sábado, 27 de septiembre de 2014

MATIAS Y LOS TRES SALMONETES

La verdad, es que Matias no conseguía recordar en qué momento se convirtió éso, de algo cotidiano, en una auténtica pasión con un punto de extravagancia . Pero ahí está, y como el resto de las manías, supongo que le debió llegar sin hacer ruido, poco a poco, como la gata persa de mi vecino que entra en mi casa por la ventana y toma posesión de mi sofá sin pedir permiso a nadie. Lo de Matias, no era nada exótico ni llamativo, ni siquiera era para comentar con la gente, aunque Matías, bastante introvertido, carecía de una vida social que se pudiera llamar como tal y le ofreciera alguna  oportunidad de relacionarse con los demás para hablar de sus asuntos. Además, él se tenía como una persona bastante anodina, casi vulgar y desde luego, muy poco interesante.



Su pasión era la gastronomía, pero no toda, él era obsesivamente específico. A Matías, lo que le chiflaba, era comer pescado fresco. Bueno…. pero la cosa no era así de simple, porque este gusto por esos seres fríos y escamosos, lo había convertido en un autentico hobby, una afición, casi un deporte al le dedicaba tiempo y estudio.

Había aprendido con minuciosidad en los tratados de cocina, la mejor manera de cocinar cada clase pescado o marisco de forma que, en su punto exacto, expresara todo su sabor sin perder la frescura que pudiera atesorar. Algunos los preparaba cocidos con una hojita de laurel, otros a la brasa de encina con sal marina, los más a la plancha con unas gotas de aceite de oliva virgen. Por general, sus tiempos de cocina eran tan cortos, que a veces apenas eran un suspiro. A Matías, le parecía  curioso y hasta divertido, como con el tiempo, ésta afición se le había ido llenando de ritos y reglas y protocolos, de tal forma, que cuando cocinaba frente a los fogones con la boca hecha agua, a veces se sentía como un sacerdote haciendo misa.


Pero os diré, que lo que más tiempo le ocupaba a Matías, y lo más difícil de ésta afición, era encontrar el producto que cocinaba. Primero, debía ser tan reciente que casi se moviera aún, y luego, se tenía que enamorar de él y elegirlo entre los demás. Por ello, cuando salía de caza, porque lo suyo parecía mas caza que pesca, nunca llevaba una idea preconcebida de lo que quería y muy temprano, de noche aún, para llegar antes que nadie, iniciaba una verdadera peregrinación por aquellas pescaderías que le merecían garantía por la sabiduría y limpieza de sus dueños. Luego, frente al mostrador repleto de color, en una especie de trance, dejaba que algún pescado le sedujera….y cuando lo hacía, sentía como un flechazo amoroso por él y automáticamente, le dejaba de interesar el resto del expositor. No le gustaban las mezclas porque le podían distraer del sabor esencial, Matias prefería cocinar cada vez una sola clase de pescado, pero en su cénit de calidad. Una vez había elegido, bien fuera un humilde kilo de boquerones, un par de lenguados o una langosta que aún moviera las antenas, pagaba lo que le pidiesen sin regatear.


A veces, su periplo acaba en veinte minutos si en la pescadería de la esquina de su calle algo le cuadraba, pero en otras ocasiones, si no había encontrado nada que le atrajera, no dudaba en abandonar la ciudad y recorrer sesenta kilómetros para allegarse hasta un pequeño pueblo pesquero que permitía en su lonja pujar a los particulares. Aun así, prefería volver de vacío a casa y comerse una tortilla a la francesa con perejil, que llevarse algo que no le satisficiera plenamente.


Sin embargo, desde hace poco tiempo, Matias ha notado que algo ha cambiado en su interior. Me lo ha contado porque está algo inquieto y confundido consigo mismo. Tal vez haya pensado que hablar puede ayudarle .


