba conocer a la tercera mujer, la de la derecha de Meggy, pero desafortunadamente se había desmayado en su rincón durante la anterior escena y cuando me arrodillé para auxiliarla con la colaboración de las otras tres, me pude fijar en su aspecto. Llevaba, un traje de chaqueta burdeos muy oscuro con una blusa de seda blanca y pendientes y broche en plata muy discretos. Su cara no era muy bella, pero sus ojos ambarinos, su largo cuello, su castaño pelo a lo garçón y su cuerpo flexible y estilizado, la dotaban de la profesional elegancia característica de una mujer de negocios.

Cuando pasados unos instantes logramos que volviera en en si, la mujer balbuceó hipando entre lágrimas…Os diría que soy la única mujer Oscar, pero ya me he dado cuenta de que ese hijo de puta era un sociópata polígamo que nos ha estado engañado a las cuatro para vivir a nuestra costa porque yo, Susan, asesora de finanzas de la City londinense, multiplicaba en bolsa el dinero que sin yo saberlo os sacaba a las demás.

!Pare!..!Pare inmediatamente ! dijo con Cayetana con la voz enérgica del que está acostumbrado a mandar…

-¿Quien Yo? dijo el chófer…¿Aquí? ¿En lo más alto del Cañón de Colorado?

-Si, !Aquí precisamente!

Cuando la Limusina paró, Doña Cayetana me arrancó la urna de las manos, y salió del coche pidiendo a las demás que la siguieran. Alcanzaron con paso ceremonioso el borde de aquel precipicio que daba a un monstruoso barranco cortado cuyo invisible fondo se perdía en las entrañas de la tierra, y las cuatro juntas como una piña pusieron su mano en la urna y la lanzaron al abismo diciendo:


-!!Adiós Cabrón!!

-Pero…¿Que han hecho…? les dije yo que las había seguido unos pasos por detrás…

- No se preocupe Señor, dijo Cayetana con gesto duro en el rostro, solo hemos ayudado a Oscar …

- ¿ Ayudado a Oscar….a qué? pregunté yo dirigiéndome a Cayetana que llebvaba la voz cantante.

- !! Ayudado a Oscar a que llegue más pronto al infierno !!

Y dicho esto, subieron las cuatro a la Limusina que arrancó inmediatamente y se alejó perdiéndose en la polvareda del desierto dejándome allí 
solo con cara de gilipolla.

fin

jueves, 21 de septiembre de 2017

ALBERTA DE ROCAFRIA

Alberta nació soltera y si ahora me decís que todos nacemos solteros, es que no me habéis entendido, pero si como yo cuando la conocí, que andaría cerca ya de la cuarentena analizáis su biografía, no podríais llegar a otra conclusión de que nació para soltera y no solo por lo que la naturaleza le dotó en su ADN, que fue mucho y singular, sino porque las circunstancias y avatares de su pasada existencia siempre facilitaron su inclinación a la soltería y al celibato cumpliendo el dicho de que quien nace para martillo del cielo le caen los clavos.


Cuando nació, Alberta ya era una niña extraña. Su madre, una acomodada viuda que había aportado al tardío matrimonio con su padre dos hijos extremadamente hermosos pero enfermizos y débiles de carácter además de un enorme patrimonio accionarial y el Señorío de Rocafría, una imponente propiedad campestre con una formidable quinta solariega que había ido creciendo por el sencillo método de agregarle piezas siglo a siglo y en cuya soberbia escalera central la parió sola y sin ayuda cinco minutos después del primer dolor sin tiempo siquiera de llegar a sus habitaciones.

Cuando el chalado de su padre con su despreocupado despiste habitual volvió al anochecer de su cátedra de física teórica de la universidad, la encontró muerta en un charco de sangre que se coagulaba a goterones escalones abajo hasta el recibidor, mientras la comadrona, que había recibido el aviso, lavaba y aseaba la escuálida y angulosa criatura a la que bautizaron Alberta como su madre en honor a la desafortunada finada.

Al hombre se le cayó el mundo encima y no tanto por el dolor de la perdida , creo yo, como por lo que se le avecinaba. Para criar a tres huérfanos y administrar aquel patrimonio que había heredado, debería renunciar a sus investigaciones y bajar de su feliz mundo teórico y sincrónico de átomos, neutrones y campos gravitatorios, hasta el imperfecto nivel del suelo para llevar cuentas, hacer papillas y limpiar culos.

Librarse con urgencia de la pesada losa que le tenía abrumado no fue la única razón por la que en pocas semanas el padre de Alberta se casara con aquella comadrona que acabó criándola. El hombre era despistado y tal vez ingenuo, pero de tonto no tenía un pelo y aunque adoraba la física, también apreciaba el físico y resultó que aquella mujer además de trabajadora y hacendosa, añadía a sus meritos el ser hija del contable y administrador del municipio y ser la dueña de dos poderosas y hermosas tetas que le atrajeron como atraen los polos de un campo magnético.

Alberta, se fue desarrollando en aquella ilustre heredad a la vez que los bellos e inútiles de sus hermanos mayores y a una pareja de hermanos pequeños , chica y chico, que tuvo a bien parir la tetuda comadrona en los pocos ratos que le dejaban hacer algo a la pobre mujer.

Al principio, se atribuyó a lo traumático de su parto el hecho de que fuera una niña tan seria. Alberta nunca lloraba ni se quejaba y tampoco mostraba tristeza o enfado, pero inquietaba un poco al personal que tampoco manifestara alegría alguna.

