viernes, 18 de marzo de 2016

MARTINA Y LAS BALDOSAS

Martina no hubiera visto la luz si no hubiera sido porque fue concebida involuntariamente por la popular creencia  de su madre de que la lactancia materna es siempre anticonceptiva unida al inoportuno calentón de su padre que , propiciado por los largos meses de abstinencia , le llevó a derribarla en el pasillo sobre el suelo ajedrezado de baldosas blancas y negras y tomarla allí con urgencia acompañados de la música de fondo de los lloros de aquellas dos niñas que berreaban desde sus cunas sin tiempo siquiera de llegar al lecho 


Con la llegada de Martina sumado a en nacimiento de las preciosas gemelas un año antes, sus padres se encontraron con tres niñas de casi la misma edad en aquella pequeña casa que estaba pensada para albergar un solo vástago.

Para la vida personal del padre de Martina, aquel error, fue una autentica desgracia. A partir de entonces, no solo tuvo que renunciar a la ilusión de su vida de tener un hijo varón, sino que tuvo que trabajar el doble para alimentar aquella prole a la par que su vida conyugal se vio truncada cuando la madre de las niñas, desbordada por el trabajo domestico, desarrollo una fuerza increíble en los músculos abductores para cerrar sus piernas de modo casi definitivo.

No es que la infancia de Martina fuera mala ni desgraciada, pero indudablemente hubiera sido mejor para ella si hubiera nacido en una familia menos numerosa. Las gemelas a las que con frecuencia confundía la gente de tan iguales, eran unas niñas preciosas y pizpiretas de melena rizada rubia y ojos azules como muñecas , pero a su desbordante simpatía, sumaban un comportamiento caprichos y revoltoso muchas veces consentido. Martina sin embargo, era de otra genética, con su cuerpo delgado y moreno su pelo castaño y dulcemente ondulado, los rasgos finos pero ambiguos de su rostro inocente y su comportamiento tranquilo y sereno le llevaban a ser siempre eclipsada por sus hermanas a pesar de ser la más despierta de las tres.

Martina recuerda aun aquellos lentos y agridulces paseos a la caída del sol en el paseo de la Alameda, cuando su madre las presentaba a amigas y vecinas y siempre destacaba su inteligencia, su aplicación y su generosidad para compensar las alabanzas a la belleza y simpatía de sus hermanas a las que presentaba luego con un brillo de orgullo en sus ojos.


Para sobrevivir dignamente sin perder su autoestima en aquella familia, Martina tuvo que desarrollar sus mejores valores morales además de acercarse en lo cotidiano a su arrinconado padre buscando cariño y consuelo, mientras su madre, siempre atareada por el terremoto que constantemente generaban las gemelas, apenas tenía tiempo y atención para ninguno de los dos.

La vida de aquella familia trascurrió así durante muchos años en aquel extraño equilibrio hasta que la naturaleza, siempre sorprendente, decidió un día en una humorada biológica, cambiar las cosas.

Cuando el torrente hormonal se desató en la adolescencia y aquella casa se llenó de menstruaciones , compresas y baños eternamente ocupados, El cuerpo de Martina sin perder un ápice de su maravilloso carácter, fue floreciendo en unas bellas y voluptuosas formas femeninas acompañadas de una espigada estatura y un largo y elegante cuello de gacela mientras que sus hermanas se desarrollaron con poca estatura y cierta de obesidad recordando al final del proceso una caricatura de lo que habían sido.

A despecho de mis lectoras, no voy a entrar en detalles románticos sobre cómo nos conocimos Martina y yo. Aun me pregunto qué vio Martina en un hombre como yo que nunca destaco en lo físico y nunca fue tampoco una lumbrera. Solo la generosidad de su carácter, lo humilde de sus ambiciones y la percepción de la intensidad con que la amaba podría explicar algo lo inmerecido de su amor por mí. Tampoco entraré demasiado en cómo ambos vivimos felices y enamorados en esa pequeña casa de su niñez, que se quedó vacía tras el vuelo de las gemelas que arrastró con ellas a sus padres.

¿ Que como acabó nuestra historia ?....jajaja….! No ha acabado ! ! Ni acabará nunca por mi voluntad !…Puede que yo no sea muy listo, pero no soy tan gilipolla de renunciar a la perfección de ese ser. Tampoco tengo miedo de perderla porque su lealtad, fidelidad y abnegación hacia mí es absoluta y a toda prueba. Solo veo, la verdad.., como un oscuro nubarrón..., una amenaza futura para nuestra felicidad….!! Mi salud !! , porque Martina solo tiene un pequeño defecto. Algo es extraño en su vida sexual y puede afectar lo nuestro a la larga.

! Miren !, Martina es en el lecho conyugal, el ser más soso aburrido y santurrón que se pueda Vd. imaginar . Solo conseguía hacer el amor con ella tras mucha insistencia y aun así permanecía indiferente y paciente mirando al techo y contando las manchitas y grietas mientras yo me afanaba en su interior.

Pero …cuando un día, mi fogosidad me llevó a derribarla en el pasillo sobre las baldosas blancas y negras del suelo ajedrezado sin tiempo de llegar al lecho…..! Ah amigos..! Martina se convirtió en una especie de pantera insaciable y lasciva, adoptando incluso las obscenas maneras de una experta meretriz….

¿Que qué tiene eso de malo se preguntarán….? ! Pues ahí voy!….pues lo malo, es que soy un hombre débil y siempre acabo nuestras sesiones físicamente agotado, con la espalda entumecida, el culo helado y los pies tiesos de frío por lo gélido de las baldosas y desde que descubrí el secreto para provocar su pasión, Martina está acabando con mi salud. Siempre ando resfriado, con accesos de fiebre y temblores y ya he estado ingresado en el hospital varias veces por neumonía severa…. Pero…tanto es lo que la deseo, que no puedo dejar pasar ni un solo día sin derribarla en el pasillo.

Y… !Si! !Solo la muerte me separará de ella!, Martina me está matando si….pero… !Amigos! ¿Quien en este mundo no quisiera morir de amor?...

2 comentarios:

Wen D dijo...

Esta vez me quedo prendada de la acuarela porque, efectivamente, me deja ver a una mujer de refinada belleza y con riqueza interior que la hace más encantadora.
Morir de amor es una buena forma de hacerlo, no se me ocurre ninguna mejor de modo que hay que darle la enhorabuena al caballero. Un buen toque de humor :D

Paco Ballester dijo...

Gracias Wen D me encanta que te encante. estos cuentos no curan las cojeras pero ayudan a pasarlas. creo que martina tenía un fondo pijo que la hacía encantadora.!que lastima para los hombres no saber donde cada mujer tiene sus baldosas! jaja