Es algo que le sucedió en aquella pequeña lonja. La subasta tenía lugar a media mañana según iban llegando las barcas. Como siempre, el patrón de la embarcación había dispuesto en un par de docenas de bandejitas de plástico naranja el contenido de las tres cajas de que acababa de desembarcar, distribuyendo su pesca en cuidadosos lotes por clases y tamaños. Esta vez, aunque las redes habían sacado bastante poco, lo poco que había era extraordinario. El "Amor" le surgió en la mirada limpia y el color brillante de tres hermosos salmonetes que reposaban perdidos alejados del centro del grupo casi escondidos por un imponente mero. La subasta, comenzó a la baja con la monótona e inteligible voz del subastador a quien solo se le entendía las cantidades redondas.
Salieron primero las bandejas de las piezas más grandes y caras, generalmente dirigidas para los restaurantes del puerto. El comprador, solo tenía que detener la cantinela del subastador en determinado momento y señalar lo que deseaba llevarse al precio de la última cifra cantada. Matías esperaba nerviosamente para pujar por un precio razonable, aunque el temor a que alguien se le adelantase, le llevaba muchas veces a pagar más de lo que fuera justo. Al fin y al cabo a diferencia de los demás , él tenía que alimentar una pasión y para ello iba a recorrer ciento veinte kilómetros… ! No iba a fallar por tres o cuatro euros de diferencia!.

Cuando el precio límite que  había calculado para aquel trío cobrizo de ojos brillantes como perlas negras se iba acercando, una diminuta mujer delante de él, que apenas le llegaba a la cintura, detuvo la subasta. A Matías, se le cortó la respiración y el corazón comenzó a latirle más deprisa de lo que el médico le tenía aconsejado. La "minimujer", señaló con decisión un par de lotes de marisco combinado para "arrós a banda" y se dio la vuelta para salir a recoger su comanda ya envuelta. Él suspiró con un enorme alivio… pero... cuando escarmentado se proponía a retomar la puja, la señora se dio la vuelta y dijo : Perdone… ! Se me olvidaba! Póngame también aquellos tres salmonetes de la esquina para la cena de mi marido…… !. 

Si le hubierais podido ver, no hubierais podido contener la risa!. Puso la misma cara de decepción que un niño al que se le escapa el globo al cielo. El sudor cubrió de perlas su calva y las gafas se le resbalaron hasta la punta de la nariz.  Por un instante, casi paranoicamentese se convenció que "La muy puta" tenía telepatía y se los había llevado solo por "joderle"

Matías no quiso continuar con aquello…. prefería irse sin pescado…. Nada podría borrar ese día el recuerdo de aquellos Salmonetes…. Cuando se sentó en un pilón de piedra que había a la puerta de la Lonja a fumar y calmarse un poco, el muelle estaba desierto y solo se oía el graznido de las gaviotas. Todo el mundo incluidos los pescadores estaban dentro del edificio.


De repente, la minúscula figura de la mujer malvada salió y enfilo el muelle de salida cargada con su bolso en el brazo derecho y tres bolsas de plástico verde en la izquierda. La vio caminar con el taconeo activo y presuroso de la mujer que tiene prisa por ponerse a hacer la comida. La silueta de los tres salmonetes se recortaba en la bolsa más exterior 
como burlándose de él mientras se alejaba.

¿Qué le pasó?... !No lo sé!. ¿Que pensó?.... ! Creo que no pensó !. Pero de momento, Matias se vio corriendo con una bolsa de salmonetes en la mano cuyas asas había roto de un tirón mientras a su espalda se oía una voz histérica que gritaba ! Al ladrón…! ! Al ladrón !. La gente, alarmada, salió de la lonja a auxiliar a la víctima, pero Matías ya los vio de lejos escondido en su coche, desde lo alto de la carretera que vuelve a la ciudad.