El hecho cierto es que la niña Alberta jamás sonreía, nunca parecía desear nada y lo aguantaba todo con tanta paciencia estoicismo y obediencia que como decía su padre: Nadie en su familia había hecho tanto honor al apellido Rocafria y es que su seriedad, sentido de la colaboración y de hacer lo correcto la hacían parecer un adulto disfrazado de niño.

Como si aquella niña intuyera de algún modo que el hecho de ser la única que era verdaderamente hermana de sangre de todos, le diera una autoridad moral sobre el grupo, solo fue cuestión de tiempo el que Alberta de Rocafría se convirtiera en la mano derecha y el apoyo de su madrastra en la difícil tarea de poner orden y paliar el caos de sus alocados hermanos.

Alberta no era poco agraciada, pero cuando llegó a la adolescencia su belleza angulada y pálida que ahora recordaría a una modelo de pasarela, no era nada apreciada en una época de redondeces, mejillas sonrosadas, ojos azules y bocas diminutas. Tampoco le ayudaba demasiado al éxito social su rostro inexpresivo que no trasmitía emoción alguna, ni lo poco que le agradaba dejar sus estudios y tareas y arreglarse para mostrarse en público en fiestas y saraos.

Así que, amigos, el que Alberta fuera soltera, no tenía nada que ver con su estado civil real porque Alberta de Rocafría pasó por varios y tampoco tenía relación con el grado de integridad de su himen, cuya única rotura, solo hizo que confirmarle que además de una molestia, el sexo era prescindible y estaba sobrevalorado y cuando digo que Alberta era soltera, me refiero a un estado mental que era independiente de los acontecimientos externos. Alberta de Rocafría era soltera porque no necesitaba nada de nadie, siempre había sido autosuficiente en lo emocional y no precisaba alimentarse del cariño o el amor de quienes la rodeaban sino que como una monja misionera o santa, encontraba en el celibato la energía necesaria para desarrollar lo que ella consideraba su destino, que no era otro que cumplir siempre cualquier tarea con diligencia y eficacia.

Lo insólito del caso es que Alberta se casó. Bueno, se casó de mala gana por imperativo familiar porque era lo que sociedad de aquel momento esperaba de una hija de buena familia cuya esmerada educación siempre había sido encauzada al "matrimonio con patrimonio" que debía ser su mayor meta en la vida y la culminación de su éxito personal y, fuera de este guión, cualquier intento de independencia económica o emocional de una mujer, era considerado entonces como un desvío mental grave sospechoso de neurosis.

Dios, remedió rápida y expeditivamente el descuido que había tenido en el plan vital de aquella muchacha cuando se la casaron mientras él andaba ocupado intentando solucionar cierto problemilla de masacres y gases letales en la llamada primera guerra mundial, que por cierto, le había estallado involuntariamente en otro desafortunado descuido porque con la llegada del siglo XX, la humanidad estaba tan revuelta que él ya no llegaba a todo y en su divina sabiduría ya se estaba planteando coger algún ayudante, si no a jornada completa, por lo menos en horario de mañanas que era cuando más trabajo tenía.

Así que, Alberta de Rocafría, a las pocas semanas de su matrimonio volvió a su hogar en calidad de viuda a cumplir con sus rutinas y seguir con sus extravagantes estudios de Derecho y Ciencias Económicas porque el primer obús que se disparó en el frente Turco de Gallipoli, fue a dar en la cabeza de su pobre marido, un joven y rico heredero cuyas posesiones lindaban con las de su familia y al que poco le faltó para que se fuera virgen al cielo.

Cuando al poco tiempo la tuberculosis hizo mella en el trabajado cuerpo de la madastra-comadrona y el Alzheimer se apoderó de la trabajada mente del físico, todo aquel caos de mansión le cayó a Alberta encima haciendo que en su interior aflorara la sagrada llamada al deber que debe atender todo héroe que se precie.

Había que verla como se transformó en una especie de madre superiora mística trabajando sin descanso con lógica, orden y eficiencia y sin una sola queja, pero sin una sola sonrisa, hasta que todo marchó como un reloj suizo.

Alberta de Rocafría hizo prosperar los negocios y con los réditos de su reverdecido patrimonio, casó bien a sus dos guapos e inútiles hermanos mayores, cuidó con esmero a los ancianos enfermos hasta que los llamó Dios a su seno, consiguió que los mas pequeños estudiaran buenas carreras con brillantes calificaciones, ah..y todo ello, sin dejar su formación en la que alcanzó un brillante doctorado.

Cuando Alberta de Rocafría consiguió por fin quedarse sola , sintió que su deber se había cumplido, cerro la mansión a cal y canto, y como una mariposa emprendió un aventurado vuelo a la búsqueda de tareas y deberes mayores.

Tal vez penséis amigos que la historia de Alberta carece de interés para vosotros o no os afecta, pero os equivocáis, porque quiso el azar que Alberta hallara su nueva misión en política y que tras divorciar de su nombre su aparatoso título nobiliario, su constancia y bienhacer en el partido, llevara en pocos años a la de Rocafría a ser la primera mujer Fiscal General de la Nación cuando por fin ganaron las elecciones.

Con Alberta, la delincuencia jamás sufrió un azote tan terrible del orden y la ley , las calles se hicieron seguras, las cárceles se llenaron de chorizos y corruptos y los negocios prosperaron libres de mafias y coacciones.

- ¿ Y en que nos atañe esto nosotros…? ¿ A qué viene esta historia..?

