jueves, 25 de febrero de 2016

LOS PANTANOS

Hacia tanto calor que las ranas sudaban o por lo menos eso parecía. Apenas podía respirar, y el cadáver de Manolo, me miraba…. !Si! ,me estaba mirando bajo el agua con el rostro hinchado y amoratado y los ojos abiertos como platos. !Todo era vapor!. La marisma parecía una inmensa sauna, un pestilente baño turco donde la luz del Sol difuminada por los gases daba a todo un aspecto lechoso e irreal y los altos juncos y los plumeros de los carrizos habían perdido sus verdes, para convertirse en masas grises y desmochadas… 



Su cuerpo fofo y pálido, vestido apenas con unos calzones azules viejos y deshilachados destacaba impúdicamente sobre el tarquín negro y orgánico del fondo que tenía el pantano en aquel perdido y somero rincón del extremo sur, donde ir a remo era obligado porque la ´pértiga se clavaba medio metro en el fango haciendo inútil cualquier esfuerzo por falta de resistencia. El cuerpo de Manolo, estaba enredado entre las algas negras y debía llevar un par de días allí porque las anguilas estaban carroñando ya en las brechas que habían hecho las pinzas de los cangrejos de río en su torso.

No me sorprendí al verlo, mi corazón no dio un latido mas aprisa que otro. Desde que vislumbré la silueta borrosa de una vieja chalupa flotando vacía varada en el juncal, supe que algo fatal le había ocurrido y mientras me acercaba, mi cabeza se había preparado para lo peor... solo podía ser su barca…

Solo Manolo y yo, nos atrevíamos a pescar y poner nuestras trampas en aquella zona traicionera y difícil de las marismas..de hecho, solo él y yo vivíamos, en los pantanos uno frente al otro , separadas nuestras cabañas por la zona más despejada y profunda de aquel lago, de aquella enorme charca que el río dejaba apartada cuando vomitaba sus aguas dulces en el cercano mar…

! Era imposible sacar el cuerpo de Manolo del fondo ! En vida había sido grandón y pesado y ahora muerto e hinchado no podría izarlo a su chalupa sin volcarla…y la orilla estaba demasiado lejos. Cuando lo liberé de sus ataduras mediante una navaja ligada a la punta de la pértiga, me sobresalté cuando la presión de los gases de la putrefacción hizo cuerpo que subiera bruscamente a la superficie como un cetáceo , zarandeando la chalupa hasta casi hacerme perder el equilibrio. Luego, quedó flotando pesadamente…

! No lo podía dejar allí ! El cadaver de Manolo hubiera estado dando tumbos por las marismas durante semanas enganchándose en nasas y redes…Decidí ligarlo del cuello con una cuerda y atándola a la popa de mi chalupa lo arrastré a remo con gran esfuerzo hasta el embarcadero de madera vieja y pilastras mohosas que había frente a su choza donde todos los domingos por la tarde en silencio absoluto nos emborrachábamos juntos hasta perder la conciencia.

!Si!.., aguardiente y media docena de apestosos puros caliqueños, eso era cuanto ambos necesitábamos y en lo que empleábamos el poco dinero que obteníamos de lo nos quedaba de la pesca después de alimentarnos.

! No lo hubiera podido sacar del agua ni con ayuda !… Así que decidí dejarlo atado a un pilón del embarcadero para que su última faena fuera servir de alimento a los animales. Al fin y al cabo, era una forma como otra de entrar en el ciclo biológico…Pensé incluso, que tal vez fuera lo que él hubiera deseado para sus restos porque para mí,…..no me hubiera disgustado la idea y posiblemente fuera acabar igual…

¿Amigo mío?... !No!..No éramos amigos…! Los amigos hablan !…. solo éramos vecinos.. nunca hablábamos…creo que se nos había olvidado hacerlo a fuerza de estar solos. Yo apenas sabía nada de él pese a los cuatro años que llevábamos juntos en aquel moridero…Podían pasar varios días sin vernos y cuando nuestras barcas se cruzaban, nos entendíamos con media docena de gruñidos y cuatro gestos

La verdad, es que no me hacía falta saber de nada de él, no necesitaba preguntarle…ni él a mí tampoco.. Supongo que a Manolo detalles aparte, como a mí, la sociedad lo habría arrumbado hasta aquí donde decepcionado de todos y sin ilusiones , como yo, dejaba pasar los días hasta que la parca se apiadase de él.

Sí, como dos viejos maderos a los que la corriente del río empuja hasta la orilla donde los deja varados a merced de la carcoma, Manolo y yo, camuflados por el entorno y medio escondidos, intentábamos pasar desapercibidos a los demás y solo esperábamos que nadie nos descubriera demasiado hasta que Dios nos sacara nos sacara de esta trampa que es la humanidad y que aún me pregunto a veces para qué coño la creó….

Pero..!No solamente éramos nosotros dos!…, todo el entorno vivía en un extraño desequilibrio natural. Con nosotros… la Marisma, aislada ya del río, también esperaba con paciencia que el sol la secara con el tiempo. También los peces… que acostumbrados ya a vivir con poco oxigeno, parecían esperar su destino de secarse hasta incrustar las espinas en el limo después de agonizar coleando…Allí… !Todos!.. La flora, la fauna, nosotros y la madre que nos parió, esperábamos sencillamente llegar a nuestro fin sin que nadie nos jodiera ni nos diera por el culo demasiado en el tiempo que nos quedara…

! Qué burro es el ser humano!...! Qué capacidad de apego!… Con los que les he contado Vds. pensarán que asumí la ausencia de Manolo sin pestañear…. con indiferencia… !Pues no!, a veces lo echaba de menos, sobre todo los Domingos, cuando mientras me embriagaba en el muelle le echaba una mirada a su cadáver que iba desapareciendo lentamente devorado por las alimañas..

Y.. !Si !... , admito que veces me sorprendo y esbozo una sonrisa cuando asando algún pescado, con el humo, me llega el olor de su sudor y alguna ráfaga de su aliento pestilente…