Desgraciadamente algo no debe funcionar bien en su cabeza. No solo es porque no sintió el menor arrepentimiento, sino porque aquellos salmonetes le supieron como el pescado más delicioso que había comido jamás. No lo ha vuelto a hacer…. eso dice... pero sé que tarde o temprano repetirá, porque según me cuenta, cada vez que ve una bolsa verde colgada de un brazo, siente una extraña sensación de codicia y nota como sus ojos brillan con un puntito de maldad. Y es que, amigos míos.... los caminos que llevan a la delincuencia pueden ser sorprendentes…..

viernes, 19 de septiembre de 2014

LA PASION DEL VIOLINISTA


Pablo estaba rezando arrodillado entre los primeros bancos frente al solitario 
altar . Como todos los días, aquel hombre de aspecto distinguido y cuidado pelo canoso, rezaba un rosario pasando las cuentas con su mano tullida. En el exterior, las calles estaban vacíasEn la rara soledad de las primeras horas de la tarde de agosto, la ausencia de tráfico hacía que la ciudad pareciera un extraño decorado de película de catástrofes  y el calor era tan intenso, que en la lejanía el asfalto reverberaba en espejismo.
En contraste, dentro, la enorme nave de la iglesia gótica oscura y fresca parecía dar una tregua al cansado personaje que como todos los días, siempre a la misma hora, rezaba. Los bancos de madera oscura estaban desiertos y el silencio era total salvo el ronroneo ocasional del párroco que sesteaba dentro del confesionario a la espera de alguna feligresa despistada a la que los familiares no se hubieran llevado de vacaciones a su pueblo.
Tras el accidente que le destrozo la mano derecha en la cima de su carrera, Pablo no tocó mas el violín, no  es solo que no lo hubiera hecho sonar, es que jamás volvió a posar las manos sobre aquel bello instrumento que se quedó allí , arrumbado y triste, tal y como estaba aquel desgraciado día en que sonó su última nota. Con las prisas, Pablo antes de salir de casa aquella desafortunada mañana, lo había dejado descuidadamente apoyado sobre tres antiguos libros, heredados de su abuelo,  en el gabinete donde había estado ensayando. Pero Pablo no se había olvidado de aquel magnifico y querido instrumento, el mejor y más fiel amigo que había tenido. Cada semana a modo de homenaje y agradecimiento le ponía flores nuevas , flores blancas...  Rosas….,Crisantemos… Claveles…. Camelias… Gladiolos…Cada siete días,  le enviaban un ramo diferente de la floristería. Siempre eran las flores más frescas de la tienda la , y siempre eran blancas....

Cuando aquel hombre tuvo que abandonar su brillante carrera musical en lo más alto, su mundo se vino abajo en un abrir y cerrar de ojos y en plena desesperación, solo el amor y la entrega de su esposa le había salvado del suicidio. Luego... aunque muy lentamente, su genio musical al que siempre estará agradecido, fue resurgiendo de nuevo como un ave Fénix de las cenizas de su pasado. Su enorme talento le había permitido seguir con la música componiendo obras geniales para otros solistas.

Aunque hacía tiempo ya que la enfermedad llevaba por caminos de niebla y olvido la mente de Elisa, ella le seguía inspirando la más bellas y delicadas melodías. 
Ahora, iba a la iglesia a rezar cuando ella dormía . El resto del día , él la cuidaba con dedicación total, la lavaba, la arreglaba, le daba la comida y pasaba el día con ella hablándole cariñosamente. 

La enfermedad de Elisa fue ,después de lo del violín, el segundo mazazo en lo mejor de su madurez. Fue como un doble golpe de boxeo. Un uno-dos…,Un izquierda-derecha que le dejó KO y lo envió a la lona de la que las circunstancias de la vida le harían levantarse pronto y...aunque aún no sabe como lo hizo, se levantó.

Lejos de revolverse contra la injusticia del destino que le había deparado Dios, una fe extrañamente intensa había abierto paso desde algún rincón de su alma adormecida por un ateísmo perezoso y le había dado fuerzas para vivir.

Elisa no recordaba nada, sus recuerdos se desvanecían como diluidos por el agua y solo a ratos lo reconocía. Siempre habían estado juntos. Los hijos no habían venido y su manera de vivir de concierto en concierto , de ciudad en ciudad y de triunfo en triunfo no aconsejaban la adopción de hijos. Sin embargo, ellos, el uno para el otro, habían conseguido ser felices así.