Pues muy sencillo amigos…!Ya os podéis echar a temblar! Su popularidad se hizo tan grande que ahora esa intimidante mujer, es nuestra flamante ministra de hacienda y tributos…



!! Y esa gran hija de puta nos está matando a impuestos !!.

viernes, 15 de septiembre de 2017

SAHARA


Cuando apareció en la fría noche del desierto la Luna llena iluminaba fantasmalmente las sensuales sinuosidades de las dunas . Yo estaba tumbado en la fresca arena y aquella fascinante visión se me antojó como la más bella imagen que jamás había visto y estoy seguro, que nunca volveré a ver. Aun hoy, aquel recuerdo es lo único que deseo guardar en mi memoria de todo aquello.

Era una figura de mujer luminosa y blanca casi espectral contra el paisaje plateado. Una amplia chilaba de seda blanca la cubría por completo y ondulaba con la brisa nocturna. Me sentí como un humilde pastor al que se le aparece a medianoche la virgen María en medio de un páramo oscuro y mientras caminaba pausada hacia mí , fui quedando fascinado por aquellos ojos de gacela que reflejando las claras arenas brillaban fulgurantes como dos pequeñas estrellas en el oscuro óvalo que enmarcaba su capucha.




Cuando llegaba ya hasta a mí y sin dejar de caminar dejó caer abandonada la prenda que la cubría que fue lentamente resbalando por su cuerpo acariciando su belleza mientras se deslizaba. Luego, mirándome desafiante a los ojos, Fátima me mostró sin pudor alguno la desnudez de su cuerpo canela. En mi vida había visto hermosura igual porque de Fátima por entonces solo conocía su rostro. La Luna, cómplice, iluminó entonces las hermosas curvas de sus pechos, de sus hombros, de sus caderas y de sus muslos con una suavidad que hacía sentir envida a las dunas que, eclipsadas, parecían apagarse a su alrededor.

Sobre aquel manto de seda blanca hicimos el más dulce y tierno amor sin decir una sola palabra mientras nuestras lenguas enroscadas como dos serpientes amenazaban con anudarse para los eternos saboreando el néctar de nuestras salivas. Luego, despacio y durante horas fuimos rodando hacia abajo por la interminable y suave pendiente dunar, incapaces de deshacer el velcro en que se habían convertido nuestras zonas más oscuras y rizadas que nos mantuvo fundidos como un solo cuerpo hasta que el frío del desierto y el terror por lo que habíamos hecho, nos hizo cubrirnos y permanecer abrazados en silencio avergonzados como Adán y Eva después de comer la manzana.

 El alba, nos sorprendió ya en nuestro sigiloso regreso a la "Jaima" con la esperanza de que Jalila no se hubiera despertado.

En todo el desierto del Sahara donde llegué enviado English  Journal of Geography and Nature para una larga estancia, solo Alí "El camellero", fue la única persona que logré que me ofreciera hospitalidad en su semienterrada y sucia "Jaima" que al abrigo de la gran duna que la protegía de las temibles tormentas de arena del Sirocco, se asentaba en el mismísimo ombligo del desierto a cien kilómetros del oasis mas próximo.

¿ Gratis …? !No!,! Que va…! ! El precio era obscenamente oneroso !. Solo la codicia avarienta de aquel desconfiado moro, que se creía devoto de Alá pero que no tenía mas dios que el oro, podía vencer su paranoico recelo para poder permitir vivir a otro hombre en su tienda junto a sus dos esclavizadas esposas Jalila y Fátima, sus esqueléticas cabras y la media docena de abúlicos camellos que eran su sustento junto a cierto escondido pozo de agua sucia con la que comerciaba inhumanamente aprovechándose de la necesidad ajena.

 Aquel bereber era un cabrón y no me refiero a un ovino macho y grande o alguien a quien su mujer adorna su cabeza con dos cornalones de toro manso y os diré, que con lo grande que es el mundo, en medio de la nada en ese puto desierto, fui a conocer a dos cabrones que coincidieron sus destinos sobre sus doradas arenas.

El primero de los dos naturalmente era Alí que era un autentico cabrón, es decir una subespecie de los hijos de puta pero más ladino y con mas mala leche con la eximente que le daba la adaptación a la supervivencia en aquel infierno de arena y roca donde los buenos y confiados no llegan a la mayoría de edad.

Pero… Alí, no era el más cabrón en aquel desierto. El segundo era verdaderamente entre aquellas dunas , el mayor cabrón que llegué a conocer, porque antes jamás lo había visto y no tenía eximente, ni justificación, ni perdón. Ese gran cabronazo….!Era yo!

La verdad es que cuando me encargaron el reportaje fotográfico sobre la huidiza y esquiva víbora cornuda del desierto, de cuya mortal picadura supo bien Cleopatra, jamás pensé que ese Sahara pudiera cambiar tanto a alguien.

¿Qué me pasó…? ! No lo sé!. Pensaba que era la fuerza telúrica de aquel lugar que se había ido apoderando contra mi voluntad de mi ser para sacar lo peor de mi mismo, porque estoy seguro de que no fueron las duras condiciones, ni la comida escasa y especiada, ni la leche de camello, ni la escasez de agua, ni la falta de sueño que acompañaba a la espera frente a un cebo de ratón de aquella serpiente de hábitos nocturnos, mi profesión de fotógrafo naturalista me había llevado antes a soportar condiciones límite incluso más extremas sin alterar mi mente ni un ápice, pero allí, sorprendentemente en medio de aquellas románticas soledades, brotó de mi algo maligno, que ahora después de lo ocurrido pienso, aunque nunca sabré cual de las dos, que alguna de aquellas dos mujeres me suministraba algún bebedizo de Mandrágora o Hachís en la comida para enloquecerme, porque cualquiera las dos tenían razones para ello.

La cuestión era que Fátima, una hermosa muchacha bereber apenas salida de la adolescencia estaba desesperada por escapar de aquella " Jaima ". Fátima, no se había podido adaptar al brutal abuso que Alí hacía de su cuerpo, ni a ser tratada con como una criada por su primera esposa Jalila
Pero… no solo Fátima pudo ver en mí una tabla de salvación. Jalila , la primera esposa de Alí y veinte años mayor que Fátima, era una tuareg tatuada, violenta y menos agraciada y  resultó que Jalila, muerta de celos, estaba desesperada por perder de vista a aquella joven rival y en su resentimiento  también pudo ver en mí el instrumento que necesitaba para sus intereses.

Cuando Alí tranquilo a pesar de mi presencia en su Jaima viajó durante algunas semanas hasta el valle de Bilma con la caravana anual de la sal pensando que sus enfrentadas esposas se vigilarían la una a la otra, fue cuando me fui enamorando de Fátima.

Durante las largas y calurosas tardes que pasábamos a solas bebiendo te con hierbabuena entre cojines y alfombras con la intencionada anuencia de Jalila que deliberadamente desaparecía fingiendo otras tareas, Fátima, con sus miradas insinuantes, sus risas coquetas y sus mil atenciones, logró que me olvidara de que era la mujer del prójimo que me acogía y de que yo era un hombre casado con hijos y responsabilidades, para pasar a ser el objeto de mi obsesivo deseo y la dueña absoluta de mis pensamientos.

Al fin, una noche tiempo después de nuestro primer encuentro nocturno en las dunas, Fátima acudió de nuevo a mi puesto de observación y en su macarrónico francés me dijo:

-Tenemos que huir amor, Jalila hablará, Alí está al caer, nos matará a los dos y nadie encontrará nuestros cuerpos.  !Rápido, coge tus cosas y ven!.

Fátima me esperó en un roquedo cercano con los dos viejos camellos que se habían quedado con las cabras cargados con agua y provisiones. Cuando llegué a su encuentro, me ordenó levantar un pedrusco que daba a la oquedad donde Alí guardaba todo el dinero y oro que tenía y me exhortó a cogerlo todo.

Mientras yo lo hacía sin presentar oposición alguna no me reconocía a mi mismo porque os diré, que no sentí el menor escrúpulo ni remordimiento en convertirme en ladrón por primera vez en mi vida y cargué todo aquello, lo repartí entre los dos camellos  y antes de perdernos en las tinieblas de la noche sin luna, tal vez para acallar mi conciencia, dije en voz alta:

-! Vámonos! ,!! El que roba a un cabrón tiene cien años de perdón !!

Curiosamente, después de convertir a un cabrón en cabrón robándole la mujer, no me sentía mal dejado en la más absoluta miseria a quién no me había hecho nada mas que darme su hospitalidad.

Llegamos medio muertos al cabo de una semana al puerto de Tripoli. Fátima permanecía en pié vigilante guardando nuestro tesoro y nuestras pertenencia mientras yo en una ventanilla, sin pensar siquiera los problemas que inevitablemente nos esperaban en Europa, luchaba con el idioma para obtener los pasajes del barco que nos iba a llevar hasta allí.

Cuando al fin me di la vuelta con una sonrisa triunfal agitando brazo en alto los dos pasajes, la sonrisa se me heló en los labios. Donde debía estar Fátima, no había nadie…!nadie…!!ni nada…!.

En ese momento como si despertara de un sueño o saliera de un trance, todas las maldades que había cometido en aquel maldito desierto, se me vinieron encima dejándome abatido. 

Como pude, esbocé una amarga sonrisa y en voz baja dije:

-!Vuela paloma del desierto…!.!Vuela libre…!. Al fin y al cabo… " El que roba a un cabrón tiene cien años de perdón…"

FIN.


viernes, 11 de agosto de 2017

EL MISTERO DE LA CASA VERDE (2017)

¿Sabes?, nadie sabe de verdad lo que pasó en la "Casa Verde". Ahora, venimos en las soleadas mañanas del invierno levantino a la Albufera a pintarla o tomar algunas fotos, ignorando su leyenda que ya se ha diluido entre las brumas del olvido.
Creo que solo yo, bien entrado el siglo XXI, conozco el misterio de la tragedia que encierran sus muros abandonados. De aquello, apenas queda algún recuerdo entre los viejos del pueblo que logró pervivir del manto de tierra que se echó sobre aquél asunto.¿Qué como lo sé? , la historia me la contó mi abuelo Visent muchos años después, cuando la parca le iba rondando. El yayo Visent estaba muy agradecido a Las Francesas y siempre mantuvo silencio de lo que sabía.

Nadie sabe, ni siquiera él al principio, como llegaron aquellas dos mujeres a la "Casa Verde". Una perdida construcción en medio de los arrozales, al borde de uno de los cientos de canales que desde el gran lago, apenas separado del mar por una estrecha manga de pinares y un par de compuertas, surcaba a lo largo una legua hasta el pueblo al otro lado que lado de las marismas.

Corrían los años cuarenta del siglo pasado, Europa estaba en guerra asolada el Nacísmo y la España de Franco destrozada tras la contienda civil. El pueblo, tras las dolorosas purgas políticas, estaba bajo el yugo del fascismo victorioso y la iglesia intransigente, dominado por el revanchismo y la beatería.

Cuando alguien preguntaba, Margot y Corinne decían que eran hermanas y habían venido huyendo de la guerra a aquella casa que habían heredado. Pero mi abuelo siempre supo la verdad ; Eran amantes , y comunistas, y habían salido por pies de la Francia catalana cuando la Gestapo ya les pisaba los talones. Tomaron a mi abuelo para trabajar los arrozales cuando, sospechoso de desafección al régimen, nadie le daba trabajo.