La miró después de arreglarla. Comía como un pajarito. Su pelo rubio entrecano caía laciamente a ambos lados de su rostro ! Qué guapa estaba esta mañana!. A la suave luz del amanecer, su piel parecía casi trasparente en su palidez y sus pómulos salientes por la delgadez le daba un aire de virgen de marfil. El suave color Coral con que ella sola se pintaba, 
cada dos por tres de forma casi automática sus delgados labios completaba la suave imagen que le daba aquel sencillo camisón rosa palo. Sus manos finas cuyo único toque de color era la alianza, se cruzaban en su regazo como dos pequeñas alas de paloma irradiando paz por toda la alcoba.

Pablo estaba sereno, seguro de que a su modo ella era feliz y cuidarla era su único motivo para vivir. Cuando la miró, pensó por un instante ¿Que hubiera sido de ella sin él…?.Pero antes siquiera que imaginar una respuesta, del fondo de su alma brotó la verdadera pregunta:¿Que hubiera sido de él sin ella?.
Hacía ya tiempo que el corazón de aquel violinista sabía que su destino nunca había estado en la música, su destino era solamente ……..amar a Elisa.

sábado, 13 de septiembre de 2014

LAS VACIONES DE ELENA


!Que gusto!....El agua fresca de la ducha resbalaba por su espalda aliviando la sensación de dulce quemazón de su piel tostada. Había pasado todo el día en aquella preciosa cala de aguas color turquesa rodeada de pinos verdes y troncos torturados. Era el último día de las vacaciones. Las primeras en paz desde su amargo divorcio hacía cinco años y cuyo duelo se le había atragantado llevándola a un estado lamentable durante casi tres, en los que la acompañó un resentimiento que le robaba cualquier momento de paz o felicidad. 


A sus 52 años había recuperado las ganas de vivir, pero más fuerte, más independiente, mas serena y disfrutando de las cosas….dedicándose a quererse y a paladear todo lo bueno que la vida le había ofrecido…Dio gracias por la belleza elegante que dios le dio sin merecerlo, Dio gracias por aquel magnifico cuerpo que se resistía a envejecer sin apenas cuidados , Dio gracias a sus padres por educarla para ser una mujer preparada que podía vivir independiente ejerciendo la abogacía. Y sobre todo…., y lo mas importante en su vida, dio gracias por lo que consideraba su obra: Sus Hijos. Los hijos de Elena eran realmente fabulosos. La mayor, luisa, era médico y se había casado con un cirujano  compañero de carrera. Ahora los dos, luchaban en el centro de África, codo con codo, contra la enfermedad y la barbarie en un hospital de Acnur. Luego…. estaba Juanluis, un guapo mocetón tranquilo y varonil, que a pesar de ser el pequeño, era su ojito derecho. Juanluis, había acabado en junio los estudios de ingeniería en la Universidad Politécnica y tenía una novia con una rareza casi increíble en este mundo: ! Era del completo gusto de su suegra!.
Estas vacaciones, habían sido perfectas. A finales de Septiembre, las Islas Baleares se presentaban dulces y tranquilas y parecían prepararse para invernar. Los restaurantes, chiringuitos y tiendas de lujo permanecían aún abiertos y animados, pero sin agobios y la oferta cultural era pequeña pero muy selecta 

Cuando se secaba mirando su desnudez en el espejo medio empañado. Recordó la sombreada terraza de manteles blancos que dominaba la cala y cómo la brisa del mediodia mecía suavemente el emparrado sobre el mar azul de belleza irreal. Recordó también la perezosa siesta en una tumbona al abrigo de un bosquecillo cercano, recordó los sonidos animales, los jadeos las risas de una pareja de jóvenes que hacían el amor con la complicidad de los espesos matorrales a pocos metros de ella.