Con el tiempo, el dinero que habían traído se acabó y los arrozales no daban para vivir, así que se hicieron putas. ¿Putas? ¿Cómo que se hicieron putas?. Si, se hicieron putas y la "Casa Verde" se convirtió en el burdel más insólito que uno pueda imaginar y allí en medio de la nada, aislado y rodeado de agua y brumas, montaron un lupanar de solo dos putas al que solo se podía acceder con las barcas o por una minúscula senda por la que apenas cabía un asno.

¿Éxito? El éxito fue total. ! Imagínate! , Dos francesas de buen ver, con la coquetería gala y la sabiduría sexual desinhibida del país del amor, en medio de una sociedad pacata y reprimida.

Pronto comenzaron a llegar de todos los lugares del lago, los hombres perchando sus negras barcas que dejaban amarradas a los postes clavados junto a la orilla. y aveces incluso, los hombres tenían que aguardar su turno haciendo cola pacientemente sentados en sus barcas, fumado y bebiendo de la bota y escuchando la música de acordeón que salía del interior, mientras les llegaba el momento de hacer lo que jamás hubieran soñado hacer con sus mujeres.

Aquel trajín no tenía descanso: Pescadores del Palmar, arroceros de Sueca, labradores del Perelló , cazadores de Valencia que con la excusa de tirar algunos tiros a los patos se allegaban los domingos al lugar, Incluso algún gerifalte capitalino, deseoso de probar aquellas delicias prohibidas de la Galia, que atraídos por el "boca a boca", acudía de incógnito al atardecer.

Aquellos pequeños cuerpos franceses, no conocían el descanso. Mientras, mi abuelo se preguntaba de que material tendrían hechas su partes intimas para aguantar lo que aguantaban, siempre sonriendo sin perder un ápice de su simpatía y haciendo felices a aquellos desgraciados ,ellas gozaban de ver la alegría que proporcionaban a aquellos ignorantes en sus miserables vidas.

¿Qué como acabó aquello? ! pues mal !. !Rematadamente mal!. El escándalo se destapó; Lesbianas, comunistas y putas, ! Aquello no podía acabar bien!. No se descubrió por boca de los clientes, que mantenían la cosa en el secreto más absoluto como la "Ley de Omertá" de la Mafía ,pero, tras un par de años, en los que todo funcionó como la seda, fueron las mujeres las que acabaron con. aquello.

Resulta que los hombres pagaban muchas veces a las francesas en especie con el pescado, el arroz o las hortalizas que cultivaban o los patos y fochas que cazaban y que Margot, antes del amanecer, primero en barca y luego en tartana, se encargaba de llevar a vender a los mayoristas del mercado de Ruzafa y las mujeres del pueblo que habían notado que llegaba menos dinero y pescado a sus casas fueron las que, junto al intolerante párroco del lugar, destaparon el pastel.

Sus cuerpos no se encontraron jamás, probablemente yazcan enterrados en el fondo del lago bajo un metro de tarquín negro, lo que dio pie a decir oficialmente a las autoridades que habían vuelto a su país. Pero mi abuelo cuando entró esa mañana en la "Casa Verde", la encontró revuelta, aun vio sangre en las arrugadas sabanas, señales de antorchas apagadas y alguna que otra pintada de símbolos fascistas en los muros del patio.

En aquella época cruel, la gente no se andaba con chiquitas.

Nadie ha vuelto a habitar la casa verde. La maldición cayó sobre ella. Los hombres tristes y resignados procuraban volver al pueblo con la luz del día porque al anochecer, decían a veces haber oído voces en francés, melodías de acordeón, un hilo de humo de la chimenea o incluso alguna luz rojiza, incluso alguien había oído ladrar alguna vez a aquel pequeño perro ratonero que les avisaba cada vez que llegaba una barca y que encontraron colgado de una higuera el día de la tragedia.

Si Amigo, así era aquella España; cruel, pacata e ignorante. Han pasado ya 70 años, pero incluso ahora, cuando todos vienen a disfrutar de la belleza de estas soledades y paso cerca de la casa verde un terrible escalofrío aun recorre mis entrañas

fin

jueves, 27 de julio de 2017

FRANCESITAS ROSA PALO


Cuando me fijé en aquella muchacha era aun temprano. Había salido a pasear dentro de mi rutina, a pesar de que el día algo brumoso no invitaba a ello.

Había caminado ya mi hora y cuarto de rigor y estaba sentado bajo de un sauce descansando en un banco de madera y fumando con parsimonia un cigarrillo negro con la mente vacía y un aburrimiento mortal que auguraba un día largo y tedioso como lo fue ayer, como seguramente lo será mañana y probablemente, lo serán todos los días venideros hasta que mi endurecido cerebro se adapte a la jubilación.
      
La muchacha hacía rato que debía estar allí, pero hasta ese momento no había reparado yo en ella. Su expresión y la proporcionada belleza de su cuerpo juvenil Inmóvil, que apoyaba negligentemente en un poste componiendo un gracioso arco, había llamado mi dispersa atención. Con su mochila en los pies, la chica daba la sensación de estar en tránsito de un lugar otro, y su pose hacía que su ropa dibujara delicados pliegues en su cintura, cuya textura suave, delataba la dulzura con que se adaptan al cuerpo las prendas de algodón fino.

Sin embargo, a pesar de lo sencillo de su atuendo, aquella muchacha emanaba una elegancia especial, innata y misteriosa, cargada de indiferencia. Los tonos grisáceos y discretos de su silueta, casi se confundían con los pizarrosos arbustos del fondo de la carretera sobre los que conseguía destacar una graciosa melenita que a ratos se agitaba con alguna ráfaga de brisa.