Si, las vacaciones habían sido perfectas. Pero…. para una mujer ……! siempre hay un pero !. Inconscientemente, sentía un pequeño vacío….. esa sensación de que algo está incompleto…esa inquietud de que algo se te olvida….. Desnuda, se preparó un gin-tonic y se recostó en el sillón en la terraza .  !! Sexo!!, 
 con el segundo trago le había llegado de repente la respuesta. !!Si, era el Sexo!! !Aquellas vacaciones no habían tenido sexo! .De repente echó de menos la sensación casi olvidada de un cuerpo aplastándola. De una lengua persiguiendo a la suya…. De ese olor fuerte y desagradablemente masculino que las hormonas y su cuerpo excitado lo convertían en Chanel N 5…. De su vagina rellena con un volumen ajeno…. y el golpeteo rítmico y deliciosamente violento de un hombre entre sus muslos. !! Bufffff!!, !Que calentón más tonto!.. Elena trató de serenarse leyendo un ajado periódico local del domingo anterior. Política vergonzosa…. moda del suplemento dominical…..los anuncios por palabras…la programación de la tele….!Nada! , nada interesante. Mientras arrojaba el periódico a un lado, en su cabeza se abría la idea de ponerse guapa y buscarse una aventurilla por ahí….¿Quien se lo iba a impedir…? ¿ No era dueña de sí misma? ¿ A quién cojones debía dar cuenta ella en esta ciudad en la que no la conocía ni Dios? ¿ No se merecía ella una alegría salvaje después de tantas cabronadas?.  El lenguaje de su pensamiento se hacía más procaz para envalentonarse…. Pero de pronto llegó el bajón. La noche estaba llena de pesados … borrachos…. cocainómanos…. engreídos…. ignorantes… El sexo no iba a poder compensar el esfuerzo de aguantarlos, el precio iba a ser demasiado caro.......       ¿Caro?. Por segunda vez su inconsciente había jugado con ella. Le vino a la memoria un anuncio por palabras en el que ella creía apenas haber reparado…Mario, veinticinco, guapo bien dotado , cariñoso y muy muy discreto. hotel y desplazamientos tf 675984321.


Elena aún se pregunta cómo sucedió, pero sin darse cuenta, se encontró con hablando por el móvil con una voz impersonal…

-Si, si, querría uno de sus servicios…

- Si si, Mario estaría bien…

-     !No no! , con tarjeta no

-Si, en efectivo.-¿ Ciento cincuenta euros ?

- Vale , vale ¿En media hora....?

Cuando colgó, murmuró por lo bajini..! Joder como se paga la discreción! . Casi a continuación, notó el nerviosismo, aquel olvidado hormigueo como cuando se examinaba. La excitante sensación de peligro que da la aventura, le estaba produciendo un subidón de adrenalina ! Aquello era una montaña rusa! … ¿Que me pongo?, ¿ Vestida elegante ?, ¿ En ropa interior? …¿Desnuda y perfumada…? ! Eso sí , perfumada sí ! .Su cabeza funcionaba a toda velocidad. Y..  ¿ Qué le digo? ¿ Cómo se empieza eso? ¿ Comenzará él…. o esperara que yo tome la iniciativa ?. ! Ay madre mía en que jardín me he metido ! . ! Jamás hubiera pensado que yo pudiera hacer algo así !. ¿ Copas ?, ¿ Debo preparar copas? ¿ Y si quiero repetir... le debo pagar de nuevo?......Ding - Dong, Ding Dong. ! Se había adelantado diez minutos!.

 ! Espera un segundo Mario, que ahora te abro….! , gritó mientas enganchaba un pequeño pareo azul para tapar su desnudez. Se acercó sigilosa y miró por la mirilla, ! No veo nada coño! ! las putas gafas en el bolso!, !Alli están bien…!. Lo que pudo distinguir, aunque borroso, no le desagradó, era lo esperado...., tenía el mal gusto de las cosas teatrales: Alto, muy moreno, el pelo parecía engominado o recién salido de la ducha, parecía limpio. Una camisa blanca de lino con el cuello muy abierto dejaba ver un pecho depilado y casi femenino con alguna baratija dorada colgando entre sus pectorales... ! Ya te abro…..! No vuelvas a llamar..., dijo esta vez susurrando…