En sus pequeños pies que había colocado con la gracia de una bailarina de ballet, unas caras  francesitas de color rosa palo daban la única nota de viveza a su melancólica presencia.

 ¿ De qué lugar habrá salido aquella mujer..?. ¿ De qué lecho aun caliente habría desertado …?.¿ Qué estaría esperando…? ¿ Tal vez había llamado a alguien para que la recogiera…? ¿ Tal vez aguardaba que pasara algún bus de los que de forma totalmente anárquica circulaban por aquella lejana y perdida urbanización …? o quizás se había detenido cansada de deambular sin rumbo.

No sé…,¿Sabéis..?  pero con los minutos…, lo que al principio fue solo curiosidad, se fue convirtiendo en mi ocioso cerebro en fabulación. La joven, parecía tener por delante todo el tiempo del mundo y tal vez por su actitud de cierto abandono, me dio la sensación de que había dejado algo definitivamente atrás…, acaso un amor agotado…,quizás una relación asfixiante y violenta, a lo mejor una esperanza lentamente consumida… o tal vez una ilusión cruelmente desmoronada …¿ Quién sabe…?.

De lo que si fui consciente mientras la contemplaba, fue que la palabra rendición acudía una y otra vez a mi mente que maquinaba inquieta intentando desvelar su secreto mientras que en mi interior, iba creciendo una certeza : Fuera lo que fuera, un dolor en su corazón la tenía abatida y aunque solo podía verla por detrás, no pude evitar imaginarme sus ojos con un llanto silencioso y sordo cuyas lágrimas flojas le recorrerían lentamente su rostro para caer blandamente sobre su pecho.

Cualquiera pensaría que soy un hombre melancólico y solitario y tendría razón si me conociera en estos momentos, porque en realidad ahora me siento así. Pero no sufro. Simplemente lo soporto con resignación. Se que pasará... La experiencia me ha enseñado que la vida tiene diversas etapas en las que tu personalidad y tu afán de ser feliz se acaban imponiendo, pero el paso de una fase a otra..., es muchas veces tan traumático y doloroso como la metamorfosis de una mariposa.

Uno no puede adaptarse y afrontar  lo nuevo sin hacer un duelo en su corazón y cerrar las heridas del final de su etapa anterior y precisamente es, en estos momentos de turbulento cambio, os digo…,cuando tu única guía es la esperanza y la seguridad de que, aunque no sepas como, algún día pasaran los nubarrones y volverá, aunque de otra forma, un cielo claro y un sol brillante.Tal vez fue por esto, el que por un momento lleno de empatía, pensé que tal vez mi experiencia y un consejo de persona madura podría aliviar a aquella muchacha un poco.

Os juro que no sé como lo hice, no sé aun de donde mi alma sacó fuerzas porque jamás he sido de impulsos, pero me encontré de pie acercándome a la muchacha unos pasos por detrás y diciendole con voz la voz mas educada que pude :

-Señorita..., ¿Le puedo ayudar en algo…?

No se movió. Solo giró la cabeza lo justo para mirarme. Un segundo antes de que me hablara desde su aniñada boca, pude ver que en sus ojos no habían lagrimas, solo ví en ellos la rutina y la abúlia que reflejaban sus parpados lánguidos y a medio cerrar sobre sus ojos verdosos.

-! Déjese de ceremonias caballero…!, Son cuarenta euros el servicio completo y veinte solo es chupar….

! Me quedé helado!. Os juro que si me hubieran pinchado en ese momento no hubiera salido ni una gota de sangre de mi cuerpo... No contesté nada…, ni una disculpa…, ni siquiera una palabra pudo salir de mi boca que se había quedado abierta de sorpresa en medio de mi mortal palidez…

Me di la vuelta si.., y como un cobarde, salí huyendo cuesta abajo con paso tembloroso mientras mi cara ardía de vergüenza y enrojecía como un tomate maduro…! Jamás en mi vida había pedido precio a una mujer!.

Pero lo peor…, ! Lo peor estaba por llegar..!: primero fue solo una sospecha pero..., poco a poco desde mi interior, se fue abriendo paso una terrible sensación de desfase …Si,si.., la incómoda impresión de que la corriente del río te ha apartado ya a una poza tranquila detrás de una piedra…!

!! Que viejo debería estar ya si no sabía ni distinguir las putas de las normales…!!

Me senté en un escalón a la puerta de mi casa y traté de serenarme y aplicar mi propio cuento...Ahora…, me quedaba un nuevo duelo si...

!!Digerir que los tiempos me habían dejado atrás!!

viernes, 21 de julio de 2017

BARROTES

Cuando me llamó, lo invité porque me daba pena, pero nada mas verlo en el umbral de mi puerta, una corriente de cariño surgió de mis entrañas y con lagrimas en los ojos, le di un abrazo.

La verdad es que hacía tiempo que me había jubilado y cuando lo estreché entre mis brazos fui consciente de que en los últimos años, la soledad , el aburrimiento y mi creciente tendencia a la evitación de todo lo que me incomoda, habían anestesiado mis sentimientos, cubierto de polvo las neuronas de mi memoria y sentía que vivir era más de lo mismo. Incluso creo, que la pereza que me daba esperar un día tras otro mi final natural , comenzaba a proponerme abreviar un poco la cosa... 





En realidad no me sentía culpable por ello, soy médico..bueno era..porque aunque tengo la titulación ya no ejerzo. Creo que un médico solamente es médico cuando tiene un paciente delante y me siento tan vacío como mi título que cuelga inútil en mi despacho. Pero no os puedo negar que cuando luego Luis abrazándome como a un padre, me llamó Doctor…mi Doctorcito… me llene de luz por dentro y por un momento, sentí que dejaba de ser nadie, para nadie y más para mi mismo.