Le abrió despacio y con prudencia. Mientras lo hacía, iba mirando de abajo a arriba valorando lo que le faltaba por ver… unos vaqueros negros ajustados que marcaban un abultado paquete…, esclava de oro…. cinturón con hebilla Country…  siguió mirando hacia arriba, hacia el rostro..… de pronto...se quedó pasmada, si le pinchan no sangra,…!! Juan Luis!! ¿ Eres tú...? , ¿ Tú eres Mario….?, ¿ Que haces tú aquí… ? Los dos bajaron la mirada al suelo y durante un minuto el silencio se hizo el dueño del pasillo dejando oír a lo lejos el ronroneo de la maquinaria de ascensor… ninguno dijo nada…durante un minuto. luego.., Juanluis, sin levantar la vista dijo….! Mama! !...! Qué vergüenza….!!.














lunes, 1 de septiembre de 2014

EL HOMBRE DE LA SALA Nº3


-
Disculpe que le interrumpa señor……pero en unos minutos va a cerrar el museo. 
El que había hablado, era Mister MacKey, Ujier y único cuidador desde hacía más de 30 años de aquel pequeño museo de arte de Portland, Oregón, en la costa norte del pacífico de Estados Unidos cerca ya de Canadá. Sus exquisitas maneras heredadas de una educación de corte británico, contrastaban con su apariencia. Su cuerpo, enorme y macizo como el de un leñador, apenas podía meterse en aquel viejo uniforme azul marino que parecía a punto de reventar en cualquier momento por las costuras de la espalda. Un pelo rizado aún rojizo y un rostro cubierto de pecas, contribuían a darle a este hombre próximo ya a la jubilación, un cierto aire a la vez bondadoso e infantil, que difícilmente podría esconder su genética escocesa.

Siete si, siete años hacía que veía aparecer cada semana a aquel menudo personaje que él llamaba "El hombre de la Sala nº 3". Cuando entraba al museo,el sujeto siempre se dirigía sigiloso y sin mirar ninguna otra obra hasta esa sala, y se plantaba durante una hora de pié delante de aquel cuadro de motivo marino, inmóvil y en completo silencio como si aquella obra lo sometiera a un embrujo o a alguna suerte de hipnosis profunda. Se colocaba tan cerca del cuadro que tenía que mirar hacia arriba, mostrando al observador una incipiente calva con aire de tonsura, que parecía mayor con la iluminación del museo, y que junto a la pequeña y puntiaguda barba canosa conseguía darle daba un aire místico o religioso que recordaba a algún santo próximo al martirio. Vestía con el estudiado desaliño de los bohemios que gustan de esconder a los demás que son presumidos, y sus redondas gafas doradas y pequeñas conseguían completar la idea de estar ante un intelectual revolucionario.
MacKey nunca había cruzado una palabra con aquel hombre. Al principio, apenas le había llamado la atención acostumbrado con indiferencia anglosajona a un país donde cada uno va su "bola" sin importar los convencionalismos. Pero…el ser humano es curioso por naturaleza y adora desvelar misterios y en MacKey, había germinado con tal fuerza el deseo de saber algo más de aquel hombre, que no pudo desaprovechar la primera vez que se había dirigido a él para intentar calmar su intriga.
El hombre de la sala 3 , con aire ausente, miró a MacKey con sus ojos glaucos y algo somnolientos, y le dijo: no se preocupe, ya me iba…..

- ¿ No es usted de aquí verdad?. Su acento parece latino….¿ Mejicano tal vez… ?
- No, no. Me llamo Jóse y soy Español, concretamente del levante de España, allá en la vieja Europa junto al mar Mediterráneo.
Mackey, que no tenía con esta información ni para empezar, decidió abusar un poco más del agradable talante de Jóse.
-¿ Puedo hacerle una pregunta personal Señor José?

-!José no!, Jóse, Jóse me llamo Jóse , no me llame "Señor" por favor, y !Sí!, puede preguntarme usted lo que desee.
- Lleva usted siete años viniendo a éste museo todas las semanas a ver este cuadro ¿ me podría decir Vd. que es lo que ve en él?...Para nosotros, !Es una de las piezas de menor valor de la colección !.

-Pues sí Señor ujier, lleva usted toda la razón, no es una gran obra, falla en la composición, en el dibujo, e incluso los barcos no son creibles.... pero el mar….!Ese mar, es idéntico al mar de mi casa!
-¿ De su casa?

- Sí , sí, de mi casa… de mi tierra… de allá donde vengo y donde nací. Nada más verlo, mi pensamiento se traslada junto a sus orillas, puedo oir el rumor de sus olas, el griterío de los niños al jugar en la arena de la cala, el olor de sus algas en descomposición, puedo sentir de nuevo la sinfonía cambiante de azules y verdes según la época del año o los vientos caprichosos; El turquesa con el poniente en verano….El tenebroso verde oscuro con los temporales de Levante en el Otoño… El azul marino con el gregal, o El turbio Prusia con el Xaloc en Enero.
-Si, Señor ujier, cuando veo ese mar, puedo escuchar a mi padre en penoso equilibrio sobre las rocas enseñándome a pintar cada uno de los cientos de matices del mediterráneo, hasta que ni siquiera necesitara esforzarme en pensar para poder hacerlo.
- Pero…¿ Es usted pintor?
-! Si!,! Si lo soy! y ahora lo puedo decir con todo orgullo y bien alto, sobre todo en éste pais, pues este país de oportunidades donde me trajo por azar un golpe del destino, me ha permitido vivir de mi pintura y solamente de ella.
-¿No pintaba usted en España? preguntó MacKey
-Desgraciadamente señor conserje, en el precioso lugar donde vi la luz, El talento para la pintura, para la escritura, para la composición musical o cualquier otra expresión del arte, no es valorado. No es más que una anécdota en la biografía de una persona. Para los demás, ser artista viene a ser como un rasgo personal, algo insólito y gracioso, una especie de hobby sospechoso incluso. Allí, los artistas si no abandonamos, debemos mantener nuestra pasión subsistiendo con los trabajos más peregrinos si tenemos la suerte de encontrarlos.
- Eso debe ser muy triste para ustedes….
- Bahh! ! Estamos acostumbrados. Los Españoles somos tan inseguros de nuestra valía, que precisamos que alguien nos la demuestre, somos verdaderos especialistas en el desprecio de lo nuestro. tanto es así, que los grandes genios españoles reconocidos en el arte, tienen como común denominador haber triunfado primero lejos del suelo patrio.
- Y.... ¿ Es usted feliz aquí tan lejos, en Oregón?
-! Pues …Si, la verdad ! . Me encantan sus infinitos bosques, las rocosas nevadas, la admiración en las miradas de sus gentes cuando miran con ilusión una de mis obras,
y la tremenda juventud que se respira en los seminarios y demostraciones de pintura.

-Si, soy feliz aquí, no me mata la añoranza, simplemente cada semana solo tengo que venir un ratito a ver " mi" mar. Tal vez cuando sea mas mayor y me vayan fallando los huesos, me vaya a pasar mis últimos años a sus orillas a pasar las tardes con Pedro
-¿Pedro ? ¿ Es un amigo?
-¿ Amigo? ! El mejor ! Pedro es mi pincel de pelo de marta del que jamás me separo desde que me lo regaló mi padre y al que cuido como a mis hijos.
- Bueno Mr Jóse ya es hora de irnos, pero antes de marcharnos, permítame hacerle una pequeña observación. En mi opinión, los recuerdos siempre son de ida y vuelta y nunca quieren dejarnos tranquilos, tal vez cuando ya anciano vea el mar en su tierra, sus colores le hagan añorar éste humilde cuadro del museo Oregón y lo feliz que fue usted aquí, en éste país, con nosotros….
Dedicado a Jóse Galarzo mi maestro acuarelista