Le hice pasar, lo senté en mi sillón en el comedor y le pedí que esperara mientras preparaba un café e iba a buscar la botella de coñac y un par de copas, pero cuando volví de la cocina, el sillón estaba vacío y un cigarrillo negro humeaba triste en el cenicero de metal.

Me quedé despagado, pensé por un instante que se había ido…, que mi decrepitud lo había espantado y allí de pie, en el comedor con la bandeja en la mano me, quedé abatido mirando como el humo del cigarrillo ascendía azulado y sinuoso.

Pero cuando el sonido de una respiración me hizo volver la mirada hacia la alta ventana enrejada de mi comedor, lo vi... Luis se había encaramado al amplio alfeizar formado por el grosor de los antiguos muros y como un simio estaba agarrado a los barrotes plegando su joven cuerpo contra ellos. La verticalidad de aquellos hierros y la luz radiante de la mañana lo habían atraído irremisiblemente como una polilla a la luz y ahora ensimismado, miraba hacia al callejón.

No quise molestarle. Tampoco le pregunté qué estaba haciendo porque lo entendía. Simplemente me senté en silencio en una banqueta a esperar sus palabras contemplando el bello contraluz que su figura oscura con el rostro iluminado, había recortado contra el cuadrado dorado de la ventana.

-Doctor…¿sabe..? la echo de menos como cuando allí encerrado lo echaba de menos a Vd.. Vd..era allí mi único amigo, y si en algún momento deseé la libertad era solo porque sabía que Vd. estaba fuera. Pero ahora…, ahora que soy libre…, la echo de menos…

Recordé como ese hombre de treintaicinco años que aparentaba cuarenta por el trato carcelario, había aparecido un día con sus veinte años en busca de amparo por la puerta de la enfermería de la cárcel donde yo ejercía.

Luis era hermoso y joven y eso era nefasto tras aquellos muros de la prisión en los que la ausencia de mujeres hacía que los hombres más salvajes y peligrosos se convirtieran en fieros depredadores que se disputaban la piel fresca.

No me tuvo que decir que no era como los demás, yo ya era por entonces un gato viejo que solo con oírlos respirar, incluso sin mi fonendoscopio, ya sabía quién era culpable y quién estaba allí adentro por estar en el lugar y el momento equivocado.

!Quince años! !Quince! les cayeron a los cuatro de la panda. Jamás pensó Luis cuando entraron a gamberrear y llevarse unas latas de cerveza en el bazar chino de su barrio marginal donde los taxistas se negaban a entrar, que aquel amigo loco llevaba un arma escondida y le iba a dar "matarile" al dependiente en cuanto se puso a gritar como un conejo.

Para Luis, mi enfermería, se convirtió entonces en una prisión dentro de la prisión y para mí, Luis, en un entretenimiento para las muchas horas que allí pasaba.

Al principio, solo se limitaba a limpiar y ordenar la enfermería, luego, el muchacho me ayudaba en las curas y a atender a los ingresados. Las horas que no se pasaba sentado viéndome escribir y consultar mis libros, las pasaba agarrado a los barrotes con el cuerpo pegado a la reja hasta que se le marcaba, para poder recibir los escasos rayos de sol que solo con el mediodía entraban verticalmente y por un par de horas por el deslunado.

Se me cayó el alma a los pies cuando un día algunos meses después de su llegada me preguntó si era difícil leer y escribir. ¿Cómo no me había dado cuenta? ¿Qué poca atención le había prestado a aquel buen chico pensando que solo con acogerle ya había hecho bastante?

Os ahorraré detalles, pero no puedo negar que lo que a continuación sucedió cambió tanto mi triste y monótona vida de viudo sin hijos, que logró hacer que me levantara con ilusión cada día y fuera con alegría a mi oscura pero necesaria labor, porque cuando le enseñé a Luis leer y a escribir, me sucedió como al agricultor que de casualidad le cayó la mejor semilla en la tierra mas fértil en la más lluviosa y soleada primavera y sin apenas esfuerzo, vio brotar la planta más frondosa y fuerte que le dio los frutos más dulces.

Pocos meses después, era yo el que observaba a Luis como en los ratos libres se concentraba completamente en los libros. Primero fueron los de literatura clásica y de aventuras de la biblioteca de la prisión, luego mis propios libros de filosofía y biología y en los últimos años, complejos ensayos que a petición suya le traía bajo mano de la biblioteca nacional. Su sed de conocimiento era insaciable y su aplicación inagotable, pero no solo entraba saber en su cabeza, sino que también salía.,Luis hacía trabajos, resúmenes, extraía conclusiones , se formaba opiniones propias e incluso cursó derecho por correspondencia para poder ayudar a otros presos con sus conocimientos con lo que se ganó su respeto e inmunidad.

-Doctor.. Me dijo Luis sacándome de mis recuerdos cuando bajó de la ventana ¿Sabe..? No entiendo porqué a veces aun la echo de menos…

- Mira Luis…, la naturaleza humana es tal que solo nos damos cuenta de las cosas buenas cuando las perdemos. Somos tan gilipollas que no solemos ser conscientes de cuando somos felices y malbaratamos los mejores instantes como si fueran fáciles de conseguir. Tu y yo hemos pasado buenos momentos allí, en nuestra enfermería, en compañía de nuestros barrotes, sabiendo quien éramos, que hacíamos y a quien importábamos y con nuestra separación, pasamos a depender de los demás a los que interesamos un carajo.

- Bueno Doctor…Al venir a buscarlo hoy no quería importunarle, solo quería contarle que cuando Vd. se fue, me dediqué a estudiar por correspondencia las asignaturas teóricas de medicina con los libros que Vd. dejó y ahora que soy libre solo me quedan dos años de prácticas para ser médico.

La verdad es que no me sorprendió. Nunca me dijo nada, pero. en los últimos tiempos en que estuvimos juntos observé que con aparente indiferencia pero mirando de reojo, no se perdía detalle de ninguna consulta, operación, ni movimiento mío alguno.

-¿Podrías quedarte conmigo mientras acabas la carrera?, me sobra sitio, me falta compañía, no sé en qué gastar mi pensión y aquí con estos barrotes de mi casa, aún nos quedan algunos buenos momentos que pasar juntos...

-Gracias Doctor. La verdad es que sé que decirle…, no era esa mi intención cuando lo llamé… Yo no venía a eso…

-Tranquilo… ,ya lo sé Luis. Solo es que me gustaría disfrutar de ver como inicias la nueva vida que te espera a partir de ahora que tu titulación y tu inteligencia lograran borrar tu pasado. Ahora podrás ser alguien en quien jamás habías podido ni soñar….podrás llegar a ser un afamado neurocirujano o cardiólogo, ganar mucho dinero y disfrutar del lujo y una bella esposa que te dé tres o cuatro hijos como te mereces.

- Mire Doctor…Siento decepcionarle, pero a mí no me interesa nada de eso..

- ¿ No…?¿Y qué te interesa Luis…?

Luis esbozó una serena sonrisa llena de afecto y me respondió haciendo que mi alma se agarrara otra vez a la vida como si estuviera cosida a ella, para no soltarse jamás por su voluntad…

-!Doctor…,!!Solo me interesa llegar a ser tan buen médico de las prisiones como Vd. lo fue!.

fin

viernes, 14 de julio de 2017

LA FLOR SIN PERFUME (2017)


Una hora, una amarga e interminable hora fue lo que necesitaron los oscuros ojos de Rocío para llenarse de sus lagrimas que brotaron en silencio sin permiso y fueron resbalando por sus mejillas hasta que  su boca comenzó a percibir su salado sabor.

Hace algún tiempo que había notado que algo se enfriaba entre ellas y había citado a Lola en el parque, en el mismo banco en el que tantos momentos felices habían pasado, para intentar revivir su relación.

Rocío llegó diez minutos antes de la hora. Estaba preocupada. 

La imponente hermosura de los cedros, el olor a tierra húmeda, el verdor de los setos de romero y la belleza de las flores de invierno, no habían logrado penetrar en sus sentidos para relajarla como siempre lo hacían. 

Cabilaba ensimismada pensando lo que le iba a decir… como tenía que mirarla… qué momentos debía de recordarle para conmoverla… o que ocurrencia contar para oír de nuevo su risa musical.

Rocío no comenzó a impacientarse hasta que pasó un cuarto de hora. Al fin y al cabo, Lola nunca fue puntual como ella. Sacó el móvil del bolso y lo consultó impaciente en busca de algún mensaje…!Nada! ! Nada de nada!. Luego se irguió alejando su espalda de los listones del respaldo para avistar mejor el paseo ajardinado que llevaba hasta la entrada del parque y cruzó piernas balanceando rítmicamente con impaciencia el pie mientras nerviosamente encendía  un cigarrillo y exhalaba con fuerza el humo lejos de su cara.

Sin darse cuenta, su cabeza volvía al pasado. ¿ Porqué Dios la había hecho así? ¿Para qué sirve la inteligencia de una mujer si no se acompaña de algo más?  !No es preciso ser atractiva..!,! El mundo está lleno de mujeres feas y felices!. ! Además, ella no era fea! ! Simplemente era invisible!. Bueno…, ella había sido invisible hasta que Lola se cruzó en su camino. Después, ya no le importaron los cientos de chicos que la miraron sin verla mientras ella suspiraba, ni la mirada neutra de las clientas cuando las atendía en su tienda, ni la compasión que levantaba en sus pocas amigas cuando la veían triste. Con Lola, Rocío había dejado de ser "Una flor sin Perfume".

Todo había sido natural, espontaneo, el amor brotó entre ellas con la sencillez con la que sale el sol  o cae la lluvia; Dos amigas sentadas al borde de una cama comparten sus penas. Lola llora amargamente un desengaño en el regazo de Rocío mientras ella la abraza y besa sus rubios cabellos, Rocío la consuela sin haber sabido aun lo que es un desengaño. Besos en aquellos ojos húmedos… mejillas acariciando mejillas… labios que se rozan en las comisuras… manos que caen blandamente y acarician la lana suave que cubre unos pechos…todo lento…armonioso…hasta el éxtasis final, tras el que las dos comprenden que se ha abierto en sus vidas un camino de esperanza.

A los treinta minutos, saltó el buzón de voz cuando finalizaron los tonos. Rocío, desesperada ya,  había llamado a Lola saltándose su costumbre de no importunar…!Lola no contestaba..!

Durante el cuarto de hora siguiente, la desesperación se fue convirtiendo en angustia.¿Cómo no había estado atenta a las señales?, ¿Es que el amor la había vuelto imbécil?, ¿Cómo no advirtió como miraba Rocía a aquel muchacho solitario de ojos verdes en la terraza que frecuentaban ?. Los reproches que se hacía así misma iban cayendo en cascada…

Si, ya había pasado una hora, Rocío fue consciente que todo había terminado. Miró por última vez la entrada del parque. Se levantó, y con gesto abatido enfiló en dirección opuesta. No le quedaban fuerzas ya, conocía de sobra el sentimiento de derrota. Ella sabía bien ser una flor sin perfume… y ahora, !Ahora también sabía lo que era un desengaño….!